Un estudio dirigido por el Centro de Investigación Medioambiental Helmholz (UFZ) de Leipzig (Alemania) advierte de que la producción de salmón está contaminando los ríos chilenos con un cóctel de sustancias orgánicas que impacta en los distintos ecosistemas y cambia comunidades biológicas enteras.

La acuicultura del salmón, importante industria nacional, intenta imitar el ciclo natural del salmón, con criaderos para los huevos y los especímenes jóvenes en los ríos que fluyen desde la cordillera central de los Andes hacia el Pacífico, y jaulas para los peces de mayor tamaño, en lagos y en el mar.

El estudio del UFZ, en el que han participado investigadores alemanes y chilenos y que ha sido publicado en la revista Scientific Reports, ha analizado la presencia de excrementos, residuos alimenticios y otras sustancias en las aguas residuales que devuelven las granjas a los ríos, y que se escapan también de las jaulas situadas en los lagos y en el mar.

Según explica en un comunicado el biólogo del UFZ Norbert Kamjunke, los acuicultores utilizan tanques de sedimentación y filtros para clarificarlas esas aguas residuales y no superar los límites de determinadas partículas, pero no hay regulaciones para algunas de las sustancias disueltas, que llegan sin control a los ríos.

En un estudio previo, Kamjunke y sus colegas detectaron que en granjas de ese tipo, por cada cincuenta toneladas de salmón se vertían a los ríos alrededor de cuarenta toneladas de sustancias orgánicas disueltas.

Entre esas sustancias hay excreciones líquidas del salmón, residuos disueltos de alimento y excrementos “y también desinfectantes y antibióticos”.

Para analizar su impacto en los ecosistemas, junto a científicos de la Universidad Austral de Chile realizaron análisis químicos de las agudas residuales de cuatro granjas chilenas y de muestras tomadas en distintas secciones de los ríos, antes de llegar a las granjas y después.

El estudio muestra que estas instalaciones sueltan a los ríos grandes cantidades de compuestos biodegradables, con concentraciones mucho más altas de carbohidratos, proteínas y lípidos, con lo que liberan una especie de “fertilizante”.

Además de más nutrientes, en los tramos situados tras las granjas hay menos algas microscópicas en el lecho de los ríos y más bacterias en el agua.

“Esto cambio todo el ecosistema”, señala Kamjunke al recordar que las citadas algas microscópicas tienen un papel clave al producir oxigeno y proporcionar alimento a innumerables organismo que después son alimento de los peces.

“La base de esta cadena alimenticia desaparecería si el alga no existiera”, apunta el científico.

Las bacterias también usan gran cantidad de oxígeno para romper la material orgánica disuelta y “las concentraciones excesivamente bajas de oxígeno pueden significar el final de muchas especies que se han adaptado a vivir en las aguas limpias”, destaca el UFZ,

El centro reconoce que el alto nivel de actividad bacteriológica ayuda a limpiar el agua, pero apuestan por proteger los ecosistemas naturales y pide no utilizar los ríos como “plantas de tratamiento de aguas residuales”.

Según estudios previos, el agua vuelva a estar limpia gracias a las bacterias unos 2,7 kilómetros después de las granjas, distancia que se amplía en invierno y que no siempre existe en los pequeños ríos de los Andes.

Los científicos reclaman poner límites a la concentración de los compuestos analizados, proponen filtros biológicos para las aguas residuales que se devuelven a los ríos y recomienda no abrir nuevas granjas en los ríos de Chile, país que durante años ha sido el segundo país productor de salmón del mundo, tras Noruega.