MATURANA

Era el 2 de septiembre del 2008. Después de varios días de rumores, Rafael Echeverría, creador de la empresa del coaching ontológico “Newfield Consulting”, decidió actuar. No eran pocos los alumnos de su escuela que le habían llegado con el cuento que Ximena Dávila, socia de Humberto Maturana en el Instituto Matríztico, hacía “comentarios duros sobre él” en sus talleres. Todo en presencia de quien alguna vez fue uno de sus referentes de pensamiento. Le mandó un correo para encararla, a pesar que no la conocía.

“Cuatro alumnos me corroboraron esa información y me pareció necesario comunicarle a ella de lo que estaba enterado”, recuerda Rafael. La acusación “que tanto dolor le provocó”, culpaba a su libro “Ontología del Lenguaje”, de estar basado en una serie de entrevistas que él le hizo a Maturana a mediados de los 90. Exactamente la misma acusación que Humberto volvió a reflotar el jueves pasado en su contra, en entrevista con la revista Capital.

– La entrevista que le hice duró una hora y media y versó exclusivamente sobre su desarrollo personal (…) cuando me cambié de país ese mismo año, perdí la cinta. Cuando le di esta explicación a Humberto, pensé que había entendido (…) nunca he tomado algo que él haya dicho, sin darle debido reconocimiento- escribió Echeverría en el correo del 2008.

El mismo día, Ximena Dávila se defendió: “La fuente de la historia ha sido Humberto, quien le responderá si así él lo estima”. Seis días después, Maturana le replicó a Echeverría. Le aseguró que todo el asunto era un malentendido y se dio el tiempo de decirle qué conceptos en su libro le parecían erróneos. A pesar de eso, intentó dejar el impasse atrás: “Yo he estado leyendo tus libros, que me parecen muy buenos (…) te felicito. Sin duda mi pensar es ajeno al tuyo, y viceversa, lo cual está bien también”, afirmó Humberto en ese entonces.

El roce, que aparentemente había quedado capsulado en esos correos, volvió a renacer el jueves pasado, en una serie de despotricadas que Humberto Maturana hace en contra de los grandes referentes del “coaching ontológico”: Fernando Flores, Julio Olalla y Rafael Echeverría. Sin anestesia, acusó mal uso de su trabajo como insumo para el coaching, que para él tiene elementos conspirativos, manipuladores y que crean dependencia. Además los acusa de malinterpretar su obra y “usarlo, dejándolo fuera del negocio”. Las consecuencias de la entrevista abrieron trincheras entre los que apoyan al creador del concepto de la “autopoiesis” y los fieles seguidores del coaching. Además de transformarse en polémica jugosa entre circuitos intelectuales.

“Lo que le pasó a mi maestro Maturana nos tiene a todos discutiendo. Los filósofos sabemos que es un cahuín, pero puta que es entretenido discutir un asunto como este: ¿Cuál es el límite desde que te inspiras en alguien, hasta que empiezas a usarlo para tu propio beneficio? Esto nos hace reflexionar en el uso del conocimiento, aunque todo haya partido desde un ‘dime qué te diré’ en los medios”, cuenta un amigo de Maturana, que prefiere el anonimato por respeto al maestro.

FUEGO AMIGO

El origen del enojo de Maturana en contra del coaching, parece tener día y hora. En plenos años 80, con Fernando Flores en el exilio, Maturana fue invitado a un taller de Werner Erhard, un exvendedor de autos que terminó haciendo conferencias sobre liderazgo, transformación e integridad. Él era el modelo a seguir de Flores y por lo mismo, aceptó hacerle un informe en uno de sus talleres. Quedó espantado: “parecía una cofradía, había gente dispuesta a contar cosas muy personales (…) Ahí Fernando inventó las ‘conversaciones para la acción’, que eran talleres donde toma la idea del coaching”, cuenta Maturana en la revista Capital. Y agrega: “usó lo que aprendió conmigo con una visión política”.

A pesar de que durante años Flores y Maturana fueron cercanos, esa experiencia los dividió para siempre. Y de pasada tuvo sus implicancias con dos discípulos de Flores, Rafael Echeverría y Julio Olalla, actuales referentes del coaching ontológico.

Con Echeverría, Maturana se encontraría por primera vez en los ochenta durante un seminario sobre “comportamiento biológico del comportamiento social”, en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. El grupo, que estaba integrado por Ennio Vivaldi, Ana María Pino y Francisco Varela, entre otros, no era seguidor de la obra de Humberto según Rafael: “empezamos a leer a otros, como Edward Wilson, Tompkins, tantos más. Yo recién conocí a Maturana con Flores de hecho, porque venía estudiando el tema hace mucho tiempo”, afirma hoy Rafael Echeverría en una de las salas de su empresa “Newfield Consulting”.

En plenos años 90 y cuando Echeverría ya había formado su empresa de coaching, invitó a Maturana a algunas de sus charlas para hablar de la biología del conocimiento. Nunca entraron en discusión ni luces de problemas, hasta el intercambio de correos el 2008.

Juan Huircalaf, Gerente General de Imagen S.A, empresa que se dedica a dar soluciones tecnológicas a corporaciones, es seguidor de Maturana y testigo de los roces entre su maestro y Echeverría: “Durante largo tiempo estuvieron en privado estas discusiones y reclamos”, afirma. Justamente, el 2008 asistió por primera vez a un taller de Echeverría en Santiago. Por curiosidad se inscribió y no titubeó en revelar sus verdaderas intenciones: “Yo llegué careraja, diciendo que quería conocer a la persona que profitaba con las ideas de Humberto Maturana. Quedó la cagada. Todos se miraron y no entendían que no dijera que tenía un problema en mi vida o que quería ayudar a los demás”, recuerda Huircalaf.

Hoy el gerente de Imagen S.A. cree que el coaching es una “pseudociencia que no está estructurada y que depende del practicante. Una artesanía”. Y por lo mismo, hoy, no cree que tenga mucho que ver con los planteamientos de Maturana. Para él, este conflicto es un choque de egos.

– Maturana siempre ha estado desde la lógica más explicativa y Echeverría y Olalla están en la mirada productiva. Para mí este debate es por egos. A Humberto le cuesta mucho aceptar influencias de otros, porque tiene un ego grandote. Y Echeverría defiende su postura de recopilar ideas de otros y plantear sus temas – afirma Huircalaf.

Sin embargo, desde el entorno cercano de Maturana, esta lectura es injusta, ya que los fundamentos del coaching se basan en el biólogo: “Eso de que el coaching no tiene nada que ver con Maturana es mentira. Porque la verdad es que estos tipos se formaron con Flores, que robó las ideas de Maturana para ganar plata sin ningún reparo. Que no sean patúos”, comenta el amigo del Premio Nacional de Ciencias.
La empresa que dirige Juan Olalla “Newfield Network”, al ser consultado por The Clinic, se limitó a decir que “respetan la opinión de Humberto Maturana y que honran su legado”. Humberto Maturana, Ximena Dávila y los colaboradores de Matríztica tampoco quisieron dar declaraciones. Rafael Echeverría por su parte, como fundador de “Newsfield Consulting” se declara abiertamente ofendido y sin pudor, analiza el conflicto desde la lógica del coaching: “En el laberinto del alma, hay que dar con el minotauro interior y acercarse a él a pesar de lo monstruoso, porque es parte de nosotros (…) yo no me lanzo públicamente a despotricar contra Maturana (…) Yo creo que a Humberto se lo comió su minotauro interior”, sentencia Echeverría.

EL SAGRADO COACHING

En Reñaca, a fines de febrero del 2006, todos los ministros del primer gabinete de la presidenta Bachelet se reunieron para una cita. Ninguno de ellos se conocía mucho y la unión del grupo era esencial antes de asumir el próximo 11 de marzo. Julio Olalla, socio fundador de “Newfield Network”, los estaba esperando para dos días de coaching ontológico. 48 horas duró la actividad, donde conversaron abiertamente sobre sus expectativas y sus miedos. La mayoría salió deslumbrado, menos Osvaldo Andrade, en ese momento designado ministro del Trabajo: “La experiencia fue interesante porque nos permitió conocernos pero no sé si lo haría de nuevo, no me dejó nada”, afirma hoy el diputado
El arrastre que el coaching ontológico tiene entre políticos y empresarios de alto perfil del país, es inmenso. De hecho, la ministra de Agricultura del primer gobierno de Michelle Bachelet, Marigen Hornkohl, terminó formándose como coach con Julio Olalla, tras 20 años de servicio público. “Hoy en día los seres humanos no reflexionamos. Y si lo hiciéramos cuántas cosas resolveríamos. El mundo sería otro, el coaching logra eso”, dice la exministra. No titubea defendiendo el coaching a muerte: “Hay quienes dicen que se gana plata. Perdón, no es fácil obtener clientes, para que te contraten tiene que haber confianza en ti. Esto no es terapia”.

La empresa de Rafael Echeverría “Newfield Consulting” ofrece tres tipos de programas de coaching: en el primero obtienes el grado “ontológico empresarial”, en el segundo, te conviertes en sénior y finalmente, un magister de cuatro meses en la Universidad San Sebastián, donde sales con el título de máster. Los precios oscilan entre tres y seis millones de pesos. Hacerse experto en “el campo del saber que busca acompañar procesos transformacionales en otros”, cuesta caro. El sistema público Chilecompra, la Facultad de Medicina de la Universidad Católica, Mall Plaza, los laboratorios Andrómaco, Gasco y la Municipalidad de Las Condes, son solo algunos de los clientes que muestran lo amplio de su espectro.

Tomás Dittborn, fundador de Dittborn & Unzueta, una de las agencias de publicidad más grandes de Chile, fue uno de los primeros coach en Chile. Hoy son miles. “Lo que el coaching ontológico pretende, es ayudar a la gente a destrabar situaciones difíciles”, explica. Por eso hoy no puede entender las afirmaciones de Maturana, a quien admite admirar: “Tal vez su rabia es porque no se le pagó por utilizar sus estipulados, pero debe tener claro que generó una cantidad enorme de saber que el coaching utilizó porque es conocimiento público”.
Marigen Hornkohl prefiere ser menos polémica, pero no menos entusiasta: “Considero que es legítimo que Maturana se preocupe, porque nunca ha trabajado en el coaching”. Y recalca una vez más: “si con un bisturí un médico salva vidas, un coach también puede hacerlo”.
Pese a su firme defensa, Rafael Echeverría, asegura estar viviendo días de angustia: “Me duele mucho. La gente me dice: ‘cómo ustedes, que hablan del amor, el respeto y la honestidad, terminan sacándose los ojos’, pero yo no lo he hecho. No quiero sacarle los ojos a Humberto, pero siento que él me los saca a mí y no hay motivo alguno. Yo me pregunto, ¿cuál es la herida?”.

CARTA RESPUESTA A HUMBERTO MATURANA
RAFAEL ECHEVERRIA

Desde el respeto
Respuesta a Humberto Maturana

Rafael Echeverría
Presidente de Newfield Consulting

En el número del 21 de enero de la revista Capital apareció una entrevista a Humberto Maturana en la que lanza un conjunto de acusaciones que me obligan a refutarlas. Esta es, para mí, una tarea delicada. No quisiera hacer con él, lo que él ha hecho conmigo. Aunque hoy día mantenemos importantes diferencias, Humberto fue una persona importante en un momento de mi desarrollo intelectual y mantuve con él una relación de amistad y mutuo respeto. No quiero hacerlo vivir, a sus 87 años, la dolorosa experiencia que él me ha impuesto. Sin embargo, sus ataques no sólo me afectan a mí, sino también a miles de coaches ontológicos que se han formado con nosotros, y que hoy, frente a sus descalificaciones, se sienten agraviados y confundidos. Son ellos los que me impulsan a responder.

Las aseveraciones que Humberto lanza sobre mí son falsas y él lo sabe. En septiembre del 2008 fui informado que él y Ximena Dávila, dirigían hacia mí ataques equivalentes en sus cursos. Les escribí a ambos, refutando los hechos que esgrimían. Este intercambio está en nuestra página web www.newfieldconsulting.com . Invito al lector a leerlo y formarse su propia opinión.

Es falso que le hiciera extensas entrevistas durante un período de varios meses y que ellas versaran sobre la historia de sus ideas. Fue una sola entrevista, muy breve, realizada en 1996 en su laboratorio de la Facultad de Ciencias. Mi propósito no era precisamente profundizar en sus ideas, pues sobre ellas ya había escrito un capítulo en mi libro El búho de Minerva. Lo que me interesaba era identificar los factores de su vida personal que lo habían conducido a una modalidad de pensar que reflejaba un nivel de autonomía que entonces me sorprendía. Hablamos de su infancia, de la amorosa relación con su madre, del difícil y complejo vínculo con su padre, de su vida escolar, de sus estudios universitarios, de su ambigua relación con Francisco Varela, del papel de las mujeres en su vida.

Luego de realizada esa entrevista tuve que trasladarme a otro país y en el traslado perdí la cinta que registraba esa conversación. Opté por no escribir el proyectado artículo. Así se lo hice saber a Humberto cuando nos volvimos a encontrar. Jamás he dicho que tuve amnesia, como él sostiene. Por el contrario, creo que tengo muy buena memoria. Había, sin embargo, una razón adicional que incidió en mi decisión de desistir de escribirlo. Debo confesar que no quedé conforme con la imagen que Humberto proyectaba de sí mismo y pensé que publicar esas experiencias podía perjudicarlo. Luego de casi 20 años, guardo un claro recuerdo de gran parte de los temas conversados. Si hoy tuviera que escribir ese artículo, pienso que podría hacerlo con gran fidelidad.

Humberto señala que mi libro Ontología del lenguaje se habría basado en las ideas que él expresara en esa entrevista de 1996. Ello es falso. Nada de los que conversamos entonces, aparece en mi libro. Pero, como le demostré en nuestro intercambio de 2008, la publicación de mi libro se realizó en 1994, dos años antes de la mentada entrevista. Él lo sabe. ¿Por qué entonces aparenta desconocerlo?

Humberto me acusa de haber tomado su concepto de observador y de haberlo redefinido a mi arbitrio. Es su forma de ver las cosas. Yo sostengo que tenemos conceptos opuestos sobre el observador. Mientras él sostiene que “no existe realidad independiente del observador”, yo afirmo que, aunque no nos es posible acceder a la realidad tal cual ella es, sino sólo a través de interpretaciones, no podemos negar su existencia independiente. Se cuenta que Tales de Mileto se habría caído en un hoyo mientras caminaba observando las estrellas. Esa es quizás la primera lección práctica de filosofía en la historia de la Humanidad. Es conveniente aprender de ella.

La realidad se encarga de mostrarnos de que ella existe, más allá de lo que sobre ella misma pensemos. Éste es punto que se zanja a nivel de la racionalidad práctica. Mi impresión es que Humberto no lo ve. Él privilegia la racionalidad teórica. Pero esta última está siempre fundada en la racionalidad práctica o, en otras palabras, en el servicio a la vida.

Cuando en 1986 escribiera el borrador de mi mencionado capítulo sobre su contribución sustantiva, se lo mandé a Humberto para que lo revisara y me corrigiera en cualquier distorsión en la que pudiera haber incurrido. Me respondió agradecido por el contenido, advirtiéndome tan sólo que, cada vez que citaba sus libros y me refería a Humberto Maturana y Francisco Varela (los autores de esos libros), debía sacar toda referencia a Francisco, pues éste no había tenido ningún rol en el desarrollo de tales ideas y que su mérito se había restringido a la organización de la publicación. Hice lo pedido por Humberto, aunque sus palabras me parecieron injustas. Todavía conservo esa carta.

Lo que más me preocupa, sin embargo, no son sus descalificaciones, sino los juicios que emite sobre la práctica del coaching ontológico. Debo advertir, no obstante, que comprendo esos juicios. Humberto cuenta en la entrevista, que trabajó de cerca con Werner Erhard y Fernando Flores y pienso que, quizás, sus juicios puedan provenir de lo que entonces haya percibido. Yo mismo me refiero y condeno en mi libro Ética y coaching ontológico este tipo abusivo e irrespetuoso de coaching. En ello, no tenemos discrepancias.

Desde entonces ha corrido mucha agua. El coaching ontológico es hoy en día un oficio que se plantea conectar a los individuos con su inagotable potencial de transformación, de manera de que puedan vivir la vida en mayor plenitud, en armonía con los demás y de generar por sí mismo un mayor sentido de vida. Promovemos la autonomía y la libertad de las personas. Fortalecemos la armonía en nuestra convivencia. No hay nada más ajeno al coaching ontológico que la generación de dependencia, la manipulación del otro o el conducirlo con subterfugios a espacios existenciales que él o ella no haya elegido, tal como lo señala Humberto en su entrevista.

Nuestra misión es ayudar a las personas a cumplir sus aspiraciones y sueños y contribuir a disolver los problemas que se les interponen en el camino. Afirmamos los valores de la confianza y el respeto. Estamos para servir al otro, de manera que pueda ver lo que hoy no ve y le sea posible actuar de una manera que hoy no puede, para convertirse así en el tipo de ser que añora. Todo esto convierte a la disciplina del coaching ontológico en una profesión capaz de generar aprendizajes profundos en nuestra forma de relacionarnos con los demás; de actuar, pensar y sentir; de ser, vivir y convivir con los demás. De ello no sólo se beneficia el coachee. Esta es una profesión en la que el propio coach se ve obligado a desafíos crecientes de superación, aprendizaje y transformación. Que nos conduce, como practicantes, a una progresiva ampliación de nuestros límites y posibilidades.

Nada sabe Humberto sobre nuestra formación de coaching, ni sobre la manera como practicamos este oficio. Nunca ha asistido a nuestros programas. Varias veces, sin embargo, he compartido con él que uno de nuestros objetivos ha sido el de proveerle al coaching ontológico la base ética que en sus inicios no tuvo. Esto es algo que nuestros alumnos saben. De allí el dolor y la indignación que muchos han sentido al verse tan injustamente atacados. Creo que sería conveniente que, frente a ellos, Humberto se disculpara.

Confieso que a veces me asusta percibir que se puede transitar tan fácilmente de la biología del amor a una ética de la odiosidad. Creo que es importante cuidar que eso no suceda. Muchas veces las peores acciones de odio, invocan el amor como fundamento. Eso lo estamos viendo en el mundo todos los días. Desde nuestra perspectiva, el amor no está sólo para ser invocado, sino para ser practicado. Sólo la práctica del amor lo genera y constituye.

Una descalificación puede hacerse en una frase. Es fácil y es corto. Defenderse es más complejo y más largo. Toma al menos un párrafo. A veces, algo más. No siempre quien lee la descalificación se toma el tiempo para escuchar la defensa. El agredido suele por lo general quedar en desventaja. Al final del día, suelen quedar huellas de la mancha estampada. Siempre hay alguien que dice “si el rio suena, piedras trae”. Eso duele y nos obliga a ser responsables con lo que decimos.

Quién procura defenderse, no siempre es capaz de hacerlo trascendiendo su dolor y las emociones que resultan del golpe recibido. Me ha parecido importante, antes de reaccionar, tomarme un tiempo, volver al centro, de manera de hacerme cargo de las consecuencias de lo que quiero decir. Los resultados, es decir, las consecuencias de nuestras acciones, son importantes. Esta es otra discrepancia que mantengo con Humberto. Por lo que señala en la entrevista, a él pareciera no interesarle mayormente los resultados. Nosotros hacemos de ellos uno de los pilares de nuestra ética.

Muchas veces me han dicho “¿cómo es posible que Uds., que tanto hablan del respeto por el otro, de la confianza y del amor, sean a veces sorprendidos sacándose los ojos?” Eso siempre me ha preocupado y, en nuestra escuela, tenemos como norma evitarlo. Nos oponemos, por ejemplo, a hablar mal de nuestra competencia, aunque a veces pensemos que nos separan diferencias infranqueables.

Para nosotros el respeto y el amor más que temáticas discursivas, son formas de vida y de relación con los demás. Deseo, por lo tanto, terminar estas palabras dejando atrás los descargos y honrando la figura de Humberto Maturana. Más allá de las diferencias que con él mantengo, es una persona a la que he respetado y admirado. Ello hace, sin duda, que sus acusaciones duelan más. Pero ellas no me habilitan a descalificarlo de la manera como creo que él lo ha hecho conmigo. Espero haber estado a la altura. Si en algo hubiese fallado, pido disculpas. Todos tenemos limitaciones.

Quiero reiterar, como lo hiciera en el inicio, que las ideas de Humberto Maturana jugaron un papel significativo en mi desarrollo intelectual. Por ello, le estoy agradecido. Y quiero pedir a quienes han leído esta ingrata entrevista y que se han indignado con ella, que eviten proyectarla en la obra y vida de Humberto. Ello sería injusto. Él no se lo merece. Debiéramos honrar tanto su obra, como su persona, a pesar de sus deficiencias. Todos tenemos limitaciones.

Con estas palabras, cierro este ingrato episodio. Lo principal está dicho. No quisiera sentirme atrapado por una experiencia que, a muchos, nos ha sido dolorosa. Opto por dar vuelta la página.