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foto: alejandro olivares

Wendy Sulca ya no es la niña inocente que cantaba con voz chillona, bajo el alero de “Danny Producciones de la sierra peruana para todo el mundo”: “De día, de noche, quisiera tomar mi tetita/ Cada vez que la veo a mi mamita/ me está provocando con su tetita/ Ricoricoricorico/ ¡qué rico es mi tetitaa!/¡mmm!… ¡rico, qué rico es mi tetita!”. O la misma que, a los ocho años, rodeada de borrachos, llamaba a gritos a tomar cerveza: “Porque ya bastante sufro en la vida, porque mi amorcito se ha marchado lejos. Señor cantinero, dame más cerveza”. Y, menos, la que cantaba hace cuatro años “En tus tierras bailaré”- un curioso homenaje a Israel desde la Amazonía peruana y que para Residente de Calle 13 es el “We are the World” de la era youtube- que grabó con las máximas estrellas del firmamento kitsch, Delfín Hasta el Fin y la Tigresa del Oriente. Ni tampoco la que saludaba y mandaba besos, por tuitcam, a sus supuestos fan chilenos Elver Galarga, Elsa Porrico, Soila Vaca, Rosa Melano, Elsa Capunta, Ana Lisa Melano y María Dolores del Orto.

Wendy Sulca -que deslumbró al escritor Jaime Bayly, y que ha grabado con Dante Spinetta, Fito Páez y Calle 13- quiere romper con esa imagen inocente y bizarra: “Fue una etapa linda, pero ahora quiero hacer otras cosas”, dice. No hace mucho cumplió la mayoría de edad. Aún no consigue novio, porque su madre es muy estricta, y no ha probado la cerveza: “Espero no caer en esos vicios ni en las drogas”. Pero se puso hardcore. O, bueno, eso es lo que dice la letra de su último disco que recuerda al “Me creo punky” de la Kel Calderón. Cambió sus coloridas polleras andinas por poleras de Guns N’ Roses. Sacó los peluches -que ella misma ayudaba a confeccionar en un emprendimiento familiar- y tiene su pieza tapizada con fotos de Justin Bieber. Su idea ahora es fusionar el pop con el huayno, el estilo musical de la sierra peruana, que transita desde la cumbia al rock folclórico. Y sin perder la esencia que la hizo famosa. Eso lo tiene claro.

Wendy ya no suena chillona y muchos lo extrañan. Hizo una versión popera del ochentero Like a Virgin de Madonna, que ya tiene más de tres millones de visitas, sumado a otro de Miley Cyrus, de la que hizo un cover en español del tema “Wrecking Ball”, aunque “sin caer en la vulgaridad” de la estrella juvenil. Wendy Sulca anda de gira presentando su último disco “Explosión”.
Antes de Chile, pasó por Argentina y México, país donde no tuvo una linda experiencia en redes sociales. En tuíter, se creó el hashtag #WendySulcaLárgateDeMéxico, que se volvió trendic topic mundial, un bullyng que ella cree fue por el simple hecho de ser peruana. Wendy antes lloraba por esos comentarios. Ahora ni los lee. “Ese tipo de comentarios y haber saludado, por ejemplo a Elver Galarga en webcam me hizo crecer y no ser tan ingenua. Conocí el doble sentido y me di cuenta que hay gente muy mala onda, pero a la larga prefiero quedarme con los comentarios positivos y no quedarme con quienes me han discriminado por ser peruana. No quiero hacerme mala sangre. Ya está”, dice Wendy.

De Chile, en cambio, se llevó una grata sorpresa. En la capital, se paseó por la Plaza de Armas y el barrio alto. “En todos los lugares donde estuve, recibí el cariño de la gente, me trataron muy muy bien, nunca me discriminaron ni nada malo”. Y agrega: “Lo que me llama la atención en Chile, es la gran cantidad de peruanos que hay viviendo acá. Es solo ver todos los restaurantes que hay de mi país. No sé de dónde viene esa rivalidad de la que hablan. Para mí, Chile y Perú son pueblos hermanos. No hay que mirar el pasado, pues hace mal”, dice.

QUIERO SER ACTRIZ

Wendy Sulca está encaramada en unos zapatos de plataforma con glitter dorado. Luce calzas negras, un peto con tachas y una bufanda de plumas fucsias. Es un martes de comienzos de septiembre y está en un local de ropa en Patronato, rodeada de maniquíes, cumpliendo su sueño de protagonizar una película. La acompañan María José Campos, ex Porotito Verde, y la actriz colombiana Libertad Patiño. La escena que graban es la siguiente: Porotito Verde le trata de enseñar una coreografía a la actriz colombiana y a Wendy Sulca, que hacen como que no cachan nada y son súper tiesas para bailar. La escena la repiten muchas veces. La gente, que pasa por fuera del local Javimoda, se queda sapeando. Nadie reconoce a Wendy Sulca ni a la colombiana. Pero todos reconocen a la Porotito Verde. Algunos piensan que se trata de una cápsula para el Buenos Días a Todos. El más perdido, un caballero canoso, pregunta si es para Yingo, porque “si es para Yingo, chita, que son muy flacas, parecen palitos finitos como agujas”, dice sin que nadie le pregunte.

Lidia Quispe, la mamá de Wendy Sulca, su luz y sombra, está entre el grupo improvisado que se ha quedado mirando las grabaciones. Ella es la responsable de los temas que han hecho famosa a su hija. Suyas son las letras de “La Tetita” y “La Cerveza”. “Yo era muy buena para la teta. Le pedía todo el rato tomar leche a mi madre. Hasta los cuatro, cinco, años tomé teta. Mi mamá tuvo que echarse ají en la teta para sacarme de encima, ja, ja, ja. Es que yo era muy engreída, muy consentida de mi mamá y era la adoración de mi papá”, cuenta Wendy. Lidia Quispe siempre soñó con lograr la fama y aunque grabó un disco, no tuvo mayor trascendencia. Ahora lo único que quiere es que su hija lo logre: “Ella lleva esto en la sangre y es la mejor”, dice.

La fama de Wendy comenzó por casualidad. El 2008 un conocido de la familia tomó los videos que había grabado de niña y los viralizó, luego vino el furor, pero ahora ella quiere una carrera y no solo como cantante. El año pasado, debutó en la pantalla chica peruana, interpretando a Wendolyn en la miniserie Vacaciones en Grecia que logró cierto éxito. Pero ahora busca más. Y por eso está en Chile. La llamaron para ser protagonista de su primera película de la mano del director Leonardo Medel, el mismo que ha estado tras “Papá o 36 mil juicios de un mismo suceso” y “Lais”-la primera película para un espectador- y de clips de Gepe y Lucybell. En “Coach”, como se llama el filme que la tiene en Patronato, la cantante de “La Tetita” interpreta a una joven jefa de cocina peruana que viene a nuestro país a probar suerte y que es escogida por un coach, una especie de gurú, que le va dictando cómo debe comportarse frente a determinadas situaciones.

El nuevo proyecto de Productora Merced es parte de una trilogía sobre Santiago y la parte que protagoniza Wendy habla de la condición adolescente de la capital: “A Santiago como que le creció el cuerpo, pero habla agudo o está llena de espinillas, es una ciudad que no se acomoda a sí misma, a su propio porte, a su crecimiento económico y en esto tiene harto que ver la inmigración”, dice el director de la película, Leonardo Medel. Fue así, que comenzaron a darle vueltas al asunto, y se les ocurrió que la protagonista fuera peruana. Así llegaron a Wendy: “Ella es el personaje peruano de su edad más famoso a nivel global. Cuando fui a Lima a conocerla, me di cuenta que tiene encanto, probamos texto y resultó ser muy buena actriz aunque no tiene formación. Además Wendy Sulca es Wendy Sulca, es un personaje extremadamente relevante, te guste o te disguste y su talento es innegable”, cuenta Medel.

La cinta, que se estrenará el próximo año, es de corte experimental y vendría siendo la primera película electroencefalográfica filmada en el mundo. Wendy no entiende mucho todavía de qué se trata ni cómo se verá la película, pero de todos modos intenta dar una explicación: “A una persona del público, le pondrán un casco electroencefalográfico, que leerá la información de su cabeza. Y, bueno, si la persona está aburrida, la película se pondrá divertida. O al revés, si está muy alegre, se pondrá más tranquila”. A su vez, Leonardo Medel cuenta que la película se proyectará en una sala frente a más personas, que no usarán el casco, y que estarán viendo “la película que está haciendo el intérprete” con su actividad cerebral.

MÁS ALLÁ DE LA TETITA

Así como experimenta en el cine, Wendy lo está haciendo en la escritura. “La verdadera historia de Wendy Sulca: Más allá de La Tetita”, es su debut literario. Lo escribió cansada del bullying que le hacen sus detractores en las redes sociales. En 138 páginas, narra el difícil camino que ha debido enfrentar para llegar al estrellato de youtube. Y se centra en la sufrida historia de sus padres, quienes debieron escapar de Sendero Luminoso, allá por 1989: “Mi mamá es de Huacaña, un pueblito muy tranquilo, cercano a la provincia de Sucre. Y con sus hermanos y papá tuvo que escapar de los terroristas, del Sendero Luminoso, el peor de los males conocidos en el Perú”, cuenta a The Clinic. Y luego agrega: “Ella, con ocho añitos, tuvo que partir con su familia. Y dejar botado lo poco y nada que tenían. Mi familia era muy pobre. Sólo les alcanzaba para subsistir. Ellos estaban bien hasta que a su pueblo llegó ‘El Tuerto’, un sanguinario hombre, con un solo ojo, que con su gente asesinaron a varias personas en la plazuela principal de Huacaña. Esos terroristas sembraron el miedo, al alcalde de ese entonces, le cortaron la cabeza y mutilaron su lengua. Se llevaban a la gente engañada y la mataban en los cerros cercanos sin compasión alguna”.

Cuando Sendero llegó a su pueblo y obligó a la gente a sumarse a sus filas, la familia de Wendy, como muchos otros, escapó rumbo a la capital. Tras una larga caminata que duró una semana a través de montañas y selvas pudieron refugiarse en Lima, donde su mamá terminó vendiendo confites en las micros.

Años después, ya convertida en una adolescente, Lidia conoce a Franklin Sulca, un arpista de música andina, que le transmitiría todos los saberes musicales a su hija. Lamentablemente, muchísimo antes de que Wendy saltara a la fama, su padre muere en un accidente automovilístico. El día de su funeral Wendy graba su video más sufrido: “Papito, por qué me dejaste”. En medio del entierro y siguiendo el cortejo fúnebre, la niña canta con un ramo de flores en las manos un tema folk-tecno, que años más tarde se transformaría en uno de sus videos más viralizados de su carrera.

Luego, vinieron más desgracias: Wendy cayó en depresión, su mamá fue operada de un tumor y las estafaron. Pero pese a todo, nunca dejó su carrera. A la semana de la muerte de su papá, a quien le llamaba “carita de sapo”, ya estaba dando un concierto en San Juan de Miraflores. “Me puse a llorar, pero seguí por él. Él quería que yo fuera famosa y que siguiera cantando. Por eso no he parado en cumplir su sueño”.