“Estoy realmente podrida de tener que vivir los acosos sexuales por parte de los profesores de Periodismo UdeC”. La frase encabeza el post que el 26 de mayo de 2017, a las 00.25 horas, la estudiante Rayén Barriga (22) escribió en su página de Facebook y que desató una crisis en la Universidad de Concepción.

El texto de Rayén -donde describía un acercamiento impropio de un docente y la sugerencia de otro a cambiar una prueba que debía por un vino compartido- se viralizó y el miércoles 31 de mayo, cinco días después de la denuncia, la Coordinadora de Estudiantes de Periodismo de la casa de estudios, realizó una asamblea en que convocaron a los alumnos a denunciar las situaciones en que consideraban que habían sido vulnerados. En horas, se reunieron 18 testimonios de mujeres que relataban episodios de connotación sexual no consentidos por parte de profesores y un compañero.

Rayén Barriga, hizo denuncia en facebook.

El dossier, que en algunos casos contenía pantallazos de mensajes como prueba de las acusaciones, fue entregado al Director del departamento de Comunicación Social, Claudio Jofré Larenas, que lo derivó a la Contraloría Interna. Hoy la entidad desarrolla un sumario a cargo del Fiscal institucional, Mario Olave Silva, contra cuatro docentes: dos de planta, Tito Matamala Aburto (54), y Andrés Latini Lanata (61); dos de tiempo parcial, Ángelo Isidro Benvenuto Vera (69) y Adrián Pineda Polanco (38); y un exestudiante, Michael A.H.P (26). Benvenuto y Michael, además, enfrentan una investigación del Ministerio Público por abuso sexual que está hoy en curso y por el cual se han decretado una serie de diligencias.

En el proceso administrativo universitario ya se superó la etapa indagatoria, donde se tomó declaración a más de cien estudiantes, que actuaron como testigos a favor y en contra de los denunciados, y se realizaron una serie de informes periciales. La fase acusatoria, donde se comunican los cargos, está en marcha y se estima que antes de las fiestas patrias existirá una resolución de culpabilidad o inocencia que será comunicada al Rector, quien debe determinar qué medidas adoptar.

Por ahora, Matamala Aburto y Latini Lanata están con licencia médica, mientras que Benvenuto Vera y Pineda Polanco no recibieron horas académicas. Michael se encuentra fuera de la Escuela.

-Nunca imaginé lo que iba a generar lo que escribí, lo hice porque estaba cansada de una situación particular. No pensé que eran tantas las chicas acosadas-, confiesa Rayén.

LA CERCANÍA DE BENVENUTO

M presentó denuncia de abuso sexual contra Benvenuto.

“¿Por qué se me acerca tanto?”. Rayén cuenta que en voz muy baja el 25 de mayo, le pidió al profesor Benvenuto que se distanciara de ella en la sala de clases. Sostiene que mientras ella permanecía sentada, él, que dictaba la cátedra de Gestión Empresarial, estaba de pie y que mientras la interrogaba respecto de por qué estaba distraída, se aproximó al punto de que su pelvis casi le rozaba el rostro. Decidió, cuenta, dejar pasar el episodio, aunque afirma que no era la primera vez que se había sentido acosada por Benvenuto. Horas después, mientras terminaba un trabajo en la Universidad, una compañera que había visto la escena, le comentó que la situación era inaceptable.

Esa noche, frente al computador, se descargó. Su posteo fue comentado por otras estudiantes, algunas de las cuales defendieron a Benvenuto y aseguraron que jamás habían observado conductas impropias del personero.

Sin embargo, tres alumnas además de Rayén entregaron testimonios formales ante la Universidad de aproximaciones inadecuadas del integrante de la Red Riberesco (Red Iberoamericana de Investigadores en Emprendimiento Social y Codesarrollo). Una de ellas, dijo que mientras se observaba en el espejo en hora de clases, el profesor, muy cerca del rostro, le habría dicho “para que te miras tanto, si ya estás bien bonita”.

Otra detalla que en una ocasión sintió “que una mano rozaba mi hombro y alguien se acercaba a mí”. “En ese momento, siento la voz del profesor Angelo Benvenuto susurrándome de manera muy inapropiada muy cerca de mi rostro, estaba pegado a mi oído: ‘La echamos de menos en clases’. Tal actitud me generó miedo y repulsión (…) No quise contarle a nadie, además de mis amigos más cercanos. Creí que me iban a tomar por exagerada. Es común que se naturalice este tipo de violencia marcada por una asimetría de poder”, cuenta.

La narración más compleja, sin embargo, es la de M (28) quien sostiene que durante este semestre en una ocasión el académico la abrazó dos veces, pese a que le pidió que no lo hiciera, para solicitarle un encendedor, y que en otra oportunidad le tocó los pechos sin su consentimiento.

-Estábamos trabajando en grupo, en el segundo puesto de adelante hacía atrás. Él pasa, me pone su mano sobre mi mano, sube por mi brazo, me roza un pecho, me aprieta el hombro y avanza hacia atrás, pero todo muy rápido. No alcancé a reaccionar, salté solamente. Una amiga me miró y me dijo “qué onda”. Yo le moví los labios y le dije “me agarró una teta”. Pasa él de vuelta, me aprieta el hombro, me vuelve a tocar un pecho y me aprieta fuerte la mano. Ahí ya me estresé-, dice M.

La joven llevó el tema a la jefatura de departamento desde donde le ofrecieron ayuda sicológica y siquiátrica, la que aceptó. Posteriormente, tras declarar en el sumario, fue contactada por una sicóloga externa para contrastar, por petición de Benvenuto, el diagnóstico inicial de estrés pos traumático y la veracidad de la imputación de abuso sexual, la que además ratificó ante el Ministerio Público.

Benvenuto fue contactado por este medio para solicitar su versión de lo ocurrido. Explicó que “este tema aún se está investigando por la Contraloría de la Universidad y a esa instancia di mi versión y las hipótesis que sustentarían la sorpresiva e inesperada denuncia que hizo una estudiante. Por no perturbar el proceso investigativo de la Universidad, me abstengo de su amable invitación”.
PUBIS Y OTRAS OBSESIONES DE TITO MATAMALA

Soledad, exalumna, protagoniza un cuento de Matamala. Declaró en el sumario de la UdeC.

Soledad (35) reconoció sus tres nombres de pila cuando una compañera de su generación de Periodismo de la Udec, (2000-2005), le envió un extracto del libro “Pubis y otras obsesiones” del profesor universitario Tito Matamala, que circuló en redes sociales cuando estalló el escándalo por acoso sexual en la principal casa de estudios penquista.

La recopilación de cuentos había sido publicada en el año 2006 y en él Matamala, que entre otras clases realiza el curso de Producción de Textos y diversos electivos, habla en formato de ficción de un docente obsesionado con sus jóvenes alumnas:

“Y me saludaba en la facultad, era la misma del culo de par en par, y yo le devolvía la sonrisa con la obsecuente falsedad con que recibí a perpetuidad a las alumnas en mi oficina, las sentaba frente a mí, disimulaba los vapores de mi deseo animal de partirlas medio a medio y les hablaba de tu colegio, chiquilla, de dónde vienes, dónde vives aquí en la ciudad de los universitarios, qué libro estás leyendo, y les miraba su carita de luna con el asombro de un león corrompido con el preclaro ánimo de saltar por encima del escritorio y enajenar los bienes carnales de la niña aunque significase mi expulsión de las cátedras, qué mierda. Si es más valioso el arte de peinar el angelical pubis de una chinita cercana al algodón virginal, que mantener un trabajo infame de ridículo profesor universitario”, reza el texto.

En una de esas narraciones, Soledad aparece mencionada de forma explícita, en una alusión tan evidente que la mitad de sus compañeros, cuenta, la llamaron para saber si era efectivo que había tenido un seudo romance de un día con Matamala. Ella explicó que no, que en realidad había sido acosada por él en 2001, cuando tenía 19 años y que el relato tenía más de realidad que de imaginación.

“Y el silencio inútil de mi querida L.X. Soledad escapando de mi casa a las siete de la mañana como si yo hubiese querido destriparla. Y destriparla jamás. Matarla, un poco. Amarla, bueno. Nunca aprendí aquella lección”, escribió Matamala sobre esa jornada en que se queja de no haber podido alcanzar sus “calzones húmedos de felicidad”.

Soledad recuerda otros detalles.

-Nos presentaron a Tito como que era un gran escritor y la promesa de las letras chilenas, entonces para mí fue como una especie de honor que el tipo me hablara, porque yo era súper tímida. Él me invitó a almorzar en su casa y en el libro cuenta lo que él quería hacerme y yo no lo dejé. Una compañera se había suicidado hace un mes. Yo le estaba contando lo que había sentido, cosas súper íntimas, estaba hablando de cosas súper tristes y de repente lo tengo sentado al lado mío, con su cara pegada a la mía. Como que desperté y lo miré. Lo mandé a la porra. Era chica, pero no huevona. Y toda la tarde él había estado insistiendo en que yo tomara, me ofrecía trago, me ofrecía trago- asegura Soledad.

Luego de esa tarde, Soledad no volvió a clases con Matamala. Aprobó el ramo sólo porque sus calificaciones durante el semestre habían sido muy buenas. Tampoco habló de lo que le había ocurrido hasta que se enteró de la denuncia en la Escuela contra varios profesores, entre ellos Matamala, a quien tres alumnas acusaron de acoso. Ahí, dice, tomó el valor de ir a declarar ante quien sustancia el sumario en la Universidad para darle validez a la palabra de las alumnas.

-Me di cuenta de que el no haber hablado antes, hizo que esto se fuera profundizando, porque claro, si no pasó nada con una, entonces dijo “aquí las tengo todas”.

En su declaración ante Olave Silva, Soledad le explicó al Fiscal que un simple cruce de datos con la nómina de estudiantes de los años 2000 a 2005 de la carrera, le permitiría identificar a las muchachas que inspiran los cuentos. De hecho, ella reconoció a un par. No sabe si están dispuestas a colaborar con el caso.

En el dossier que entregó la Coordinadora de Estudiantes de Periodismo a la Universidad, se recogen, además, tres testimonios actuales contra el autor de “La gran breve guía de los animales salvajes”.

Rocío, una de las denunciantes, asegura que fue alumna de Matamala en 2015 y que él durante ese periodo le hablaba cerca de las 2 o 3 de la madrugada a través de Facebook. La llamaba “corazón”, le exigía que no lo llamara profesor y elogiaba su forma de escribir. Una noche, dice, él le envió un cuento que la incomodó.

Rocío es estudiante de periodismo y denunció acoso de Matamala.

-Relataba una relación sexual con una chica mucho más joven, lo indicaba en el texto. Ahí me asusté, me pidió incluso la opinión y no le respondí.

Después de eso, él insistió una y otra vez en iniciar diálogos por la red social que Rocío no respondió.

Afirma que, sin embargo, el asedio continuó. Un día, mientras dictaba la cátedra de Producción de textos, postuló que a él le gustaría ser como Borges porque el escritor argentino siempre tenía asistentes jovencitas. Luego le puso las manos en los hombros “dando a entender que él podría ser Borges y yo la jovencita”.

Otra alumna comenta en el documento que dio origen al sumario que también recibía mensajes extraños vía Facebook. Una vez, plantea, él le envió una fotografía de ella en una charla que Matamala dictó y a la que se sintió obligada a ir. “Sin tener una certeza sobre qué responder, le dije: ‘mi cara de cansancio’, a lo que él respondió: ‘Tu cara muy bella’. Para mí, eso fue suficiente para asustarme y hacer desagradables todas mis asistencias a las asignaturas que tenía con él”.

Una tercera estudiante agrega que “no podía llegar tarde a alguna de las clases porque me hacía gestos para que me fuera a sentar adelante, ojalá en el primer puesto. En ese entonces, ya éramos amigos de Facebook, y si faltaba a clases me escribía por este medio diciendo ‘te eché de menos, como siempre’ este tipo de mensajes llegan pasadas las 10 de la noche. También existían las invitaciones a tomar algo, celebrar cualquier cosa con cerveza, después de clases o conocer su colección de libros y avioncitos. En los pasillos, me saludaba y me decía ‘corazón, no sigas faltando porque me voy a enojar’.

De estas interacciones, hay respaldos que fueron entregadas a Olave Silva. La secretaria de la Coordinadora de Estudiantes de Periodismo, Patricia Mancilla, confidencia que “Pubis y otras obsesiones”, sólo fue catalogado como prueba contra Matamala una vez que Soledad fue a declarar.

Matamala se excusó de participar en este reportaje. Aseveró que se encuentra muy mal anímicamente y que ha sido juzgado de antemano en una especie de tribunal popular.

COQUETA Y PICARONA

Rayén Barriga, la chica del posteo en Facebook que destapó la crisis, es una de las alumnas que testificó también contra Adrián Pineda Polanco, quien dicta la asignatura de Gestión de Proyectos. “Vía Whatsaap me ofreció directamente cambiar la próxima prueba por un vino, diciendo que ‘ya caché que te aburre la clase, las pruebas (…) Te la cambio por una pilsen o un vino tinto’” aseguró.

No fue la única. Dos estudiantes más relatan que Pineda tenía conductas inapropiadas. “Adrián Pineda me invitaba vía whatsapp constantemente a tomar micheladas y comer medialunas a lo que me negué, entonces me sugirió tomar vino, a lo que le respondía con frases muy cortantes y me negué”, relata una alumna.

Otra agrega que “desde la primera clase de este año que me agregó de inmediato (a Facebook). Lo acepté y comenzó a hablarme insistentemente por la red social, contándome de todo acerca de su vida, de cómo mataba el tiempo en una casa en una caleta (playa) fumando marihuana, también me hizo distintas invitaciones, intentó indagar en mi vida y se quejó tremendamente conmigo de cómo otros profesores lo detestaban y de cómo funciona periodismo. No quiero salir a beber cerveza con él, no quiero tener que hablar todas las clases o tener que ser motivo de tema en ellas”, plantea.

Pineda asegura que no ha existido en esos diálogos intención de asedio y que si invitó a alguien a su casa, lo hizo con la precaución de que se tratara de un grupo de estudiantes. Se queja de que ha sufrido una especie de juicio ciudadano, ya que su rostro, y el de otros acusados, ha sido pegado en plazas y lugares públicos antes de que se conozca un veredicto respecto de si lo suyo constituye o no una actuación fuera de norma. Para respetar el debido proceso, comenta, ha decidido no dar declaraciones sobre los hechos que se le imputan.

Contra el profesor Latini Lanata, a cargo de Producción Audiovisual, existe una sola declaración. Una alumna dice que aceptó agregarlo a Facebook, “empezó a hablarme por mensajes de ‘chat’, en un principio, yo seguía la conversa tratando de seguir ‘la buena onda’ por mi bien y el término de mis asignaturas, hasta que su acoso fue más insistente hasta pedirme en varias ocasiones conectarme a la webcam”.

En los pantallazos de esta comunicación, Latini le comenta a la estudiante que se ve como modelo en sus fotos, con una “mirada muy seductora “y le pide que se ponga en la webcam para observar “lo coqueta y picarona que eres”. Ella no le responde. Él insiste e insiste.
Latini Lanata no contestó los mails de este medio.

EL ÉXTASIS UNIVERSITARIO

El estudiante Michael A.H.P es quien acumula más acusaciones de acoso. Seis de sus compañeras de carrera declaran haber recibido comentarios e insinuaciones lascivas del muchacho y dos aseguran que fueron abusadas por él. En los últimos dos casos, se trata de muchachas que habían tenido, en periodos previos, relaciones sexuales consentidas con Michael que derivaron posteriormente en abusos.

Respecto del acoso, los relatos coinciden en una fijación del joven con el sexo.

“Michael notó un piercing que yo tenía en la encía y, sin confianza entre nosotros, me dijo: ‘qué buen piercing tienes, debes hacer rico sexo oral’. Yo quedé impactada por su comentario hacia mí. Con el tiempo me di cuenta que su actitud era reiterativa, pues en varias ocasiones hizo comentarios similares”, cuenta una alumna. Otra estudiante narra que “durante estos cinco años en la universidad escuché sus comentarios. Como hablaba cosas de mis compañeras. Como no sólo a mí me hizo comentarios de mi cuerpo, sino que también a otra compañera, quien no quiso dar testimonio por miedo. A ella le comentó que le gustaba su trasero, y llegó a incomodarla al nivel de que tuvo que gritarle que la dejara en paz y cuando lo veía evitaba estar sola”.

Una tercera alumna precisa que “Michael, ‘en broma’, me decía que le chupara el pico. Incluso después de congelar la carrera, recuerdo que caminaba con un compañero cerca de la central en la UdeC, nos topamos con Michael y se acercó a saludar, me abrazó con todo el cuerpo –como solía hacer- se refregó contra mí y mientras frotaba mi espalda con sus manos me dijo al oído ‘es tan excitante, cada vez que te veo me lubrico’”. Una joven agrega que la siguió insistentemente para tomar cerveza, al punto de intimidarla y en este mismo sentido, una chica afirma que en una toma en 2015, le dijo una y otra vez, estando solos en un laboratorio y sin haber algún grado de confianza, que le excitaba la situación. Otra estudiante señala que temía encontrarse con él por sus opiniones fuera de lugar.

Una de ellas acompaña un chat de Facebook en que Michael señala que “se ve muy rica” con patas y que le gustaría tocarle las piernas. La joven le dice que no acepta ese tipo de supuestos halagos y él la trata de “feminazi”.

Sobre abuso sexual declaran dos muchachas, G (25) y F (23).

G plantea que una vez estuvo con Michael por su propia voluntad, pero que en un paseo de fin de año en 2013, estando acostados juntos en la playa en sus sacos de dormir, él la manoseó en contra de su consentimiento, le tocó los pechos y le pidió bajarse los pantalones a lo que ella se negó.

-Él era así con todo el mundo-, concluye.


F (23) acusa abuso sexual de Michael.

F afirma que ella mantuvo relaciones sexuales con Michael durante dos meses en el año 2014, pero que dio por terminados estos encuentros. Sostiene que, no obstante, hasta que denunció su caso en la asamblea, él no dejó de molestarla. Los episodios más graves ocurrieron, cuenta, en 2014 y 2015. Asegura que en una oportunidad, estando ebria en una fiesta, él la siguió hasta un baño e intentó bajarle la ropa interior y penetrarla; en otra oportunidad, le pidió que lo masturbara; en varias ocasiones le mostró su pene erecto. Hasta el año pasado, él siguió con “piropos” desubicados como “tienes el poto grande, redondito”.

-¿Por qué no denunciaste antes?
-Porque no le había tomado el peso. No quería quedar como una mina colorienta. Decidí denunciar cuando ya me hacía llorar. Una vez me siguió mucho rato pidiéndome que nos fuéramos a unos baños y luego me enteré que él era así, sin respeto, con mucha gente, no es que yo me estuviera pasando el rollo nomás. Además yo todavía en ese momento creía que me merecía lo que me pasaba.

F agrega que durante mucho tiempo no tuvo conciencia de que su situación podía ser constitutiva de abuso, porque en algunos casos las embestidas de Michael se daban cuando los dos estaban ebrios y, aunque ella se negaba de forma explícita, tenía vergüenza de reclamarle cuando volvían a encontrarse en la Universidad o en fiestas.

Michael asevera que las acusaciones en su contra son infundadas. “He dicho tonteras en un contexto de confianza”, admite, pero sólo eso. Alude a que, pese a que sólo reconoce bromas, está arrepentido de haber sido “deslenguado”.


Michael afirma que no ha acosado ni abusado a compañeras.

Detalla que tuvo relaciones consentidas con G y F, en periodos distintos –con G sólo una vez- y que no se explica por qué hoy lo están denunciando, más aún cuando con ambas tuvo vínculos de amistad después de los supuestos abusos.

-El daño es gigante porque a mí difícilmente me van a creer. Es más fácil creerle a una mujer, a una supuesta víctima. Me ha afectado muchísimo al punto de pensar en el suicidio, la credibilidad de un estudiante de periodismo se destruye, me pidieron que me retirara de todos lados hasta que se solucionara mi problema. Y yo no soy una persona que sólo habla de sexo, no soy un enfermo sexual, es súper fácil construir una realidad desde un punto. Estoy con una depresión terrible, al punto de pensar en el suicidio, ese nivel.

GÉNERO Y EQUIDAD

Cecilia Pérez Díaz está a cargo de la Dirección de Equidad, Género y Diversidad.

Desde la Coordinadora de Estudiantes de Periodismo, Patricia Mancilla, destaca que en un principio el objetivo de las denuncias fue lograr la desvinculación de los cuatro docentes y Michael, pero que en el camino se dieron cuenta de que también era fundamental avanzar en instancias de prevención del acoso y en crear protocolos para abordar estos casos. “Fue gracias a la valentía de nuestras compañeras que hoy se están tomando medidas y nos estamos todos cuestionando ciertas actitudes que tienen nuestros propios compañeros y profesores”, ejemplifica Mancilla.

Desde la Universidad de Concepción, el Director del departamento de Comunicación Social, Claudio Jofré Larenas, precisa, en este mismo sentido, que ya “se elaboró un protocolo para la actuación oportuna frente al acoso sexual (disponible en la web de la Facultad), mientras que en nivel de Universidad, se está trabajando en una iniciativa similar, impulsada por la Comisión de Género UdeC y, de hecho, hace poco se aprobó la creación de una Dirección de Equidad de Género y Diversidad”.

A cargo de esta última instancia, aún en formación, quedó Cecilia Pérez Díaz, exministra de Sernam y Mideplan de la administración de Ricardo Lagos. Cuenta que “lo que ocurrió en la Carrera de Periodismo está siendo resuelto por la vía de los sumarios ordinarios” y que la experiencia mundial da cuenta de que estos procesos son insuficientes. Por eso, apunta, se está trabajando contra el tiempo.

“Antes de que esa situación tuvieran connotación pública, se desarrolló un proceso empujado por los estudiantes para que se creen espacios de discusión de estos casos de acoso y luego espacios de solución. En octubre del año pasado se acordó crear una comisión de género que en diciembre se instaló”, postula.

La Comisión impulsó un censo a las 26 mil estudiantes y 4 mil trabajadores sobre asuntos de género y violencia que ya está en marcha; una revisión de la normativa y los protocolos de acoso y discriminación, que también se está desarrollando; y se planteó la creación de la Dirección especial, que ya fue aprobada y que va a depender de la rectoría.

Pérez Díaz comenta que todo esto ha sido impulsado por “las nuevas generaciones que han hecho visibles estos nuevos códigos de trato, han hecho visibles que ciertos comportamientos de docentes y pares no son apropiados. Estos mismos hechos, en otros momentos, pudieron haber pasado inadvertidos o ser incluso graciosos. Por eso es importante desarrollar lenguajes comunes, para que todos entendamos qué es el acoso sexual. No es algo sencillo, pero así es como se van corriendo los cercos, pasó algo similar con la discusión de violencia de género”.