Por JUAN PABLO ÁBALO

Alejandro Lazo es un secreto hacedor de buenas y extrañas canciones. Pertenece a la generación de músicos que vieron interrumpidas sus carreras en Chile por el Golpe. Tras años fuera del país, volvió a Chile a fines de los 80 con una buena cantidad de canciones bajo el brazo, que siguieron por varios años inéditas hasta que hoy, entusiasmado por su mujer, vuelve con el disco doble “Una ala de noche” / “Nothing about love”. Lazo habló con The Clinic de su música, de su padre fusilado por la dictadura y de cómo ser músico sin estar en el ojo público.

¿En el panorama chileno, en dónde te ubicas como cantautor?

-Mi generación es la generación del sandwich. Por una parte están todos los de la nueva canción chilena: Rolando Alarcón, Gitano Rodríguez y Pato Manns -todos más jóvenes que la Violeta y que le siguen estéticamente- y, por otra parte, después venimos nosotros: Lucho Le Bert, Leo Rojas, Eduardo Gatti y yo.

¿Cómo evalúas el trabajo de la Nueva Canción Chilena?

-Logró instalar una estética y, aunque la vida de muchos de nosotros se interrumpió con el Golpe, se logró instalar una música popular chilena en el mundo.

PADRE FUSILADO

“Yo no era militante, nunca lo fui”, cuenta Lazo sobre su vida en Chile antes de su exilio. “La Unidad Popular para mí fue el proceso más lírico de Chile, el más romántico, con una enorme participación popular, con todos los errores que quieras. Pero después vino el chancacazo del Golpe: toda mi familia participaba en cargos o militaban, mi padre, Carlos Lazo, era dirigente socialista, mi padrastro, el poeta Thiago de Mello, también participaba. Y después del Golpe, todos para afuera.

Pero a tu papá, Carlos Lazo, lo tomaron preso.

-Claro. Estuvo como cuatro años preso, por lo que yo decidí quedarme en Chile hasta que él, después de su condena a muerte, que fue pública, me dijo que me fuera.

¿Qué le pasó a él?

-Esa es una historia atroz, nadie creía que iba a pasar eso, incluso lo defiende Gonzalo Vial, que fue ministro de educación de Pinochet y había sido compañero de mi padre.

¿Qué pasó?

-Lo fusilaron para la dictadura. Vino la condena a muerte y la noticia salía en los titulares de La Segunda. Por alguna razón, ese día no vi el titular que decía: “Dos condenados a muerte”, junto a la foto de mi papa y la de Erick Schnake. El que vendía el diario gritaba “¡dos condenados a muerte!” y solo asimilé que se trataba de mi padre cuando compré el diario y lo leí.

¿Ahí compusiste la canción “Contra la muerte” (incluida en este nuevo disco), dedicada a tu padre?

-Sí, ahí nació. Es una canción de una ecuanimidad tremenda: no tiene odio.

¿Después de eso te fuiste del país?

-Sí, decido irme voluntariamente, a Inglaterra, porque me gustaba mucho la música inglesa, y por el idioma. Mi familia se fue a Francia. Y estando yo en Londres recibo una carta que mi papá me envió desde la cárcel antes de que lo fusilaran, en la que me decía: “no puedo odiarlos, porque si los odiara perdería el control”.

¿Y tenías conocidos en Inglaterra?

-Llegué en agosto del 75 y me recibió el Pato Manns y el Gitano Rodríguez, que eran amigos de mi madre. Con ellos canté las canciones mías de aquella época y los acompañé en las suyas en la guitarra. Me acuerdo que el Pato le dice en broma al Gitano: “¡Hay que parar a este hueón porque nos va a cagar a todos!”.

LONDRES Y BARCELONA

¿Cómo fue tu vida en Londres?

-Estudié en la universidad durante un tiempo, y ahí me relacioné con el piano mucho más cercanamente que antes en Chile. Los ingleses tienen un gran respeto por la música; me acuerdo que una noche fui a tocar el piano a una sala acompañado de unos amigos. Me puse a improvisar y estaban todos tirados en los sillones escuchando y, mira la diferencia con Chile, el guardia nocturno en vez de llegar y echarnos, se me acerca y me dice “cuando usted termine me avisa”.

Tú eres guitarrista, ¿qué te abrió musicalmente el acercarte al piano allá?

-Me abrió la idea de un lenguaje continuo: la idea de que la música puede ser una narración y eso, que estaba ya en mis canciones, lo traslado más conscientemente a ellas. Gabriel Brncic me dijo una vez en España: “Tus canciones son prosódicas”.

Es decir, canciones sin estribillo.

-Claro, la prosodia es más o menos eso, tú te largas y no hay estribillo, por lo tanto rompes con eso del A, B, A, rompes con la forma de la canción clásica. Son canciones muy literarias, es como un poema cantado.

A propósito, dedicas otra canción a Violeta Parra, ¿qué rol cumple ella en tu música?

-La Violeta era de una autenticidad a toda prueba, había una necesidad rilkeana en ella de expresión inevitable, una poesía extraordinaria y una innovación formal fuera de serie. Es un gran referente.

¿Qué piensas respecto a que la figura de la Violeta hoy se use para todo?

-Muy bien, porque es muy buen material que ocupar, es un muy buen legado. Ahora cabros jóvenes vuelven a tomar en cuenta la importancia de los textos en la música, y eso es legado de la Viola.

Después de vivir en Inglaterra, ¿a dónde te fuiste?

-A Barcelona porque el contingente del exilio -los Parra, Quilapayún, Inti Illimani- supusieron, en buena hora, que había que hacer una renovación del repertorio musical chileno, así que contratan para hacer un disco a algunos otros músicos, entre ellos gitano Rodríguez que cumple un rol fundamental, Gabriel Brncic y yo.

¿Te quedaste a vivir en Barcelona?

-Sí, once años.

EL DISCO EN INGLÉS

Y “Nothing about love”, el disco con canciones en inglés que ahora publicas en esta antología, ¿dónde lo hiciste?

-Mientras vivía en Europa viajé a EE.UU. cuatro meses y ahí lo hice. Compuse las canciones y las grabé de inmediato en Los Angeles. Eso fue un placer, pocas veces se compone y se graba con todo tan fresco. Ahora es más fácil pero en ese tiempo no lo era.

¿Y todas estas canciones las guardaste tantos años?

-Muchos años; es que tuve una decepción muy grande con el negocio de la música.

¿Si?

-Siempre me ha parecido que la parte del negocio en la música es de una agresión muy grande, los directores artísticos son el súmmum de la falta de respeto.

¿Por qué?

-Se meten en las letras y en la música. El negocio de la música es fatal. Por ejemplo, mi disco “Día” se publicó en Colombia a través de un sello instrumental. Años después, tocando en Holanda, me enteré por unos colombianos de que el disco lo tenía toda la intelectualidad colombiana, que se había movido con mucho éxito. Pero cuando llamé al sello me dijeron que no se había vendido nada de nada. Por eso me retiré y seguí componiendo en mi casa.

“CANSAUTORES”

¿Cuándo volviste a Chile?

-El 88, para el plebiscito, y ahí me quedé.

¿Y al llegar no te dieron ganas de volver a la actividad musical pública?

-Me plantee la posibilidad de publicar, pero rápidamente te agarra la vida, nacen las hijas, te metes en lo laboral y viene la dicotomía que ocurre en Chile: tener que trabajar en otra cosa para poder hacer música tranquilo. Por eso decidí no publicar nada y dedicarme a trabajar tranquilo en otra cosa y hacer mi música libremente.

¿Y por qué ahora decides publicar?

-Porque pasó el tiempo y mi pareja un día se llevó en el auto una copia de mis canciones y al regreso me dijo que tenía que publicarlas. Ahí tuve una catarsis, oí las canciones nuevamente y me largué a llorar a mares. Esto fue hace tres años; con la catarsis me liberé de la marca de la estafa en Colombia y entonces decidí publicar. Finalmente, los discos salieron este año.

¿Qué te gustaría que pasara con el disco?

-Quisiera abrir una ventana distinta, no funcionar del modo tradicional del cantautor o, como dice mi amigo Memo Romero, de los “cansautores”.

¿Cómo?

-Creo -y quiero- que algunos autores pueden no estar en el esquema clásico de vivir haciendo conciertos o giras y ser famosos. Creo que las obras de cantautoría debieran ser como libros cantados, distribuidos en librerías, funcionar desprendidos de uno y del concierto.

Pero ahora harás un concierto para lanzar el disco.

-Sí, pero será excepcional porque yo no tengo noción de repertorio; para el lanzamiento rescaté unas cinco canciones y nada más. Me gusta la idea de hacer muy pocos conciertos, muy puntuales, como éste con el que cierro una etapa de mi vida.

CAGAR AL DE AL LADO

Tú trabajas en el Ministerio de Cultura, en lo de los fondos culturales: ¿no le temes a la institucionalización de las disciplinas artísticas?

-La labor de los fondos concursables es algo que no tiene precedente en Chile, y creo que es fundamental que el Estado apoye a la producción artística. El patrimonio cultural, las obras que se han juntado en estos 20 años, es esencial. Yo defiendo la existencia de estos fondos y de la institucionalidad cultural.

¿Qué te parece la idea de Piñera de plesbiscitar la cultura?

-Impresentable, ahí se muestra la ignorancia en relación a cómo ocurren los procesos artísticos, los procesos de creación. Es una falta de respeto extraordinaria frente a la tradición artística, frente a los premios nacionales, etc. Todo el mundo cuando habla de cultura habla de las artes y las artes no son más que una manifestación cultural. La cultura es todo, desde la violencia intrafamiliar y el femicidio hasta la cazuela.

¿Y cómo ves el panorama político de ahora?

-Está revuelta la cosa. Creo que en Chile falta madurez política.

¿En qué sentido?

-Las opciones políticas tienen que ser representativas de un pueblo y veo que acá no lo son: hay una distancia enorme entre la clase política y su pueblo.

¿Cómo crees que viene la mano en Chile?

-No sé, no veo que ningún candidato se proyecte en el tiempo y es grave no tener proyección histórica. En los próximos años van a cambiar paradigmas enormes. Muchos hablan de que el cambio pa acá o pa allá, pero ¿qué cambio? Solamente podríamos tener un verdadero cambio si nos desprendemos del concepto de la competencia, del decir “yo tengo que cagar al del lado para ascender”. Hasta cuándo esa mentalidad de comerciante en Chile.

POETA MÚSICO
POR GABRIEL BRNCIC*

Leemos, luego escuchamos. El poeta está en algún lugar. Topoi. Hoy en día el sonido de algunas canciones del corazón de cada habitante, está lejos de un origen directo. Acúsmática… aquello de oír sin ver nos atrae, nos daña, nos alienta y nos grita: ¡ineptos, sabéis que en el futuro, quien os dice algo precioso! Fin.
Alejandro Lazo es un poeta músico. Categoría ni tan nueva. Inaceptable: ¡los poetas escriben y ustedes leen! ¿Alguna vez los viste-oíste? Lo oímos y nos bastó para recordar su peripecia… Los músicos claman-susurran su condición en el escenario. A veces, ni siquiera ellos, ¡otros dicen lo que ellos dicen! Luego graban también… y el mundo los oye en-cantando, al simple texto. He aquí el periplo múltiple de Alejandro Lazo, persona. Y ésta su colección de símbolos: canciones, exhortaciones musicales, composiciones con sintetizador, textos con guitarra, escenografías para oír, improvisación sobre el telar inconcluso. Él está en los problemas de otros. Ayuda, escucha, opina, sitúa: no solo esa “vaguedad del ser” que termina en la claridad. Algún detalle se me escapa; admiro sin reservas la obra de nuestro amigo, bienvenido en nuestra casa en los peores momentos de quien dictó el invierno.

*Gabriel Brncic (1942), compositor y profesor chileno radicado en Barcelona.

FE DE ERRATA
Por un lamentable equívoco, en nuestra anterior edición, en la entrevista al cantautor Alejandro Lazo, se dejaba entender que su padre había sido fusilado en la dictadura. Lazo nos escribió pidiendo publicar esta aclaración: “Estimados de The Clinic: Antes que nada, agradecerles el espacio y el interés. Debo aclarar que, por un malentendido producido en el devenir de la conversación, se pudo interpretar como que mi padre Carlos Lazo Frías habría sido fusilado. Pero no es así: si bien efectivamente fue condenado a muerte, luego de algunas deliberaciones insondables, no fue fusilado y la pena fue conmutada a 30 años de prisión, los que finalmente y producto de una intensa presión internacional, solo fueron cuatro años y medio, saliendo en libertad para iniciar un exilio de unos quince años en Francia. Un abrazo,
Alejandro Lazo V.