Cuando el dolor del desastre en Valparaíso aún estaba latente, la semana pasada otros dos incendios mostraron, esta vez en Santiago, la imagen más trágica de la pobreza. Primero en Quinta Normal tres viviendas fueron destruidas y una madre, tres de sus hijos y una nieta de dos meses fallecieron calcinados. Al día siguiente en Cerro Navia otro incendio causó la muerte de una mujer de 31 años y sus hijas de doce, seis, y dos años. En ambos casos acudió -en medio de polémicas y acusaciones de poca eficiencia- el Cuerpo de Bomberos de Quinta Normal, a cargo del Comandante Arnoldo Godoy quien asegura que “en 40 minutos se quema una manzana completa. Entonces duele que digan que nos atrasamos. Más duele cuando viene de gente profesional como son los periodistas”, declara y habla sobre la dura carga emocional al atender estos casos, y además tener que pagar por hacerlo.

Hace 35 años, Arnoldo tenía 15. Decidió ser bombero luego de hincharle las pelotas a un vecino que era voluntario: “le decía bombero loco y le hacía ruidos de sirena, hasta que él me dijo ‘vamos a la bomba y te muestro como es’”. Ahí se quedó Arnoldo hasta el día de hoy, un poco por la adrenalina de un trabajo que no es trabajo, pero que es de alto riesgo, pero principalmente porque si todo sale medianamente bien, alguien se salva.”Es rico ayudar y enfrentarse a las diferentes situaciones de riesgo, en incendios, rescate en altura”. Cuando llevaba menos de un año como bombero, recuerda que le tocó ir a un incendio grande, muy grande. Se estaban quemando 14 casas y lo primero que vio Arnoldo al entrar a un patio son dos niños, de dos y cuatro años, abrazados, en medio del humo, el fuego y el miedo. “Habían fallecido producto del humo y los gases. Yo tengo clarita la imagen de ellos, hasta el día de hoy”. Tras esa imagen, Arnoldo se fue a negro. Su siguiente recuerdo es estar sentado en el carro bomba escuchando al Comandante. “Perdí el conocimiento de lo que estaba haciendo por 20 o 30 minutos. Fui al sicólogo, a un montón de doctores y nada. A lo mejor en algún minuto me voy a acordar”, dice hoy.

El Comandante Godoy es Jefe de Operaciones del Transantiago. Tiene dos hijos y afirma que cuando comenzó a ser bombero, había que tener más cuero de chancho que hoy porque si en algo ha progresado un servicio que sigue siendo gratis es en que hoy, al menos, hay apoyo sicológico, no formal, por cierto. Así, después de cada incendio, de cada accidente de tránsito al que acuden, vuelven al Cuartel y hablan: “En los accidentes también hay niños y adultos fallecidos, hay personas que pierden extremidades, hay mucha sangre por todos lados, entonces a los muchachos les afecta eso. Lo conversamos y que boten todo. No se pueden ir a la casa sin antes tener esa reunión, hay que llorar, gritary patalear para seguir trabajando al siguiente día, que no se lleven eso a su casa”, sostiene.

Este fin de semana fue uno de aquellos en que llorar no alcanzaba para borrar la pena. No alcanzaron a salir de un incendio cuando tuvieron que partir al otro: “en el segundo incendio tuvimos una situación muy dramática porque una víctima en su intento por salir, tenía un brazo que salía por una ventana con una reja. Y cuando llegaron los bomberos, todavía movía el brazo. Uno de los bomberos lo vio y quedo muy, muy afectado”. Esto le pasa con frecuencia a los bomberos nuevos, pero también a los que tienen más experiencia “no hallas qué hacer, estás atendiendo a un niño y te pregunta por su mamá y la mamá está al lado muerta”, cuenta Godoy, pero señala que “son cosas que tenemos que saber sobrellevar, sino estaríamos todos locos”. Otra de las terapias que realizan es volver al lugar del incendio después y conversar con la gente.

Sin embargo, en esta ocasión fue más difícil porque nunca les habían tocado dos casos tan dramáticos seguidos. Lo más chocante para los voluntarios fue la cantidad de niños fallecidos: “Me molesta cuando mueren niños porque no tienen culpa de nada. Yo tengo una nieta, así que lo sentí bastante. Y más encima cuando uno los ve, debo verlos por una situación de mando y de obligatoriedad, más le molesta a uno. Me carga que fallezcan niños”, comenta Godoy. “Son errores que comenten las personas y que los comete también uno en su casa. Un incendio fue por un descuido y el otro fue una negligencia, pero ¿por qué? Porque la persona no tiene el conocimiento de que al enrollar un cable están formando una bobina que es una bomba de tiempo”.

El Estado, la prensa y pagar por ser bombero

Durante la mañana del incendio de Quinta Normal acudieron periodistas de los matinales de todos los canales nacionales. Uno le gritaba a bomberos, al aire: “¡¿hay alguien que pueda hablarme?! ¡Hace una hora que estoy pidiendo una declaración!”. En ese momento bomberos trabajaba por encontrar a la menor de dos meses que estaba desaparecida. Apareció muerta, bajo un niño, también muerto de cinco años.

A falta de fuente oficial, los periodistas se abalanzaron sobre los vecinos, algunos de los cuales acusaron una demora de 40 minutos. El Comandante Godoy señala que “el fuego se duplica cada 17 segundos. Si sacas una simple tabla matemática ves que una casa va a durar encendida cinco minutos, no más que eso. Entonces son situaciones que molestan, porque hacen críticas sin saber. En 40 minutos se quema una manzana completa. Entonces duele, y más cuando viene de gente profesional como son los periodistas”.

En Chile, todos lo saben, no se le paga a los bomberos, Godoy no es partidario que esto cambie porque teme que si se remunera “se va a meter pura gente a trabajar por plata, no por vocación”. Lo que sí le causa frustración, es el poco apoyo que reciben de parte del Estado: “el apoyo del Gobierno es muy poco. Nosotros pagamos cuota. Todos los bomberos de Chile pagamos para ser bomberos. Y eso la gente no lo sabe. La gente sabe que bomberos anda ahí pidiendo plata, pero claro, es para comprarse un uniforme. Para vestir a un bombero con un uniforme que aguante un incendio. Eso cuesta un millón de pesos”. De la misma forma, destaca que de los 360 bomberos que tiene a su cargo, solamente cuenta con equipo completo para 160 “porque no hemos tenido los medios”. Agrega que si bien están acostumbrados a usar sus recursos, a donar $10 mil mensuales (en comunas con mejores niveles socioeconómicos llega a $50 mil el monto), a quitarle tiempo a la familia, a las rifas y las coletas, “se echa de menos el apoyo del Estado, tener mejores carros bomba, mejores equipos. Pero son cosas que uno acepta”, dice.