La periodista y escritora Elizabeth Subercaseaux no despega el ojo de Chile. Ni en Estados Unidos, ni en este país, al que viene con bastante frecuencia para atender asuntos familiares. Es una personalidad en Facebook, su tribuna para analizar la actualidad. A veces huye de los comentarios extremadamente hostiles y anuncia, cada cierto tiempo, que abandonará esa plataforma, pero algo sucede y regresa para opinar nuevamente, a pesar del quemante fuego de las recriminaciones y los insultos.

Concedió esta entrevista a The Clinic sobre el lomo de la corcoveante actualidad y, por eso, la última pregunta tuvimos que hacerla después de concluida la cita. Es ésta:

-¿Qué le parece el affaire del nombramiento y renuncia del ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Mauricio Rojas?
-Me parece muy bien que haya renunciado, aunque no entiendo por qué lo nombraron, para empezar. Lo que yo me preguntaría ahora es si el canciller Roberto Ampuero no piensa dar alguna explicación al respecto, pues en el mismo escrito que se ha cuestionado en el caso de Rojas, él aparece diciendo que “el Museo de la Memoria es el Museo de la Mala Memoria”. Que el representante de Chile en el extranjero piense que el Museo para honrar a las víctimas de los peores atropellos a los derechos humanos cometidos en la historia de Chile es un museo de la mala memoria, es completamente inaceptable. Creo que antes de subirse al próximo avión para dar la cara por Chile, en el exterior, le debe una explicación al país.
Corta.

Furia a la chilena

¿Cómo ves Chile hoy? ¿Qué cosas te llaman la atención o te preocupan?
-Lo que más me preocupa es un fenómeno que se arrastra desde hace tiempo y es la polarización salvaje que hay aquí. Entiendo por qué pasa, porque en Estados Unidos tenemos ese mismo problema, en ese caso, por causa de una persona (Trump). En Chile, creo que el nivel de polarización se ha producido por el nivel de rabia, de resentimiento y de angustia que hay en el pueblo chileno, porque las diferencias socioeconómicas son demasiado grandes. A estas alturas de la historia del mundo, del sistema y de las promesas de la clase política, se veía venir. Que todavía estemos metidos en la vergüenza de un salario mínimo que no alcanza ni a los 400 mil pesos al mes, es impresentable. Es imposible pensar que en esas circunstancias la sociedad no va a estar polarizada y furiosa.

¿Ves esta furia a ambos lados del espectro político?
-Yo veo que a la gente de escasos recursos y a la clase media les cuesta mucho la vida. Me gustaría hacer un viaje por distintas ciudades para ver si acaso el fenómeno de la carestía es nacional o si está concentrado en Santiago. De todos modos, como la gran parte de la población vive en la capital, lo que pasa aquí dicta también una norma, porque la gente que viene en busca de trabajo, el inmigrante que viene en busca de asilo y los que viven acá se encuentran con este mismo problema que es la carestía tremenda. Volviendo a tu pregunta, yo creo que los más afectados son las personas con menos recursos, pero pensar que la polarización, la rabia, la indignación afecta nada más que a los pobres es un error enorme. La gente rica tiene que vivir casi defendiéndose. Yo veo unas casas enormes rodeadas de alambres de púas, de cercos eléctricos, para protegerse de la delincuencia. Si tú me dices que no te produce rabia tener que vivir prisionero de tus propios bienes económicos… ¡Es una vida bien de porquería, para todo el mundo! ¡Para qué estamos con cuentos!

Imagino que estás hablando de carestía económica no de carestía de productos.
-La carestía de la vida, con esos sueldos miserables. En una familia tiene que trabajar la mamá, el papá. Es lo que pasa en todo el mundo, pero en países más desarrollados, donde el equilibrio es mejor, ganan un dinero que les permite mandar a los chiquillos con tranquilidad al colegio, pagar sus cuentas y hacer una vida relativamente digna, pero acá no. Acá trabajan el papá, la mamá y no les alcanza. Tienen al tío de allegado, que trabaja también, pero como es allegado y es otra boca más… La situación de la pobreza aquí en Chile es re grave. Este país se está alimentando gracias a tarjetas de crédito.

Las cifras oficiales demuestran que la pobreza se ha reducido, que la pobreza extrema es marginal.
-Seguramente eso es verdad, pero cuando tú dices: se redujo la pobreza y la pobreza extrema, hay que pensar en cuál es el peso de esas palabras, qué están diciendo realmente. Lo que están diciendo es que sacan a una familia con cuatro, ocho cabros viviendo en una choza con hoyos para llevarlos a unas casas bastante malas que se llueven en el invierno, que tienen que postular a un programa para ver si le pueden poner radier. Eso es sacar a alguien de la miseria y subirlo a la pobreza. Yo creo que tenemos que tender a que todos tengan acceso a una vida digna y que no te alcance para un radier, no lo es.

Ni tampoco tener que hacer las compras del supermercado en cuotas.
-Claro: el supermercado en cuotas, los zapatos a crédito. A mí me pasó el otro día en una gran tienda en que me preguntaron: ¿Usted tiene la tarjeta equis? Yo dije: “No, no tengo” y me respondieron: “¡Ah! Entonces va a tener que pagar el total del celular”. Te cobran mucho más porque tú no te quieres meter en la jaula en que te quieren meter. Desde el punto de vista de la dignidad humana, el sistema está sumamente corrupto, porque estas conductas de las grandes tiendas, del endeudamiento, de las tres cuotas, de las veinte cuotas, las hemos tenido que normalizar, porque de lo contrario, la gente no come.

En otros países, los ingresos bajos se ven compensados por el acceso a un sistema de seguridad social que les garantiza educación y salud de calidad, un mínimo para todos los ciudadanos.
-El problema aquí se ve agudizado por malas políticas públicas. Te lo grafico en la historia que me contó un amigo que trabaja en una universidad que adhirió a la gratuidad. Es una política de Estado, pero el fisco no pone los recursos suficientes para solventarla. Entonces en esa universidad están haciendo reducción de personal ¡Mira el daño colateral! No les pueden subir los sueldos a los profesores, les dan más horas de trabajo para financiar la gratuidad.

Es un beneficio que se recibe como presente griego.
-Este es un mundo globalizado y, por ejemplo, esta guerra comercial entre China y Estados Unidos nos está afectado terriblemente, porque el cobre se está yendo al suelo. Este gobierno no debería decir: “Mire, es que el otro gobierno me dejó con tal o cual problema”. Cuando estaban los otros decían que la cosa internacional no importaba nada, pero ahora sí importa. Lo real es que no tiene nada que ver con el gobierno, sino que se lo debemos a Donald Trump y a China. Entonces, ¿Qué pasa si tú dices gratuidad, pero como no te alcanza la plata, lo haces mal y estás ocasionando un daño mucho peor del bien que quieres producir? Esto se llama buenas políticas públicas, dejarse de promesas populistas que, en el fondo, lo único que hacen es dejar a la gente peor parada de lo que estaba.

¿No choca esto con la estructura tributaria del país, con un Estado que no tiene con qué hacerse cargo de estas promesas?
-Aquí votaron una reforma tributaria que tiene problemas y que ahora la van a tener que cambiar, pero que no vengan a echarle la culpa al gobierno de Michelle Bachelet porque la UDI también votó por esta reforma tributaria y es, en cierta manera, responsable. Yo comparo el populismo con el cuento del rating de la televisión: les importa un rábano la calidad. Sólo quieren que suba el rating y si tienen que poner ¡Puta, hueón, conchetumadre! en horario prime lo van a hacer, pero la resultante es que tenemos una televisión de pésima calidad. Lo mismo hacen los políticos: te prometen el oro y el moro porque solo les interesa que los elijan. No, cumplir lo que dicen.

¿Es sólo un problema técnico o, también, que una buena reforma tributaria implicaría tocar intereses que se oponen? Son muchos los economistas que señalan que nuestro sistema impositivo es regresivo (pagan más, proporcionalmente, los que tienen menos)
-¡Por supuesto! Una persona rica no quiere que le metan la mano al bolsillo, porque lo ve así. Hay una filosofía empresarial común en todas partes del mundo. Ellos creen que cuando el Estado les cobra impuestos, les está robando la plata. El discurso que tienen y que, de cierta manera, es razonable es que: “Si a mí me cobran 40% de impuestos y esa plata la gastan de verdad en hospitales y esto otro, acepto y pago, pero como los gastan mal…”, que muchas veces también es cierto. Yo creo que la solución es tratar de aterrizar en buenas políticas públicas, gastar bien la plata, pero no bajarles los impuestos, como hizo Donald Trump.

Ahora, respecto de la polarización que observas ¿qué crees que está pasando? ¿Hay desafección de la democracia, es culpa de la mala educación cívica?
-Yo veo dos focos principales. Uno es el que ya analizamos, que tiene que ver con la vida tan difícil para la mayoría de la gente en Chile. El segundo, es que tuvimos de verdad una tragedia tremenda en este país, que fueron los 17 años de la dictadura. Lo que estamos viviendo es secuela directa de eso: la rabia que hay, el resentimiento, la tristeza, la pena de que esto le haya pasado a un país que, de cierta manera, tenía una tradición de respeto por la separación de los poderes, de respeto por los derechos humanos, por supuesto con gobiernos espantosos entre medio, el General Ibáñez por allá…

Una historia no siempre lineal
-Claro, pero teníamos una historia de decencia. Con el golpe militar este país cayó en la más grande de las indecencias, de la inmoralidad y de la criminalidad. Se cometieron crímenes de lesa humanidad y la derecha nunca ha pedido perdón, nunca se ha hecho cargo de lo que le hizo al país. No solamente eso, sino que hay mucha gente de la derecha ahora que sigue defendiendo lo que pasó durante la dictadura de Pinochet. Yo creo que eso verdaderamente provoca mucha ira. Hay una ira escondida que es cíclica: de repente aflora, porque se va acumulando la pus, se revienta la herida y le ponen un poquito de agua oxigenada, pero nunca han hecho una cirugía mayor que aquí se llama reconocimiento de lo que pasó por parte de los hechores de este problema, de los cómplices, de los que estuvieron ahí, de los que aplaudieron, de los que se hicieron los tontos. Nosotros no podemos seguir con este terror a decir la verdad de lo que pasó ¿Para qué seguir contándonos cuentos? Tras el régimen de Hitler, Alemania tuvo el coraje de decir: “Nosotros aquí sí que la embarramos. Pedimos perdón”. Tú vas a Berlín Oriental y ves que hay sinagogas judías ahí en mitad de las calles y ves pedazos del muro para recordar todo lo que pasó después también. Ellos se han hecho cargo de lo que hicieron, de su historia. Si todos los gobiernos se equivocan, los pueblos se equivocan, nosotros nos equivocamos. Yo me equivoco todos los días, pero si tú no te haces cargo de los errores, el error se magnifica. Es mucho peor.

Si uno mira el tema con cierta perspectiva histórica, da la impresión de que hubo una cierta inhibición de celebrar las violaciones a los derechos humanos durante el gobierno de Aylwin, Lagos, pero que esa vergüenza se ha ido perdiendo y han surgido figuras públicas que no temen hacerlo en público.
-¡Pero, claro! Bueno, acabamos de ver al senador Moreira que sigue aplaudiendo lo que pasó. Para él, Pinochet es un héroe que nos salvó de las garras del marxismo y continua con ese discurso y ahora se da, además, el lujo de insultar a las víctimas de Karadima, a Juan Carlos Cruz. Hay varios ejemplos de personas que defienden lo indefendible y que insultan y que no son cualquier persona. Hay quien me ha dicho: “Oye, para qué perder el tiempo con Moreira”, y yo respondo: “¡Párate un poco!, ¡Moreira es un senador de la República! No estamos perdiendo el tiempo con un vecino molestoso. Estos son los que hacen las leyes.

El fin de la vida privada

¿Y qué pasa cuando ese discurso se valida en el debate público?
-Yo encuentro bueno que se llame la atención sobre esas cosas, que se diga públicamente: “Esto está mal”, que es un poco lo que pasó con Villegas, cuya defensa es: “Yo hacía lo que hacía todo el mundo”. Para empezar, es muy mala defensa no reconocer cuando te equivocaste y pedir disculpas, pero si te quieres defender no digas, además, una mentira, porque no es verdad que todo el mundo trataba así. Yo he sido periodista en este país por 50 años y a mí nunca me tocó nadie que me dijera: “¡Qué buenas tetas tienes” o “tu culo no sé qué”. En ninguna de las revistas en que trabajé y yo tenía editores que eran varones de su tiempo y de antes, incluso, a Villegas, porque yo soy bastante más vieja que él. No es cierto que haya sido una conducta habitual. Puede ser que haya acoso en los lugares de trabajo. El machismo es una cosa empedernida que en Chile sigue vivito y coleando, pero ese nivel de acoso verbal no es común, ni lo hacía todo el mundo como dice él.

Si asociamos ese desparpajo a las conductas de las personas que hoy día públicamente celebran las violaciones a los derechos humanos ¿te parece que hay un deterioro en la convivencia social?
-No. Yo creo que es al contrario: hay mayor fiscalización. Gracias a las redes sociales, un José Antonio Kast que anda diciendo barbaridades por ahí, un señor Moreira, o un señor Villegas, que creía que sus conductas eran privadas porque ocurrían dentro de un camarín donde había una señorita maquillándolo, descubren que se acabaron las conductas privadas. Los personajes públicos no tienen conductas privadas cuando están en sus lugares de trabajo. El ámbito de lo privado de la persona pública queda circunscrito solamente a su casa, para qué estamos con cuentos. En ese sentido, las redes sociales están jugando un rol muy importante, porque ahora un señor que va a una conferencia ante un público reducido, y dice cuatro barbaridades, va a salir en Twitter en diez minutos.

Entonces crees que no es que se haya perdido el pudor, sino que las redes sociales permiten exponer lo que antes quedaba oculto.
-Se están desnudando. Cada día quedan más al descubierto quiénes son las personas que están fuera de los tiempos, porque una persona que defiende al General Pinochet y que dice que aquí no se violaron los derechos humanos y que aquí hubo una guerra civil -¡Por amor al cielo! ¡Una guerra civil! ¡Con un puro ejército!- ahora tiene que tener cuidado, porque hay oídos en todas partes. Ya ni siquiera puedes pasarte una luz roja tan impunemente, mucho menos acosar a la maquilladora.

¿Cómo ves la calidad de la democracia? Porque tú hablabas de que existe una mayor polarización, rabia ¿En qué lo ves expresado?
-Yo creo que la calidad de la democracia, necesariamente, tiene que ser mejor. La gente que antes no tenía voz ahora sí la tiene a través de las redes sociales, pero hay que tener cuidado también, porque tienen como contrapartida que el anonimato te permite decir un montón de barbaridades, sin hacerte cargo de nada y hacerle daño a un montón de personas que no tienen nada que ver con las acusaciones que les haces. Eso también pasa, pero yo creo que se va a ir regulando de a poco. Tú ves los problemas que ha tenido Facebook: Zuckerberg tendrá que tener mucho cuidado con su empresa y aplicar mecanismos fiscalizadores para que no se le empiecen a filtrar cosas que no corresponden, ni a usar tu información. Respecto a la calidad de la democracia, creo que hay un gran potencial para lograr que sea mejor porque, además, hay mecanismos para denunciar conductas antidemocráticas, machistas, fraudulentas, criminales, etc., que no dependen de los mecanismos del poder ya. Ahora es muy difícil que el jefe te ponga la pata encima y te diga: “Esto no se va a publicar”

Feminismo e hipocresía

¿Cómo has visto la ola feminista?
-¡Me encanta la ola feminista! Mientras más feminismo haya y mientras más se reclame contra la desigualdad y los desniveles entre hombres y mujeres, mejor. Yo he visto que aquí el movimiento llega tarde, con respecto al resto del mundo, y que se inserta mucho en el “Me Too”, que es como el renacer de otros aspectos del feminismo. A mí me hacen algunas cosas en la manifestación universitaria: me hubiera gustado que no fuera solamente de las alumnas. Me habría gustado ver a las secretarias, a las profesoras, a la gente de mi generación que fuimos las que dimos el salto al campo laboral y que nos tocó el machismo así, de frente ¿Por qué no estábamos nosotras ahí también?

¿Será que hay mujeres que tienen miedo de firmar un petitorio? El máximo terror de todo el mundo es a perder el trabajo.
-Por supuesto. Con un salario mínimo de 200 y tantos mil pesos. Lo comprendo. La manera de enfrentar ese problema es la masividad. Yo viví, por ejemplo, lo que hicieron las mujeres en España. Fue fantástico, porque avisaron con mucho tiempo de anticipación que en tal fecha y por todo el día ellas no irían a trabajar y punto. Ese día no fue nadie: ni las meseras, ni las enfermeras, ni las mamás fueron a dejar a los hijos al colegio, ni las profesoras asistieron a las clases. Nada. Los hombres tuvieron que hacerse cargo por un día de todo el país y nadie perdió el trabajo porque no puedes echar a todas las mujeres. Yo creo que hay un problema de aumento de conciencia y de lo acendrado que está el machismo acá. No hay que olvidarse que machismo se escribe con M de mamá y que aquí hay muchas mujeres machistas y que empezaron a alegar beatas y cerradas de la cabeza que lo único que vieron del movimiento fueron las pechugas de las chiquillas que estaban marchando.

No les importa nada ver las pechugas de los cigarrillos Lucky Strike, ni de los perfumes. Recuerdo un anuncio de una señora que tenía un perfume finísimo entremedio de las piernas y estaba medio desnuda para arriba. Eso no le importa a nadie. Van y lo compran, pero en el momento en que las mujeres dicen: “Este es mi cuerpo y yo diré cuándo me saco la blusa y cuál es el significado que le voy a dar”, que no es para que llegue un señor y me diga: “Qué buenas tus tetas”, ya no se puede hacer. Nosotras estamos recién empezando a liberarnos, pero este movimiento fue importante porque llamó la atención, incluso al gobierno y la gente se empezó a dar cuenta de que no era una broma.

Sonia Montecinos ha dicho que ella prevé que por la emergencia y la fuerza de las demandas feministas se va a provocar una reacción violenta de quienes se oponen, o tienen miedo. Por ejemplo, en la última marcha feminista hubo mujeres apuñaladas.
-A mí me llamó profundamente la atención. Encontré increíblemente mala la reacción del gobierno, muy tardía. Yo creo que la única manera de contrarrestar esa fuerza contraria que se manifiesta, como dice Sonia, es poniéndose firme con ellos ¡Cómo se te puede ocurrir que va a haber algunos tipos acuchillando a unas personas que están protestando pacíficamente en la calle! Eso es el máximo grado de la falta de civilización y la falta de gobierno. Eso es agobierno. No lo puede permitir el Ministerio del Interior, ni un minuto. A esos tipos tendrían que buscarlos y meterlos presos.

Si hubiera ocurrido en Estados Unidos, sería una prioridad para el FBI
-¡Por supuesto! Pasó con el tipo que atropelló y mató a una mujer que estaba protestando Charlottesville. Estará en la cárcel de por vida, acusado de asesinato.

En Chile, sobre las acusaciones de acoso sexual, hay quienes dicen que no son temas de interés público y que debieran ser los tribunales los que resolvieran estas materias.
-Ese argumento no resiste el menor análisis. Primero, los acosos nunca se han producido ante notario público. Los que están pidiendo pruebas del acoso ¿cómo lo haces? En una violación, puedes hacerlo si la mujer va inmediatamente al policlínico Pero un acoso verbal, como es el caso de Villegas, o un agarrón, no tienes evidencia física. Decir que una denuncia es un linchamiento político, yo tiendo a pensar que es más bien machistizar la conversación. Son los machos los defensores de estas conductas, tipos que, probablemente, también son acosadores verbales, o que por lo menos consideran que estas conductas son normales y aceptables. Yo lo clasificaría de ceguera, de defensa corporativa, de machos cubriéndose las espaldas frenéticos porque están quedando al descubierto en conductas no han sido nunca aceptables, ni normales. Lo que pasa es que las mujeres tienen mucho más poder ahora y lo están mostrando, están solidarizando unas con otras y están diciendo: “Ya basta de esto”. A mí me encantaría ver una marcha masiva, ojalá mañana mismo, no sólo contra el acoso sexual, sino contra la desigualdad de salario ¿Cómo puede que por ser mujer ganes, en paridad de responsabilidad y de puesto, menos que tu colega? Es un absurdo, es inaceptable. ¡Eso tiene que terminar ya!

¿Y qué opinas de la discusión sobre el aborto?
-Soy partidaria de que legalicen el aborto más allá de las tres causales Yo entiendo que es un problema para la gente muy religiosa. Yo respeto que si su religión lo prohíbe, piensen que es inapropiado. En lo que me parece que esas personas están equivocadas es en tratar de imponer un criterio religioso a toda la población, en circunstancias en que no hay ningún país del mundo donde se haya legalizado el aborto -y son casi todos los países desarrollados- que se diga o siquiera se insinúe con evidencia seria que se hacen más abortos porque se ha legalizado. Lo único que ocurre es que disminuyen las muertes por los riesgos a los que se exponen las mujeres cuando está prohibido.

A mí no me convence el argumento de las personas que me dicen que el problema del aborto es ético, moral, porque yo conozco a tantos antiabortistas que no tuvieron nunca un problema ético cuando vivimos aquí el período más inmoral y antiético de la historia; que no tuvieron nunca un problema ético con el asesinato, ni para apoyar la pena de muerte, que es un asesinato legal ¿Ese ser humano no importa, en cambio sí hay que impedir la decisión que toma la mujer con su cuerpo en un momento en que el feto no está desarrollado -porque yo creo que ninguna mujer va a ir a abortar a los 6 o a los 9 meses-? Detrás de la cosa ética, hay un gran porcentaje de hipocresía, amén de que yo estoy segura de que en todas partes del mundo hay una pila de legisladores que están en contra del aborto y que si su amante queda esperando guagua le pagan el aborto ellos mismos en diez segundos. Van a enviar a su amante a una clínica donde no va a tener ningún problema, su señora no se va a enterar y así va a poder seguir todo de lo más tranquilo, pero la mujer pobladora que no quiere tener otro niño porque no puede mantenerlo, que la han violado, o las adolescentes que se quedan esperando guagua a los 15 años y no saben qué va a pasar con su vida para adelante ¿Esa niña no tiene derecho a decidir si no es mejor terminar ese proyecto? A mí me emocionó ver lo que hicieron las mujeres de Irlanda, el país más católico del mundo. Cuando estaban en medio de la sesión que discutía el tema en el Congreso, las abuelas rodearon el edificio con sus nietas, porque estaban cansadas de verlas irse a escondidas a Londres a hacerse un aborto, sin saber en qué condiciones ni con qué plata, porque el aborto se lo iban a hacer de todas maneras.

¿Qué te parece el nombramiento de Bachelet como Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU y las críticas que se le han hecho?
-La forma en cómo trató la oposición a Michelle Bachelet aquí en Chile es el epítome del machismo y de la ceguera, de veras. Yo misma consideraba que cuando ella aceptó a venir para ser Presidenta por segunda vez cometía un error. Creo que, aunque las reformas eran necesarias, se hicieron muy apresuradas, pero nada de eso tiene que ver con venir a decir que Michelle Bachelet no puede ser una buena representante de una Comisión de Derechos Humanos. Dentro de todos los presidentes que ha tenido Chile tras el retorno a la democracia, ha sido la que más se ha preocupado de los derechos humanos que parecen no importarle a nadie: los de los pobres. Eso sin siquiera entrar a decir que a su papá lo asesinaron y que ella misma estuvo presa en Villa Grimaldi. Ella se ha preocupado de los derechos humanos de Chile ¡Siempre! Hay que hacer notar aquí, que es una vergüenza como la derecha trató a Michelle Bachelet. Le decían la guatona, la gorda, gente que sabe leer y escribir, que ha ido a la universidad, con un machismo, con un desprecio, con un odio por la mujer tan grande que, para mí, de todo lo que pasó en el gobierno de la Michelle Bachelet, incluido su hijo con su nuera y con que se atrasó en esto y con que si supo o no supo hacer aquello, lo más triste de todo, para mí, fue la falta absoluta de respeto con que la trató la oposición. Ahí una vez más, se sacaron la careta y mostraron su cara más fea.