Que maten algo que pariste es tristísimo. Quedé sin palabras, adolorida. Mataron a la chiquilla.

La lanzamos al mundo un grupo de poderosas periodistas recién egresadas de la Universidad de Chile, alucinadas con la oportunidad de hacer buen periodismo para las mujeres chilenas. No existía ni sombra de eso. Las revistas de ese tiempo eran banales, caseras, antiguas, feas, tenían una visión antiquísima de la mujer. ¡Había tanto que innovar, tanto que comunicar! Roberto Edwards, visionario empresario de ese tiempo, nos confió la tarea y nos dio el apoyo indispensable y constante para darle forma a nuestra arriesgada propuesta. Lo chilenizamos todo, abrimos los temas que no se hablaban y que estaban en el centro de las vidas de las mujeres, las pusimos al día, barrimos con la mojigatería, hicimos escándalo hablando del aborto, de la píldora, de los problemas matrimoniales, de la infidelidad, del machismo; nos hicimos feministas, nos reímos de los hombres, revolucionamos el mundo de la moda; en fin, la Paula en sus inicios fue una verdadera catarata de energía, de modernidad, de humor, de cultura e ideas nuevas que vitalizaron y empujaron a las mujeres a apoderarse de sus vidas y entrar en el mundo sin complejos ni timideces. Esto ocurría a fines de los sesenta, cincuenta años atrás.

Las mujeres nos siguieron en tropel. ¡Quién dijo que las chilenas eran conservadoras!, nos decíamos todo el rato. Fue un éxito rotundo, la mejor revista chilena de ese tiempo, inolvidable y marcadora para quienes la hacíamos y para las que, entusiasmadas, la leían número a número.

Hoy, las miles de chilenas que jamás dejaron de seguirla quedaron huérfanas de esa mirada abierta, curiosa e innovadora a su intimidad, a su mundo, a sus quehaceres. Quedaron huérfanas de ese espejo en el que se podían mirar con orgullo, de esa fuente de atrevimiento, de cultura, de conocimientos, que las acompañó incansablemente durante 50 años.

Paula nunca decayó, nunca dio señales de edad. Seguía joven, viva, osada, preciosa, premiada tantas veces por su notable periodismo, por su fotografía, por sus ideas y emprendimientos, navegando a la vanguardia en todos los tiempos, amada por las mujeres. En el último tiempo había aumentado exponencialmente su lectoría digital, había creado extensiones para llevar sus contenidos a otras plataformas, moviéndose fuera del anacrónico esquema de financiamiento por página de avisos, y seguía haciendo un periodismo sobresaliente. Como botón de muestra, la última edición traía un artículo sobre la espeluznante realidad de niños de tres años sometidos a unas suertes de “preuniversitarios” para lograr entrar a los colegios de élite. La denuncia rompió las redes sociales.

Paula estaba creciendo, no estaba muriendo.

¿Qué pasó?

Tenemos explicaciones de Carolina Schmidt y Andrés Benítez, los ejecutivos de Copesa, recién llegados al conglomerado, y artífices del cierre. Hacen lo que pueden después de haber lanzado una poderosa bomba. Que hay que ponerla a tono con los tiempos, dicen; que hay problemas económicos, dicen; que había que darle más fuerza, dicen; que los tiempos cambiaron, dicen. Palabrerías que, para quienes sabemos de comunicación y medios, en nada justifican eliminar un patrimonio del periodismo chileno vivo y vigente, y quedarse con el nombre para ponérselo a un suplemento que será cualquier cosa pero no es Paula.

Son ellos los que deben ponerse a tono con los tiempos. Este es el tiempo de las mujeres. Parecen no haberse dado cuenta, o se dieron cuenta y desde una mirada retrógrada quisieron callar a la revista, la única que podía dar cabal cuenta del cambio paradigmático que las jóvenes de hoy anuncian como un vendaval. No puedo dejar de mirar el término de la Paula como un golpe del machismo al poder de las mujeres, encarnado en esta revista que por años las apoyó y las empoderó.

Al fusionarla con el desechable suplemento dominical de La Tercera que lleva el nombre de Mujer, cometen una verdadera violación. Aquel es un receptáculo de avisos, no una revista. “Cometimos un error comunicacional, no supimos comunicarlo bien”, dice Carolina Schmidt ahora. ¡No! Cometieron un error garrafal, una violencia al equipo completo al que despidieron, una ofensa a la inteligencia de las lectoras y lectores de Paula, una violación a la dignidad de todas las magníficas periodistas que se han deslomado por décadas trabajando para que las chilenas tengan una revista a su altura. Andrés Benítez se manda un broche de oro sobre la operación: “Los contenidos de Paula y Mujer se parecen. Ambas tratan tendencias de hoy en la Mujer: belleza, salud, cocina, moda, wellness.”

No tiene la menor idea, aunque tal vez sí, que aquel suplemento pertenece a la cultura que nos oprime, la que nos usa de reproductoras, de objetos sexuales, de adorno, de consumidoras. La cultura que nos deja vacías, sin identidad, que nos quiere sumisas y calladitas y trabajando como burras criando niños sin pagarnos ni un centavo.

La cultura que necesita a la mujer que le gusta al macho, personaje decadente que en el siglo 21 va quedando impotente, al que la mayoría de las mujeres estamos diciendo BASTA, salta p’al lado, ya no me asustas.

Qué mal criterio, qué ceguera contumaz de la ex ministra de la mujer. Qué mal negocio, para hablarle en el lenguaje que entiende, el del economista Andrés Benítez, ex decano de la Universidad Adolfo Ibáñez. Me imagino que si tienen dos dedos de frente estarán arrepentidos y deprimidos por la gloriosa capotera que merecidamente les está llegando.

Las voces por el cierre de Paula

Elizabeth Subercaseaux
“Han cometido un grave error. Paula era una revista que se leía en la izquierda, en la derecha y en el centro, donde quiera hubiese una mujer interesada en el mundo femenino, en el buen periodismo, en la bonita gráfica y en contenidos serios. El pensamiento libre, renovador y progresista de las directoras de Paula siempre ha chocado con la reacción, el conservadurismo y el miedo a la libertad”

Alejandra Matus
“Si vamos a sacar cuentas sobre el interés del público (medido en circulación), creo que sería honesto agregar que Paula creció en un corto tiempo de 400 mil visitas únicas mensuales a 1.200.000, en abril, y era el producto con mejor desempeño en redes sociales del mercado de revistas, por lejos, y la más premiada por sus estrategias digitales”.

Marcela Fuentealba
“Flojos: se echaron un medio histórico, con mucho futuro y que no es llegar y reformular según sus lógicas de rendimiento. Ustedes son gente dañina para la sociedad”.

Isabel Allende
“El nombre Paula será usado por el suplemento Mujer del Diario la Tercera, que no merece llevarlo”

Nico Nemo
“Qué lata que Benítez y Schmidt no existían cuando El Mercurio estaba quebrado para sugerirle a Don Agustín que lo cerrara”.

Pablo Simonetti
“Paula fue parte del relato de Chile durante 50 años, de la lucha para abrir campo a las mujeres, de la defensa de los grupos discriminados. Ha sido también lugar de buena escritura y de buena literatura, a través de su concurso de cuentos. Cerrarla es no entender su papel”.

Malú Sierra
“A mí también me duele. El machismo arremetió de nuevo. De Paula a Mujer… nada que ver”.

Bar Liguria
“Que se acabe revista Paula en este momento histórico de reivindicación de la mujer es muy triste y desolador.”

Juanita Vial
“Por qué chucha Copesa no cerró la Revista Hola. ¿Porque Andrés Benítez ya no podrá salir retratado con el look del mes?”.

@Espelunco
“Si van a matar la revista Paula, no la dejen penando en la Revista Mujer. Es una especie de ofensa”.

Paula Recart
“No es sólo matar al medio, es también intentar seguir vendiendo avisos con el cadáver”.

@suplementeros.cl
“Tras 51 años en nuestros kioscos hoy Copesa decide terminar con Revista Paula, la cual recordamos en su primera edición de 1967. Día negro para el periodismo nacional, el cual los suplementeros sufrimos con enorme tristeza”.

Andrea Muñoz
“Las hojeaba tanto que están gastadas, amaba el día que llegaba una nueva”.

Mariana Hidalgo
“Me llegó a doler el corazón… qué tristeza e impotencia más grande”.

Juanita Vial
“Estoy achacado. Por el oficio, por la revista, por la Constanza López, la Paula Coddou, la Rita Cox, la Carola Solari. Porque el periodismo escrito es un trabajo que poca gente aprecia. Los lugares en donde un texto bien escrito vale más que llegar primero son pocos”.

@marta_andacollo
“Sita Delia hagamos una revista con todas esas mostras y la rompemos?”