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Joaquim Lousquy, un francés de 28 años, es el propietario de la primera casa putas de silicona en su ciudad. La idea se le ocurrió navegando por Facebook: “Navegando terminé en un post que hablaba de nuevos juegos sexuales y descubrí que en algunas ciudades europeas existían tiendas que arrendaban muñecas de silicona, y que el arriendo era por horas. Tras eso viajé a Barcelona, las encontré y pensé que era una idea interesante la de abrir una actividad similar en París”.

Tras volver a Francia, Joaquim compró 4 muñecas de silicona online, que le llegan desde Japón, arrienda un local, abre una empresa para el arriendo y el sitio web xdolls.fr.

Su empresa resulta ser eficaz. De hecho, reservar los servicios de la “maison close” de Joaquim es extremadamente simple: es suficiente conectarse al sitio web, elegir la muñeca deseada y pagar con tarjeta de crédito. 89 euros la hora, 149 dos horas, 120 euros por una hora en pareja. Para los exigentes hay un casco de realidad virtual que cuesta 19 euros más.

“Los clientes son principalmente profesionales entre los 30 y los 50 años. Gente curiosa, que ama las nuevas experiencias”, cuenta Joaquim a Repubblica.it. “Hay personas extremadamente tímidas o feas, a las que les da vergüenza su aspecto. Yo los ayudo a satisfacer sus necesidades sexuales”, prosigue Joaquim con mucho orgullo.