Fotos: Alejandro Olivares

¿En qué te inspiraste para el discurso del domingo?
-En volver al origen. Creo que la denuncia sobre los monopolios, los abusos, es una línea muy importante. Chile es muy discriminador y clasista. Cuando llegué al país, en el año 86, mi experiencia fue un choque cultural. Primero incubé una bronca, luego una rebeldía, y en este tránsito, después del 2009, algo fui perdiendo…

¿La vanidad?
-Perdí la vanidad, claro… Te vas a reír, pero tengo una hija de 18 años.

Es obvio, estás más viejo…
-Sí, los que llaman a mi hija para salir tienen 23 años. Eso a uno le impacta mucho. Porque yo he sido el Benjamín toda mi vida. El Benjamín de los cineastas, de los directores, los productores, los diputados y los candidatos. Estoy mucho menos disponible para la ruta corta.

¿Y la rentabilidad a largo plazo?
-Puse la mirada más lejos, quedé en tercer lugar, y entiendo que exista un interés periodístico por un asunto de ranking. Quise ir más allá.

Dijiste que hubo un voto más visceral en el 2009 y que en esta elección era más propositivo…
-Sí, claro, podría habría haberme hecho el pino con Andrade, Walker, con Escalona candidato, todos podrían haber sido mi leitmotiv, pero no, opté por ir al corazón del tema. Ellos son un obstáculo y bloquean por una agenda personal. Pero son un peón del problema. El problema es mucho mayor, es cultural…

A propósito de Escalona, en el Congreso el próximo año no va a estar él, ni Frei, ni Alvear, ni Cardemil, ni Novoa, ¿cómo se va a reconfigurar el mapa de las negociaciones?
-Soy muy crítico de la monarquía presidencial, colonial y borbónica que tenemos en Chile. El parlamento está pensado para el empate y tiene tres mecanismos: el binominal, las leyes de quórum y el Tribunal Constitucional, que son unos pitbull que están esperándote afuera del Congreso. Esa es mi diferencia con los dirigentes estudiantiles, tu pregunta en el fondo apunta a eso, y tiene que ver cómo se va a rebarajar el naipe. Yo creo que no. La dramaturgia no ha inventado nuevas formas. Está el traidor, el héroe, el antagonista, el secuestrado, el enamorado de su mamá. En el Senado es lo mismo, está el operador, el conservador, el bloqueador, el oportunista, el calculador. Las sillas en el Congreso están bastante dibujadas.

Pero el mapa generacional es al menos distinto
-Discrepo, porque también con Bachelet llegamos muchos nuevos. Llegaron actores, como Ramón Farías y Álvaro Escobar, hijos de la nueva política como Tucapel Jiménez, Alinco, obrero, y yo. Esta novela ya la contamos. Hay un cineasta boliviano, Sanginés, que dice que el mundo andino es circular y que siempre volvemos al inicio. Con Bachelet 2005 y 2014 sucede lo mismo.

El mito del eterno retorno.
-Sí, Mircea Eliade, el mito del eterno retorno.

Por eso invitaste a los estudiantes a no perder la rebeldía…
-Exactamente, por ejemplo Alejandro Navarro, Nelson Ávila y Guido Guirardi, fueron lejos los diputados más fiscalizadores, pero cuando llegaron al Senado, ¿qué pasó? No se rebarajó nada, los castraron. Perdieron toda su energía. Uno de los períodos más frustrantes de mi vida fue ser diputado. Sentí que todo era simbólico. Presenté 180 leyes, legislé con todas las técnicas, presionando, como boy scout…

¿Y cuántas te aprobaron?
-La de Dicom se transformó en decreto y hay como dos que han salido en este período.

Es necesario crear un territorio nuevo donde sentirse cómodo, dijiste, ¿dónde está ese lugar?
-Hay dos definiciones del progresismo. Una es la idea del progreso, empujar los límites, por oposición a los conservadores, y el otro es el reencuentro de dos agendas que en el mundo siempre van separadas: la distribución de la riqueza y la sustentabilidad. Son dos territorios que el mundo no logra conciliar.

Por eso nombraste a Sfeir en tu discurso.
-Los nombré a todos, pero donde puse más énfasis es en la demanda sobre la distribución social de poder y la sustentabilidad del medio ambiente, que son demandas que conviven naturalmente juntas pero por razones de agendas propias, de egoísmo, ineptitud y falta de voluntad no marchan juntas.

¿Tienes una explicación por qué no fueron juntas?
-Prefiero hacer una autocrítica, tengo mis puntos. Yo viví en un péndulo en esta elección. Fue un resultado espectacular competir con ocho candidatos y sacar el 11% frente a Michelle Bachelet. Es sensacional porque es un voto más nuestro que prestado. También puedo decirte que no fuimos capaces de construir con los humanistas y ecologistas.

¿Por qué?
-Nos faltó más acuciosidad y dedicarle más tiempo a la política de alianzas. Con Andrade para mí es fácil zanjar las cosas, es incombustible, incorregible, anda con una calculadora en la chaqueta. No así estas fuerzas vivas, más pequeñas, pero moralmente más sanas que Andrade. Perdón que lo singularice, es algo que tengo que superar, pero es para graficarlo. Con la dirigencia concertacionista para mí es imposible avanzar.

Pero siempre se suma más en conjunto que individualmente.
-Yo no fui solo, hubo independientes, el partido liberal, movimientos, los líderes del Movilh, Movimental, ampliamos el espectro. Entiendo la pregunta, tú vas al esquema, pero no es tan así. Es injusto decir que este 11% es mío. Claudio Venegas, pro despenalización, sacó un 6 por ciento en Peñalolén y La Reina sin ningún peso. Son lugares donde la droga no es vista como lo propone Rossi, que el problema es fumarse un pito viendo blue-ray un sábado en la noche en un loft.

¿Cómo vas a capitalizar tu 10%?
-Tengo problemas con la palabra capitalizar.

Es demasiado neoliberal…
-Cuando estaba el movimiento estudiantil me preguntaron por qué no capitalizaba el 20%. Es geometría variable. Era asqueroso instrumentalizarlo porque era tan potente lo que había ahí, era la obra de ellos y no hice ningún intento.

Te lo voy a preguntar de otra forma, ¿cómo sobrevive un precandidato presidencial durante 4 años?
-Lo hicimos ya. Se nos dio por muerto el 2011, 2012, 2013 y, en términos objetivos, salimos tercera fuerza igual.

Pero si aspiras a ser presidente en cuatro años más debes entrar a negociar…
-Vamos a hacer esos esfuerzos, pero hay cosas que son intransables. Una de ellas es el respeto. Nosotros también pudimos haber entrado a la primaria de la Concertación, pero nos pedían que no hubieran primarias para diputados y senadores. Yo no habría compartido lista con Hosaín Sabag. No se me habría ocurrido marchar contra el lucro e ir en una lista con gente que lo promueve. Michelle Bachelet ya ganó, ya es presidenta, pero no sabemos si está a favor o en contra de Hidroaysén. Tampoco si está a favor o en contra de una Asamblea Constituyente o de la educación publica y gratuita. No lo sabes.

¿Es necesario que se defina ahora?
-Ya ganó. Algunos chilenos le dieron la mayoría y tienen la esperanza puesta en ella. A mí me cuadruplicó, así que me corresponde humildad. En su comando ya le dicen presidenta antes de las elecciones.

¿Cómo un abanderado con cero participación en el Congreso moviliza una agenda de cambio?
-Es un desafío, creo que hay elementos objetivos para no estafar, porque vamos bien. Lo de Marisela fue muy doloroso, porque es injusto. Ella ganó pero no va a ser diputada por este sistema que humilla y destroza la democracia. Hay muchas víctimas del binominal. Esta es una de mis diferencias de fondo con algunas personas que hablan de las alianzas. Cuando la Concertación me pidió hacer primarias parlamentarias, fueron los momentos de mayor impotencia que sentí en esta campaña. Sentía que estaba cacareando solo en la tele y no le hacía sentido a nadie.

Pura impotencia…
-Claro, no iban a haber primarias en el Biobío y a nadie le importaba. Esa es la prueba de que no había ninguna nueva mayoría, ni tampoco voluntad de cambiar el binominal. Si crees que el binominal es un sistema asqueroso, haz primarias. No hubo ninguna primaria legal y cuando los tipos, arrinconados, se dieron cuenta que Bachelet les tiraba una oreja, inventaron dos tongos: las primarias no legales, donde les convenía, y el blindaje a Giorgio Jackson.

Por eso no le vas a dar un cheque en blanco a Bachelet.
-Está zanjado. No hay un comando, hay un gobierno preparándose. El tío Osvaldo Andrade expresó claramente que no hay nada que hablar. No sé cómo van a movilizar a la gente para el 15 de diciembre con ese discurso. Pero en eso les creo, ya ganaron. No hay ninguna posibilidad que Evelyn Matthei sea presidenta de Chile. Ninguna.

Causas difíciles

¿Quién ganó en estas elecciones?
-La despolitización, que es un aceite donde se van a freír ahora Matthei y Bachelet en la segunda vuelta. Evitaron los debates, despolitizaron la elección.

Carlos Peña dijo que Matthei, perdiendo ganó, y que Bachelet, ganando perdió. Hay algo de cierto en eso o no.
-Estoy de acuerdo. Creo que a Parisi le pasó lo mismo. El error de Bachelet y Parisi fue crear expectativa en la primera vuelta. Nosotros hicimos lo contrario.

¿Cuánto te afectó Parisi?
-Al inicio fue factor porque se instaló la idea que competíamos por un mismo universo simbólico, la renovación de la política. Después creo que quedó bastante claro, establecido, que no había nada en común. Teníamos domicilios éticos distintos.

¿Cómo explicas la votación de Parisi en Antofagasta y Calama?
-Es el derrumbe total de la derecha, hubo doblaje, no es nada loco.

¿Cómo quedó parada la derecha en esta pasada?
-Muy mal, creo que ahora se va a venir un tsunami. La derecha en el 2009 puso a un no pinochetista de candidato, el señor Piñera, que está acusado de cuanta pillería hay, pero el tipo no votó por el Sí. Ese es un activo moral. Y la Concertación llevaba de candidato a un ex presidente que le regaló sus joyas a Pinochet. No, Marco, me decían, estás equivocado. Y perdió. Después me culparon de ser el Catapilco.

La derecha en estas elecciones hizo algo similar…
-Cometieron el mismo error que la Concertación, el error del síndrome del poder, de la confianza, la arrogancia, y llevan a una candidata pinochetista. No, perdón, llevaron a cuatro: Golborne, Allamand, Longueira y Matthei. Están hueviando, decía yo. Cuatro veces se equivocaron. Es algo ideológico. Además, no llevaron a los más piolas. Longueira y Matthei eran los más histéricos a favor del Sí.

Igual la UDI fue la gran perdedora al perder sus dos senadores en Santiago.
-Los partidos confesionales en Chile están destinados de a poquitito a perderse. La agenda de derechos civiles es una agenda moderna.

Aún así la derecha siempre piensa en robarle votos a la DC.
-Son economistas de cementerio, están preocupados del estado alimenticio de los muertos, no están en la realidad. Si los juntamos a los dos hacemos un gran mausoleo. Es pura economía de cementerio. No hay hambre, no hay miedo, no hay nada, están muertos. Son partidos confesionales que derrochan dinero y siutiquería. No quiero hacer comparaciones odiosas pero, entre Bernardo Leighton e Ignacio Walker, hay un océano de diferencias. También hay distancia entre la derecha agrícola, que era espantosa y golpista, y esta derecha arribista preocupada por las marcas de autos. Creo que hay una fantasía de la derecha popular que inventó Longueira. Evelyn Matthei no es la derecha popular.

Te parece más sensato que la derecha opte, para ser gobierno, en una derecha liberal…
-Ellos tienen, lo voy a decir pedantemente, una suerte de Prometeo encadenado que les va a comer el hígado. Se han metido en un mito horrible que es Pinochet. Es un problema de ellos, no del país. Está claro que la derecha pinochetista no va a volver a gobernar el país. Esa huevá, a mi juicio, está zanjada.

Por eso dijiste que la real perdedora en estas elecciones fue la derecha militar.
-Sí, claro, la derecha que no pide perdón. No sólo eso. Se te hace insoportable lo testaruda que es.

¿Cuál es la verdadera Nueva Mayoría?
-La que no sale de una negociación sino de una convicción, un programa común y de la humildad de concurrir, como le propuse humildemente a Sfeir, concurrir juntos a otro territorio nuevo, no es que sumen al partido progresista y asuman nuestra identidad. Estamos dispuestos a concurrir a un territorio pero con tres convicciones que son intransables: una es el programa, no el nuestro, sino de una conversación programática.

Con definiciones…
-Claro, primarias para todos los cargos porque la Concertación no entiende la palabra todos. Alcaldes, diputados, senadores y presidentes. Y, por último, una palabra que está súper afuera de la política, la fraternidad.

Esa es la más difícil.
-Sí, pero yo me fui del Partido Socialista entre otras cosas por eso. Muchos se insultaban por los diarios, se acusaban de corruptos y almorzaban en la bancada. Se acusaban de cosas atroces y nadie cuidaba las formas. Pasa lo mismo con Larraín y Piñera que discuten por los diarios. O Larraín que dijo que Matthei era una mala candidata. Lo encuentro de una falta de fraternidad brutal y le pega una estocada a días de la elección.

Bueno, con Insulza y Bachelet pasó lo mismo.
-Sí, exactamente. Dar una entrevista en el diario para decirle que no creía en la educación pública gratuita el día de la elección. Hay dos posibilidades, que ella sabía, o que no sabía que es también es grave.

¿Crees que va a tener la posibilidad de conducir el país a pesar de los fácticos?
-En la Concertación y la derecha, todo vale. Aunque a veces vale la pena perder. No todo es ganar. Es como lo que pasó el 89 cuando la Concertación, habiendo ganado el plebiscito, hizo una reforma constitucional de espaldas al país y se votó a la mala. Nadie lo supo, pero lo negociaron. El 99, yo era parte de ese equipo, Lagos e Insulza defienden a Pinochet en Londres. Yo era chico. Les dije que cómo podíamos defenderlo. Me dijeron que no importaba, que lo importante era que Lagos sea presidente.

¿Hasta dónde llega el realismo político sin defraudar los valores?
-La educación, por ejemplo, no puede ser un negocio. Punto. Pero es que necesitamos realismo político. No, compadre, la educación no puede ser un negocio.

No es posible, entonces, la fraternidad en la política.
-Yo creo que lo que llevó a la UDI a ser un partido exitoso fue su fraternidad en los ochenta y noventa. Lo que llevo al éxito al PS en su minuto, lo viví de cerca porque pasó en mi casa, fue la fraternidad entre ellos.

¿Cuando se pierde esa fraternidad?
-Cuando hay una fatiga en el poder, está súper estudiado. Hay una escena muy linda de Emiliano Zapata cuando ganó la revolución. Le dicen siéntate en la silla. No, la silla corrompe, dijo. Después se ha teorizado que él que se sienta ahí tiene que convivir con el pragmatismo. Hay una discusión sobre eso. Creo que la izquierda tiene una contradicción. Hace campaña como una fuerza de cambio y construye como una fuerza explicativa.

¿En qué te diferencias tú?
-Nosotros hacemos una campaña de convicciones. Cuando el domingo hablamos en el cierre de campaña y meto el concepto de familia en directo a todos los canales, estoy diciendo que somos esto. Nosotros hablamos de Bolivia, la despenalización de la marihuana, el aborto, la reforma tributaria a cinco puntos del PIB, de bajar el gasto militar, el royalty y la eliminacion del FUT. Todas nuestras causas son las más difíciles. Eso sí que te lo puedo decir honestamente, fue meditado, no es un truco electoral. No fue un giro cuando llegó Bachelet. Los libros fueron escritos antes. Creo incluso que me he quedado corto. Yo propongo la despenalización de la marihuana pero si me sacas a la pizarra podemos hablar de la despenalización completa.

¿Completa?
-Hay argumentos más de fondo. Creo que estamos avanzando a pasos agigantados en cada proceso. Yo entré en política el 2006 y evidentemente hay una profundización de las cosas.

EL PORQUÉ

¿Por qué quieres ser presidente?
-Por el clasismo. Igual me gustaría precisar algo. En la campaña denostaron harto a mi familia. Pero ninguno es dueño de fundo, de empresa, el único dueño de empresa soy yo que soy una pyme. Puros rebeldes. Tenemos un doctorado en exilio. Fuimos exiliados por Ibáñez y Pinochet. Hemos sido creadores y rompedores de partidos: el liberal, conservador, Mapu, DC, Izquierda Cristiana, PAIS, PS, PPD, MIR, Partido Radical. En mi familia todos han escrito un libro. Es una familia que piensa y vive de su trabajo intelectual.

¿Te incomoda pertenecer a la elite?
-Es que te dicen usted es de la elite. Cuidado, yo vengo con mucho orgullo de gente muy preparada, el rector de la universidad de Concepción, es un huevón que estaba por la educación pública, fue ministro de Educación de Allende. No me metan entonces con Eduardo Frei, me explico.

¿Qué otra cosa te empelota de Chile?
-En la medida de lo posible. Creo que el trauma de Allende impactó muy negativamente en la generación de la izquierda. Una especie de síndrome de Estocolmo. Todo en la medida de lo posible. Queríamos derrotar el binominal, pero no, hicimos primarias. Queríamos educación pública, pero la privatizamos. Tú sabes que en el programa de la Concertación no está la palabra royalty. El 53% de la exportación del modelo de desarrollo de Chile es cobre y la presidenta electa de Chile no habla de royalty.

¿Ves a Escalona como ministro?
-No lo sé, te puedo decir algo que no he dicho: nosotros vamos a ser implacables cada vez que Michelle Bachelet incumpla la promesa de cambio y vamos a ser muy solidarios cada vez que ella instale el nuevo Chile.

¿Qué te pareció el ingreso de Boric al Congreso sin pacto?
-Una gran noticia. Nosotros lo apoyamos. Nos omitimos en esa región. Sacamos cero porcentaje en el pacto por apoyar a Boric. Dime un sólo partido de la política chilena que haya hecho esto dos veces. Nos borramos de la región de Magallanes y eso que en el 2009 sacamos el 27%. Te lo digo porque vale la pena que se sepa.

¿Por qué llamaste a votar AC en el balotaje?
-Por dos razones. Creo que la Asamblea Constituyente es el derecho de un pueblo a construir sus reglas. Creo, además, que la Constitución es como una casa y Pinochet la construyó para él y sus amigos y ya no cabemos todos. Hoy día, por ejemplo, no caben los mapuche. Hay que hacer una nueva casa todos juntos. Por último, cuando se le dice a los chilenos que hablar de Asamblea Constituyente es fumar opio, me vuelve insolente. Es una insolencia decirle a los chilenos que si hay Asamblea Constituyente va a salir una borrachera. Es un desprecio al pueblo chileno. Marcar el voto AC es un gesto de rebeldía contra las elites, contra el monopolio de las empresas, las castas políticas y el monopolio del poder. Voy a votar por la Asamblea Constituyente, esa es mi candidata.

¿Cómo es esa candidata?
Es serena, preparada, honesta, tiene fondo y forma, y es algo incomprendida.