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25 de abril de 2009

Anemia ecologista

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Al borde de sus 64 años, el vaquero canadiense Neil Young enchuló su auto y partió de viaje. Pero, a diferencia del macabro enchulamiento estándar de autos -que incluye alerones, calcomanías de rayos y llamas de fuego, llantas de colores o tapices aleopardados-, lo de Young fue discreto y ciertamente para mejor: una suerte de enchulamiento de la sangre del auto, de su interior: Young transformó su viejo e incondicional Lincoln Continental del año 1959 en un auto ecológico que funciona a electricidad y contamina la nada misma.

Así, encima de su renovado vehículo, Neil Young recorrió toda clase de pueblos y ciudades de Estados Unidos, conversando con la gente, recogiendo testimonios. Y sobre las reflexiones que obtuvo en dicho solitario viaje armó las canciones de su nuevo disco: “Fork in the road” (algo así como rutas que se desvían).

Salido por estos días, este último trabajo de Young consta de diez canciones que versan sobre tópicos como la urgencia del uso de autos eléctricos o de gas natural comprimido (aquí cabe dar cuenta que Young, en colaboración con el activista pionero del biodisel Johnathan Goodwin, trabajan juntos en el desarrollo de un sistema de energía ecológica comercialmente viable para autos), alusiones al desalojo que por efectos de la crisis miles y miles de personas deben sufrir hoy en día; y versan las canciones en general sobre este mundo desajustado e injusto, según pudo constatar Young en su periplo sobre cuatro ruedas.

La música resultante no es nada nueva, lo que en el caso de Neil Young podría no ser un problema mayor, considerando que su música gusta justamente por su sencillez y porque maneja como pocas la austeridad, y por ello sus melodías y armonías aciertan las más de las veces.

Las canciones de este disco suenan a muchas de las canciones y discos anteriores del vaquero torontino, particularmente a aquellos trabajos en los que el sonido es casi puramente eléctrico (es decir nada acústico), apoyando la guitarra y la voz con sus eternos hermanos, el bajo y la batería, todo con un espíritu juvenil y desgarbado como fue lo hecho por Young en 1981 en su disco “Re-ac-tor”. Pero “Folk in the Road” es, sin duda, un disco más flojo y tedioso que los demás, casi sin inflexiones en el ánimo y menos en la música, un disco “plano” y pese a ser reconocidamente un trabajo del tipo “rock” crudo, suena sin esa fuerza: un disco, se podría decir, con anemia vegetariana. Así se perciben las canciones “Fuel Line”, “Johnny Magic”, “Hit the Road” y “Fork the Road”.

Al contrario, “Singing A Song”, “Of the Road” y “Light a Candle” (esta última es la joyita del disco) se dejan escuchar sin esfuerzos, incluso con gozoso placer y es a través de ellas que logramos percibir la introspección de un reflexivo viaje por carreteras y caminos en donde el silencio y la soledad hacen desaparecer el tiempo, mientras el trabajo de Young con su vehículo hace desaparecer el smog.

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