Fotos: Alejandro Olivares

Le cuesta respirar pero le carga que le hablen del pucho. “Sí, sí, estoy consciente”, dice, pero no para de prender uno tras otro y de botar las cenizas en el lavaplatos que está a su lado: “Otra que me carga, la ceniza en los ceniceros”. Usa bastón, camina con dificultad y se cansa (“tengo tres hernias y un marcapasos”), pero su presencia no pierde vitalidad. Si puede, va a los actos, asambleas o reuniones donde los derechos humanos sean la causa. Le gusta el teatro y la música, hace pocos días fue al Cirque du Soleil, al Municipal a ver a Pedro Lemebel y hace unos meses, cuando entró al Teatro Caupolicán para el recital de Joan Baez, la aplaudieron de pie. “Es mucho”, opina ella.

Se queja de que se le olvidan las cosas, pero creo que exagera. El problema es que quiere retenerlo todo, hasta en sus más mínimos detalles. Quizás porque la memoria, para una mujer que sufrió la pérdida de familiares en sus formas más brutales, es una permanente lucha contra el olvido. Olvidar es lo único que no puede permitirse.

De los recuerdos dolorosos pasa a los más remotos, como sus primeros años en Santiago, cuando llegó desde Tocopilla a la población Bulnes en Renca. “En ese entonces, la población estaba dividida en dos por la línea férrea que iba a Valparaíso. A un lado estaban las casas bien construidas y el pavimentado, y al otro lado era tierra. Ahí llegué a vivir con mi tía que tenía un taller y mi tío, un almacencito. Mi dormitorio era una pieza chiquita, sin entablado, piso de tierra. En Renca había campo, comprábamos leche de las vacas recién ordeñadas. Entonces los dueños de la chacra me prestaban un caballo y yo salía de la población por donde pasaban las góndolas, ahí a caballo, a todo correr. Te cuento eso porque una vez que fuimos a Naciones Unidas y nos retuvieron y no nos dejaban volver… yo pensaba: total me voy a Mendoza y atravieso la cordillera a caballo”.

En la mesa tiene una fotocopia del manuscrito de sus memorias que aún no logra terminar. “Como la vida misma” es uno de los títulos tentativos, pero siempre hay algo más que atender. “Mi patria se está revolviendo todo, ¿cómo voy a estar dedicada a un libro?”, dice, y al día siguiente de la explosión en el metro me llama: “Hay que tener cuidado con lo que pasa. Hay que usar la memoria histórica, porque tenemos antecedentes como estos y yo he luchado toda mi vida para que la historia no vuelva a repetirse. En estos momentos hay que dejar de lado las diferencias y no llevar el agua a ningún molino. Todos los políticos tienen que entender eso. Esto no le sirve a nadie”.

“OYE ANA, TE INVITO A UNA REUNIÓN”

Usted nació en 1925, ¿cómo era en ese tiempo Tocopilla?
Yo nací en Toco, una salitrera. Después con el devenir del descubrimiento del salitre sintético quedó la escoba allá y nos fuimos a Tocopilla por ahí por los años 30, Washington 1348, nunca me voy a olvidar. Y ahí teníamos la recova que se le decía, que era como un almacén y al lado estaba la casa nuestra. Yo vivía en una calle donde eran personas de familia –así se les llamaba entonces– y al frente había puras prostitutas y casas de prostitución. Ahí aprendí a creerle a las prostitutas, porque nunca vi un mal ejemplo, jamás.

¿Cómo era el Chile de ese tiempo?
Había mucha pobreza, todo Chile era pobre. Nosotros, que teníamos dos casas, también tuvimos que ir a la olla del pobre, cómo sería la pobreza, ahí tienes una relación. Uno llevaba una ollita y le daban la comida. Y después en las noches de amor con mi marido, cuando conversábamos de la vida de él y de la vida mía, él me decía que también tenían que ir a la olla del pobre.

¿Cuándo parte su relación con la política?
Como a los 17 años, cuando estaba en el liceo. Ahí había una alumna que era muy dulce y linda, y era hija de refugiados españoles y ella siempre llegaba conversándonos de lo que sufrían los padres. Y yo, con las palabras de ella, empecé a agarrarle un odio a Franco que ni te lo cuento.

¿Y en su casa?
En mi casa no eran políticos, mi padre en su rato de ocio, que era muy poco, se iba al Club Democrático que quedaba en la esquina a jugar cartas y a conversar. Nadie era comunista, pero mi tío compraba El Siglo y un diario de Tancredo Pinochet, una eminencia, que sacaba un periódico muy bueno, era de dos hojitas no más.

¿Y desde cuándo milita en el Partido Comunista?
A los 17, 16 tendría, cuando entro a la Escuela de Artes Aplicadas que funcionaba en Arturo Prat, porque quería aprender diseño. Ahí había un hombre joven adulto que tenía su familia formada y era muy respetado por todos los chiquillos, y un día me dice: “Oye Ana, te invito a una reunión del círculo de estudiantes comunistas”. Y ahí participé en la primera reunión de la Jota. Yo me quedé así… (abre la boca grande y se queda como petrificada). ¡Por cómo eran las reuniones!

¿Por qué? ¿Cómo eran?
Había trabajadores, cabros de la universidad y otros recibidos. Lo primero de la tabla era un informe nacional. Recorrían todas las weás que estaban pasando en Chile. Después venía el informe internacional. Y yo ya después de eso no confundí nunca más nada, fue mejor que la escuela porque ya sabía dónde estaba Francia, Italia… Me admiró la juventud, la forma en que hablaban, la forma de expresarse. Y eso fue, ahí nunca más me salí.

¿Sigue militando en el PC?
No.

¿Desde cuándo? ¿Renunció?
No te puedo dar fecha porque me puedo equivocar. En el 2002 parece que fue, en esa época no me gustaron los planteamientos y decidí retirarme. Esto nunca lo he publicado en los diarios, para qué, si tengo muchos amigos del partido. Y yo tampoco dejé de ser comunista, porque la convicción es de un sistema socialista…

¿Cree que ese sueño es posible?
Yo creo que todo ser humano vive siempre de sueño, de esperanza. Sigue estando vivo para mí.

¿Pero ese proyecto no fracasó en el mundo?
Pero yo no te estoy hablando de países, te estoy hablando de la idea, de lo que yo creo. Por ejemplo, si el cobre es chileno, ¿por qué no puede ser de los chilenos? ¿Ah, por qué no creer eso? Tienes un mundo vacío si no sueñas. Yo creo que todo el mundo piensa en un mundo mejor. Los que son seres humanos, lo que se entiende por ser humano, los que vinimos a esta tierra a sufrir o a gozar de las cosas que tiene la tierra.

¿Cómo entra el sueño del socialismo en el mundo de hoy?
El mundo está cambiando y se está convirtiendo en Sodoma y Gomorra, por lo tanto te puedo decir que faltan los países socialistas de aquel entonces.

¿Qué es Sodoma y Gomorra?
La descomposición total. Empezar a crear el Arca de Noé. A mí no me importa que los que tienen plata se sientan como el Rico McPato en una montaña, me da lo mismo. Pero todo eso, ¿para qué lo quieren? ¡No lo pueden utilizar en algo útil!

“SIENTO QUE HAN FALLADO”

Hay gente que fue asesinada por sus ideales, algunos creyeron en tomar las armas… A 41 años del golpe, ¿cree que estar dispuesto a jugarse la vida por las ideas vale la pena?
Siempre hay que estar dispuesto a dar la vida. Siempre.

¿Sigue siendo válido ahora?
Siempre. Por eso es que el Guatón Romo dijo una vez: “Yo le dije mi general, había que matarlos a todos”. ¿Qué quería decir? Para que no quedaran, para no tener las consecuencias de ahora. Para que no siguieran el bello ejemplo de la gente que dio esa lucha. Dime si no es bello cuando los prisioneros del Frente huyen de la cárcel en el canasto. Dime si no es una estrategia militar de primera cuando raptan al coronel Carlos Carreño que aparece en Brasil. Durante Pinochet hubo gente pública, gente clandestina y gente que tomó la lucha armada, para mí todos son respetables. Todos.

Desde que llegó la democracia hasta ahora, ¿qué ha pasado con el pueblo?
No está mejor, porque los que sabían cómo había que hacerlo simplemente los mataron, de la manera más terrible.

¿Cree en esta nueva generación que representa la bancada estudiantil?
Yo creo en ellos. Cuando salieron los primeros pingüinos yo creo que la alegría fue general en Chile. Cuando uno ve luchar a la juventud sabe, intuye, que vienen tiempos mejores. Pero eso no lo podían dejar avanzar.

Las nuevas generaciones hablan de la Concertación como gente que transó, que se vendió. ¿Cree lo mismo?
En el terreno de los derechos humanos se debiera haber hecho mucho más. Porque los muertos pertenecían a ese mundo.

¿Cree que hubo algo bueno en la Concertación?
Cuando me dicen “¡oye menos mal que se fue Pinochet!”, no se ha ido, digo yo, está. Está toda la herencia de él, ese es su triunfo.

Se siente defraudada…
Me molesta que cuando llegan al poder se olvidan.

¿Todos se han olvidado?
Es que no todos son iguales, hay excepciones… A lo mejor están los que no debieran estar. ¿Por qué hay tanto candidato bueno y siempre queda el que no debiera estar?

¿El pueblo está dormido?
Está mal dirigido. No hemos sabido aprovechar toda la experiencia que tuvimos con Salvador Allende, la dictadura y después la derrota que sacó a Pinochet. Faltó que jugaran su papel el Partido Comunista y el Socialista, que son los partidos que estaban enclavados en las poblaciones.

¿No supieron llevar adelante su proyecto?
¡Yo me estoy refiriendo solo a derechos humanos! No me meta en el terreno de la política-política. Yo en los derechos humanos siento que han fallado. No me gustó cuando Aylwin dijo “en la medida de lo posible”.

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¿Ahora hay un interés más real por acercar la verdad y la justicia?
Es que pueden tener un interés real o no, pero depende de nosotros, de las víctimas, los familiares, empujar el carro, seguir haciendo acciones, hacer conciencia. Cuando hacíamos huelgas y encadenamientos era para hacer conciencia de lo que pasaba en Chile, y también estábamos poniendo la semilla para derrocar a Pinochet y volver a la democracia.

¿Quizás les ha faltado más presencia a los familiares de las víctimas?
Es una pregunta bastante difícil de contestar para mí… Hemos ido perdiendo fuerza y lo que fuimos durante la dictadura…

¿Por qué?
Es como los trabajadores, que nadie les da un veinte si no hacen huelga. A nosotros nos pasa igual, si no empujamos en ese sentido, la cosa se pierde.

VÍCTIMAS Y VICTIMARIOS

¿Qué le pasó cuando vio el programa de CHV “El Juez, la Víctima y el Victimario”?
A pesar de todo lo que sé y de todo lo que he visto, me estremezco y vuelvo a pensar, ¿cómo pudieron hacer esto? Si ellos decían que éramos unos malvados y que estábamos dispuestos a matar a todo el mundo, ¿por qué no los juzgaron? ¿Por qué matarlos?

¿Cree que Carlos Herrera Jiménez es también una víctima?
En el libro que está aquí yo pronostico que los victimarios se van a convertir en víctimas. Víctimas de sus propios hechos. Hay una víctima en el hijo de Carlos Herrera Jiménez, porque es una víctima. ¿Cuántas más hay? Mientras nuestros hijos pueden ir a la escuela tranquilamente, ellos son señalados como los hijos de los asesinos… Y para el juez Guzmán, no tengo palabras.
El valor de ese hombre, de reconocer sus errores…

Dijo que celebró el Golpe.
Es que les pasó a muchos, nunca pensaron lo que iba a pasar. Pensaron que iba a llegar un presidente luego, pero resulta que se apoderaron de Chile.

¿Cree que el Golpe se podría haber evitado?
(Piensa) Eso nunca lo podría saber. Pero estaba destinado a caer, porque Allende llegó al poder sin tomar las armas, entonces para los poderosos del Norte terminó siendo más peligroso que Fidel Castro. Porque este camino lo iban a seguir Argentina, Uruguay, Paraguay, se iba a expandir el ejemplo de los chilenos. La palabra revolucionario a veces se junta con armas, y no es así. El revolucionario viene a revolucionar todo… y mira cómo tienen la escoba ahora.
Ángela Jeria, la madre de Bachelet, dijo hace unos días: “Siento un clima muy poco grato en el país que me recuerda mucho a los últimos tiempos del gobierno del expresidente Allende”.
Oye, dile a la Jeria que le doy la mano. Es así. ¿Tú crees que los encapuchados están ahí por bolitas de dulce? Yo veo muy peligrosa la situación. Sabes, amiga mía, se está repitiendo. En vez de la huelga de camioneros, tenemos los desmanes, están sembrando el terror. Porque están violando sus intereses, les están tocando el bolsillo.

¿Para usted los encapuchados son infiltrados?
No todos. Hay anarquistas que pueden creer en la anarquía y no saben ni pa donde van, está el niño inocente que puta, escucha y dice “qué bueno tirar piedras”, están los delincuentes, porque no me cabe duda que la mayoría son delincuentes, uno lo ha vivido… La Ángela lo vivió, por eso. Y hay otro fenómeno que me llama la atención y no había visto nunca, porque he visto muchas elecciones, que cuándo se había visto que no llevamos ni diez meses en el gobierno y empiezan aparecer los candidatos. Piénsalo bien.

Los candidatos que más empujan vienen del sector de la Nueva Mayoría: Ximena Rincón, ME-O, Velasco…
Mira, sale el ME-O y no dice ni una palabra de derechos humanos, absolutamente nada, ni siquiera del padre, eso a mí es lo que más… Pero esto de que se disfrazan de ser presidente.

¿Cree que esta carrera anticipada busca debilitar a Bachelet?
Nada. Solo digo piénsalo… Lo que veo es que hay muchas trabas a las cosas que quiere hacer Michelle Bachelet. El otro día me dijeron, que no sé si es cierto, porque no lo escucho, no quiero ni verle la figura, que en sus palabras como que criticó a la Bachelet. El Lagos.

¿No le gusta Lagos?
Para nada po’, para nada. Yo tengo ganas de conversar con la Michelle, pero conversar entre ella y yo no más.

Bachelet llegó a un acuerdo con la derecha por la reforma tributaria. ¿Usted cree en los acuerdos? ¿Los respeta?
No, yo no respeto nada a la derecha. En todos los acuerdos siempre salimos perdiendo. Siempre el objetivo que se tiene se pierde. Aman el país, pero si aman el bolsillo es difícil, ¿no? Allende nunca quiso que este país fuera socialista, tampoco quiso ser comunista, ¿pero qué quería? El cobre para Chile. ¿Y no lo obligaron a matarse? Cuando tú pides un mejor sueldo para los trabajadores y hacen sus huelgas de hambre y viene como en el Norte una masacre, la masacre de Santa María, ¡ya po’, ahí está! ¡No quieren que tengamos derecho nosotros a llegar más alto!

Usted cree en Allende como un gran líder…
Sí, mira, yo me pongo de pie (se para).

…pero como presidente, ¿fue Allende un buen presidente?
Sí, porque él estaba llevando a cabo el programa. Estuvo mil días en la presidencia y en esos mil días lo que se logró fue mucho. Porque cambiar la mentalidad de la gente cuesta mucho. Hay que educarse, mirar, ver, leer las noticias entre líneas. En los periódicos no se entrega todo lo que debe entregarse al público, porque ¿quiénes son los dueños? ¡Los poderosos, po’!

Entonces no cree en llegar a acuerdos en la política….
Debieran de llegar a acuerdos porque no podemos seguir viviendo ojo por ojo. En la derecha hay de todo. En la Democracia Cristiana hay de todo. Excelentes militantes, hombres solidarios, en la derecha inclusive. No todos son iguales. Tampoco echo al saco a todos los militares. Y cuando los miro ven en mi mirada que lo que estoy diciendo es cierto.

CARTA DE ANA GONZÁLEZ AL HIJO DE CARLOS HERRERA JIMÉNEZ
Su padre reconoce que no hay nada que justifique los crímenes tan horrendos como el de Tucapel Jiménez y Juan Alegría –además de otros– en los que él tuvo participación directa como autor y que está esclarecido en la justicia. Esto requiere de una hombría y valor que no han tenido hasta hoy la inmensa mayoría de los uniformados implicados en las violaciones de los derechos humanos, tanto los que están siendo procesados o como quienes aún permanecen impunes. Esto es lo que marca una gran diferencia a favor de su padre. Lo valoro, lo valoramos, y usted como hijo, no cabe ninguna duda, lo comprendería.

Lo segundo que le quiero decir es: no más pacto de silencio, basta ya. Porque los crímenes de lesa humanidad perpetrados en la dictadura por civiles y uniformados ya fueron cometidos, nada puede borrarlos y lo único que puede borrar esa barbarie histórica de las fuerzas armadas de Chile, es la verdad y la justicia. Que ellos aporten toda la información acerca de lo ocurrido con las víctimas. Hoy a 41 años de ocurrido el golpe, ¿qué espalda buscan guardar? ¿A quién están protegiendo? Cuando su padre condenó el pretendido homenaje a Miguel Krasnoff hace un par de años, también marcó la diferencia con sus compañeros de armas. Por eso le pido a usted, joven, que transmita estas palabras mías a su padre. Solo así volverán a nacer nuestras fuerzas armadas respetadas por todos.

Porque como hemos dicho siempre: verdad y justicia, nunca venganza.