tumba

María Teresa González es cuidadora del patio 82 del Cementerio General hace 40 años. Desde que llegó a trabajar ahí, le reza a Carmencita en cuclillas. La tumba de Margarita del Carmen Cañas se convirtió en un lugar sagrado para cientos de visitantes que pasan por la calle Lircay del camposanto. El mito cuenta que “Carmencita”, como se le conoce popularmente, fue una prostituta que murió en 1949 a los 37 años. La bóveda subterránea donde está enterrada, está rodeada por dos mausoleos que lo doblan en altura. Para los fieles, las paredes que encajonan a la “santa” no han sido un problema, sino más bien el espacio que necesitaban para seguir plasmando el poder de la mujer con más de 70 lápidas que le agradecen sus “milagros”.

En su animita, donde María Teresa le pide todos los días, tiene una frase que la distingue: “Tú que pasas. Rézame. Deja en mi tumba una flor que a Dios por ti rogaré por tu destino y amor”, dice un escrito con pintura negra que uno de sus fieles dejó y que se puede leer en medio de maceteros con flores de plástico, osos de peluche y ropa interior con encajes.

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La historia de “Carmencita” está documentada en el Departamento de Archivo del Cementerio General. Según lo que han investigado profesionales que se desempeñan en el lugar, la mujer “milagrosa” llegó del campo a la ciudad en 1933, años después de la crisis económica que afectó al mundo. La atractiva sureña de apenas 21 años llegó a Santiago buscando trabajo y debido a los coletazos de la crisis en nuestro país y a la escasa oferta laboral, “Carmencita” decidió dedicarse a la prostitución.

Tras 14 años en el rubro conoció el amor. El afortunado era un millonario notario capitalino llamado Julio Marín Alemany, pero – como en toda historia – también hay una parte desafortunada: su esposa e hijos. El notario dejó a su familia al tiempo después de conocer a la Carmencita – quien habría adoptado ese sobrenombre cuando ejercía la prostitución – para vivir con ella y formar una familia, plan que nunca se logró concretar, explica Cristián Niedbalski, el encargado de relaciones públicas del cementerio.

A los 37 años Carmencita se enfermó y tras varios procedimientos médicos sufrió un shock anestésico que le provocó la muerte en el Hospital San Francisco de Borja el 18 de noviembre de 1949. El amante no estaba preparado para semejante pérdida, lo que lo obligó a enterrarla en los patios de tierra que habían en ese tiempo, pues no tuvo tiempo para construir el bóveda subterránea en donde está hoy.

La historia cuenta que cuando el notario Julio Marín se enfermó gravemente, había dejado estipulado en su testamento que cuando el muriera su cortejo fúnebre debía pasar por la tumba de quien fue su gran amor, Margarita del Carmen, y así fue. Hoy el mausoleo de Marín se encuentra cercano a la entrada de avenida la Paz, al otro extremo de Carmencita. Nunca se supo por qué no la quiso trasladar a su mausoleo.

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El camino para ser catalogada como la más milagrosa de los muertos del Cementerio General y ganarse la confianza y admiración de sus seguidores no ha sido fácil para Carmencita: Después del fallecimiento de Julio Marín su tumba quedó prácticamente abandonada. Como no tenía familiares, no había nadie que la visitara, pues sus familiares eran del sur.

Niedbalski cuenta que un antiguo cuidador del patio inventó que la persona que estaba enterrada ahí era una niña huérfana de 9 años, que supuestamente había sido violada y asesinada. El hombre dejó una alcancía a los pies de la tumba con la excusa de que la bóveda no estaba pagada y que – si no se cancelaba pronto –, el cuerpo de la niña terminaría en la huesera. Apelando al buen corazón de los visitantes lucró con Carmencita, quien claramente no era una niña. El hombre fue despedido el mismo día que se supo la estafa, según Niedbalski.

Después de desmentir la historia, la administración del camposanto decidió investigar quién era realmente la persona que estaba enterrada en esa tumba. Hasta que lograron reconstruir parte de su historia. Los más creyentes apuntaron a que la prostitución era una de los peores pecados y que con su trágica muerte habría sido perdonada, por lo tanto, tenía una conexión directa con Dios. Eso plantea la frase que tiene en su animita, en la que supuestamente si le dejas una flor, ella le pedirá al de arriba por ti.

Poco a poco la tumba comenzó a llenarse de flores, velas y obsequios de todo tipo. Después una que otra lápida hasta que llegaron a sumar 70: todas dicen “gracias por favor concedido”.

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En promedio seis personas cada media hora se detienen en la tumba de la Carmencita para saludarla o rezar. Algunos llegan con flores o peluches, otros se detienen por simple curiosidad y preguntan quiés es la persona que está enterrada en la bóveda.

Soledad Ortiz (65) dice que en un principio cuando iba a visitar a su hermana fallecida hace más de 15 años, solo pedía para que los visitantes la dejaran descansar tranquila y no siguieran inventando historias sobre su muerte. Pero de un día para otro recurrió a ella de forma religiosa. Soledad cuenta que fue despedida del Hospital San José y sabía que muchos le rezaban a la prostituta para encontrar trabajo. En su desesperación ella decidió hacer lo mismo. “Pasó exactamente una semana y ya estaba trabajando en el Hospital Félix Bulnes. Hace ocho años que la vengo a ver una vez al mes y le traigo un ramo de flores”, confiesa.

Los sepultureros y guardias también tienen como ritual saludarla y despedirse de ella todos los días, concuerdan que si la gente dice que es santa es porque es así. Muchos le han pedido favores y, según ellos, se los ha cumplido. Todos creen fielmente que mantienen sus trabajos gracias a la “santa” del Cementerio General.

Isacio Soto (67) nació el mismo año en el que falleció la Carmencita y está a meses de cumplir 50 años de servicio en el cementerio. Soto va todos los miércoles a dejarle una flor y le prende una velita. La cruz que sobresale de la tumba de Carmencita toma un tono carbón producto de la cantidad de velas encendidas. De hecho, los guardias y cuidadores deben estar constantemente apagando minis incendios que según algunos se produce cuando la santa prostituta está molesta, los más escépticos solo lo asocian a las grandes cantidades de velas prendidas que alcanzan a los peluches.

Cuando se cierran las puertas del Cementerio General las alabanzas de sus seguidores versus los cuestionamientos de los menos creyentes quedan afuera. Con su historia de vida reconstruida y ningún “milagro” comprobado, lo único que se puede aseverar es que ahí descansa Margarita del Carmen Cañas, quien sin quererlo se convirtió en la tumba más famosa.