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El 25 de agosto de 1933, mientras en Chile se jugaba el primer torneo de fútbol profesional, en el puerto del Callao, Perú, un grupo de futbolistas se embarcaba en el vapor Alkmaar con rumbo a Europa. Allá los esperaba un fixture de miedo que los obligaría a medirse sin descanso con los teams más poderosos del Viejo Continente.

Eran los jugadores del inédito Combinado del Pacífico, también bautizado como All Pacific, que representaría a Perú y Chile vistiendo una misma camiseta, de color blanco y con las banderas de ambos países en el pecho, una al lado de la otra, a modo de escudo. Poco recordada hoy, la gira fue seguida con entusiasmo tanto por la prensa sudamericana como por la europea, y gracias a esos archivos está próxima a cobrar nueva vida a bordo de un container.

UN MORIBUNDO EN ALTAMAR
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Aunque el Combinado del Pacífico fue ante todo una gesta deportiva, la política y los negocios no fueron ajenas a su gestación. Las visitas de clubes chilenos a Perú, con sus respectivas revanchas sobre pasto chileno, comenzaron a fraguarse entre los respectivos gobiernos a fines de los años 20, como correlato a la firma de los tratados de límites de 1925 y 1929 y los esfuerzos diplomáticos por cicatrizar las heridas de la Guerra del Pacífico. En 1928, el Santiago Football Club fue el primer equipo chileno en presentarse en Lima, saliendo a la cancha con banderas peruanas y ramos de flores. Un mes después, el Atlético Chalaco devolvía el gesto enfrentando a Colo Colo en Santiago.

Las visitas continuaron hasta que a mediados de 1933 durante una gira de Colo Colo por la capital peruana, al presidente albo Walter Sanhueza se le ocurrió armar una selección binacional para llevarla a Europa. La idea prendió en el empresario peruano-irlandés Jack Gubbins –quien delegaría el negocio en su ambicioso hermano Reynaldo– y sin perder más tiempo armaron el equipo con 17 figuras locales y cuatro cracks de Colo Colo, a saber: el volante Juan Montero y los delanteros Roberto Luco, Eduardo Schneberger y Guillermo “Chato” Subiabre, goleador de Chile en el Mundial de Uruguay 1930.

Semejante plantel no tuvo problemas para golear a los rivales que enfrentó en cada puerto peruano donde recaló el Alkmaar, así como a los sparrings de Panamá y Curazao en su paso por el Mar Caribe. Pero a partir de ahí, nada sería fácil. Los esperaba una agotadora travesía a Liverpool, y una vez en tierra, un frenético calendario de partidos, los interminables viajes en tren, el rigor de un fútbol tan tosco como eficaz.

Los 16 días de navegación continua estuvieron marcados por la enfermedad del peruano Luis de Souza Ferreyra, a quien se le ocurrió padecer una apendicitis en medio del Atlántico y sin médicos a bordo que pudieran siquiera diagnosticarlo. El periodista peruano José Luis Vargas Sifuentes, autor de una de las mejores crónicas sobre la odisea del Combinado, cita los diarios del colocolino Roberto Luco:

“Setiembre, 18.- Hoy es aniversario de Chile. Estamos emocionados. Hemos cantado nuestro himno y hemos recibido el cariñoso saludo de todos los muchachos peruanos”.

“Setiembre, 19.- Souza sigue enfermo. No hay médico a bordo y nadie sabe con seguridad qué tiene. […]”.

“Setiembre, 22.- Tenemos mucho frío y apetito. […] Souza no mejora. Se han probado varios remedios pero en vano”.

“Setiembre, 24.- No sabemos qué hacer con Souza. Ha pasado una noche horrorosa. Nos turnamos a su lado. La señora de Gubbins lo atiende con todo esmero. Está en grave peligro. Quisiéramos que el buque volara, pero todavía faltan tres días para llegar a Inglaterra.”

A los tres días, la comitiva arribó a Liverpool y Souza fue operado de emergencia. Sobrevivió, pero debió despedirse de la gira.

EL BARRO, LA NIEVE Y EL FÜHRER
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Pese a los contratiempos aparte, los jóvenes integrantes del Combinado del Pacífico también supieron de la buena vida. No sólo se pasearon por las principales ciudades de Europa, sino que además fueron anunciados en casi todas ellas como celebridades y agasajados con generosas recepciones de honor. Apenas pusieron un pie en Liverpool, el Lord Mayor los recibió en el Palacio del Ayuntamiento, y luego en Dublín, el presidente de Irlanda en el Palacio de Gobierno. Esa sería la ciudad del debut, con un empate 1-1 frente al Bohemians local y 35 mil fanáticos colmando las tribunas. Pero generar tanto entusiasmo no les salió gratis: comenzaron a llover las ofertas de partidos y la gira, en la mente de sus organizadores, era un negocio. Al cuarto día, los All Pacific ya jugaban su tercer match, y nada menos que contra el Celtic de Glascow, que los venció 2-1.

Lo cierto es que nuestro representativo no cosechó ninguna victoria en el Reino Unido, y las críticas que recibió de la prensa local permiten hablar de ciertos males como endémicos: exquisita técnica, pero abuso de pases cortos e incapacidad de traducir posesión del balón en goles. Y sobre todo, una extraña resistencia a patear desde fuera del área. El 11 de octubre, tras ser goleados 6-1 por el Newcastle, el presidente del club anfitrión los festejó en el Royal Hotel y declaró en su discurso: “He podido apreciar la valía del fútbol sudamericano, lleno de elegancia y picardía… Cuando lo complementen con remates, llegarán los goles y los triunfos”. La nota de heroísmo la marcó el chileno Luco, bautizado por los cronistas ingleses como “el futbolista que juega hasta desmayarse”, y no metafóricamente: según The Times, el forward nacional efectivamente se habría desmayado tras anotar el 2-2 definitivo ante el West Ham United, en el mítico Upton Park. No está demás consignar que Luco era músico de la banda de guerra del Regimiento Buin y al regreso de la gira sería traspasado a Boca Juniors.

Nuestros jugadores también se declaraban sorprendidos por el fútbol europeo, aunque no por el juego de sus rivales sino por la tozuda costumbre de jugar aun después de lluvias torrenciales y con la cancha convertida en un barrial. No pocas veces culparon al estado del campo de que su virtuoso juego no se plasmara en el resultado. El colmo de esta situación la vivieron en Alemania, adonde llegaron después de un tortuoso viaje en tren desde Checoslovaquia. El exceso de partidos y de viajes, la falta de descanso, las repetidas lesiones, les estaban pasando la cuenta. Por ello comprobaron con alegría, el día del partido en Münich, que una intensa nevazón obligaría a suspender el pleito. Después del almuerzo, recibieron una llamada urgente al hotel: los estaban esperando para jugar. Había seis mil personas en el estadio.

Así, sobre la nieve, enfrentaron al Bayern Münich (2-1 en contra), que sería cuasi desmantelado en los años siguientes por ser considerado “el equipo de los judíos”. Justamente, la anécdota política más significativa de la gira ocurriría en Berlín, cuando el ya famoso cuadro sudamericano fue recibido en el palacio de gobierno por Adolf Hitler. Se cuenta que Eduardo Schneeberger, el mejor de los chilenos durante el periplo y que por su ascendencia germana hizo de guía a sus compañeros, fue tentado por el propio Führer para radicarse en Alemania para jugar por el Hertha Berlín. Schneeberger, apodado “El Montón de Letras” por razones que están a la vista, se limitó a agradecer la propuesta.

PAPELÓN EN ESPAÑA
La extenuante gira dio un respiro a nuestros players en la ciudad balneario de Niza, donde disfrutaron de los encantos de la Costa Azul junto a jeques árabes y empresarios norteamericanos. Pero en su siguiente destino, España, pasaron la mayor vergüenza imaginable. La culpa, que quede claro, no fue de los jugadores sino de Reynaldo Gubbins, el manager de la delegación, quien junto con anunciar desde Europa su candidatura a la presidencia del Perú, programó para el mismo día dos partidos: uno contra el Barcelona y otro contra el Real Madrid. Aquel 8 de diciembre, el Combinado del Pacífico –ya tan maltrecho que se debió contratar a dos franceses y a un austriaco como galletas– no tuvo más alternativa que dividirse en dos. La suerte estaba echada: derrota de 4-1 en Barcelona y de 10-1 en Madrid.

La doble humillación fue recibida con escándalo en Sudamérica. La Federación Peruana de Fútbol, argumentando que “sólo la ambición comercial causó el desastre”, notificó a la FIFA de que ya no reconocía a la escuadra y pedía el regreso de sus jugadores, aunque dos días después dio marcha atrás. Los All Pacific, tras celebrar el Año Nuevo en Cádiz, jugaron otros 16 partidos entre Las Palmas y Tenerife ante rivales más accesibles, mejorando su promedio de rendimiento (la estadística más difundida cuenta 13 victorias, 13 empates y 13 derrotas, aunque incluye los triunfos previos en suelo americano). Como sea, el clima interno ya no era el mejor y tanto chilenos como peruanos escribían a sus países presionando por el regreso. Finalmente, el 18 de febrero de 1934 abordaron el barco Virgilio, para arribar al Callao el 7 de marzo entre una emocionada multitud que llegó a recibirlos. Los chilenos Luco, Montero y Schneberger, antes de volver a Santiago, se encargaron de hacerlo saber. “Hemos sido bien tratados por los peruanos”.

LOS ALL PACIFIC EN UN CONTAINER
Hace algunos años, el artista visual Joaquín Luzoro (33) investigaba sobre equipos de fútbol a los que cupiera el adjetivo de “perdedores” y, por casualidad, se encontró con el Combinado del Pacífico. Desde entonces viene recopilando material histórico y gráfico entre los archivos de la prensa sudamericana y europea de aquellos meses.
Su proyecto se hará realidad en octubre próximo y consistirá en un container que, por un lado, exhibirá un mural de tubos fluorescentes con las banderas de Perú y Chile (replicando el escudo del equipo), mientras por el lado opuesto el público podrá ingresar a un verdadero taller de trabajo que por ahora se llama “Centro de Documentación All Pacific”. “Sobre dos mesas habrá mucho de este material que he recopilado, sobre todo recortes de diarios, y además dos fotocopiadoras. La idea es que el público pueda reconstruir su propia versión de esta historia, confeccionando cada cual una especie de fanzine con los recortes que elija para fotocopiar. Quizás también logremos instalar ahí una estación de encuadernación”, explica Luzoro, ganador de la última versión del concurso “Entre Ch.ACO & Finlandia” y que para este montaje contará con la coproducción de la compañía Teatro Container de Valparaíso.

El centro de documentación no sólo ofrecerá registros deportivos. “Revisando esos diarios, fui encontrando cosas muy curiosas, entre noticias y avisos publicitarios, que decidí integrar para darle a la historia un contexto de época más amplio. Por ejemplo, se hablaba de que Chile estaba ‘cristianizando la Araucanía’, o de que en Alemania los policías de tránsito iban a tener que dejar de hacer el ´nuevo saludo alemán’, el de Hitler, porque los autos creían que los estaban parando y se armaban tacos”, relata el artista. Entre los diarios que revisó también podían leerse titulares como este: “Se aplicarán en Chile los métodos curativos de Freud (En un moderno y completo sanatorio para enfermos de los nervios)”. O más promisorio aún: “Bolivia tendrá una salida al mar por el Océano Atlántico”.

Después de montarse en la municipalidad de Recoleta en octubre, la obra recalará en Valparaíso en marzo de 2016, aunque Luzoro tiene en mente una idea más ambiciosa: llevar el container hasta Perú y embarcarlo en el Callao rumbo a Europa para que siga el mismo itinerario de la selección binacional. “Creo que es una linda idea, pero va a depender de que consigamos apoyos que por ahora no tenemos. Ojalá haya gente que se entusiasme. Es una historia que vale la pena rescatar y por eso traté de pensarlo de esta manera participativa, sin teatralizarlo mucho. Antes que una instalación o una performance, para mí es un museo móvil”, concluye este admirador de Lolo “El Cañonero” Fernández, goleador indiscutido de los All Pacific.