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Analfabetismo ilustrado: por qué los universitarios ya no pueden leer textos complejos y el colapso de la comprensión de lectura en Chile

Desde Harvard hasta las aulas chilenas, la crisis de la lectura comprensiva llegó a la educación superior. Entre el déficit de la enseñanza básica, la herencia del confinamiento y la tiranía del scroll infinito, las universidades reciben a una generación incapaz de sostener la atención ante textos complejos. Una radiografía al silencioso colapso cognitivo en un país donde solo el 2% de la población logra evaluar a fondo un libro largo.

Sigue a The Clinic en Google News Por 18 de Julio de 2026
Alejandra Acosta
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Guerra y paz“, “Los Miserables“, “Don Quijote de la Mancha“, “Crimen y Castigo” y “2666” son solo algunas novelas emblemáticas de más de 900 páginas que estudiantes universitarios ya no serían capaces de leer. A eso se suma el problema que ocurre en la educación más temprana, donde estudiantes de Educación Básica y Educación Media o no quieren leer o no son capaces de sentarse con un libro y realizar un análisis básico de su contenido. 

Un artículo de The Economist asegura que los estudiantes llegan a primer año de universidad con menos conocimientos básicos para tener éxito. Y no solo eso, los docentes advierten que los estudiantes de literatura son incapaces de terminar libros. En ese sentido, profesores de Harvard afirman que deben acortar los textos que enseñan para que sean comprendidos por sus alumnos

La última portada de The Atlantic va incluso más lejos: postula que podríamos estar viendo “el fin de la lectura”, en pos de una era de chats, whatsapps, y textos cortos. “La era lectora podría ser una anomalía en la historia humana”.

En ese sentido, postulan que es un problema que las universidades están heredando desde las escuelas, sumado a la generación que estudió durante la pandemia del COVID-19 en medio de más de dos años de confinamiento. Un rol clave juegan las redes sociales, porque hay quienes postulan que producto del scroll infinitolas personas perdieron la capacidad de mantener la atención por mucho tiempo

En Chile, el problema está presente: según la última evaluación realizada por la OCDE, el 53% de los chilenos —de entre 16 a 65 años— obtuvieron un nivel 1 o inferior en comprensión lectora. Pueden comprender textos cortos y listas organizadas cuando la información está correctamente planteada. Es un nivel de baja competencia, es decir son capaces de entender datos específicos y oraciones simples. 

El informe detalla que solo un 2% de los encuestados logró niveles 4 y 5, es decir, que pueden evaluar textos largos y complejos, captar significados implícitos y usar conocimientos previos para interpretar textos y realizar tareas. También se explica que los jóvenes entre 16 a 24 años obtuvieron, en promedio, 242 puntos —por debajo de la OCDE— en comprensión de lectura. 

OCDE

El impacto de la pandemia 

Bibiana Rendón, directora de la Escuela de Educación de la Universidad Mayor, dice que “la pandemia echó leña a un fuego que ya ardía. El deterioro venía gestándose desde antes, alimentado por una enseñanza de la lectura basada en extractos breves orientados a pruebas estandarizadas”. 

Con respecto a cómo revertir un mal hábito de lectura, apunta a que “los datos de la OCDE indican que la comprensión lectora adulta declina cuando se dejan de frecuentar textos largos y complejos, y la neurociencia confirma que las vías de la atención sostenida se atrofian sin ejercicio y se reconstruyen con él”. 

Es por eso que se debe “reintroducir gradualmente la lectura extensa con andamiaje, dividiendo los textos largos en partes con tareas analíticas explícitas, exigiendo escritura exploratoria antes de los borradores formales y modelando visiblemente cómo se sigue un argumento a lo largo de las páginas”. Junto con eso, apunta a que “la lectura profunda, entendida como inmersión sostenida en un texto, estimula el pensamiento crítico y la autorreflexión de un modo que la lectura fragmentaria no logra”. 

El poder de dar opciones a los estudiantes 

La académica, especialista en literatura medieval y española, Ana María Maza, destaca que “la lectura tiene que ser progresiva y el descubrimiento de la lectura se tiene que dar en los primeros años. Ahí, los que son fundamentales son los profesores y los padres. El primer responsable de la lectura de los hijos es el padre y la madre porque tienen que entusiasmarlos con un mundo mágico de imaginación del lenguaje, de imágenes creadas y eso se da entre los cuatro y los seis años“.

Si los padres no tienen interés en la lectura es más difícil. No digo que sea imposible, pero es más difícil que los niños descubran la lectura. Si no tienen libros, pueden imaginar historias. En la primaria y en la secundaria, lo que mueve a la lectura es lo que identifica a los niños. Muchos profesores no son amantes de la lectura y les imponen lo que es algo de gusto propio. A él le gustó tal libro y ese libro lo impone. Lo que tiene la literatura es que hay infinidad de posibilidades y son todas excelentes”, añade. 

En ese sentido, sostiene que “un error es darle un mismo libro a todos, porque eso no le va a interesar de la misma manera a todos. Pero si les dices ‘aquí tienen 10 o 15 libros’, les cuentas de qué van los libros y se los das a elegir ahí notabas el entusiasmo”.

La censura de los padres 

Belén Ibarra, profesora de Lenguaje del sector oriente de la Región Metropolitana, tiene alumnos desde séptimo a cuarto medio. Para ella, “los desafíos de la lectura no se centran tanto en la complejidad de la lectura, sino que —en mi contexto en particular— tiene mucho que ver con la censura. Mientras hay clásicos que uno dice que son indispensables, los padres dicen lo contrario“. 

“Muchas veces tenemos que optar por algunas lecturas que son más simples, pero en función de más de una censura que de la capacidad intelectual de los estudiantes. A veces, no es que los estudiantes no puedan, sino que los temas están prohibidos“, dice. 

Ibarra también plantea que al momento de dar las lecturas, “tengo que hacer un trabajo de contextualización previa y muchas veces ese trabajo tiene que ser mucho más profundo para que ellos alcancen los niveles de análisis que requiero para esa lectura. Más que simplificar, creo que tratamos de no bajar el nivel porque siempre la idea es no nivelar hacia abajo”. 

Con respecto a si los estudiantes se quejan al tener que leer textos demasiado largos, la profesora asegura que pasa todo el tiempo. “No solamente se quejan de los libros largos, se quejan de los libros cortos, de los libros fomes, los divertidos, porque al estudiante nunca le va a gustar leer un libro porque en el fondo es ‘darles tarea para la casa’ y claramente no quieren eso. Hay otras cosas que prefieren por sobre la lectura, el hábito lector es algo que está a maltraer y es muy difícil de trabajar en los colegios en función de las exigencias que tenemos para cumplir un currículum”. 

“El fomento lector está super a mal traer en la educación porque el currículum está mal diseñado para poder fomentar la lectura”, reflexiona. También apunta a una actualización de la lista de lecturas porque “uno trata de ir innovando y buscando nuevas alternativas, libros más modernos que sean las temáticas clásicas, pero que se aborden desde la modernidad”. 

Un problema que llega a las universidades

La educación superior está recibiendo un problema heredado. Se trata de jóvenes que no quieren sentarse a leer textos largos, o peor aún, no son capaces de comprender textos complejos. Esto, porque muchos de ellos están escritos con un lenguaje que desconocen, en su mayoría. Sumado a la inmediatez que les otorgan las redes sociales sumado a la Inteligencia Artificial como Chat GPT y Gemini. 

A juicio de Rendón, lo que más debería preocuparles a las universidades son “su propia respuesta al problema, tanto o más que el problema mismo. Como plantea Jagt, la academia está respondiendo con improvisación y agotamiento en lugar de la reforma estructural que la situación requiere“.

“Cabe preguntarse si estamos admitiendo estudiantes que no podemos atender u ofreciendo un currículo que no podemos impartir. Cabe preguntarse también por qué los cursos iniciales intensivos en lectura y escritura, que hoy son los más determinantes de la institución, siguen siendo los peor remunerados y más precarizados. Cuál es la respuesta responsable frente a la inteligencia artificial más allá de una declaración en el programa de curso y por qué las aulas universitarias siguen permitiendo teléfonos“, reflexiona la académica. 

Pelusa Orellana, directora académica del Centro de Investigación e Innovación en Lectura de la Universidad de los Andes, aseguró que “Chile tiene, efectivamente, un problema arrastrado desde hace tiempo. Tenemos más de la mitad de los niños que no comprende lo que lee en cuarto básico. También estamos viendo resultados muy bajos en enseñanza media, lo que demuestra que esta es una brecha que se mantiene a lo largo de toda la trayectoria escolar“.

También apuntó que en “segundo básico es un momento clave, porque los niños ya necesitan consolidar
la decodificación. Si no han adquirido una adecuada automaticidad en la lectura, van a gastar toda su energía cognitiva en tratar de leer correctamente y no en comprender lo que están leyendo”.

El problema del hablar en Chile

Maza enfatiza al decir que “la literatura es una zona privilegiada para encontrar entretención, belleza y conocimiento. Pero hay que establecer el puente de cómo llego a tal o cual, según las características que tiene. Si vas a fomentar la lectura con adolescentes, no le puedo dar a un adolescente de 14 años una historia de amor porque se ríe. Entonces, tienes que diferenciar”. 

“Creo que el problema mayor que hay en Chile en estos momentos es la deficiencia y el empobrecimiento del lenguaje oral. De un lenguaje oral tan pobre, que es cosa que estés en el Metro y escuches lo que están hablando dos personas adultas. Entonces ¿Cómo pasas de ese mínimo lenguaje a un lenguaje más complejo o descriptivo? Los libros, en Chile, terminan siendo un lenguaje casi prohibido por desconocimiento de la significación del lenguaje que está ahí”, inquiere la académica.

Las obras que toda persona debe leer 

Consultada sobre los libros que toda persona debe leer a lo largo de su vida, Maza apunta a “La Ilíada” y “La Odisea“. “Son libros fundamentales porque son las primeras obras. Son obras extraordinarias y ahí está toda la concepción sobre el sentido de la muerte porque la ‘Ilíada’, el conflicto es de un hombre que ha descubierto que es mortal y no quiere ser mortal. Es Aquiles, que es hijo de una diosa y no quiere morir. La furia que tiene, un poco, es que no puede saltar la muerte”. 

“También considero que ‘Edipo Rey‘ es una obra fundamental que plantea el quién soy yo, yo soy el que creo ser o ser otro que no había descubierto. Para mí ‘El Quijote’ es la obra fundamental de la literatura, pero si no te dan una especie de cercanía a un adolescente, o que se busquen elementos fundamentales en el Quijote, se les puede hacer tedioso porque no conocen la época. Pero lo importante es qué significa ‘El Quijote’ hoy día como una búsqueda de explicación del mundo”, añade.

A eso también suma lasnovelas rusas. “Conozco a jóvenes que les gusta ‘Crimen y Castigo’, es una obra que tiene una primera parte muy extraordinaria y una segunda parte ideológica un poco voluntarista. Ese es el problema que tiene Dostoyevski, en las novelas nos quiere llevar a una teoría que él quiere aplicar en su propia vida, que es el sentido de la compasión, del arrepentimiento, de la culpa, el pecado y buscar una trascendencia. Con un sentido religioso muy evidente y eso distancia un poco a los lectores”.   

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