“Y pensar que en algún lugar de Chile hay un panadero que se levanta a las 4 de la mañana para amasar el pan que se va a terminar comiendo este conchesumadre!!. Ríete como la gente hueón, oh!!”, fustigaba Daniel Vilches a un tipo que se desternillaba de risa cuando el formidable Chicho Azúa tocaba el violín asomando un par de dedos por el hueco del cierre del pantalón para agarrar el arco. Era una función de “Romanéjamelo”, la respuesta de Vilches al éxito de la teleserie Romané el año 2000. “Por entonces había total libertad para reírse de todo. Yo completaba 50 años de trabajo en todos los escenarios, en todos los estelares y programas de televisión de todos los canales y en todo horario y nunca me censuraron una rutina”, dice Vilches. Asegura que su regla de oro siempre ha sido la chuchada escrita y dicha con precisión quirúrgica. Sin abusar.

Cuando muchas marchas feministas y humoristas han pasado bajo el puente, el comediante cree que la evolución de la chistología corre a contrapelo de algunas sensibilidades de género, étnicas y políticas recientes. En la víspera del estreno de su nuevo show “La gran revista”, Vilches apuesta su carrera contra la pasión de una sociedad completa que se ofende si no se usa el “chiquilles”, pero se ofende también si Daniel Vilches no putea a lo grande.

“Creo que el humor se ha diferenciado mucho de lo que originalmente era una expresión propia del chileno. Esto es algo bueno la mayoría de las veces. Si lo comparamos con lo que pasa en el Festival de Viña, hay una renovación que es interesante por parte de gente como la Natalia Valdebenito, que me gusta harto. Es algo diferente, a veces un poco agresivo como el resto de las damas humoristas, pero si le gusta a la mayoría, es suficiente para que el resto también lo experimente y conozca. Es como una evolución más negra de lo que era el humor picaresco de hace medio siglo, pero impensable de ver en escenarios como la Quinta Vergara”, describe el libretista de 85 años.

Como un niño de pecho

Cuando le preguntan por una sociedad más cauta con el tema de género y con el uso, de por ejemplo, el lenguaje inclusivo, dice que no se atreve a usarlo porque probablemente sea una moda pasajera que termine por decantar en los modismos de siempre. Palabra de un académico de la lengua. “Hay mucha gente que lo acepta, sí, pero otra a la que le cae mal de oírlo y más de decirlo. Finalmente, en muchas cosas hay que aceptar que es la mujer la que decide qué se hace o qué es cómico y qué cosa no. Ahí yo pondría más atención”, recomienda sobre algunas diatribas de la cuestión que se decidirán con el tiempo.

“Noto que el humor de las damas si se basa mucho en un discurso un poco violento. Si bien a mí no me incomoda como espectador, sí creo que la receta para que una buena chuchada pegue es saber decirla en el momento adecuado y no más. Quizás sea una moda de hoy, ¿cuánto ira a dudar? No lo sé”, reflexiona.

-Para hacernos una idea ¿Qué otras modas en el humor ha visto a lo largo de su carrera?

-Hay un humor tradicional que sigue funcionando arriba de la Quinta Vergara o en otros escenarios y que han hecho grandes artistas como el Palta Meléndez, el Bombo Fica o incluso el Ricardo Meruane y Álvaro Salas que suele incluir un enfoque político. Pero hubo períodos muy largos en que el ventrílocuo Tato Cifuentes o el humor de Lucho Navarro eran lo máximo, dueños de un humor excelente, completamente blanco. Lo mismo Alejandro Lira, Los Caporales y Los Perlas… qué cosas más lindas. Esos reinaron durante más de 50 años. Era un humor más moderado, donde reinaba el doble sentido, la picardía y el garabato como un aliño bien puesto.

-El Lagarto Murdock, Beno Espinoza, Ignacio Socías, Yerko Puchento y su libretista coleccionan quejas y demandas recientes como indicador de este nuevo lugar incómodo del comediante en los medios. ¿Cómo lo hacía usted para transitar por la picardía sin ofender a nadie?

-El humorista crea su rutina, la procesa, la muestra y vive de ella, finalmente. Pero finalmente hay alguien que se la autoriza para presentarla. Hay un jefe que te dice “ya, hágalo!” y cuando se da esa orden, creo que la culpa no es del humorista, sino de quien lo autoriza a actuar. Quien debe pagar esa acusación es el que manda, quien leyó antes ese libreto y está en posición de decir “esto va o esto no va”. Que yo recuerde, a lo largo de 66 años en el espectáculo de revistas nunca he tenido que sacar algo de un libreto ni me han rechazado un chiste. Y eso que he estado con varios de los directores más fregados de la televisión chilena. Te hablo de una camionada de años en la que estuve estable en Sábados Gigantes, El Festival de la Una, el Viva el Lunes, Noche de Ronda, Venga Conmigo, con el Kike Morandé y siempre estuve autorizado para hacer mis rutinas o decir cualquier garabato. Era lo que todos esperaban, quizás, pero no tenía que hacerlo si no era necesario. Hasta ahora, todo ha salido muy bien, pero sinceramente te digo que cuando veo algunas rutinas humorísticas en el Festival de Viña me siento como un niño de pecho al lado de algunas cosas que salen de ahí. Lo que me tranquiliza es que veo que al público esto le gusta. Le encanta, parece.

-Alguna vez, le decía usted a Chicho Azúa, que el principal problema del género es que la mujer chilena no sabe recibir un piropo.

-Claro, eso debió ser mucho antes de que te pusieran una multa por decirle una frase galante a una mujer. Es claro que muchos no comprenden la diferencia entra galantería y ordinariez. Hay que tener cuidado con eso, particularmente los que son buenos para piropear chiquillas como un acto de coquetería. Muchos de ellos que ya son viejos, lo hacen quizás inconscientemente. Ahora, si voy al mercado y le pregunto a la vendedora “¿a cuánto está el chorito?”, me meten preso. Lo mismo si quiero ayudar a una amiga a mudarse de casa y no hay donde dejar en bodega el juego de living. ¿Qué pasa si por ser amable le digo: “si querís te lo mando a guardar”?. Quizás sea un proceso de ajustes, un ciclo. Pero estos períodos no deberían durar mucho según mi experiencia.

-Y sus límites para el humor, ¿dónde están ahora?

-Están donde llega la picardía y el doble sentido no más. Eso sí, ya no hago partícipe al público agarrándolos pal tandeo o contestándoles algo gracioso si se da el ambiente para hacerlo. Cuando la gente iba a vernos al Picaresque no teníamos piedad si llegaba alguien atrasado a la función, si veíamos a un feo con una muchacha bonita. Leseábamos inventándoles que venían del motel, que llegaban con el pelo mojado o con el marrueco abajo. Cosas así. Quedan pocos escenarios para cosas revisteriles. Yo por eso tengo mi propia carpa para salir de gira los veranos, una pequeña fábrica de risas móvil donde salimos con la Marlen Olivarí, Paul Vásquez, Los Atletas de la Risa o el Palta Meléndez. Los teatros de antes ahora son templos evangélicos o los botaron para hacer edificios. Los terrenos para poner la carpa también han ido desapareciendo. La Municipalidad de Lo Prado nos hizo espacio durante varios años en un terreno donde nos iba muy bien, pero que tengo entendido se convertirá en una feria artesanal. Quizás tengamos un futuro ahí vendiendo indios pícaros.

* “La Gran Revista”, se llama el show que Daniel Vilches y su elenco presenta por única vez este viernes 29 de junio en Espacio Belloni (Ernesto Pinto Lagarrigue 179, Barrio Bellavista). El espectáculo cuenta con los incombustibles Pipo Arancibia, Jimmy Gutti, Mónica Val y las vedettes Beatriz Alegret, Zuaimys y Adra Zaid.