“En el bus todos me miraban como diciendo: puta que la cagó este huevón”

Rolando Caro y el terror tras su falsa alarma de gripe porcina en Mendoza. Hace dos semanas, este instructor de tenis chileno viajó a Córdova acompañando a una alumna a un torneo internacional, pero terminó internado en el hospital Lencinas, en Mendoza, como sospechoso de ser el primer portador del temible virus A H1N1, razón suficiente para que un grupo de argentinos apedreara su bus y lo tratara como a un monstruo indeseable y contagioso. Esta es su pesadilla, mitad horror y mitad risa.

Por Claudio Pizarro • Foto: Alejandro Olivares

¿Cómo empezó todo?
-Con mi alumna partimos a Córdova a un campeonato de tenis, pero a mí no me dejaron entrar a Argentina porque tenía una orden de arraigo pendiente por un accidente de tránsito. Así que tuvimos que devolvernos. Al otro día me conseguí los papeles donde estaba todo aclarado y a las 10 de la mañana partimos nuevamente.

¿Qué pasó en la frontera?
-En el Paso de Horcones se subió un gendarme y preguntó si alguien estuvo resfriado o se sentía con fiebre. Yo, de pastel, levanté la mano y le comenté que había estado resfriado. A los tres que levantamos las manos nos llevaron a una sala y nos tomaron la temperatura con un termómetro…

Nada que ver con el “súper” scanner de fiebre utilizado en el aeropuerto…
-Usaban el mismo termómetro para todos y había que pegarle esos típicos golpecitos para bajar la temperatura. Los dos primeros pasaron bien la prueba con 36 y algo. Después me tocó a mí y me salió 37. El gendarme se volvió loco, se puso otra mascarilla, llamó a otros gendarmes y me pusieron de nuevo el termómetro: tenía 37,7 grados.

¿Ahí comenzó la histeria?
-Se pusieron mascarillas y empezaron a “arrear” a toda la gente que se había bajado del bus, incluyendo el chofer y al auxiliar. Fue heavy. Al final todos nos tuvimos que subir nuevamente. Al rato empezaron a sellar las puertas, las ventanas y la ventilación con scotch y a poner papeles por fuera del bus que decían “clausurado por sanidad pública”.

¿Cómo reaccionaron los otros pasajeros?
-Todos me miraban raro porque se suponía que yo era el huevón que llevaba la huevá. Era demasiado notorio. Me cambiaron a los primeros asientos y repartieron mascarillas para todos. Me quería puro esconder, todos me miraban como diciendo “puta que la cagó este huevón”. Tenía tanto cargo de conciencia que casi me paro a pedir disculpas y explicar que me había resfriado el sábado con unos amigos pero que ya estaba bien.

Lo mejor hubiera sido quedarse piola…
-Lógico, ahora lo veo así. Cuando estaba sentado en el bus pensaba ‘puta que la cagué, no debí haber levantado la mano’. Pero ya estaba hecho. Cuando la gente pasaba por mi lado me miraba de reojo y se levantaba la chaqueta para taparse la cara. En la otra fila venía un viejito que le pegaba una mascada al sándwich y se bajaba ultra rápido la mascarilla. Son cosas que te hacen sentir bien como las huevas..

Una situación bastante incómoda.
-Imagínate que pidieron al copiloto del bus que tomara todas las cédulas y visas de los tripulantes del bus, las metiera en una bolsa y bajara. Del bus no bajó nadie más. Todo el mundo arriba estaba recaliente porque, además, no me querían dejar pasar por el tema de la orden de arraigo. En total estuvimos como tres horas esperando.

¿Cómo se resolvió el asunto?
-El doctor argentino mandó a la cresta a Investigaciones y les dijo “ustedes verán como hacen su papeleo pero este muchacho pasó la frontera, está en Argentina, y por lo tanto es mío”. Así que le pusieron más cinta al bus y pum… nos mandaron con dos patrullas escoltándonos hacia Mendoza.

¿Cómo fue el viaje?
-Normal, el único problema es que iba apretadísimo…

¿Apretadísimo?
-…Estaba que me cagaba, de verdad, y por lo mismo no fui al baño. Sabía que si me paraba todos me iban a mirar y después nadie se iba a querer meter. Para colmo el copiloto se me acerca y me dice que alguien había llamado a Mendoza y que estaban todos al tanto que iba un chileno con fiebre porcina y 40 grados de fiebre. Así que prepárate, me dijo, porque están todas las cámaras.

PURA PARANOIA

¿Cómo fue el recibimiento en el hospital?
-Cuando llegamos cachamos que estaba lleno de gente, había fogatas y periodistas. Estaba todo brillante y lleno de flashes. Ahí como que dimensioné la cagá que había quedado.

Incluso apedrearon el bus.
-De eso me enteré después porque nos hicieron pasar de inmediato a una salita. Laura, mi alumna, me contó que escuchó que la gente gritaba “¡que se vayan, que se vayan!”. Cuando ya estábamos adentro conecté el celular a una radio y supe que a una señora casi la matan intentando defender al chileno que traía la gripe porcina.

¿Te sentiste culpable?
-Claro, me cagó la psiquis.

¿Y todo por tener 37 grados de fiebre?
-En el fondo fue pura paranoia… Al otro día los doctores nos pidieron disculpas y nos explicaron que se trataba de gente de un barrio pobre que había hecho todo eso por falta de información.

¿Que pasó con los otros pasajeros?
-Los controlaron y después se fueron. Pero Laura y yo nos tuvimos que quedar. Nos pasaron dos habitaciones individuales en un pabellón vacío en el hospital. Estábamos aislados de la otra gente pero igual teníamos comunicación entre nosotros.

En estos casos uno piensa que a los pacientes los derivan a un lugar ultra resguardado y con alta tecnología de aislamiento… ¿es tan así?
-Para nada. De hecho mi pieza tenía una ventana que se abría de par en par y daba para el corredor donde había gente. Si estornudaba salían los bichos al pasillo. Las medidas en el fondo eran precarias. No vi a nadie disfrazado de astronauta, a lo más, la gente entraba a la pieza con mascarilla. Quizá lo manejaban así por tratarse de un hospital de infecciosos y estaban acostumbrados, no sé…

¿Algún otro tipo de restricciones?
-Al principio a Laura no la dejaban tomar el teléfono y cuando la autorizaban le decían que fuera cortito y que se lavara las manos antes.

¿Se comunicaron con gente de la federación de tenis?
-Les mandé un mail diciéndoles que estábamos bien y sanos. Ellos me contestaron con un “recibido”. Nada más. La respuesta me cagó de onda un poco porque la chica está inscrita en la federación, juega torneos y yo asisto a cursos con ellos. En estos momentos andan urgidos porque Fernando González no va a jugar la Copa Davis. Nosotros no les importamos.

¿Viajaron con recursos propios?
-La niña es de escasos recursos, su papá hace muebles y su mamá aseo. En base a eso se juntó una platita y se mandó a la chica afuera. En lugar de comprarse unas zapatillas nuevas, se guardó la plata para el viaje, y se le puso un parche a las viejas porque tenían un hoyo.

¿Cero auspicio, entonces?
-Nada, y eso es lo que me da pena. Hay chicas que son de plata y saben que si no salen tenista su familia puede pagarle una carrera universitaria. Laura está conciente que no puede hacer eso. Si no le va bien, cagó y va tener que trabajar. Por eso se parte el lomo. Está conciente de ese futuro.

¿Los visitó alguna autoridad aquellos días?
-Creo que el cónsul se apareció el viernes. Me acuerdo que estaba en la puerta, detrás del doctor, como a tres metros de distancia y con mascarilla. Fue una actitud media tonta porque perfectamente pudo ponerse unos guantes y estrecharnos la mano. No nos sentimos muy acompañados por él que digamos.

Séptima plaga

¿Cuándo les dieron el alta?
-Al principio nos dijeron que esperáramos para el¡ viernes en la tarde el reporte de los exámenes. No pasó nada. El sábado amanecí con la espalda pa’ la cagá y recaliente por falta de información. Le dije a la enfermera que nos íbamos pero me recomendó que esperara los resultados finales que iban a estar el lunes.

¿Pensaban de todas maneras ir al torneo en Córdova?
-Pusimos el tema en la balanza. Después del alta los médicos nos dijeron que había gente que sabía que iríamos para allá y que nos iba a discriminar y tratar mal. Además, un deportista en estas competencias tiene que estar fino, en constante movimiento, y la chica llevaba cinco días en cama. Así que decidimos regresar.

¿Sintieron en algún momento un ambiente xenófobo?
-Lo sentimos cuando nos dieron el alta y el cónsul nos recomiendó de inmediato salir del hospital, caminar unas cuadras y tomar un colectivo hacia el terminal. Cuando le cuento al enfermero me dice que cómo se me ocurría salir así, si hace tres días estaban matando gente por culpa de unos chilenos con fiebre porcina. Te ven salir de acá con bolsos y te matan, me dijo.

¿Que hiciste entonces?
-La gente del hospital pidió un taxi para que nos recogiera. Ahí fue cuando caché que había mala onda. Después cuando vi los videos me di cuenta que habían pasado cosas realmente feas: gendarmes agrediendo a personas, quebrazón de vidrios, señoras heridas…

Incluso hubo disculpas públicas de la señora K.
-Sí, pero fueron disculpas dirigidas a otras personas, un asunto casi protocolar. En rigor nadie nos fue a buscar al hospital, total, ya estábamos bien y para afuera. Pero el problema no fue tanto ese sino que habíamos perdido la combinación a Córdova y no teníamos pasajes para volver.

¿Qué hicieron?
-Finalmente encontramos para el día siguiente y le comentamos al cónsul que teníamos que pasar la noche en Mendoza pero ni se inmutó. Nos dijo que habían varios hoteles baratos en el sector. “Es que cónsul, no tenemos plata”, le dije. Me contestó que podía mandarme donde enviaba a los inmigrantes e indigentes, un lugar donde dormían todos juntos y vestidos.

Pero si andabas con una menor de edad…
-Se lo dije, pero tampoco pescó, así que llamé por teléfono al hospital y le expliqué al enfermero jefe, éste le consultó al médico general y nos recibieron nuevamente.

Al menos, te llevó al hospital.
-Sí, pero tres cuadras antes nos dice “ya chiquillos, los dejo hasta acá para que en el hospital no vean que andan conmigo”. Así que nos bajamos con todos los bolsos en un lugar donde habían hecho protestas contra nosotros. La gente del hospital nos recibió bien, al otro día nos despedimos muy agradecidos de ellos y volvimos a Chile como si no hubiera pasado nada.

Suena algo absurdo…
-Yo lo encuentro raro y chistoso. No hubo ninguna sorpresa, nadie nos esperó en el terminal en Santiago, nadie cachó nada y eso que antes alguien había propuesto incluso cerrar las fronteras por culpa de nosotros. Faltó poco para creer que traíamos la séptima plaga.

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