Lina-Meruane

-¿Cómo ha sido la recepción de Contra los hijos?
El libro ha tenido efectos inesperados. Me ha sorprendido, por ejemplo, que tanta gente lo quiera leer y sospecho que se debe a que ha resurgido un discurso conservador de la maternidad y, con él, un nuevo debate en torno a ella. Yo creo que muchas mujeres se están viendo agobiadas por este resurgimiento y me propuse que este libro fuera una cajita de herramientas críticas que le permitan decir que no, dar un no argumentado, a esas mujeres y a esos hombres atrapados en las lógicas conservadoras de la crianza.

-¿Qué representa la figura que tomas en tu libro del “ángel de la casa”? Que, por cierto, es un ángel malo.
En el libro tomo de la Woolf la figura de el “ángel de la casa”: figura ominosa que nos habla a las mujeres y nos dice qué debemos hacer para ser perfectas. Woolf advierte que tiene que estar constantemente matando al ángel porque éste siempre vuelve, como un fantasma.

-¿Cómo vuelve el ángel hoy?
Hoy es un ángel verde, el ángel del ecologismo que aparece con un discurso muy liberal, progresista, porque ¡quién podría no estar de acuerdo con salvar al planeta! pero al mismo tiempo es un retroceso, porque también naturaliza el lugar de la mujer como proveedora. La mujer se vuelve a convertir en una figura que tiene que salvar a esa especie en extinción que es el hijo.

-Aunque distingues varios tipos de madres -las totales, las divididas, la súpermadre- a todas se les aparece el ángel malo y caen en la misma trampa: resolver la maternidad de manera privada.
Sí, todas esas madres están muy abandonadas por el Estado, deben resolver todos sus conflictos de manera solitaria e incluso en oposición a las otras madres, a las que eligieron un modelo distinto. Hay que preguntarse si al mismo tiempo que el Estado promueve la maternidad, le asegura a todas las madres el espacio para que puedan ser profesionales, artistas, trabajadoras, para que puedan elegir. La lucha no debiera ser entre las mujeres –las que están en la casa y las que trabajan– sino que con el Estado: que este distribuya recursos y oportunidades de manera igualitaria.

LOS GUIONES DE LAS MADRES

– Una idea muy potente, y que tomas en tu libro, es que “las madres están escritas”? ¿Qué significa para ti?
La maternidad es un dispositivo creado por consensos hegemónicos. Es fácil caer en ese discurso, porque como todo libreto cultural otorga cierta comodidad, no hay que inventarse nada, no hay que elegir nada. Sólo repetir. A las mujeres no nos han educado para saber elegir, más bien se nos castiga por las elecciones que se salen del libreto. A mí me interesa la madre que está “por escribirse”, fuera de los estereotipos educados.

– Dices que hay pocos libros sobre madres a pesar del prestigio social de la maternidad. ¿Si no se escribe demasiado sobre ellas, será justamente porque ya están escritas, es decir, descritas en guiones establecidos?
Hay muchos libros de autoayuda, prescriptivos: cómo ser la madre ideal. Pero hay pocas novelas donde las madres no sean la bruja o la santa. En ese sentido, ya están escritas. Y tal vez sea porque hay pocas escritoras-madre, o las que hay parecen estar en conflicto con su maternidad. Pero en años recientes han aparecido voces disidentes, escritoras-madre que plantean estos problemas. Si digo que hay pocas escritoras–madre no es porque quiero oponer maternidad a creatividad, el problema es que queda poco tiempo para escribir si además tienes que tener un trabajo remunerado. No quiero responsabilizar de todo a los hijos, si al final ellos no tienen ni voz ni voto.

-Hoy día como que sí…
Sí, y aparece una observación interesante: que a los hijos hoy se los está convirtiendo en consumidores que exigen ser satisfechos. Porque un hijo es ante todo un dispositivo de lo social, un significante vacío que se va cargando de sentidos. Un hijo que exige, que demanda, que controla. Su deseo sobre la madre y sobre el padre es un deseo educado por los mensajes de la sociedad.

-¿Buscar las raíces, como en tu libro Volverse palestina, lleva a reencontrarse como hija o a superar ese lugar?
Los hijos también están escritos. En esa crónica no trato de recuperar a mi familia perdida, sino que pensar el momento político actual: dejar de ser “la hija” de la historia y tomar las riendas, hacerme responsable de mi posición en este presente. Y de leer a mis padres y abuelos de otra manera. Los hijos de cierta forma nunca sabemos quiénes son nuestros padres, cuáles son sus dolores, su humanidad, uno los reconoce apenas en su rol. Ver a mi padre también como hijo fue como acercarme a él desde un ángulo secreto.

DESEO Y OPRESIÓN

-En Contra los hijos partes diciendo que si bien las mujeres avanzamos en nuestras reivindicaciones, cada tanto nos pegamos zancadillas.
Haciendo un paneo histórico vislumbré que cada tanto regresábamos a lo que Virginia Woolf dijo en los años treinta y a lo que Betty Friedan había visto décadas después en La mística de la feminidad. El llamado a las mujeres a renunciar a todo en favor de los hijos. Lo que yo misma vi en Chile en los años noventa. Y es que hay un patrón, un relajamiento cultural cuando se necesita que las mujeres salgan al espacio público, en tiempos de guerra, revoluciones, crisis, etcétera, y cuando esos momentos pasan, se las llama de vuelta a la casa usando a los hijos como anzuelo. Yo percibí en Chile que las madres de mi generación no eran como las de la de mi madre, a pesar de haber ganado espacios de independencia ¡estaban más agobiadas! Vivian la maternidad con mucha más sobrecarga aun cuando sus parejas hacían la mitad del trabajo. Hay mucha más presión. Se les inculca a las mujeres que su única responsabilidad es la de criar hijos con exclusividad, y si no ese hijo va a sufrir un daño moral, físico, cognitivo. La madre está amenazada por la sociedad, todo es culpa suya.

-A propósito de estos pasos en falso de las mujeres, tomas de Elfriede Jelinek esa versión terrible de lo que habría pasado con Nora -el personaje en Casa de muñecas de Ibsen – después de dejar al marido y a los hijos. La liberación le dura cinco minutos y vuelve a él. ¿Te parece que quedan resabios hoy de la situación social en que la vida es más fácil para las mujeres de la mano de un hombre?
No sé si más fácil, todo depende. Más allá de la situación entre un hombre y una mujer, de lo que estamos hablando es de una realidad social. Tú misma has escrito sobre la lectura misógina que se hace de mujeres con bastón de mando, Dilma Rousseff y otras presidentas. La sociedad siempre se ha opuesto a que las mujeres decidan sobre su cuerpo, su casa, su país. El pacto matrimonial y materno son instancias en las que las mujeres eran llamadas a cederle su poder al hombre, y aunque esto se ha atenuado, es muy fácil caer en esos modelos que nos anteceden y nos circundan. Pensemos en Chile, parece que una mujer es siempre objeto en vez de sujeto, mujer de alguien.

-Madonna en un discurso hace poco dijo que había sido acusada de mala feminista por cosificarse. ¿Te parece que otro paso en falso en las luchas feministas es el problema de la aceptación del deseo?
Es que el moralismo de ciertos sectores progresistas se oponen al deseo. Lo pongo en un ejemplo. Fidel Castro proponía una sociedad igualitaria basada en la razón moral del sacrificio colectivo sin contemplar ninguna gratificación individual. Sin pensar en los incentivos, en el placer, y eso, creo yo, va contra algo muy humano. Lo mismo le ha pasado a cierto feminismo. Tuve alguna vez una profesora de feminismo que nos dio unas sesiones tipo tortura sobre el mal del maquillaje, la ropa bonita, porque eso implicaría una cesión al poder. Este tema provoca una gran fractura entre las mujeres, las que niegan estos deseos y las que asumen que quieren ser deseadas también físicamente.

-¿Podrían vivirse esos deseos sin caer en la opresión?
Tendría que haber estos espacios. Déjame darte un contraejemplo que me parece digno de ser pensado: la figura del travesti, de la loca, exalta la presencia de lo femenino, una femineidad que llevado al cuerpo de una mujer se consideraría cosificación. ¿Por qué es aceptable y celebrado esta vuelta femenina en las comunidades queer y atacado cuando las mujeres juegan con estos mismos modelos? Yo siempre tuve un problema ahí: que lo mismo se leyera como liberación en una comunidad y sometimiento en otra. Las mujeres somos muy castigadas, sería un paso adelante que dejáramos de criticarnos entre nosotras. Esa solidaridad falta.

-Justamente Madonna se preguntaba por qué Prince podía correr con tacos altos y a poto pelado mientras que a ella la criticaban.
Hay muchas paradojas. A nosotras todo nos cuesta más. La comunidad queer ha logrado cambios muy importantes, quizás porque en principio sus exigencias vienen desde el mundo masculino, han tenido aliados en el poder, mientras que las mujeres no hemos conseguido ni siquiera que se legisle el aborto a nuestro favor.

CORRECCIÓN POLÍTICA

-¿Es difícil hacer una diatriba en estos días? Suelen llegar combos fuertes al pensar por fuera de la corrección política.
No me han llegado combos con este libro, en particular, porque en gran medida este libro defiende la posición de las mujeres ante los hijos que, en mi perspectiva, han sido instrumentalizados por los discursos hegemónicos de la maternidad conservadora. Me pongo del lado de un grupo muy vulnerable: las mujeres-madre. He mantenido un discurso crítico, he intentado leer cómo se articulan ciertos discursos incluidos los de la corrección política y sí me doy cuenta que éstos a veces pueden aparecer coartando la libertad de pensamiento. Los discursos de corrección política son constructivos y necesarios, ya que nacen para corregir la discriminación y silenciamiento histórico de muchos grupos. Y aunque es cierto que al cristalizarse caigan en la censura y terminen siendo usados contra lo que fueron ideados, hay que tener cuidado con manifestarse contra ellos. La crítica ante la corrección política ha sido cooptada por la derecha para sus propios intereses hegemónicos, y si uno plantea cualquier duda sobre sus límites, una puede ser utilizada por aquella derecha a la que detesta, precisamente.

-¿Pero te parece que el libre pensamiento se pueda ahorrar esa crítica?
Como intelectual, como pensadora, una está llamada a ser crítica con todos los discursos. Estás formada para leer a contrapelo y ese es un lugar complejo el que una asume, incluso una tiene que cuestionarse mientras lo hace.

-¿Y la literatura puede verse amenazada por la corrección política o es inimputable?
Acabo de volver, por escrito, en una columna, a una vieja discusión: el quién habla por el subalterno. Hay todo un debate en torno a esto: ¿puede un escritor blanco apropiarse de la voz de un personaje femenino o afroamericano?

-Es el debate que levantó la escritora Lionel Shriver sobre la apropiación cultural.
Precisamente. Frente a este asunto ella dijo -lamentablemente en un tono muy arrogante- que si sólo se le permite escribir sobre sí misma, una norteamericana cincuentona, entonces su relato se volvería cerrado. Se le arrebataría la posibilidad de imaginar. Y la ficción está ahí para imaginar el lugar del otro e incluso trasgredir los lugares cristalizados y estereotipados que se le han asignado al otro. Que alguien te diga que no puedes pensar el lugar de una nana boliviana o de trabajador haitiano en un texto, lo que se reduce es también la posibilidad de imaginarte en ese lugar económico y social. Pero insisto, el riesgo de criticar a los grupos que han exigido que nadie se apropie de su experiencia cultural, es darle la razón a grupos hegemónicos que pretenden defender su posición histórica.

-¿Se te ocurre alguna salida para evitar la censura de la corrección sin caer en el lado de la fuerza de la hegemonía?
Afilar las herramientas críticas para hablar del problema de fondo, que no es la llamada corrección política sino los lugares históricos de privilegio. La idea es no reducir el problema a “lo que se puede o no decir hoy” sino a cómo no repetir la estereotipación del otro en lo que decimos o escribimos ocupando posiciones de privilegio en el espacio público. No pienso que la literatura deba cuidarse más y reducir el espacio narrativo a lo biográfico de quien narra. Como en este libro sobre maternidad, alguien podría decir: tú no debes escribir sobre esto porque no eres madre. Se reduciría todo a la experiencia del yo y uno pensaría que justamente las artes deben trascender al yo. Pensar el espacio más grande de lo político, esa es una función social de la literatura.

Lina-Meruane-libro

Contra los hijos
Lina Meruane
Ediciones Tumbona,
México 2014,
143 páginas.

La presentación del libro la realizará Barbarie -agencia de contenidos culturales- el 18 de Enero a 19:30 horas en el espacio Casa Verde, José Miguel Claro 1681, Providencia.