Banderazo las afueras de las oficinas del Banco

Ese Chile de la perversidad política que tanto denunciamos, delirantemente, en esta y en otras páginas, llega a su fin. Toda esa basura humana de la que describimos su forma de funcionar y operar, y que se adueñó de Chile gracias a los que tomaron las riendas de ese proceso maldito llamado vuelta a la democracia o transición, es parada en seco porque la justicia comenzó a funcionar. Todas esas malditas prácticas del negocio de la política que denunciamos no solo en su realización macro sino también en su dimensión local, quedan al descubierto.

Ahora necesitamos pensar cómo vamos a enfrentar el Chile que viene, porque el que culmina de una manera tan torpe e insana nos pilló, aceptémoslo, desprevenidos. Este permeo institucional que hace trastabillar a la oligarquía política no ha tenido carácter violento, hay una comunidad que lo fue exigiendo a través de distintos mecanismos, algo así como una revolución de guante blanco, donde las tácticas jurídicas fueron clave. La época de la criminalidad política ha llegado a su fin, repitámoslo, pero eso implica una gran responsabilidad política ciudadana. Hay que hacer algo antes de que estos malditos se pongan a negociar y recurran a Lagos o a alguien así para recomponerse.

Yo observo estratégicamente desde el jardín, desde el cual incluso se puede ver el mar, que ha llegado el momento de nosotros, es decir, de la gente decente. En lo personal yo no querría dedicarme a la política, pero con el hueco que va a dejar la ilegitimidad de estos cerdos, vamos a tener que llenar ese vacío estructural. Uno querría estar al margen, sobre todo ahora que hay que consolidar la cosecha de frutales, despejar el parrón y prepararse para una poda profunda. Pero aprovechando la burda analogía, podemos decir que también la república necesita una limpieza de raíz, de mucho elemento patógeno que impide su crecimiento.

Es obvio que todos esos perros y perras involucrados deben ser enviados a regiones a reeducación política. Un Girardi, por ejemplo, debe ser castigado en un consultorio rural, igual que el Rossi ese y todos los que tanto daño le han hecho a la república. La revolución cultural que está aconteciendo debiera obligarlos a volver a sus pegas de origen, si alguna vez la tuvieron, o, quizás, a recuperar los viejos oficios manuales.

El deber de uno es estar disponible para reconstruir la patria, luego de que todos estos criminales pasen por el conducto regular de la justicia. Ahora le toca al ciudadano responsable. No deja de ser sintomático que la izquierda boluda, esa que tiene a la calle como templo y que solo puede hablar a través consignas vacías o en delirio cristiano primitivo, apenas saque la voz. Apenas un hilillo oportunista (porque siempre llegan tarde) desde púlpitos académicos, para reponer la Asamblea Constituyente (nos referimos a Salazar) que es importante pero no es la panacea. Esa ingenuidad izquierdistosa de imponer instrumentos retóricos que se convierten en mantras, como si su sola mención fuera su realización. Esos sacos de huevas no saben, y no pueden saber, porque son tontos, que estamos en un momento prerrevolucionario. Claro que con criterios del siglo XXI, porque la izquierda boluda todavía es analógica, elemental, de las primeras décadas del siglo pasado.

Insisto, llegó el momento nuestro. Estuvimos mucho rato en trincheras malolientes y en cuevas con mala iluminación, padeciendo a los operadores culiados que dependían de esos hijos de perra que los manduqueaban en municipios y universidades, y que nos negaron, muchas veces, los trabajos más elementales por no chupar pico o no lamerles el hoyo. Llegó el momento de nosotros, pero no por venganza, sino por saneamiento estructural de la república. La estrategia del jardín me dice que ahora hay que ir por los secundones, por los concejeros municipales y por los alcaldes, y por las universidades, toda esa corrupción subsidiada por la central de negocios ubicada en el parlamento y en la empresa. Ahora hay que atacar los pequeños Penta-SQM y Caval de los municipios. Ahí está la zorra.