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Matías Huentecol, werken de 29 años de la comunidad mapuche Huañaco Millao Autónoma, quedó ensimismado cuando pasó frente al ex Liceo Politécnico de Pailahueque, y vio que estaba convertido en una comisaría. Pensó que todo se trataba de una mala broma, pero luego observó a algunos carabineros trabajando adentro y supo que los rumores eran ciertos. El establecimiento en el que se había educado -y que había cerrado sus puertas a fines de 2013 por falta de recursos- ahora estaba pintado de verde con blanco.

-Somos la comuna más pobre del país y el gobierno, en vez de rescatar un proyecto educacional, va y nos pone una base policial –se queja el werken.

El nuevo recinto indignó a los miembros de la comunidad, quienes una semana después se tomaron simbólicamente el edificio. Fueron 25 personas, entre niños, mujeres y hombres, que se instalaron en lo que antes era la entrada del establecimiento. Llevaban dos lienzos, uno que decía “Basta de militarización en Ercilla” y otro en el que escribieron “Educación para los jóvenes mapuches”. Buscaban que alguien les diera una explicación. A los pocos minutos, el lugar estuvo cercado por más de cien policías. Huentecol recuerda que el primero en acercarse fue un capitán, quien le dijo que tenían cinco minutos para salir de allí. La orden fue tan violenta que la comunidad aceptó retirarse. Cuando estaban regresando a sus casas, sin embargo, un comandante que venía recién llegando al lugar dio la orden de detenerlos a todos. Allí se armó una trifulca.

-Era alto, flaco, de piel blanca, y cabello castaño. Era el más violento, se notaba que no era de la zona. Gritaba: ‘Qué se creen ustedes que llegan y se paran acá, este liceo lo compramos nosotros. Así que agarren a todos estos indios y métalos pa’ adentro’ –recuerda Huentecol.

Todos se fueron detenidos. También Camilo Tapia, fotógrafo independiente que ese día cubría la manifestación. El werken recuerda que con él se ensañaron, que le “sacaron la chucha y le quitaron todo”. Horas después, Tapia relató la violencia que sufrió en una carta que hizo pública en Internet. Dijo que lo trataron de asfixiar, que le rompieron las tarjetas de memoria que contenían las fotos de la manifestación, y que durante todo el procedimiento, policías sin identificación lo amenazaron.

Huentecol y su comunidad no entienden las decisiones que han tomado las autoridades.

-Si fueran más inteligentes, promoverían la educación y no la violencia –se lamenta.

EL LICEO
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En marzo de 1996, Enrique de Luxemburgo, entonces Príncipe heredero del Gran Ducado, recibió en sus manos un proyecto educacional que pretendía realizarse en la comuna de Ercilla, pero que carecía de financiamiento. Se lo entregó el entonces diputado democratacristiano de la zona Edmundo Villouta Concha, a pedido del Instituto de Educación Rural, fundación vinculada a la Acción Católica Rural, que quería construir en la localidad de Pailahueque un liceo técnico particular subvencionado de 45 hectáreas, que contaría con maquinaria de trabajo, internado, casino de alimentación, calefacción central, y una sala de lavado. A los pocos meses, el Príncipe Enrique mandó un suculento aporte: 1.350 millones de pesos. Al año siguiente, en una sesión de la Cámara, el diputado Villouta reconoció el gesto:

-Agradezco al gobierno de Luxemburgo, porque la aprobación de este proyecto nos permitirá el agrado de ver allí en el próximo año a más de 280 alumnos, hijos de mapuches o de pequeños agricultores, no sólo de Ercilla, sino también de otras comunas -dijo.

No fue hasta marzo de 2001, sin embargo, que el liceo abrió sus puertas a la primera generación de enseñanza media. Comenzó ofreciendo formación de técnicos agrícolas, mecánicos, forestales, y en párvulos. Al poco tiempo, se transformó en una gran alternativa para los más de dos mil habitantes de Pailahueque. No sólo porque era el único liceo técnico de la provincia, sino también por el rescate de la cultura mapuche.

-Ese liceo tenía canchas de tenis, de fútbol y una para jugar al palín. Teníamos incluso un campo donde hacíamos el Guillatún –recuerda Matías Huentecol, que entró a estudiar para técnico forestal en el 2003.

El establecimiento se convirtió rápidamente en un lugar de encuentro cultural para los jóvenes de las más variadas localidades, mapuches y chilenos: Alto Biobío, Lonquimay, Lumaco, Ercilla, Tirúa, Temuco, e incluso una vez llegó alguien de Puerto Montt. Huentecol recuerda que por allí pasó también Alex Lemún, el joven mapuche de 17 años que estudiaba para técnico forestal y que murió luego de que un policía lo baleara en la cabeza, cuando él y un grupo de comuneros se encontraban en el Fundo Santa Elisa, en Ercilla.

Luego de cinco días de agonía en el Hospital de Temuco, el 12 de noviembre de 2002 Lemún se convirtió en la primera víctima de este conflicto. Su muerte enlutó al colegio.

-Alex estudió dos años allí. Él se trasladó de Angol a Pailahueque, porque decía que ese era un liceo más abierto para un joven mapuche, como que le abrió la mente. Yo no estoy de acuerdo con que haya un cuartel policial, deberían seguir estudiando niños indígenas allí –dice Edmundo Lemún, padre del joven fallecido que hoy vive, junto a otras 15 familias, en una comunidad de 60 hectáreas que recuerda el nombre de su hijo.

El liceo tuvo diez años de esplendor y luego se sumió en una crisis financiera. No está claro en qué momento comenzaron los problemas, pero según cuentan profesores, apoderados y alumnos, a fines del año 2012 la situación hizo crisis. No sólo estaban impagos algunos sueldos de los profesores, sino que también existían deudas previsionales y a veces incluso escaseaba la alimentación de los estudiantes que estaban en el internado. La situación se repetía en varios de los 27 recintos que llegó a regentar el Instituto de Educación Rural, en esa época el tercer sostenedor más grande del país (según un ranking elaborado por La Tercera el 2013), con más de diez mil alumnos de zonas rurales y vulnerables.

-El cuerpo docente estaba muy comprometido con el colegio y creo que se cerró por un problema administrativo, que venía de la casa central. Hubo un tiempo en que venían directores de otras ciudades y no duraban ni una semana. Ese semestre tuvimos como 10 directores distintos –recuerda Carlos Rivera, que en ese tiempo era el profesor jefe de la carrera de técnico en mecánica.

A fines de 2013, el Instituto inició un proceso legal de reorganización judicial, elaboró una lista de activos prescindibles, y cerró cinco colegios, entre ellos el de Pailahueque. Necesitaban con urgencia conseguir dinero para cumplir con los acreedores y cubrir las más de 140 demandas laborales que tenía a lo largo de Chile, y pusieron a la venta el predio donde estaba ubicado el liceo: 45 hectáreas que fueron avaluadas en más de dos mil millones de pesos, con edificio incluido. Meses más tarde, Enrique Hrdalo, presidente del consejo directivo de la fundación, explicaría las razones del descalabro financiero en el que se encontraban. Diría que cometieron un error al hacerse cargo de algunos liceos que el Estado les entregó para que dirigieran, mediante el Sistema de Administración Delegada, y que eso desajustó todas sus finanzas.

En una comuna como Ercilla, la más pobre del país, donde la gente vive de la agricultura y la ganadería, y donde el promedio de escolaridad es de apenas 7.1 años, el cierre del único colegio técnico de la zona causó una gran polémica. Antes de concretarlo, hubo tomas, manifestaciones, y reuniones, pero ninguna autoridad logró darle continuidad al proyecto educativo. Aunque los apoderados solicitaron que el liceo siguiera funcionando bajo otra modalidad, la decisión fue irreversible. A comienzo de 2014, 120 alumnos quedaron sin matrícula. Uno de ellos fue Erick, el hijo de Gloria Quiñilén, la presidenta del centro de padres. Él fue de los pocos que logró reubicarse y terminar cuarto medio en una escuela nocturna de Ercilla.

-Nadie se preocupó de que los chiquillos siguieran estudiando. Creo que el 10% se fue a Angol a terminar su carrera y el resto se tuvo que ir a trabajar, dejaron sus estudios botados –recuerda Gloria, que luego del cierre le envió una carta a la presidenta Michelle Bachelet para ver si ella podía interceder, pero nunca recibió respuesta.
El gobierno tendría otros planes para ese lugar.

LA BASE
Matías Huentecol cuenta que la vida en Pailahueque se ha vuelto complicada. Que antes de las forestales y los policías, todo era más fácil. Hoy, además de escasear el trabajo –dice- deben moverse con cuidado en la calle, como si fueran unos criminales. Se queja del trato inhumano que reciben a diario.

-Acá ya no se puede vivir, te controlan a cada rato, abusan del poder. Se atraviesan delante tuyo y se bajan con escopeta en mano, apuntándote. De ahí te registran, con las manos levantadas, y luego te dejan ir. Por estos lados, permanentemente pasan los helicópteros y los drones vuelan como moscas. Uno no puede ir ni al baño sin que te vigilen -describe.

Huentecol estaba esperanzado de que el colegio se reabriera. Esperaba que eso ocurriera antes que sus dos hijos llegasen a la enseñanza media, para que no tuvieran que irse del pueblo, pero hoy esa posibilidad es casi nula. Peor aún, el werken dice que sus hijos, y el resto de los niños y jóvenes de la comunidad, viven atemorizados, que ven los blindados de la policía y corren a esconderse.

En el último tiempo, la presencia de efectivos en la zona ha ido en aumento. A mediados de octubre de 2015, Bruno Villalobos, general director de Carabineros, dio a conocer el complejo plan de reordenamiento de las fuerzas en la Araucanía. Dijo que se crearía una nueva jefatura, bautizada como Zona Policial de Control de Orden Público, y que ésta se encargaría de perseguir los ataques incendiarios y el robo de madera. Todo esto, en coordinación con la Sección Aérea y el Grupo de Operaciones Especiales. Pailahueque, entonces, se convertiría en el centro de operaciones de la policía y el liceo sería la base de la Prefectura de Fuerzas Especiales. El complejo se sumaría así a la subcomisaría de Pidima, ubicada a 18 kilómetros y creada a mediados del 2012, la misma en que el ministro del interior Jorge Burgos pasó el último año nuevo junto a la policía.

El 8 de marzo pasado, según informó Carabineros a The Clinic, el exestablecimiento educacional pasó formalmente a manos de la institución en comodato, mientras se agilizan los trámites para su compra. A fines de ese mes, el Instituto de Educación Rural, informó a sus acreedores que el liceo de Pailahueque estaría a punto de ser vendido en más de mil millones de pesos a Carabineros, contrato que -según dicen las autoridades- debería firmarse en los próximos días.

-En la base están haciendo pistas de aterrizaje. Es un internado grande, que tiene capacidad para 300 alumnos, ahí los pacos van a quedar como reyes. Tienen muchas salas y galpones para guardar los blindados –se lamenta Matías Huentecol.

Para Gloria Quiñilén, la actual situación no es más que un reflejo de las malas decisiones que ha tomado el Estado en la zona de la Araucanía. La falta de voluntad política -dice- llevó a las autoridades a privilegiar la intervención policial por sobre la educacional.

-Si hubiésemos tenido el apoyo este liceo hubiera continuado educando, pero nadie nos ayudó. Me da pena y rabia por nuestras autoridades, no se mueven. Es vergonzoso que algo que sirve para educar, sirva ahora para reprimir.
En las próximas semanas, la nueva base estará completamente operativa.