Hasta hace algunos meses, la historia de Javier Molina Huerta (30) dormía en una caja al interior del Arzobispado de Santiago.

El año 2010 Molina había llegado hasta la sede del poder eclesial chileno para estampar una denuncia por abusos sexuales reiterados en contra del sacerdote diocesano Jorge Laplagne Aguirre. En ese entonces, y luego de comunicarse con Francisco Javier Errázuriz y declarar frente a Hans Kast y Oscar Muñoz Toledo, su caso le fue asignado a Raúl Hasbún Zaror, quien concluyó que “los hechos denunciados no eran verídicos”.

Su historia permaneció archivada.

A comienzos de 2018, Javier se sintió envalentonado por la venida de Charles Scicluna a Chile. El 27 de junio pasado, se dirigió Oficina Pastoral de Denuncios del Arzobispado y declaró nuevamente.
Pocos días después de su segunda declaración, se realizó el primer allanamiento ordenado por el fiscal Emiliano Arias a la sede del Arzobispado de Santiago. Ahí, entre el material incautado, estaba la denuncia.

Casi por casualidad, su historia había sido encontrada.

La querella

Luego de revisar el material incautado, el equipo del fiscal Arias tomó contacto con Javier. Le aconsejaron que acudiera a la Fundación para la Confianza, organización fundada por los denunciantes del Caso Karadima y que lucha contra el abuso sexual infantil.

—Su historia revela un patrón de conducta que se ha repetido durante años en la Iglesia: desacreditar a las víctimas y hacerlos esperar hasta que su caso prescriba —describe José Andrés Murillo, filósofo y director de la Fundación.

Con el apoyo del abogado Juan Pablo Hermosilla y su equipo, este 14 de agosto se ingresó en el Juzgado de Garantía de Rancagua la querella en contra de Jorge Laplagne, “como autor del delito de abuso sexual de mayor de l4 años, en grado de consumado y en carácter de reiterado”.

El documento además va dirigido contra de “todos quienes resulten responsables como autores, cómplices o encubridores” de los abusos sufridos por Javier. Por ello, se solicitó la declaración de Francisco Javier Errázuriz, Cardenal y Arzobispo Emérito; Oscar Muñoz Toledo, ex Canciller del Arzobispado; Ricardo Ezzati Cardenal y Arzobispo de Santiago; y a Raúl Hasbún Zaror. Todos involucrados, en diferentes grados, en la primera denuncia fallida realizada por Javier el año 2010.

En la querella (que puedes revisar de forma extendida pinchando aquí) Molina describe cómo conoció a Laplagne el año 2002, durante una de las Escuelas de la Fe que realizaba el colegio Carolina Llona de Maipú. “Desde ese primer encuentro, se mostró muy amable y cercano conmigo, de hecho se ofreció a llevarme a mi casa al término de los clases”, dice.

Luego de conocer a su familia y ganarse su confianza, Molina relata que Laplagne le pidió que se convirtiera en acólito de la parroquia Santa María de la Esperanza. “Dada la cercanía que se había generado entre nosotros, y considerando que ahora sería acólito en su parroquia, le pedí que fuera mi guía espiritual”, complementa.
Los viajes que Laplagne hacía con el entonces adolescente se hicieron frecuentes. Primero a Argentina –acompañados por dos exreligiosas también mencionadas en la querella-, al sur de Chile y, luego, al departamento que los padres del sacerdote habían adquirido en Isla Negra. Allí, relata Molina, se produjo uno de los episodios más estremecedores.

“Desperté con él abrazándome fuertemente. Intenté moverme, pero en ese momento se subió arriba mío, con sus brazos sujetó fuertemente los míos, y comenzó o refregarse, sobre mí, yo sentía su erección. Por la fuerza que ejerció sobre mí, me costó sacármelo de encima, pero logré girarme para salirme, sin embargo, al soltarme me abrazó de tal forma que me introdujo su mano por debajo del pantalón de mi pijama, me abrió las nalgas e intentó introducir uno de sus dedos en mi ano. Ya absolutamente paralizado y tiritando, me giré nuevamente para que, con mi peso, estuviere obligado o sacar su mano de mi ano. Al girarme, Laplagne comenzó a darme besos en mis labios a la fuerza, mientras se seguía refregando sobre mí, recuerdo que su respiración se volvió entrecortada. Luego de eso, sin medir palabra, se corrió hacia una esquina de la cama, y esperé que se durmiera. Lloré hasta quedarme dormido”, relata en la querella.

Al regresar a Santiago, el sacerdote le habría dicho “si dices algo, tu mamá arriesga el trabajo en la parroquia, y ella podría enterarse de tu homosexualidad”.

El año 2O1O, alejado definitivamente de la iglesia, Javier asumió su homosexualidad y presentó una pareja en su casa. Él lo empoderó para hablar del tema. “Una vez que reuní las fuerzas para enfrentar a mi abusador, llamé por teléfono al Arzobispado de Santiago, y pedí una audiencia con el cardenal Francisco Javier Errazuriz Ossa”, cuenta. Errázuriz le pidió que se apersonara en la cancillería del arzobispado para hacer la denuncia. Lo recibió el presbítero Hans Kast Rist, quien tomó su declaración. “Él me informó que se haría uno investigación con la declaración que yo había prestado”, dice. Días más tarde, se contactó con Javier el ex vicecanciller del arzobispado, Oscar Muñoz Toledo, el cual le ofreció su colaboración y le informó que la investigación previa canónica estaría a cargo del padre Raúl Hasbún.

“Me llamaron la atención algunas de las preguntas del padre Hasbún: si buscaba compensación económica o si sentí placer cuando (Jorge Laplagne) me metió el dedo en el ano”, describe Javier en su relato. Al finalizar la declaración, asegura, le hicieron firmar un documento en el que “renunciaba a hacer cualquier presentación ante tribunales”.

“Hoy, no me cabe duda que esa pasividad pudo corresponder o un proceder que no buscaba saber la verdad, sino librar al sacerdote de culpa”, reflexiona Molina.

En la investigación previa canónica conducida por Hasbún en contra de Laplagne del año 2010, “no se pudo acreditar la verosimilitud de los hechos denunciados”. El sacerdote siguió, por años, ligado al trabajo con niñas, niños y adolescentes.

Mira el relato extendido de Javier aquí:

Víctima del sacerdote Laplagne relata abusos: “Hasbún me preguntó si sentí placer durante el abuso” – The Clinic

Este martes se ingresó una querella en contra del sacerdote Jorge Laplagne Aguirre, acusado por un exacólito de haberlo abusado reiteradamente cuando era un adolescente. En su relato -que reproducimos en forma exclusiva-, Javier Molina apunta también a Francisco Javier Errázuriz, Oscar Muñoz Toledo y a Raúl Hasbún, ante quienes denunció estos hechos el año 2010.

“Este es un caso emblemático”

Para el abogado Juan Pablo Hermosilla, este es un caso emblemático que demuestra “en forma cruda y clara, cuál era el sistema para evitar que estos hechos fueran conocidos por la justicia penal” y, al mismo tiempo, “hacer como si se investigaran por la justicia eclesiástica, cuando en realidad lo que se estaba haciendo era no hacer nada, ocultarlo y tratar de hacer pasar el tiempo de prescripción”.

Tanto para el penalista como para José Andrés Murillo, existe una clara responsabilidad por parte de Errázuriz y diversas autoridades del clero, entre ellas, Raúl Hasbún.

“Primero en empujar a la víctima a que no se querelle y hacerla suscribir un documento para que se comprometa a no denunciar y, luego, en torno a no hacer investigaciones, y paralizar cualquier pesquisa en torno a los hechos, permitiendo que transcurrieran los plazos de prescripción” complementa Hermosilla.

Laplagne en el Alonso de Ercilla

Durante los últimos 15 años, Jorge Laplagne Aguirre se desempeñó como capellán del Instituto Alonso de Ercilla de Santiago (IAE), colegio de la congregación marista involucrado en otra trama de abusos sexuales eclesiásticos que involucran a religiosos maristas y diocesanos.

En un extracto de la querella se afirma que Laplagne habría aconsejado a la madre de Javier el cambiarlo al IAE, para así “estar más presente en su educación”.

“Con el tiempo, mi lejanía con el sacerdote Laplagne se fue haciendo cada vez más evidente, por lo que comenzó a pedirle a mi madre que me sacara del liceo y me llevara al Instituto Alonso de Ercilla, en donde él se desempeñaba como capellán, aduciendo que el nivel de educación del colegio era superior, con valores cristianos, y que él podría estor más presente en mi educación. (…) Finalmente no lo hice, pero me consta que este cambio se llevó a cabo en por lo menos un caso más”, dice Javier en la querella.

Fuentes ligadas al “Caso Maristas” aseguraron a The Clinic que algunos padres expresaron su preocupación a la dirección del colegio por la presencia de Laplagne a comienzos de 2018. La situación habría sido desestimada por las autoridades, y Laplagne sólo dejó el IAE cuando el propio Arzobispado hizo pública la existencia de una denuncia en su contra, en junio de este año.

Desde la congregación marista negaron haber recibido información relativa a Jorge Laplagne, y aseguraron a este medio que “no tenían conocimiento de denuncias previas por abuso sexual u otras causas relativas al sacerdote mencionado”.