No cabe duda, una oleada de feminismo recorre Chile desde hace semanas. Y no se trata de ningún fantasma, como se ha afirmado, sino de una realidad palpable en las universidades, liceos, en la opinión pública. Una realidad que se manifiesta inequívocamente en el hecho de que – por fin!- las mujeres levantamos la voz al unísono para denunciar abusos, el sexismo en nuestra vida cotidiana y para romper con una educación que desde hace siglos sustenta ese sexismo. Esta denuncia colectiva señala directamente a esas cabezas que siguen pensando que el cuerpo de las mujeres está a disposición de cualquier deseo, o necesidad, que puede ser abordado, manejado y violentado impunemente. Un cuerpo que, según las mismas cabezas, nos coloca en un lugar de incapacidad y sumisión.

Pero lo más significativo de esta voz es que resulta de algo que hasta ahora las mujeres no estábamos acostumbradas a practicar entre nosotras: La solidaridad y la empatía. La voz que se oye ahora y que está despertando conciencias feministas es el resultado de muchas voces de mujeres que resuenan como una sola.

La voz – como escribí en un libro– es un lugar. Tener voz significa pues conseguir un lugar. Y si damos crédito a Hannah Arendt que afirmaba que siempre que se habla de lenguaje, está la política en juego. Si le damos crédito, insisto, tener una voz significa hacer política y conquistar un lugar, un espacio propio. De ahí la importancia del fenómeno que estamos viviendo ahora.

La historia nos enseña que la falta de voz acompaña la condición femenina desde la antigüedad, y no porque no la tengamos. La cuestión es que el atributo de la palabra, el hacer uso de ella se ha considerado durante siglos, como un atributo varonil. Es decir, como parte importante del proceso de devenir varón, y por lo tanto de ir adquiriendo las dosis necesarias de virilidad. Tanto es así, que las mujeres que conseguían tomar la palabra eran consideradas andróginas y vistas inmediatamente como varones. Algo de ese prejuicio sigue aún vigente.

El que ahora las voces de las mujeres se alcen juntas, recorriendo diferentes países y continentes, es un momento único, que duda cabe. Pero lo que realmente es esencial, es que esa voz, eco de tantas voces, no solo sea oída, sino que sea escuchada. Lo que significa que se le conceda la autoridad y fiabilidad que se merece. Los movimientos actuales tales como #Metoo, #Cuéntalo, #Yo te creo, son tan notables por haber conseguido que las voces de las mujeres, reverberen y, lo que es mejor, que sean dignas de crédito. Aquí radica el fundamento de su importancia, en haber conseguido que esas voces escuchadas y autorizadas mediante miles de repeticiones se conviertan en un lugar, el lugar de la revolución feminista actual.

*Profesora Titular del Instituto de Filosofía, Universidad Diego Portales