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Opinión

13 de Junio de 2026
Sandro Baeza

Columna de Isabel Plant/ De Camila Flores a Sinaka: no es chiste, es delito

La viralización del video íntimo de la senadora Camila Flores reabrió el debate sobre los límites del morbo digital y la empatía pública. En esta columna, Isabel Plant recuerda que la senadora Flores es víctima en este caso particular de un delito tipificado y plantea que los avances impulsados por el feminismo terminan protegiendo a toda la sociedad, incluso a quienes no los promovieron. Y que, justamente, en eso recae su belleza: "aunque en estos tiempos de impopularidad se olvide: los avances cuestan, pero cuando se obtienen, protegen a la sociedad completa".

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Hace solo unos meses se filtró un video íntimo del cantante chileno Sinaka. Entre el festín que se hizo en redes sociales -compartiendo, reposteando, comentando-, una marca de comida rápida lanzó una publicidad que hacía alusión al tamaño de la salchicha de un completo, con un personaje similar al artista urbano. Sinaka, cuyo nombre real es Matías Muñoz, se quejó en redes sociales – aunque luego borró el posteo- diciendo: “¿Y si yo fuera mujer?”.

Tenía toda la razón, ¿cómo puede ser gracioso ver vulnerada así su intimidad? Bueno, además, la respuesta a su pregunta es que frente al delito que significa compartir imágenes y videos íntimos ajenos, también se arma una fiesta si la víctima es mujer, como lo corroboramos esta semana con la filtración de la senadora Camila Flores.

El video se pasó de cuenta en cuenta, de posteo en posteo, viralizado sin descanso por humanos y por bots; se le hizo zoom, se convirtió en tendencia en varias redes y hubo chistes sobre la decoración interior del departamento de la honorable. Humillación que para algunos puede ser muy graciosa o anecdótica, pero que, nuevamente, es delito, tipificado por la Ley Integral de Violencia Hacia las Mujeres, en el ámbito de difusión de imágenes íntimas sin consentimiento.

Muchos y muchas se quejaron de que la senadora Flores votó en contra de varias de las indicaciones de esa legislación y que, en el pasado, no ha brillado por su empatía frente a personas o temas que son opuestas a su posición política. Que esto viene justo cuando está siendo investigada por fraude al fisco. Cosa que finalmente no viene al caso: la senadora Flores es víctima en este caso particular, empaticen o no quienes quieran, sea encontrada en el futuro culpable o no de otros crímenes.

Lo mismo que Sinaka. Ya que gracias a la Ley Integral, promulgada en 2024, toda persona que sufra esta vulneración de su intimidad con la difusión – sin importar cómo se obtuvieron los registros- es víctima de un delito tipificado, que arriesga pena de prisión y multas. Hombres y mujeres protegidos frente a esta transgresión digital de su intimidad.

En los últimos años, sobre todo desde el Caso Monsalve, se ha repetido como un eco la pregunta: ¿y qué están haciendo las feministas al respecto? ¿Y dónde están las feministas ahora? Como siempre, cargando el peso de todas las culpas y esperando todas las soluciones de un movimiento diverso, múltiple y no organizado.

Esta semana, las feministas no dudaron en alzar la voz, por encima de quienes consideraron que lo de Flores era algo gracioso o, peor aún, una especie de karma merecido por comportamientos inconexos al caso: políticas y comunicadoras de todos los colores -incluyendo a la ex ministra de la Mujer, Antonia Orellana- salieron a condenar el hecho. Lo hicieron también mujeres que no se identifican como feministas, como la ministra actual, Judith Marín.

Todo esto ha sucedido cuando el ministerio de la Mujer cumple una década; creado durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet. Fue su primera líder de cartera, la hoy senadora Claudia Pascual, la que presentó originalmente la Ley Integral en 2017, la que demoró siete años de discusión -y una revolución feminista y el inicio de su correspondiente contraola- para llegar a su aprobación. Mujeres, empujando cambios a la sociedad por las demás mujeres.

Lo que nos lleva a identificar la belleza que finalmente tiene el feminismo -o como quieran llamarle a cuando las mujeres buscan justicia social, desde la vereda política que sea-, aunque en estos tiempos de impopularidad se olvide: los avances cuestan, pero cuando se obtienen, protegen a la sociedad completa.

¿Dónde están las feministas ahora? Ahí estaban. En buen hora, debe de pensar hoy la senadora Flores, supongo.

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