Se ha hablado hasta el hartazgo en las últimas semanas sobre una posible asamblea constituyente en Chile. La propuesta incluída en el informe realizado por el equipo de abogados del comando de Michelle Bachelet, ha puesto el tema en primera plana del debate nacional. Sin embargo, poco sabemos al respecto. Mientras algunos se imaginan que se trata de un grupo de gente gritando en un auditorio, otros avizoran la toma de la Bastilla. Pero en lo concreto, es algo mucho más simple y común de lo que se cree. The Clinic Online preguntó a destacados abogados constitucionalistas qué es, cómo se hace y qué han hecho los países vecinos para modernizar sus repúblicas. Esta es la explicación.

QUÉ ES

El profesor Claudio Fuentes, del instituto de investigación en ciencias sociales de la Universidad Diego Portales, define a secas la asamblea constituyente como “un grupo de personas que van a reunirse para establecer una nueva constitución”.

Al contrario, un reputado profesor de la Universidad de Chile, que integra el equipo jurídico de la ex mandataria, señala que “no es tan fácil explicarlo en palabras simples. Lo que importa es que es un mecanismo amplio y participativo con el que se toman decisiones constitucionales que no estén vinculadas a las decisiones ya existentes. Es una refundación constitucional”. Según el jurista, la asamblea “es la manera más adecuada de darse una constitución, y esa es una cuestión que es bastante obvia”.

“Por eso para entender por qué es tan importante o por qué se plantea, uno tiene que entender que la constitución vigente tiene procedimientos que son tramposos y, por lo tanto, evitan que se solucione el problema”. Sin embargo, la misma fuente aclara que no necesariamente debe haber trampas en la constitución vigente para que el país decida cambiarla: “eso es contingente; puede ser de una manera u otra”.

El abogado Jorge Ovalle, por su parte, define a la asamblea constituyente como “aquella asamblea que se elige o se nombra expresamente para dictar una constitución, que por lo general después de preparada por la asamblea es sometida a referendo popular. En Chile, como asamblea constituyente designada por el pueblo, no se ha hecho nunca. En el mundo hay varias naciones con asamblea constituyente”.

En todo caso, Ovalle considera que no siempre este mecanismo es el “más sano” para un país. “Depende de las circunstancias y del país. La asamblea constituyente tiene una historia muy bella en el mundo, partiendo de la revolución francesa hacia adelante. Sin embargo, en América Latina con la profusión e indefinición que caracteriza a los movimientos sociales y políticos, donde la pasión tiene mayor fuerza que el intelecto y la doctrina, yo percibo que no han sido lo suficientemente productivas desde el punto de vista de la elaboración de constituciones. Tienden a caer en declaraciones inconducentes y en establecer mecanismos difíciles de aplicar”.

EN TRES SIMPLES PASOS

Cuando un país toma la decisión de realizar una asamblea constituyente, son tres los pasos claves para llevarla a cabo. Primero, el presidente debe llamar a plebiscito; después convocar a una nueva elección para definir a los asambleistas; y al final, realizar el último referendo que ratifica o rechaza la nueva carta magna.

El integrante de la comisión bacheletista, explica que después de aprobado un plebiscito que pregunta al pueblo si quiere o no una asamblea constituyente; o luego de dictado un decreto supremo, “se hace una elección para elegir a los constituyentes, parecida a una parlamentaria donde participan todos los partidos políticos. Se conforma un cuerpo que es transitorio y que tiene el mandato de acordar un texto constitucional que después se plebiscita nuevamente, con ciertos plazos”.

En rigor, en la propuesta que envía el Presidente de la República se fija de antemano qué cuotas de participación tendrán los partidos, los movimientos sociales, los grupos indígenas, etc, en la elaboración de la nueva constitución. Es decir, se fija de antemano a qué grupos representarán los actores que formarán parte de la asamblea, por ejemplo, si elegirán 5 o 15 o 30 integrantes de este grupo.

El profesor Claudio Fuentes lo explica así: “usualmente eligen a representantes de la asamblea proporcionalmente de acuerdo a criterios de división territorial; se realizan campañas donde se reúnen los partidos y movimientos sociales para elegir a asambleístas y luego se eligen entre 100 y 300 delegados, a quienes se les da un plazo definido para elaborar un borrador de propuestas, y eso se somete a plebiscito para la aprobación ciudadana”.

Fuentes dice que en ese período de redacción, la asamblea no reemplaza al congreso: “puede funcionar en paralelo al congreso. No es una asamblea que va a aprobar leyes, sólo va a redactar una nueva constitución. En el intertanto no es que se produzca un vacío institucional; que no haya presidente ni congreso, la vida sigue funcionando igual, con las mismas instituciones. Tampoco es que esa asamblea se encierre a trabajar; generalmente se hace apertura a que los medios de comunicación conozcan las deliberaciones; al igual que se pide opinión a las diferentes organizaciones. No es que se produzca un vacío en el que el país se paraliza”.

El titular UDP complementa diciendo que tras la ratificación del nuevo texto “se llama a elecciones para que asuman nuevas autoridades, que tienen que ser distintas a los asambleístas. La idea es que después los asambleístas no postulen a cargos, porque sería como sentarse a definir las reglas y después jugar con esas reglas”.

Ovalle, por su parte, enfatiza en que “la asamblea propiamente democrática es en la que se eligen por medios electorales lógicos los representantes del pueblo, no con sistema binominal, por cierto. Por excelencia es una asamblea democrática la elegida por el pueblo”.

CÓMO LO HICIERON LOS VECINOS

En el mundo, “hay un poco más de treinta, de noventa y tantas democracias, que tienen constituciones producto de asambleas constituyentes”, dice Fuentes. “Mientras más contemporáneas han sido las democracias mayor es la cantidad de asambleas constituyentes”, agrega.

Respecto a los países latinoamericanos, Fuentes señala que “en la mayoría de los países latinoamericanos han aprobado por la vía de asambleas constituyentes sus constituciones”.

En Ecuador, se realizaron tres elecciones para aprobar su nueva constitución. En conversación con The Clinic OnLine, el embajador de Ecuador en Chile, Francisco Borja, contó que en su país “la convocó el presidente haciendo uso del artículo 104 de la constitución de 1998, que dice que el presidente puede convocar a consulta popular cuando se trate de temas de gran importancia para el país. El 15 de abril de 2007 llama a la consulta popular. El 80% del pueblo dijo sí a la asamblea constituyente. Luego se eligieron 130 asambleístas, donde incluso hubo 6 integrantes del exterior, donde estaba un emigrante que vivió aquí en Chile. El 26 de julio de 2008 se terminó el documento aprobado por el pueblo en septiembre de 2008”.

Además, Borja se refirió a la discusión que se está viviendo en Chile al respecto: “no me corresponde a mí dar una opinión de la política interna chilena, pero sin duda que todos los pueblos tienen la opción de discutir el camino que quieren seguir. Para nosotros fue muy valioso y muy importante, porque no hay nada más democrático que consultar al pueblo. No hay nada más democrático que el plebiscito. Para nosotros fue altamente positivo”.

Además de Ecuador; Venezuela, Bolivia y Colombia siguieron el camino de los tres pasos. Brasil y Argentina, en cambio, reformaron sus constituciones con comisiones bicamerales que luego presentaron los textos para un plebiscito.

Claudio Fuentes cierra refiriéndose a lo que podría pasar en Chile: “el gran problema en Chile es que la élite política le tiene miedo a la ciudadanía y, por lo tanto, la historia desde 1833 lo que muestra es un miedo al pueblo y siempre han sido iniciativas desde arriba hacia abajo; es decir, desde las élites que definen la constitución y que la imponen. Ese ha sido el modelo chileno siempre. Por eso hoy Escalona y Zaldívar proponen que una comisión bicameral elabore la constitución y que después sea refrendada. En general a la élite chilena le da susto incorporar a la ciudadanía en los procesos. Si me preguntas lo que probablemente va a suceder en Chile, va a depender mucho de la voluntad de la DC y RN de sumarse a una idea y perder los miedos y abrirse a la posibilidad de tener una constituyente donde se elijan delegados”.

En la actual constitución chilena, no existe la posibilidad de llamar a plebiscito, por lo que la única opción de convocar a asamblea constituyente sería mediante decreto supremo, sin la oposición del congreso. Ese punto, defendido por el abogado Fernando Atria en entrevista con Tolerancia Cero, es el principal foco de críticas de parte de parlamentarios oficialistas. Incluso, el Presidente Piñera dijo desde Estados Unidos que eso sería salirse del margen institucional. El planteamiento de Atria también considera el plebiscito, el que -según él- sería válido si ninguna de las cámaras lo impugna al Tribunal Constitucional. Esto abriría la puerta a la AC mediante plebiscito si un eventual futuro gobierno cuenta con mayoría parlamentaria.