Según un informe del Banco Central, los chilenos endeudados alcanzan el 60% y en promedio deben tres millones de pesos. La mayoría de los endeudados proviene de la clase media y las deudas que poseen son mayoritariamente con casas comerciales. Ocupan las tarjetas en el supermercado, para comprar ropa o pagar las cuentas de la casa, no para lujos ni viajes. El presupuesto se les desmorona cuando gastan demás y compran bebida a la hora de almuerzo. Los expertos anticipan que si la economía llega a tasas de desempleo como las que trajo la crisis asiática, la cosa va a ir de mal en peor: los endeudados pueden aumentar en casi un 20%. A continuación, el testimonio de chilenos que se encalillaron antes de que estallara la crisis.

Por Pía Torres, Carla Celis y Daniela Zamora
IlustracIón: Carolina Salinas y Pablo Jara

Hernando González, 36 años:
“CESANTE NO PUEDES PAGAR NADA”

Cuando no hay plata uno tiene que recurrir a las tarjetas. Eso me pasó cuando mi negocio empezó a andar mal. Me dedicaba a vender gas y de un día para otro la gente compraba menos y me empezó a ir mal. No podía llegar a fin de mes con lo que ganaba. Ahí empecé a usar las tarjetas más seguido.

Tenía unas tres tarjetas de tiendas comerciales, pero las ocupaba sólo en el supermercado, para la mercadería. Toda la comida la compraba a crédito. Ahí las cuotas empezaron a ser grandes: tenía que pagar más de cincuenta mil pesos por cada tarjeta. Y eso que no compraba nada muy caro, sólo lo necesario para el mes, como arroz, fideos, carne y pan. Intentaba pagar el saldo mínimo, pero a veces la plata no alcanzaba ni para eso.

Las cuotas se fueron acumulando. Cesante y sin sueldo no puedes pagar nada. Tampoco podía gastar la poca plata que me quedaba en pagar tarjetas, porque también debía pagar arriendo y los gastos de la casa. Y como era trabajador independiente, no tenía ningún seguro de cesantía que me cubriera un par de meses.

Es traumático, hay gente que se llega a suicidar por los problemas económicos. Menos mal que no se me pasó por la cabeza. Tengo familia y niños. Por ellos tuve que echar mano a las tarjetas para darme vueltas y llegar a fin de mes. Aunque a fin de mes tampoco había mucho dinero.

Estuve casi dos meses ocupando las tarjetas, sin pagar las cuotas. Yo quería pagar la deuda, pero por mucho que me cobraran no tenía cómo. Cuando quise ir a repactar para no perder la línea de crédito, me di cuenta que la deuda de quinientos mil pesos había subido a un millón. Los intereses eran altos y cada mes que me atraso son más intereses.

Da rabia, porque nunca me di un gusto con las tarjetas. Nunca viajé y pagué con la tarjeta, ni le echaba bencina al auto. Ni siquiera salía con mi señora, para ahorrar un poco. Los tiempos están malos, uno no puede gastar la plata en divertirse. Ni siquiera le compraba juguetes a mis dos hijos, sólo el uniforme para el colegio. Me cuidaba, pero igual quedé encalillado. ¡Si lo más caro que compré fue un mueble para la casa! Y porque lo necesitaba.

Ahora estoy en Dicom y perdí todo el cupo en las tarjetas. Como no puedo comprar a crédito, mi señora sacó las tarjetas de las tiendas. Eso sí, trato de ocuparlas en casos de extrema necesidad. Son el último recurso.

La gente no entiende que uno no quiere endeudarse, pero a veces no queda otra. Si no te endeudas, no comes y entre comer y endeudarse prefiero ir a Dicom. Así que cuando hablan de la crisis en la televisión, yo digo que yo ya he vivido mi propia crisis económica.

Patricio López, 28 años:
“SIN CRÉDITO, NO COMÍAMOS”

Saqué la tarjeta del banco Santander para ayudar en mi casa. Las cosas no andaban muy bien económicamente y cualquier ayuda era buena. La crisis económica estaba instalada en mi familia desde hacía tiempo.

Estaba terminando mi carrera de ingeniería industrial cuando el Santander llegó a mi universidad y le ofreció a todos los alumnos sacar una cuenta corriente. La línea de crédito era de 200 mil pesos y además te daban una chequera con otros 200 mil. La saqué altiro.

No era para darme lujos, ni nada de eso, era para que la familia la ocupara en lo que necesitara. La idea era ayudar a mis papás, alivianarles la carga. Los sueldos de mis papás alcanzaban para los gastos de la casa, pagar las cuentas y nada más.

Pagábamos con la Redcompra el supermercado y de vez en cuando comprábamos gas con la tarjeta. Cuando no nos quedó plata en la tarjeta, empezamos a usar los cheques.

Al principio, pagábamos el saldo mínimo todos los meses, pero llegó un momento en que no pudimos pagar más. A mi mamá le bajaron el sueldo. Le quitaron horas en el colegio donde hacía clases y la cosa, con dos hijos en la universidad, se vino cuesta abajo.

Intentábamos abonar a las cuotas cuando podíamos, para poder seguir usando la tarjeta y comprar la comida para el mes. Pero hubo un momento en que no se pudo más.

Nunca gastamos demás. Los mayores gustos que nos dimos fue ir dos veces a comer helados al Bravíssimo. En el supermercado, en vez de jugos, comprábamos bebidas. Eso era todo. Ni salir a comer, ni restaurantes, ni ropa, viajes ni operaciones. Más encima, buscábamos las ofertas. No nos podíamos dar vacaciones ni escaparnos un fin de semana a ninguna parte.

Hoy estoy endeudado en más de un millón de pesos y en Dicom por deudas que sólo son de supermercados. Con mi familia nos comimos toda la plata de la tarjeta. Sabía que me iba a endeudar y que iba a llegar un momento en que no podría pagar las cuotas, pero no quedaba otra. Si tienes que ayudar en tu casa, no lo piensas dos veces. Ahora nos hace falta la tarjeta, porque la situación no mejora. Tuve que dejar de estudiar y me puse a trabajar. Aporto lo más que puedo, pero el sueldo no es mucho.

Hay gente que no entiende que a veces la única solución es comprar a crédito, si no, no compras nada o peor, no comes. No es que mi familia sea desorganizada y no sepa administrar la plata, al contrario, vivimos haciendo malabares, pero los sueldos no alcanzan. Y si la crisis económica se viene tan mal, como todos dicen, las cosas van a ser peor.

Lissette Oyarce, 42 años:
“TE COBRAN CON ABOGADOS EN LA PUERTA”

Soy paramédico. El año 2006 me tuve que operar de la vejiga porque tenía problemas de retención de orina. Es un problema invalidante, así que dejé de trabajar y me intervine. Desde entonces que hago trabajos esporádicos porque me tengo que seguir viendo y como no es un problema catastrófico, ningún seguro me cubre la enfermedad. En las casas comerciales en que tengo tarjeta, me niegan todo tipo de seguro también porque no es enfermedad catastrófica. Como he tenido trabajos esporádicos, he ido repactando la deuda en la medida de lo posible. Es súper desagradable, porque te cobran hasta con abogados en la puerta, te agobian, y pucha, no es que uno sea un flojo que no quiera pagar o trabajar; en mi caso es por enfermedad.

Por eso me inscribí a reclamos.cl para poder desahogarme, pero me pasó una cuestión súper anecdótica: me llegaron mails basura de gente que me ofrecía trabajar de prostituta. Por suerte me escribió una abogada para orientarme un poco y de ahí que lo que hago es ir repactando la deuda.

Estoy endeudada con CMR y París, como en 500 y 300 mil pesos respectivamente. Vivo en un barrio pobre, y no soy trapera, ni usaba la tarjeta mucho. La usé un año para ayudarle a mi marido a comprar materiales para su trabajo, que también es independiente. Pero la deuda se fue acumulando por intereses y por los meses que estuve sin trabajo y no pude pagar. Es fregado porque mi enfermedad es invalidante, y simplemente no puedo conseguir un trabajo estable. Los únicos que me acogieron una invalidez momentánea fueron los de Presto, de Líder, que se portaron bien a la altura conmigo. Ahora me va a ayudar mi hijo, que está en el extranjero. Me dijo: -mamita, yo voy a tratar de mandarle una platita todos los meses pa ayudarla en lo que pueda. Pero no puede ser que una ande todo el tiempo agobiada.

Alejandro Rojas, 56 años:
“APARECEN DEUDAS EN MESES QUE NO CORRESPONDEN”

En junio del año pasado quedé cesante. Tengo una deuda con Líder, por la tarjeta Presto, desde entonces. Yo usaba la tarjeta para hacer las compras para la casa, y siempre me mantuve al día con el pago. Cuando quedé sin trabajo me ofrecieron un Súper Avance, que se hace en efectivo, y lo acepté porque pensé que me podía servir para comenzar otro negocio o algo para repuntar. Fueron como $2.400.000. Piensa que necesitas encontrar la manera cuando te ves con la soga al cuello, por eso acepté. Traté los primeros meses de ir pagando mi deuda en las fechas indicadas para estar al día. Junio, julio, agosto y septiembre. Al tercer mes cesante, fui a Líder a pedir el seguro de cesantía que uno paga con la tarjeta de manera obligatoria, junto con el de desgravamen. Pero no me lo dieron, porque según ellos, el seguro se tiene que pedir antes de cumplir los dos meses. Eso no me lo informaron antes. Quizás estaba en el contrato, en la letra chica, pero la verdad de las cosas es que uno eso no lo lee. Amenacé con reclamar en la Superintendencia, pero no lo hice, porque, a pesar de que estoy cesante, no tuve tiempo. Ahora debo como tres meses con la tarjeta, deben ser como 600 o 700 mil pesos. Fui a intentar regularizar la situación, pero ellos tienen un desorden enorme. Aparecen deudas en meses que no corresponden, cobros inexistentes. Ahí estamos con mi señora tratando de resolver el problema. Ya llevo más de seis meses sin trabajo.