En la página web del arzobispado de Santiago se difundió este jueves un instructivo denominado “Orientaciones que fomentan el buen trato y la sana convivencia pastoral”, Instrumentum Laboris. En una carta de presentación que acompaña el texto, el arzobispo de Santiago cardenal Ricardo Ezzati informa que se trata de un documento de trabajo preliminar, que tendrá que ser perfeccionado en diálogo con las comunidades eclesiásticas, para arribar a una versión definitiva en 2019. Para facilitar la participación de los laicos en sus apreciaciones sobre el documento, afirma, se entregarán “subsidios”. Así lo expresa: “La Delegación para la Verdad y la Paz, a través del Departamento de Promoción de Ambientes Sanos, entregará subsidios que faciliten la participación”.

Otra medida tomada en la víspera de la expulsión de Karadima, fue nombrar a la cabeza de esta recién creada Delegación para la Verdad y la Paz, a una mujer: la abogada Andrea Idalsoaga Montoya. Su designación se hizo el mismo día que se difundió este documento.

En la introducción Ezzati manifiesta que cualquier comportamiento inadecuado de los sacerdotes es de su propia responsabilidad: “Las personas involucradas en cualquier tipo de servicio ministerial son responsables de su propia salud espiritual, física, mental y emocional, y también de quienes el Señor ha puesto en su camino, por lo que deben estar conscientes de los signos de alerta que indican problemas potenciales”. No obstante, dice, el manual que se ha preparado buscar servirles de apoyo “en el servicio pastoral con niños, adolescentes y personas vulnerables en la Arquidiócesis de Santiago”.

El documento incluye instrucciones para cortar los vínculos con niños, niñas, adolescentes y/o personas vulnerables, que pudieran enamorarse (“apegos emocionales o no naturales”, dice el texto) de los sacerdotes y registrar esos episodios en una bitácora. Incluso recomienda denunciar inmediatamente las muestras de afecto “inapropiados” desde los niños hacia los sacerdotes. En las palabras del instructivo: “Por cualquier muestra de afecto inapropiada del niño, niña, adolescente o persona vulnerable hacia el sacerdote o agente pastoral, éste deberá dejar constancia informando al menos a dos personas; y si es necesario, dejar una constancia por escrito en el archivo de la unidad pastoral”.

La difusión de este texto causó consternación en fuentes eclesiásticas, que comentaron a The Clinic, a condición de anonimato, que da la impresión de haberse elaborado “a la rápida”, para intentar anteponer una medida proactiva al anuncio sobre la expulsión de Karadima. Recién en agosto pasado la Conferencia Episcopal se había comprometido a entregar en abril de 2019 un código de conducta para los ministros ordenados. Además, la Conferencia Episcopal ya contaba con un documento denominado: “Buenas Prácticas para ambientes sanos y seguros en la Iglesia”, que fue redactado con el apoyo de especialistas, por el Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento a Víctimas.

Varias recomendaciones de este nuevo documento parecieran destinadas a proteger a los sacerdotes de la tentación intrínseca que les significa relacionarse con niños y personas vulnerables y de su efusiva afectividad. Juzgue usted.

EL MANUAL DE EZZATI

El instructivo elaborado por el Arzobispado, contiene recomendaciones en seis ámbitos de la relación de sacerdotes con niños y adolescentes, con un fuerte énfasis en la prevención de contactos sexuales. Estos ámbitos son: “Seguridad y supervisión”; “asistencia directa de niños, niñas, adolescentes y personas vulnerables”, “muestras de afecto”, “conductas que pueden ser malinterpretadas y que, por lo tanto, hay que evitar”; “estándares de comunicación” y “utilización de tecnologías de información”.

Para introducirlos, el documento le recuerda a los sacerdotes y ministros de la Iglesia Católica que en su relación con la comunidad pueden tener “poder”, pero que éste “solo” debe ser ejercido “para el servicio hacia los demás”.

El capítulo sobre “muestras de afecto”, prohíbe las siguientes conductas:

a) Cualquiera expresión de afecto que el niño, niña, adolescente y personas
vulnerables no acepta y rechaza.
b) Abrazos demasiado apretados.
c) Dar palmadas en los glúteos, tocar el área de los genitales o el pecho.
d) Recostarse o dormir junto a niños, niñas o adolescentes.
e) Dar masajes.
f) Luchar o realizar juegos que implican tocarse de manera inapropiada.
g) Abrazar por detrás.
h) Besar en la boca a los niños, niñas, adolescentes o personas vulnerables.
i) Utilizar el tacto solamente según lo apropiado o según lo permitido por la
cultura local”.

En cuanto a “seguridad y supervisión”, para “disminuir las situaciones de riesgo” se proponen, entre otras medidas, las siguientes:

– “Los grupos de menores, jóvenes o adultos con discapacidad deben de tener, por lo menos, dos acompañantes adultos, ojalá de ambos sexos, para realizar cualquier actividad”.

– “Se deben evitar las situaciones en que adulto y niño o niña; adulto y adolescente, o adulto con persona con discapacidad; o en que dos niños, o dos adolescentes, o dos personas con discapacidad, puedan estar separados del resto de la comunidad, y, asimismo, promover que el espacio físico facilite la observación directa por parte de terceros”.

– “No permitir que los niños y niñas adolescentes o personas con discapacidad ingresen solos a áreas como los sanitarios, comedores, alojamientos (en los casos de jornadas o retiros, por ejemplo). Desde antes de la actividad deben estar previstas las dos personas que se encargarán de acompañarlos, tratando que siempre ingresen en grupos”.

-“En ninguna circunstancia se debe usar cualquier tipo de disciplina física para manejar el comportamiento de niños, niñas, adolescentes y personas vulnerables, con excepción -y en la medida que pueda ser necesario- usar control para prevenir que ellos se hagan daño a sí mismos o a otros, en cuyo caso ha de realizarse un registro detallado de los hechos a la brevedad, quedando registrado en los archivos de la unidad pastoral correspondiente”.

– “No se puede jamás mostrar, proveer o facilitar a niños, niñas y adolescentes el acceso a cualquier material sexual explícito o moralmente inapropiado”.

– “Ningún miembro del personal de Iglesia puede permitirse el uso de alcohol, cigarrillo o drogas mientras ejerce su trabajo”.

– “Bajo ninguna circunstancia se deberá ofrecer alcohol, cigarrillo o drogas a niños, niñas, adolescentes y personas vulnerables”.

– “No se debe estar a solas con un niño, niña, adolescentes o persona vulnerable en una residencia, dormitorios, vestuarios, sanitarios, duchas, cuarto de vestir o cualquier otro cuarto cerrado o área aislada que fuera inapropiada”.

-“Cada vez que se entreviste a un niño, niña, adolescente o persona vulnerable el personal de Iglesia debería tratar que otro adulto esté presente o en una pieza u oficina contigua o en ambientes abiertos; o en una habitación que tenga puerta vidriada”.

-“El personal de Iglesia no debe darles llaves de establecimientos de la Iglesia a los niños, niñas, adolescentes o personas vulnerables”.

– “El personal de la Iglesia no debe dar clase particular, asesorar o encontrarse a solas o permitir pernoctar en su residencia personal a los individuos con los que él o ella trabaja”.

– “Se evitará cualquier tipo de apegos emocionales o no naturales que un niño, niña adolescente o persona vulnerable pudiera desarrollar. Tales apegos deben reconocerse y tratarse apropiadamente. En algunos casos quizás llegue a ser necesario no volver a tener contacto con aquella persona, y será recomendable, cuidando de la honra del niño, niña, adolescente o persona vulnerable, dejar constancia por escrito en el archivo de la unidad pastoral”.

– “Por cualquier muestra de afecto inapropiada del niño, niña, adolescente o persona vulnerable hacia el sacerdote o agente pastoral, éste deberá dejar constancia informando al menos a dos personas; y si es necesario, dejar una constancia por escrito en el archivo de la unidad pastoral”.

– “En ningún caso se debe ocupar como medio de convencimiento la manipulación emocional”.

PARA QUE NO SE PIENSE MAL

En cuanto a “conductas que pueden ser malinterpretadas y que, por lo tanto, hay que evitar”, el manual afirma que: “Es un desafío permanente cuidar que nuestras conductas favorezcan el buen trato, no puedan sean mal interpretadas, ni den señales equívocas”. Por lo tanto, dice el texto, “no se debe” incurrir en los siguientes comportamientos (entre otros):

– “Regalar dinero u otros objetos de valor a algún niño, niña, adolescente o persona vulnerable en particular, a menos que se haga con justa causa y el conocimiento y consentimiento de sus padres o tutores legales”.

– “Mantener con algún niño, niña, adolescente o persona vulnerable un contacto demasiado frecuente injustificado por teléfono, correo electrónico o redes sociales”.

– “Transportar en vehículo a un niño, niña, adolescente o persona vulnerable, sin justa causa, sin presencia de otro adulto u otros jóvenes”.

– “Violar la privacidad, mirando o sacando fotos mientras los niños, niñas, adolescentes o personas vulnerables estén desnudos, se visten o se duchan”.

– “Usar lenguaje inapropiado y soez”.

– “Desarrollar actividades con los niños, niñas, adolescentes o personas vulnerables no acordes a su edad o condición. También el material mediático (internet, videos, etc.) que se usa con ellos debe ser conforme a su edad o condición. Cualquier material sexualmente explícito o pornográfico es absolutamente inadmisible”.

– “Nunca haga para un niño, niña, adolescente o personas vulnerables lo que él o ella pueda hacer por su cuenta”.

– “Respete la integridad física del niño o niña, adolescentes o personas vulnerables estando sensible a lo que podría ser inaceptable para los niños en ambientes culturales diferentes”.

El documento recomienda también a los sacerdotes mantenerse alejados de las redes sociales, a menos que sea con fines institucionales; que no deben almacenar material pornográfico y que en el “acompañamiento espiritual” no deben “adoptar ningún tipo de conducta sexual con las personas a las que se acompaña y orienta. Ello incluye el contacto sexual consentido y comentarios sexuales inapropiados o sugestivos” y “no pueden adoptar ningún tipo de conducta sexual con personas que tengan una relación directa con las personas que ellos acompañan, por ejemplo, un familiar o un amigo de la persona a la que se orienta; en ese tipo de relaciones íntimas siempre existe la posibilidad de explotación o daño”.

Por último, les recuerda que los sacerdotes deben ser “célibes” y que por lo tanto, deben ser “ejemplo de castidad”.

“Le pedimos a la Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, que nos ayude en este camino y que bajo su manto nos cobije”, concluye.

Puede leer el texto íntegro, aquí

Instrumento de Trabajo Orientaciones Para El Buen Trato y Sana Convivencia Pastoral by The Clinic on Scribd