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Eugenio Tironi: “Espero que este gobierno se dé cuenta que hay elementos que lo pusieron en el poder que se están agotando y comience a cambiar su estilo”

El sociólogo y analista Eugenio Tironi observa el arranque del gobierno de José Antonio Kast, alertando que el relato de una derecha que llegó segura de sí misma, hoy enfrenta un mundo que cambió más rápido de lo previsto. Además, opina sobre las críticas a la vocería, la deuda en seguridad y cómo "reconstruir" es un término peligroso al instalar relatos: "Imaginarse que lo de Boric fue una pesadilla, un mal sueño, es completamente miope. Boric fue tan real como Kast, y los dos respondieron a tendencias globales, locales, muy profundas, tendencias que se agotan y hay que saber cuándo se agotan", dice.

Sigue a The Clinic en Google News Por 18 de Abril de 2026
Francisco Paredes - The Clinic
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A pocos minutos de comenzada la entrevista, Eugenio Tironi, sociólogo, ensayista, consultor, hace una comparación, hablando sobre golpes que hacen dar giros de timón político: “Lo que le pasó a Boric en el plebiscito de septiembre del 2022, le pasó a Kast con el bombardeo americano en Irán”.

—¿Así de fatídico? Porque para Boric, eso fue el fin de su proyecto.

—Yo soy un poco exagerado, por eso me entrevistan.

Hay risas, Tironi demuestra humor sobre sí mismo. Recibe a The Clinic en su casa, donde entre las fotos familiares, los libros y los papeles del escritorio, hay retratos -con sus respectivas dedicatorias personalizadas- del presidente Aylwin, del cual fue director de Comunicaciones, y del presidente Lagos, a quien asesoró comunicacionalmente para la segunda vuelta en la que salió electo. También trabajó en la campaña de Eduardo Frei. Con Gabriel Boric, un conversador habitual.

Ahora, el fundador de la empresa de consultoría estratégica que lleva su apellido, se sienta cauto a analizar el primer mes en La Moneda -habitando y liderando- de José Antonio Kast.

¿Qué opina de la cadena nacional de esta semana, y el anuncio de un plan de “Reconstrucción Nacional”?

—A mí no me gusta el nombre, porque la reconstrucción supone que el país está destruido, que hay que hacerlo de nuevo, y sabemos por experiencia que las reconstrucciones toman a veces el doble de tiempo o del dinero presupuestado. No hemos tenido ni terremotos ni ciclones. Hay un juicio a los líderes o conductores del pasado, que habrían destruido el país. ¿Desde qué punto? ¿Desde Frei Montalva? ¿Desde Allende? ¿O del retorno de la democracia? A mí no me gusta.

Pero dicho eso, creo que es un planteamiento coherente, que se esperaba de un gobierno de derecha. El Presidente hizo lo justo y fue claro en decir que se trataba de revertir una tendencia de 20 años, donde se ha ido recargando el peso del Estado a costa del dinamismo del sector privado, es su tesis. Desde las construcciones, capitales repatriados, baja al impuesto corporativo, subvencionar empleadores: es una transferencia de recursos al mundo privado. Con el supuesto que eso va a impulsar su economía; es un discurso de la de derecha ortodoxa en forma perfecta.

Para eso se eligió este Presidente. Vamos a ver si eso resulta, en qué tiempos resulta, y si el remedio no es más costoso de la enfermedad.

El aterrizaje Kast: eventos mundiales que afectan los locales

¿Hay un relato de este primer mes del nuevo gobierno, o todavía muy pronto para identificarlo?

—Yo creo que partió con un relato muy bien elaborado, muy bien construido, que tomó tiempo armarlo y que fue exitosísimo, que además tiene referentes mundiales que han sido también muy exitosos, particularmente Trump.

El relato de que el mundo se va a acabar si no se restablece prontamente la autoridad, si no se combate el crimen, si no se respeta la familia en sus formas más tradicionales, si no se liberan las fuerzas económicas para promover el crecimiento, si no se impone la fuerza del carácter, y si no se combate la inmigración, que es una suerte de cáncer que nos destruye. Eso puso a Trump en la Casa Blanca, eso puso al presidente Kast en La Moneda.

Yo creo que todos los pasos que dio este gobierno en sus primeros diez días estuvieron muy orientados por ese relato. Que además tenía un adversario, y aquí siempre hay que tener uno, y este era el presidente Boric. Y más en general, la vieja política, la vieja politiquería, o también el mundo woke, mundo un poco intelectual, poético.

—El progresismo, en el fondo.

—Claro, claro. Los que reclaman un poco grande narrativa, que piden más elementos en la cazuela para ser persuadidos y no solamente medidas.

Ahora, yo creo que el problema que enfrenta este gobierno es que eso funcionó en un mundo que ya no existe. Era el mundo del Trump triunfador. Por la guerra de Irán, eso ya se empieza a desarmar. El mundo del Trump que extrajo a Maduro con “apenas” 120 muertos, entre comillas.

Pero claro, pero la codicia es siempre la fuente de todos los males en la historia humana. Y la codicia llevó a Trump a aceptar la oferta que le hizo Netanyahu de ir sobre Irán, una cultura, un territorio que no ha sido conquistado nunca en la historia durante 3000 años.

El estilo Trump y esta visión del mundo de Trump, esta negación del gradualismo del proceso y el uso así abrupto de la fuerza y de la decisión, pasó. No digamos que a mejor vida, la vida tiene mucha vuelta.

—Y estamos recién partiendo.

—Estamos recién partiendo, pero está pasando por un mal momento. Y esto ha golpeado, como golpeó a Orban en Hungría, como golpeó a Meloni en Italia. Está golpeando a Kast. Y el gobierno se da cuenta y está haciendo un giro en su relato.

Yo creo que al gobierno le ha pegado muy fuerte su simpatía por Trump. Para la gente que es relativamente informada, yo estoy pagando a través de la bencina un costo que proviene de una persona hacia la cual el gobierno actual le tiene mucha simpatía y además que responde más o menos al mismo esquema, a la misma noción del poder. Entonces parece que este tipo de ejercicio del poder se carga sobre mi bolsillo.

Yo tengo la impresión, pero puedo estar equivocado, de que este factor global le está pesando mucho más fuerte el gobierno de lo que se comenta. Ojo que a Boric también le pegó la guerra Ucrania; fue el inicio del fracaso de la Convención.

La guerra de Ucrania acabó la igualdad, la diversidad. Imagínate la plurinacionalidad. Y volvimos al tema geopolítico, protección, seguridad y nación, nación, nación. En la cabeza de eso está Putin.


Eso para la gente, como usted describe, medianamente informada, pero la gente de a pie quizás tiene otra percepción y no hace esa conexión.

—Yo creo en realidad que la opinión pública es mucho más sofisticada de lo que creen. Una opinión pública habría soportado mejor esta alza de la gasolina, teniendo de presidente a un Boric, que desde la primera hora se declaró adversario de Trump. Que estaría diciendo, trajo un desastre, el culpable es él, no soy yo.

Ese discurso más difícil de emitir por este gobierno, más bien es imposible. Meloni lo está haciendo ahora en Italia. Quizá el presidente Kast, que tiene gran admiración por Meloni, podría hacer un giro en ese sentido. Tendría que hacerlo rápido. Más aún cuando Trump aparece enfrentado con el Papa de una manera como no ocurría al menos desde la Edad Media.

¿Qué opina del diseño comunicacional del gobierno? Se ha criticado mucho, un ministro de Hacienda todopoderoso y vocero de las malas noticias, un presidente muy serio. Usted habló en una de sus columnas, como que les puede costar la empatía.

—En el contexto de la emergencia, el aparecer rudo, el aparecer un poquito autoflagelante incluso, el pedir sacrificio y vamos ahora con la verdad, tenemos que tomar las medidas duras, hay que tomarse los remedios sin mitigantes, eso nos hace más fuertes, así educamos a nuestros hijos, así yo eduqué a mi familia.

Esta figura estoica, en el Chile de hoy al menos, particularmente después de las cosas que han pasado en las últimas semanas, tiene menos aceptación. Si se trata de hacer sacrificio que lo hagan los otros, no yo, y que lo hagan los más poderoso, no yo. A mí no me vienen a convencer de que esto iba a partir por mí.

—¿Cuánta agua hay en la piscina para este tipo de rigidez, pensando en los riesgos de un nuevo descontento social? Sobre todo porque ahora les duele el bolsillo a los chilenos. ¿Se puede mover realmente el gobierno y hacer las reformas que ellos están buscando?

—Yo quisiera que este gobierno haga alguna reforma que está buscando. Chile necesita un remezón y Chile necesita mover palancas que no se han movido.

¿Cómo cuáles?

—Para provocar, para ensayar el tener un crecimiento más acelerado.

—Todos estamos de acuerdo que necesitamos más crecimiento.

—Estamos todos de acuerdo con eso. Se han usado palancas durante mucho tiempo cuyo efecto ha sido, al menos, mediocre. Si alguien dice tener nuevas palancas, y que las conoce desde adentro porque ha trabajado con la empresa, por tanto sabe exactamente dónde le aprieta el zapato, y que esas palancas no tendrían por qué ser perjudiciales necesariamente para los consumidores: muévala, ensaye.

Yo creo que lo peor hoy día sería el inmovilismo y si el país votó por un gobierno de derecha y cercano al empresariado, pues bien, que lo intente ahora. Así como los gobiernos de izquierda generan la desconfianza de los inversionistas, los gobiernos de derecha generan la desconfianza, partamos por los estudiantes y de los sindicatos y de trabajadores y de ciertos segmentos populares.

Es una ley física, como la ley de gravedad. Cuando dicen ¿por qué los estudiantes salieron ahora a protestar? Bueno, porque hay una derecha gobernando. ¿Por qué los inversionistas retiraron sus inversiones y dijeron que estaban sobreinvertidos en Chile cuando salió Boric? Porque eran de izquierda.

Ahora bien, yo creo que el mundo de las izquierdas tendría que haber aprendido no enamorarse de las protestas, no comprarse cualquier queja, cualquier malestar, como el fin del mundo o el inicio de un mundo nuevo. O como la la caída del imperio zarista. La posibilidad de que las izquierdas o alguien de la izquierda vuelva a ser gobierno, depende de que sea capaz de darle gobernabilidad al descontento. Darle gobernabilidad al eventual malestar y plantarse firme frente a cualquier señal de violencia o de ruptura en las instituciones.

Bueno, el gobierno de Kast retomó el control de la agenda total la semana pasada, justamente frente a la violencia que enfrentó de la ministra de Ciencia. Lautaro Carmona decía que era un error político lo que pasó con los estudiantes, porque la conversación dio un giro.

—Totalmente, totalmente. Y un acto absolutamente condenable, como lo fue en su momento lo que vivió Joaquín Lavín en 2011, o la ministra de Educación en 2008, la ministra Jiménez. O sea, esto no es un hecho que esté orientado hacia un sector político en general, es un rechazo a la autoridad que está muy presente en el mundo estudiantil. Yo creo que es total y absolutamente condenable.

Ahora, hacer de esto como una suerte de punto de quiebre, un turning point, como que hay un mundo antes y otro después del evento Linconao, me parece un tanto voluntarista, porque para la gente común, la cual tú me mencionas, un hecho de esta naturaleza lo vive todo el día en el CESFAM, lo vive todos los días en la escuela con los profesores, lo vive todos los días cuando va a comprar y aparece una banda de narco. Entonces hay que tener mucho cuidado con, a partir de este desgraciado hecho, iniciar una suerte de criminalización hacia un segmento, en este caso podrían ser los estudiantes, porque eso sí que nos podría llevar a una situación mucho más crítica que la que vivió la ministra.

El gobierno lo aprovechó para instalar su agenda.

—Sí, yo creo que estuvo bien, lo que pasa, hay que tomar dulce, pero no demasiado, porque esto podría producir indigestión. Y yo creo que en general los asesores del Presidente Kast han mostrado que tienen tendencia a la indigestión. Me refiero a que tiene poca contención cuando algo resulta exitoso, y yo sería cuidadoso.

Porque los estudiantes son hijos de gente y la amenaza del CAE, por ejemplo, pega muy fuerte en la población. El establecer un control policial en la escuela afecta mucho a la comunidad escolar, afecta a los profesores. Entonces claro, de pronto yo me gano todos los titulares de los diarios y puedo creer que realmente encontré la panacea, y tengo a todos los canales de televisión conmigo, pero si uno ve las encuestas, no me acompañan. No di ningún salto que me recupere al 56 que saqué en la segunda vuelta. Yo no soy nadie para hacer recomendaciones, digamos, pero es importante la contención de no entusiasmarse y sobre todo no crear brechas con ciertos grupos sociales que son activos, que saben movilizarse y que pueden producir muchos problema.

—¿Se puede hacer un contrapunto para cuando aterrizó el gobierno de Boric, de nuevas fuerzas políticas que llegan a La Moneda y que hacen este choque de realidad? ¿Ve algún paralelo ante el aterrizaje de Kast en La Moneda con el que tuvo Boric?

—No, yo creo que los dos aterrizajes responden mucho al ethos que representan. La entrada de Boric, desde su presentación en el balcón de La Moneda, es como dubitativa, sorprendida, llama a la colaboración. Entran a los gabinetes sin entender mucho de qué se trata esto, ejercer poder moviéndose con vacilación. Y les costó mucho tiempo, como decía él, habitar el cargo.

Este gobierno llega al revés, o sea, desde su presentación en La Moneda con la primera dama, de noche, iluminado, con la banda de Carabineros, con un grupo de gente muy leal gritando su favor, con un discurso portaliano, severo. Y con esta noción de que tenían todo claro y que desde el primer minuto iban a ejecutar un programa previamente definido, que no había ni consultas, ni vacilaciones, ni dudas, ni preguntas, todo respondido.

Son dos modelos enteramente diferentes de ejercicio de la democracia, no que uno sea más democrático que el otro, son dos nociones del poder y de la democracia.

Yo creo que lo que ha sido complicado, primero, es el contexto, esta forma de ejercer el poder que parecía en alza, boyante, era envidiable, de pronto pasó a ser objeto de sospecha.

Pero lo segundo, yo creo que quizás es más grave que todo lo anterior, es que respecto al tema más crítico, no se ha visto que hubiese una agenda realmente constante: seguridad.

Ha sido una de las grandes críticas que a la ministra Steiner le ha costado encontrar su sello dentro del ministerio.

—No hemos visto nada que haga ninguna diferencia. ¿Quién me da más confianza? ¿Cordero o Steiner? ¿Tohá o el ministro Alvarado? Yo no estoy seguro que la gente diga Alvarado, Steiner.

—Igual para la ciudadanía son caras nuevas, es normal.

—De acuerdo, pero aquí la primera impresión es muy determinante.

—Están construyendo una zanja en el norte, como medida de seguridad más tangible…

—(silencio) Dejémoslo ahí. Lo que es más complicado, es que no se ve un poder que sabe lo que tiene que hacer y comienza a hacerlo en materia de seguridad. Más bien se ve medida aislada, una ministra acosada, la situación de la PDI, con la comisaria Peña, es muy desgraciada, entonces no hay señales.

Habitar el cargo, habitar La Moneda

Siguiendo con los simbolismos, usted mencionó a la primera dama en su retorno a La Moneda. Pamela Jiles dijo en The Clinic, que lo mejor que tiene el gobierno es Pía Adriasola. Que es muy política y que apuntala acá atributos que Kast no posee. ¿Usted también lo ve así?

—Yo creo que podría ser, efectivamente. Yo me habría imaginado que iba a tener más protagonismo este primer mes y medio del que ha tenido, porque efectivamente ella tiene muchas dotes de empatía, de comunicación, de presencia escénica, se ve como un soporte importante del Presidente.

—¿Es como lo que le entregaba Cecilia Morel a Sebastián Piñera?

—Yo diría que un poquito más. Más proactivo. Me recuerda más a Marta Larraechea con Eduardo Frei. Ahora, siempre las primeras damas muy proactivas también son complicadas dentro de los gabinetes, porque los ministros también tienen sus celos, no les gusta ser muy intervenidos. Ya le basta con el segundo piso.

—Esta semana ya tuvimos el primer desajuste sobre tener al Presidente y la primera dama viviendo en La Moneda, con la comida con los amigos de Derecho. Más allá de la razón que le encuentre o no a quienes están llamando Contraloría, ¿cómo se ve eso hacia Chile? ¿El habitar La Moneda?

—Yo creo que según se ha visto en las encuestas, a la gente le gustó. Pero para mí, personalmente, creo que fue un avance republicano el que se separara el hogar del Presidente del hogar de la República y que no se hubieran relacionado promiscuidad entre ambas cosas me parece sano.

Yo creo que nosotros tenemos una cierta vida privada que tenemos que cuidar como tal y por la cual no le estamos pidiendo cuenta la ciudadanía. Y una vida pública sobre la cual tiene que dar cuenta y tiene que ser transparente y las dos cosas no hay que confundirlas.

Fue una elección que se adoptó, hoy día casi no es tema, la respeto, pero no me pareció muy buena idea.

La importancia de la vocería según Tironi

Otra de las grandes críticas ha sido la vocera de gobierno. ¿Cómo ve usted cómo se ha desplegado las comunicaciones del gobierno? Quizás se subestimó la importancia que tiene el cómo se entregan las medidas que están planeando hacer?

—Yo cuando ejercí funciones en el gobierno emití una de mis tantas frases infelices, que en verdad la política de comunicación no existe.

—¿Porque no se tiene que ver?

—Porque se vive. La comunicación no es el talento de un locutor, sino que del talento de alguien que es capaz de transmitir lo que siente, lo que lo que está pensando, lo que lo está desgarrando. Y que esto se conecte con la misma vivencia que tiene su interlocutor. Es el talento que tenía Enrique Correa, a quien jamás alguien lo habría elegido ni por su físico, ni por su pronunciación, ni por su vestimenta, ni por su trayectoria, pero tenía este tesoro.

Bueno, Trump puso de moda también esto de poner una figura sin ese peso, sin ese carisma sino que hace una función mucho más técnica, ojalá siguiendo un guión, yo creo que este gobierno optó por esa fórmula.

O sea, es como las verdaderas actrices o actores, son personas que transmiten su carácter: Marlon Brando es Marlon Brando. O Robert de Niro; no es que yo voy a imitar a Robert de Niro. Entonces lo mismo pasa con la Camila Vallejo, o en un momento Pancho Vidal, en un momento Enrique Correa, yo creo que en ese sentido la actual ministra, no digo que no pueda llegar a eso. Pero ella no tiene una trayectoria que le permita colocarse de inmediato en ese lugar, porque no tiene ese bagaje.

—Aunque ésta sea una derecha muy distinta a la del gobierno de Piñera, ¿hay algo que se herede en la derecha de vuelta en el poder?

—La derecha que llega a La Moneda tiene algo como de renacido. Yo creo que tras el estallido, tras Boric, muchas personas de la derecha casi perdieron la esperanza de poder ganar alguna vez el poder. Les parecía que había que ver cómo se sobrevive lo mejor posible, pero bajo gobiernos de otro signo.

Bajo gobiernos hostiles habrá que crear poder en las universidades, habrá que crear poder en los think tanks, habrá que crear poder en los medios de comunicación, habrá que crear poder en las empresas, en los grupos económicos, pero el Estado es una máquina que estaba manejada por políticos hostiles.

Pero se rompió con el triunfo de Kast: dijeron en realidad también podemos tener el manejo del Estado y no a través de un demócrata cristiano como Piñera, y no a través de un tipo con el cual no comulgamos. Sino de alguien que está en el corazón de lo nuestro, y yo creo que eso se ha estado viviendo en el mundo más amplio de las derechas, desde las más tradicionales a las más liberales. La derecha se siente reconfortada con esta prueba de vigor, de ser capaz de ganar el gobierno del Estado de una forma impecablemente democrática.

Entonces yo creo que ahora eso desde el punto de vista, yo diría de la sostenibilidad del país, es una gran noticia, o sea, muestra una solidez, madurez democrática, solidez de nuestras instituciones y además son cuatro años solamente, o sea, tampoco este es el fin del mundo para nadie, ni el comienzo de una nueva era para nadie.

—Ahora, ese es un poco el discurso ahora, con sus reformas: esto es borrón y cuenta nueva, y los últimos cuatro años de Boric deberían ser olvidados, básicamente.

—Chuta, los pueblos, las naciones, todas las instituciones tienen memoria y funcionan sobre la base de reelaborar su memoria y aprender de ella. Imaginarse que lo de Boric fue una pesadilla, un mal sueño, es completamente miope.

Boric fue tan real como Kast, y los dos respondieron a tendencias globales, locales, muy profundas, tendencias que se agotan y hay que saber cuándo se agotan. Boric supo ver que se agotaban. Lo supo, yo creo, antes de la derrota de plebiscito de septiembre.

Espero que este gobierno tenga esa misma ductilidad y se dé cuenta que hay elementos que lo pusieron en el poder que se están agotando ya ahora, y comience a cambiar su estilo. Es muy doloroso decir que fue una tropa de ineptos que destruyeron al país. Muy doloroso. Eso no se lo dijo Aylwin a Pinochet, ¿por qué habría que decírselo? No se lo dijo a Frei a Aylwin, nunca nos habíamos dicho eso.

—Sí se lo dijo un poco Boric a Piñera.

—Lo dijo en la candidatura, pero no se lo dijo una vez que se sentó en La Moneda. Yo que también el presidente Kast ha sido cuidadoso en eso también, yo se lo reconozco. Claro que es un eco de la campaña.

—¿Y a la oposición cómo la ve, moviéndose en este rearme?

—Yo no leo mucho los diarios, ni veo mucho los detalles, pero no veo una oposición. Hay encuentros en el Frente Amplio un poco lamiéndose la herida y tratando de entender qué pasó. Lo que me parece bien, y que tome todo el tiempo que sea necesario.

Yo creo que lo mismo ha estado haciendo el Partido Comunista y me parece bien que lo haga y se tomen todo el tiempo necesario. Parece que la mejor política de la oposición de hoy día, es desaparecer de la escena.

Los parlamentarios están cumpliendo, haciendo su pega, siendo críticos, llegando a acuerdos sobre cosas puntuales como lo hicieron respecto a la parafina y otras cosas que me parece muy buena señal y espero que esto se mantenga. Yo creo que una oposición intransigente y que active e incendie la pradera y aplauda protestas no institucionales, sería realmente dispararse en el pie.

Y yo creo que lo que es curioso, es que la gente que estuvo en el gobierno anterior sale del gobierno con un bagaje de seguridad bastante potente. Carolina Tohá realmente está dictando cátedra con un conocimiento, con una perspectiva que uno no ve en este gobierno actual. Entonces no sería raro que curiosamente la principal nostalgia del gobierno de Boric vaya terminación su obra en materia de seguridad.

Y yo creo que quién ha tenido un comportamiento notable: Boric. Nadie sabe en qué está.

—¿Igual usted es boricista, no? ¿Como analista no se lo sacan en cara?

—Me lo sacan todos los días.

—¿Y le da lo mismo?

—Me llena orgullo. Creo que hice lo que estuvo en mis manos para que tuviéramos un mejor gobierno bajo la presencia de Gabriel Boric y estuve disponible si alguna vez él me necesitó.

Y eso lo he hecho con todos los presidentes de la República que yo he tenido la suerte de conocer y nunca he buscado en eso ningún privilegio, ningún favor personal y lo seguiré haciendo todas las veces que alguien me lo pida.

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