Pedro Sabat

Luego de ganar en una encuesta al actual alcalde de Ñuñoa Andrés Zarhi, apenas 9 días atrás, el exjefe del municipio, Pedro Sabat, salió a gritar a los cuatro vientos que él había sido el legítimo triunfador pero que faltaba la ratificación de su sector para transformarse en el abanderado oficial de Chile Vamos en la comuna.

La noticia dejó perplejos a todos quienes daban por muerto a Sabat, imputado por los delitos de fraude al fisco, enriquecimiento ilícito y negociación incompatible por eventuales irregularidades en la licitación de la basura, además de una serie de cuestionamientos luego de intentar vender dos viviendas de su propiedad en la misma comuna poco antes de abandonar su cargo, previa aprobación de un anteproyecto de edificación.

La arremetida de Sabat, sin embargo, fue desechada luego que el presidente de Renovación Nacional, Cristián Monckeberg, le hiciera una descomunal desconocida ratificando a Andrés Zarhi como el competidor de su sector en la comuna. La pica del exalcalde fue evidente. “Yo creo que vamos a perder Ñuñoa”, fue lo más suavecito que lanzó a los medios.

Un parche antes de la herida que bien podría ser un mecanismo para evitar una “bajada” forzosa, entendiendo que es probable que las investigaciones en curso terminen por desentrañar la madeja que se teje bajo la punta del iceberg. Un frío trozo de hielo que escondería bajo su superficie relaciones que bordearían los límites de la legalidad, o en el mejor de los casos, la frágil frontera de la prudencia.

The Clinic tuvo acceso a nuevas transacciones entre el exalcalde de Ñuñoa y algunos gestores inmobiliarios que demostrarían cuan delgado es el hilo que separa los negocios particulares del bien común.

El 24 de octubre de 2008 la municipalidad de Ñuñoa le compró a la sociedad Cartago S.A., del empresario Jacques Ergas Benmayor, un inmueble ubicado en la calle Carlos Montt 5615 en la suma de 280 millones de pesos, donde hoy se emplaza la sede oriente del municipio, cuyo propósito según estimó el concejo en septiembre del mismo año fue mejorar la “atención a la comunidad local en el ámbito de las actividades de salud primaria, sociales, culturales y otras”. Hasta ahí una transacción limpia, sin otro fin que el aparente bien público.

Ocho días antes, sin embargo, el 16 de octubre del mismo año, la Sociedad Asesorías e Inversiones Buzios S.A., también de propiedad del próspero banquero Jacques Ergas, compró a Pedro Sabat Pietracaprina, entonces alcalde del municipio de Ñuñoa, una vivienda en la comuna de Las Condes ubicada en la calle Camino El Olivar, número 1872, por poco más de 376 millones de pesos. El avalúo fiscal del inmueble, según información proporcionada por el mismo Sabat en su declaración de patrimonio, sería de 176 millones de pesos.

En resumen, mientras el alcalde gestionaba la compra de un inmueble para el municipio, negociaba de forma paralela la venta de una vivienda particular con la misma persona por una cifra que doblaba el avalúo fiscal de su vivienda. Para la concejal socialista Alejandra Quevedo la maniobra del exalcalde tendría, a lo menos, carácter de lobby.

-Sabat opera dos bandas, entre lo público y lo privado, en lo que claramente se evidencia un conflicto de interés. Porque para que exista una falta a la ética no necesariamente tiene que haber una ilegalidad. Él siendo 15 años alcalde sabe que no es ético sentarse en la misma mesa, primero como vendedor particular y luego como comprador con recursos municipales, y negociar con la misma persona en una misma semana”.

La negociación, aparentemente legal, contraviene sin duda las normas de la más sana prudencia. Límite que al ser transgredido ingresa de inmediato al terreno de la sospecha. “¿Cómo no van a existir dudas, si están involucradas las mismas personas?, se pregunta el concejal Jaime Castillo. “Sabat siempre ha actuado al borde de la ilegalidad y esta es otra evidencia más de todo lo que sabemos. Un alcalde lo primero que tiene que hacer es dar muestras de probidad y lo que ha existido aquí ha sido precisamente lo contrario”, agrega.

Ambas negociaciones, realizadas prácticamente en la misma fecha, tienen como protagonistas a dos viejos conocidos, Sabat y Ergas, cuyos nombres ya se habían cruzado el año 1997 cuando el municipio vendió al empresario el antiguo gimnasio Manuel Plaza, comprado en ese entonces casi en mil 500 millones de pesos y que el voraz apetito inmobiliario ha empinado en la actualidad, según ha trascendido, a más de 52 millones de la divisa norteamericana.

Pedro Sabat, al ser consultado por las negociaciones, admite que realmente existieron. Argumenta que su casa la puso en venta, que se juntó con Ergas, y que éste le habría pedido un descuento. “Fue ahí cuando me dice que una fundación suya tenía una casa en Carlos Montt que quería vender. Le dije que postulara porque andábamos desesperados buscando una casa. Fue una gestión súper honesta”, relata. Luego profundiza: “Si hubiera estado buscando algo, lo más probable es que lo hubiera escondido y, de partida, no te lo estaría diciendo. Si hubiese querido hacer algo no lo habría hecho con esta evidencia”.

Monex

Jacques Ergas fue un banquero atípico. Veterinario de profesión y amante de la filosofía, heredó de su padre, Moni Ergas, un inmigrante de origen yugoslavo, la pasión por los negocios y la administración de uno de las empresas más emblemáticas de su progenitor: el banco Monex.

En el año 1977 el patriarca se asoció con Marcelo Calderón, dueño de Ripley, León Avayú, propietario de Indumotora, y Jacobo Ergas, un prominente empresario inmobiliario, en la formación de la financiera Mediterráneo. Fue en esta empresa donde el hijo del banquero balcánico comenzó a afinar su ojo comercial.

Cuatro años más tarde, los socios deciden vender la financiera ante la inminente debacle económica de los años ochenta. Oportunidad que el viejo Moni aprovechó para comprar dólares y amasar una considerable fortuna que le permitió desarrollar una casa de cambio, primero, luego derivar en una agencia de valores y, posteriormente, transformarse en banco. A diferencia de sus otros hermanos, Rosita y Darío, Jacques decidió acompañar a su padre transformándose en su mano derecha.

Fue así como en el año 1997 junto a su amigo de toda la vida, Juan Carlos Saffie, el síndico de quiebra de Colo Colo, y el abogado Carlos del Pedregal, deciden participar de la licitación de venta del gimnasio municipal Manuel Plaza. La decisión de enajenar el recinto, según se fundamenta en una sesión ordinaria del concejo municipal el nueve de septiembre del mismo año, obedecía a que el local “se encuentra en la periferia de la comuna y paulatinamente ha caído en desuso teniendo un alto costo operativo”. Pese a que la propuesta en un comienzo es rechazada por no cumplir con las bases administrativas, al no acompañar una boleta de garantía, el inmueble finalmente es vendido a los tres amigos por la suma de 77.932,5 Unidades de Fomento de la época. Poco tiempo después, el terreno fue traspasado a una inmobiliaria por la suma de 2 mil millones de pesos.

No era primera vez que el alcalde Sabat, con la anuencia del concejo municipal, enajenaba un inmueble de estas características en Ñuñoa. A comienzos del año 1998 el municipio vendió el mercado Seminario a la inmobiliaria El Claro de Pucón Limitada -propiedad de Jaime Cahmi Ramírez, detenido tiempo después por sus nexos con el narcotraficante Manuel Fuentes Cancino, “el Perilla”- a un precio inferior al avalúo fiscal del inmueble (123 millones). Pocos meses después, al igual que en el caso de Ergas, Cahmi vende la propiedad en 700 millones de pesos y Sabat termina comprándole dos parcelas en Pucón y otra al hijo del empresario en Curacaví. Nuevamente la fina hebra de lo público y lo privado termina por romperse.

-Hay una reiteración de nombres, en diversos negocios, que con el correr de los años van generando lazos de familiaridad comercial. Cómo va a ser correcto que una autoridad negocie para sí mismo con la misma persona que realiza transacciones con el municipio. Es obvio, entonces, que existan dudas- apunta el concejal Jaime Castillo.

Suspicacias que en el caso de Jacques Ergas se mantienen intactas. Una investigación de Ciper del año 2009 reveló que Danilo Rivas, uno de los administradores de los bienes de la masonería y gestor de la millonaria adjudicación ilícita de la plataforma tecnológica del Registro Civil, trabajó también como director del banco Monex. La entidad financiera, cuyos antecesores son Monex Corredores de Bolsa S.A. y Monex Agencia de Valores, estuvo vinculada a las cuentas de Pinochet a través de sociedades de papel y a “operaciones dudosas” con el fabricante de armas Carlos Cardoen.

Otra investigación del mismo medio asegura que el exdueño del banco Monex, vendido en el año 2009 por 25 millones de dólares a Consorcio Financiero, figura en una lista de empresarios chilenos que a través del banco suizo HSBC, en conexión con paraísos fiscales, ocultó dinero de los sistemas tributarios chilenos. Moni Ergas, fallecido en el año 2010, aparece junto a sus hijos Jacques y Rosa ligados a una sociedad en Uruguay, con un saldo máximo de 38 millones de dólares, figurando como el grupo familiar chileno con más dinero desviado a paraísos fiscales en el listado. El fantasma del lavado de dinero, al igual que en el caso del empresario Jaime Camhi, es una arista que hoy investiga el Servicio de Impuestos Internos.

La duda que queda en el aire es si estas sociedades de inversión inmobiliarias, como Cartago, Buzios o cualquier otra, esconden manejos irregulares en un municipio donde el alcalde amasó una fortuna, según el mismo confiesa, de alrededor 3 mil millones de pesos. Un antiguo colaborador del exedil asegura que habría que investigar dos cosas: “si los negocios ejecutados a través de sociedades de inversión están ligados o no al boom inmobiliario de Ñuñoa y cuál es la relación real de Jacques Ergas y Pedro Sabat”.

Santos en la corte
El estudio de Gonzalo Cisternas, hijo de Lamberto, actual ministro de la Corte Suprema, fue contratado por el alcalde de Ñuñoa en enero del año 2015 con el objeto de representar al municipio en “todos los mecanismos de impugnación que sean necesarios”. Así al menos figuraba en el documento. Cinco meses más tarde Sabat entregaría un poder especial al mismo abogado para que lo representara ante la empresa inmobiliaria Fernández Wood Desarrollos Dos S.A., con quien tenía una promesa de compraventa por dos inmuebles de su propiedad por más de 1700 millones de pesos. Hecho que fue denunciado por The Clinic en marzo de este año. Nuevamente los cables del espacio público y el privado comenzaban a sacar chispas. Gonzalo Cisternas tenía contratos por más de 2000 UF vigentes con la Municipalidad de Ñuñoa y al mismo tiempo era representante legal del alcalde Pedro Sabat en la gestión de proyectos inmobiliarios.