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El día de ayer presenciamos la primera cuenta pública del gobierno de Sebastián Piñera, en medio de una pelea cruzada en el oficialismo sobre temas de la agenda valórica, como la adopción homoparental, con una denominada “sequía legislativa” y sin propuestas claras. Después de 2 horas de discurso y de un sin fin de anuncios grandilocuentes, hoy Chile se pregunta: ¿hacia dónde estamos avanzando efectivamente? ¿Cuál es el proyecto país que Chile Vamos quiere implementar en los próximos 4 años? Pero pareciera ser que el gobierno se resiste a dar una respuesta clara al respecto.

El consenso de la transición nos acostumbró a la idea de que terminada una elección presidencial, cada actor tomaba su rol de oposición y gobierno según correspondiera y que, por tanto, la alternativa de administración estaba cerrada en un marco donde el modelo no estaba en juego. Porque claro, bajo las lógicas del duopolio, las elecciones no eran más que una competencia de proyectos de agencia para el país y ser gobierno no era más que una alternativa de administración del mismo -mismo- modelo. Sin embargo, la última elección fue distinta, con la irrupción de un proyecto alternativo al Chile actual y la necesidad de adaptación de la derecha a demandas sociales instaladas -como gratuidad-, más que un cierre, fue una apertura. La apertura de un replanteamiento del país en que vivimos, la apertura de la pregunta sobre qué Chile queremos.

A este debate, gobiernos anteriores respondieron con modernización capitalista o con una “concertación 2.0”, pero lo que es cierto es que este gobierno entendió que su desafío era instalar un relato político que permitiera la proyección de su sector hacia el futuro, más allá de ofrecer una administración eficiente del modelo en los próximos 4 años.

Con todo, llegamos a una cuenta pública sin saber bien qué hará el gobierno para cumplir con las promesas grandilocuentes de su campaña, y luego de los anuncios dispares entregados en el discurso del presidente seguimos sin tener claro con qué proyecto de gobierno se está interlocutando a los demás sectores políticos y a la ciudadanía en su conjunto. La semana pasada a doble cadena nacional el presidente intentó dar salida a las demandas del movimiento feminista, mediante una “Agenda de Género” que tuvo pocas repercusiones y una baja aceptación en las miles de mujeres que hoy exigen en las calles el reconocimiento de su soberanía y derechos. Esta semana el gobierno se enredó con Chile Vamos con la adopción homoparental y aunque logró salir adelante con un acuerdo de infancia que es (felizmente) el resultado de un esfuerzo de diversos sectores más que una respuesta propiamente del gobierno, pareciera que Sebastián Piñera y su gabinete no tienen certeza hacia dónde quieren avanzar.

A todas luces los tres primeros meses de gobierno y la cuenta pública no han mostrado con claridad un proyecto político. Si, somos generosos, podríamos pensar que sí hay un proyecto definido, mantener de manera soterrada el status quo y, con ello, las mismas o peores condiciones laborales, la misma educación de mercado, la misma salud segregada y la misma subordinación a los intereses de los más ricos. O también podríamos pensar que hay más de un proyecto político dentro del oficialismo y que la coalición de gobierno no logra ponerse de acuerdo, por lo que Sebastián Piñera debería decidir si avanzar con medidas concretas en su programa de gobierno, como representación de la diversidad interna de la coalición, u optar por uno de los proyectos que coexisten en Chile Vamos, sea este el de los sectores más conservadores o de los sectores más liberales del conglomerado.

Por nuestra parte, como Frente Amplio entendimos que debíamos ofrecer y construir una alternativa para representar el malestar y entregar respuesta a las necesidades de la ciudadanía, y desde ahí nuestra vocación de no sólo ser fiscalizadores del gobierno, sino de abrir debates, impulsar reformas y avanzar en lo que se necesita y se puede con quienes estén dispuestos a hacerlo. Así lo hemos demostrado como Movimiento Autonomista, desde la participación a través de Gabriel Boric en la comisión de infancia convocada por el gobierno, con la alcaldía de Valparaíso en materia de seguridad y ciudadanía, en materia de recuperación del agua, de uso de suelos, acceso a salud y medicamentos y de agenda feminista, trazando un camino claro de cómo queremos construir junto a la ciudadanía una alternativa donde sus derechos no se transen en el mercado.

Sabemos que hoy los chilenos y chilenas están buscando vivir mejor, la clase media trabajadora quiere vivir mejor, las mujeres quieren vivir mejor, los niños, niñas y adolescentes de nuestro país quieren vivir mejor, la tercera edad quiere vivir mejor. Y para vivir mejor, hay que hacer cambios. El carácter de esos cambios deben ser parte de un debate abierto, ciudadano, público y honesto, poniendo en el centro la desigualdad y la necesidad de cambiar un modelo de crecimiento económico que beneficia principalmente al 1% de Chile por sobre la gran mayoría de los chilenos y chilenas, y que no es capaz de responder a las asimetrías que reproduce el sistema. Para ese debate estaremos disponibles y dispuestos, y si algo esperábamos de esta cuenta pública es que el gobierno abriera la discusión sobre estos temas y marcará claramente su posición.

Por nuestra parte, adelantamos desde ya siete ejes centrales que disputaremos como Movimiento Autonomista: reforma al sistema de pensiones, eliminando las AFPs; reforma al sistema de salud, fortaleciendo la atención pública y el Fondo Nacional de Salud -donde se atiende cerca del 80% de la población- y buscando mecanismos de cuidado y prevención de enfermedades; reforma al sistema educacional de mercado, instaurando una agenda de educación no sexista, gratuidad universal y fortalecimiento del sistema público; recuperación del agua para todos los chilenos y chilenas, a través de un nuevo pacto social que promueva su democratización; reconocimiento del derecho a una vivienda digna, poniendo freno al negocio de las inmobiliarias que fomentan la segregación y relevando por sobre sus intereses los de la ciudadanía y la realización de la vida en común; una reforma integral en materia de agenda de género y diversidad sexual, que se haga cargo de manera estructural de aquello que sigue manteniendo la discriminación, invisibilización, explotación de las mujeres y privación de sus derechos reproductivos; y por cierto, el compromiso de hacer avanzar el acuerdo en materia de infancia, poniendo énfasis en el enfoque de derechos.

Sin más, hacemos un llamado a que abramos el debate sobre qué Chile queremos construir.

* Constanza Schönhaut es abogada de la Universidad de Chile
Secretaria General Movimiento Autonomista