“Esta es la señora loca de la que les hablé”, dice un enorme hombre gordo y casi rojo que lleva en la mano una banderita de Estados Unidos y guía a un grupo de turistas por los alrededores de la Casa Blanca. Se refiere a Concepción Picciotto, de 71 años y nacida en Vigo, España, que sostiene sus carteles afuera de una pequeña carpa instalada justo frente a la residencia Obama: “Ok, ¡estamos aquí para ver la Casa Blanca, no para verla a ella! ¡Acá está la Casa Blanca!”, dice cuando ve que el grupo no para de sacarle fotos a la mujer.

Concepción levanta sus pancartas, como lo viene haciendo durante los últimos 32 años, y en un inglés muy españolizado grita: “Take information people! Take information!” Al mismo tiempo trata de entregar algunos folletos y artículos de diarios. La gente sólo la mira y le sigue sacando fotos como si fuera un atractivo turístico más.

El cartel que sujeta Conchita -como le dicen a Concepción- dice “Desarmen Israel. 200 armas nucleares ilegales. Salven al mundo, salven a los niños”. Todo el mensaje está escrito en inglés, y el nombre del país medioriental es un juego de palabras entre Israel e infierno (Israhell).

Porque para Conchita el sionismo está detrás de muchos de los problemas de hoy: “es Israel quien está detrás de todo esto. Israel quemó el hotel de King David en Tel Aviv para culpar a los árabes, es todo una farsa para controlar”, dice la mujer con su poco más de metro y medio de estatura frente a su carpa. Al lado de ella dos paneles muestran fotos sobre las consecuencias de las bombas nucleares. En una de las imágenes se ve a Sadako Sasaki, la niña de 12 años que murió de leucemia en Hiroshima y cuya estatua -ubicada en el Parque de la Paz de la ciudad bombardeada- recuerda a todos los niños víctimas de las bombas nucleares y la radiación.

Así, para Concepción es Estados Unidos la verdadera amenaza terrorista: “si las naciones no están de acuerdo con lo que ellos quieren, los bombardean, los matan o los meten en Guantánamo”, dice. Lo mismo piensa sobre la idea de atacar Siria: “¿Por qué vamos a hacer eso? Primero que todo tienen que saber de dónde provinieron esas armas químicas. Así pasó con Irak, la gente no quería ir a guerra pero Bush empezó con que eran terroristas, que era un Hitler, que iban a bombardear a Estados Unidos, que tenían armas de destrucción masiva. Mentira todo para controlar el petróleo. Estados Unidos le dio armas a Sadam para que él las usara en Irán, y acá no se inmutaron, no importó. Pero cuando les convino quitaron a Sadam para controlar al petróleo. Y ahora quieren a Siria, pero no paran a Israel, que está destruyendo a Palestina”, y agrega que “las torres gemelas también fueron ellos (Estados Unidos), pero lo ocultan”.

En medio de su respuesta, una mujer que participa de una manifestación pacífica frente a la Casa Blanca se acerca y la saluda en inglés: “Me alegra que estés de vuelta. Dios te bendiga”.

Porque a sus 71 años, Conchita ya no puede mantener la vigilia de protesta las 24 horas del día como lo hacía desde 1981. Por eso, jóvenes voluntarios del movimiento Occupy Washington toman turnos para apoyarla. Aunque Concepción no la llama protesta: “es una comunicación con toda la gente que viene, para que despierten y se pongan a defender el planeta de la proliferación armamentista. Es increíble. Hay cantidad de armamento para volar el planeta mil veces pero continúan haciendo armas porque es la industria. Ellos están creando mucha más pobreza, más ignorancia y la destrucción del planeta”.

De rato en rato guías turísticos paran a saludarla y a llevarle un grupo nuevo de visitantes que sonríen y toman fotos mientras Conchita les pide apoyo. Una mujer incluso se acerca a pedirle un autógrafo para su hija.

El sueño americano

Nacida en España, la fantasía de la vida en Nueva York conquistó a Concepción cuando tenía 18 años en el año ‘60: “me aconsejaron que no viniera, pero yo no hice caso, quería venir aquí, cosas de joven. De pequeña yo veía las películas de ese tiempo, jajajaja, cosas de crío. Y estaba fascinada con venir a Estados Unidos”, recuerda.

En Nueva York se casó con un italoamericano y las ganas de ser padres, junto con la imposibilidad de Conchita para quedar embarazada llevaron a la pareja a adoptar. El proceso no funcionó y por conocidos terminaron en Buenos Aires, recibiendo de manos de una matrona en un auto a una niña recién nacida en junio de 1973. Aunque lograron inscribirla, el divorcio alejó definitivamente a Conchita de su hija Olga, a quien crió por más de dos años: “yo no sabía que había el mercado de venta de niños”, es todo lo que dice de Olga, a la que nunca volvió a ver, pero quien aparentemente vive en el sur del país norteamericano.

Buscando quien la ayudara a recuperar a su hija, Conchita volvió a España y luego a Nueva York. Terminó en Washington D.C., en el parque Lafayette, justo frente a la Casa Blanca. Ahí se encontraba en 1981, William Thomas -quien murió en 2009-, realizando la Vigilia por la Paz. En el mismo parque Concepción y William conocieron a Norman Mayer, un activista que también participaba de la Vigilia protestando contra el uso de armas nucleares y que fue asesinado por la policía del parque luego de amenazar con hacer explotar el Monumento de Washington.

En 1983 las regulaciones del parque Lafayette prohibieron las manifestaciones y las pancartas en las cercanías de la Casa Blanca, a menos que la persona las estuviera sujetando en todo momento. Por violar estas regulaciones tanto ella como William estuvieron presos. Quedaron libres y las regulaciones sin efecto, pero los problemas siguieron, sobre todo con la policía, según acusa Concepción: “cuando Reagan estaba aquí venían a pegarnos, inclusive la marina, han venido a las cuatro de la mañana a pegarnos”.

Pero ahora sólo uno que otro transeúnte se molesta con Conchita. Mantiene tranquilamente su vigilia con la esperanza de ser escuchada y para los desfiles y actos es movida pacíficamente. La gente pasa y los que tienen tiempo y ganas pueden escucharla hablar sobre el desarrollo de Latinoamérica: “las Amazonas las están destruyendo, mataron a Chávez. Lo mataron con la enfermedad, se la aplicaron para controlar el petróleo. Ahora hacen la guerra civil y ellos cogen el control del petróleo como hicieron en Irak. América Latina tiene que unirse. Es la única manera, ustedes tienen que darle vuelta a esto, lo que está arriba para abajo y lo que está abajo para arriba. A peaceful revolution is the only solution!”, sentencia.