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Candelabro, la banda chilena del momento, tras su exitoso show de La Cúpula: “Después de esa euforia, uno vuelve a guardar los instrumentos y a irse en metro a la casa”

La banda nacional del momento viene de un consagratorio show en La Cúpula del Parque O’Higgins y está ad portas de su primera gira por España. En conversación con The Clinic, desmenuzan lo vivido en los últimos meses y profundizan en la visión detrás de su música. Además relatan cómo estuvieron involucrados en el fatídico ataque escolar en Calama, donde fue herida la madre de Nahuel Alavia, integrante del grupo.

Por Raimundo Flores S. 23 de Mayo de 2026
Candelabro - Ale Besoain
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Hay canciones nacionales con muchas más reproducciones que las de ellos y hay artistas locales que les superan con creces en el conteo de seguidores en redes sociales. Sin embargo, si se trata de la música chilena del último año, nadie ha podido crear himnos con la potencia de Candelabro.

La noche del miércoles, el septeto protagonizó el lanzamiento en vivo de su segundo disco, “Deseo, carne y voluntad”, en una atiborrada Cúpula del Parque O’Higgins, con cerca de 2.000 personas que agotaron las entradas para el evento en cuestión de minutos.

El frío otoñal contrasta con el calor que genera la aparición del grupo en el escenario, que comienza el show con la enérgica e instrumental “Las copas”. Luego, el primer himno -“Domingo de ramos”- y su llamado a la acción.

—“¡Desalambrar!”

Matías Avila, vocalista de la banda, ya ni canta esa palabra en los conciertos. Deja que el público la haga suya. Tal como él lo hizo a la hora de componer la canción, apropiándose de un tema de Víctor Jara, que a su vez era una versión de una composición del uruguayo Daniel Viglietti. Nada se pierde, todo se transforma. 

A fines de los 60, la canción resonaba con las luchas campesinas y los anhelos de que la tierra fuera para quien la trabajara. Hoy,  la idea toma un sentido más metafórico, pero no menos convocante. 

“Me parece un profundo llamado a ocuparnos de nuestro contexto político en Chile, en mi caso personal desde la educación y desde la música. Instalar nuevamente un norte común, un sentido de pertenencia y un afecto por nuestro país no responde a lo que nos ha propuesto la derecha tradicional y pseudo-cristiana en lo que va de gobierno ni antes”, teoriza Ávila en conversación con The Clinic.

Durante la canción, Nahuel Alavia toca en el saxo soprano parte del himno nacional y al finalizar el público grita “¡Viva Chile!”. No hay ironía, solo una propuesta de patriotismo alternativa a la oficial, pero que mantiene el orgullo por lo propio. Hay algo de Los Jaivas, algo de Congreso, pero todo refrescado desde la visión de una nueva generación, muy anclada en el presente

“Estamos tocando temas muy relacionados a lo cotidiano, y no solamente en lo personal, sino que también a nivel país y, a grandes rasgos, a nivel Latinoamérica. Son todos estos referentes que se tocan, que se presentan en los samples, en las letras y en el sonido que estamos buscando. Es un sonido que representa a harta población”, opina María Lobos, a cargo del saxofón alto.

El componente religioso: “Nunca hemos buscado evangelizar”

Mientras Candelabro despliega sus atributos musicales, también empieza a asomar la propuesta visual del show, cargada de teatralidad y creada por Germán Pavez y Javiera Donoso, segunda vocalista de la banda y también a cargo de sintetizadores y samples. 

Junto a la chilenidad, el otro punto clave del disco es la religión, que concentra buena parte de los elementos que van entrando y saliendo de escena. Si Rosalía en su actual gira monta un confesionario para que celebridades cuenten infidencias, Candelabro utiliza el mismo elemento pero con otro nivel de profundidad, dándole una carga especial a las canciones que se interpretan detrás de él, “Prisión de carne” y “Tumba”.

Para seguir con el ciclo del arrepentimiento cristiano, luego viene la oración. Sentados en una banca que podría ser la de una capilla, Ávila y Donoso cantan “Ángel”. Se trata de una musicalización de la plegaria al Ángel de la guarda, que surgió como un trabajo que hizo Ávila para la universidad pero que terminó siendo el puntapié inicial de “Deseo, carne y voluntad”, al percatarse de la emoción que provocaba el tema cuando la tocaban en vivo.

Siguen en el repertorio “Liebre” y “Pecado”, el tema más confrontacional con el statu quo cristiano y que también es recibido por el público con algarabía, resonando especialmente frases como “Dios está perdido en una calle de Estación Central” o “A Dios lo busca un narco en un gueto vertical”. La simbología religiosa continúa con la entrada de un púlpito al escenario, desde donde Ávila da un frenético discurso que termina de mostrar sus dotes como frontman y que, por su acidez, recuerdan a la influencia de su gran ídolo, Jorge González.

“Nunca hemos buscado evangelizar pero sí cuestionar, por ejemplo, cómo en la cultura chilena repetimos patrones. Después de haber crecido en una cultura católica, eso queda en escenas del día a día, como que somos una sociedad muy culposa y también muy juzgadora”, explica Donoso.

Diseñadora de profesión, su labor ha sido fundamental en el aspecto visual de Candelabro, creando, por ejemplo, la portada de “Deseo, carne y voluntad”, con el boceto de un cordero que hoy aparece en memes, poleras y tatuajes de sus seguidores.

“Nos sentimos muy representados por la figura del cordero. En el sentido de tener 20 años y exponerse al mundo y creer que uno sabe las cosas y en realidad te pasas cayendo todo el rato. Y uno intenta, intenta, y fracasa, y fracasa. Y en ese mismo actuar está la esencia del cordero mismo, como en esos videos de corderos en que corren y saltan por todas partes y pegan patadas sin coordinación. En esa misma inocencia de conocer el mundo creo que se enfrasca también este disco. Si bien busca ser un disco maduro, por otra parte también es la visión de gente de 20 años, que se está recién exponiendo a lo que es la vida adulta”, reflexiona Donoso.

La relación del grupo con el ataque escolar en Calama

A veces un meme vale más que mil imágenes. Hay uno, que postula que los conciertos de Candelabro se dividen en veinteañeros saltando adelante y treintañeros llorando atrás. Aunque es una caricatura, la jornada en La Cúpula tuvo mucho de eso, con una ferviente fanaticada juvenil moviéndose como un oleaje humano en la cancha y un público un poco más experimentado observando desde atrás, no menos emocionado.

Candelabro en La Cúpula. Fotos: Ale Besoain

Uno de las canciones que sube la emotividad del show es “Tierra maldita”, escrita por Ávila después de los incendios en Valparaíso de 2024, aunque con posibilidades interpretativas que van más allá de ese episodio. Alguien que ha resignificado ese tema en los últimos meses ha sido el saxofonista Nahuel Alavia. 

El músico es oriundo de Calama, donde vive y trabaja como profesor en un colegio. Trece días después de su triunfal paso por Lollapalooza, Alavia estaba en Santiago haciendo trámites para el viaje que tenía junto a Candelabro a Lima. Fue en esas circunstancias cuando se enteró que en el colegio donde trabaja su madre, Haydée Moya, un alumno había atacado a compañeros y funcionarios, siendo Moya una de las heridas. El episodio, donde murió una inspectora, se tomaría la agenda noticiosa del país por varios días.

Nahuel viajó de inmediato a Calama. Por mientras, la comunidad Candelabro se activaba. Cadenas de oración y campañas para donación de sangre fueron parte de las instancias que se promocionaron desde las redes sociales de la banda, además del apoyo emocional que recibió Alavia por parte de sus compañeros y seguidores.

“Se portaron súper bien. A mi mamá no le faltó una gota de sangre porque mucha gente fue a donar”, recuerda Alavia. Aunque su madre llegó a estar en riesgo vital, su posterior recuperación ya permite mirar lo sucedido con algo de alivio. “Los primeros que estuvieron ahí fueron los Candelabro. Entonces, hay un tipo de conexión, respeto y cariño que les tengo, que cada vez se ha reforzado más”, sostiene.

“Por suerte Nahuel estuvo súper protegido y acompañado por todos nosotros. Eso fue lindo igual. Los tiempos malos unen a las familias”, agrega Franco Arriagada, baterista.

La siguiente presentación de Candelabro después del ataque, fue el masivo y viralizado show que dieron en el Mercado Paris Londres, con la salud de Haydée Moya mucho más estable. Nahuel recuerda que sintió un cariño especial por parte del público y que tuvo que contenerse para no llorar en algunas canciones.

“Tierra maldita”, por ejemplo, tomó un nuevo significado. “Yo me niego a creer que esta tierra está maldita”, dice, citando la canción.  Luego agrega: “Me niego a creer que Calama está maldita. Después de todo lo que pasó, hubo todo un problema interno. En lo personal, me cuestioné muchas veces si seguir en la pedagogía. Pero ha habido muchos hechos personales, no solo con alumnos, sino también con la comunidad educativa que me hacen creer que, si bien esto fue un hito muy terrible, también es una prueba de que tenemos que seguir como profesores, instaurando lugares de refugio y acogida a muchos estudiantes que la están pasando muy mal”.

Primera gira europea

Aunque es pronto para adivinar la trascendencia que vaya a tener “Deseo, carne y voluntad”, es innegable que el disco ha servido como banda sonora para un grupo de la población, específicamente jóvenes desilusionados con el presente político del país. No por nada, varios espacios entre canciones durante el concierto fueron rellenados por espontáneas manifestaciones del público en contra del presidente Kast.

La banda ahora se va de gira a Europa. Foto: Ale Besoain

Luego de los resultados de la elección presidencial del pasado 14 de diciembre, “Fracaso”, una de las canciones del álbum, apareció musicalizando un buen número de reflexiones y posts de quienes se sentían derrotados. 

“Habrá que levantarse a construir, habrá que levantarse a trabajar por algo mejor”, dice el tema, que fue coreado con ímpetu en La Cúpula, cuando ya la jornada empezaba a despedirse. 

“Queremos contribuir. Queremos decir lo que pensamos. Queremos instalar temas de conversación que no sean solamente de la experiencia resumida en amor y bicicletas. El costo de eso es lidiar con un fuerte desacuerdo de quiénes no piensan cómo uno, está bien. Es parte de no estar haciendo una cámara de eco. No pretendemos con esto ser una brújula moral, ni somos salvadores de nadie ni predicadores de nada. Hablamos de lo que vemos. Por tanto cantamos lo que cantamos y hacemos lo que hacemos de lo forma en que realmente nos nace hacerlo”, explica Ávila.

Más allá de la crítica social, un elemento esencial para cualquier banda de rock que quiera trascender en su generación, las canciones de Candelabro también han sabido plantear una cuota de esperanza o, al menos, un lugar de consuelo para quienes se sientan de una forma parecida, un “refugio en la oscuridad”, como plantean en su disco debut.

“Dame algo en que creer. No lo soltaré”, canta Ávila en “Fracaso” y, al parecer, precisamente han sido sus fans los que se han aferrado a la banda como un espacio seguro. “Me encanta cómo te cuentan las experiencias personales de ellos con tanta seguridad”, dice el bajista y pianista Carlos Muñoz.

Luis Ayala, guitarrista del grupo, teoriza: “Siento que la gente nos ve como pares, así como nosotros vemos como pares a la gente que asiste a nuestros shows. En esa retroalimentación hay un relato mutuo, un relato que se comparte en términos generacionales”.

Aunque La Cúpula extasiada en la propuesta de Candelabro da para intuir que el grupo está lejos de su techo creativo y de popularidad, lo que dice Ayala no deja de ser cierto. Los siete integrantes del grupo siguen siendo ciudadanos comunes y corrientes, que compatibilizan su incipiente faceta de estrellas de rock con trabajos y vidas normales. 

“Lo que pasa después del escenario también es importante, porque después de esa euforia, uno vuelve a guardar los instrumentos y a irse en metro a la casa. Entonces es algo que uno agradece pero a la vez es un poco difícil. Uno se disocia a veces”, resume María Lobos.

“Es una doble vida, como Hannah Montana”, postula bromeando Alavia, aunque, en su caso, sus alumnos calameños ya descubrieron porque a veces se ausenta de clases. “Me mantiene en la tierra trabajar como profesor. Yo creo que me ayuda bastante a no perderme”, agrega.

Por lo pronto, los esfuerzos de compatibilizar ambas vidas tendrán que mantenerse. Luego de su consagratorio paso por La Cúpula, Candelabro viaja ahora por primera vez a Europa, donde girarán por siete ciudades de España, incluyendo una parada en el importante Primavera Sound de Barcelona. Allá cuentan con el apoyo de Sonido Muchacho, sello que ha impulsado a importantes nombres de la música ibérica de los últimos años, como Sen Senra y Judeline.

“Me parece un sueño que se abran estas posibilidades por todo el esfuerzo que hemos hecho”, comenta Muñoz.

A su regreso, la idea es seguir trabajando en su tercer disco, que ya tiene canciones maqueteadas. En paralelo, Ávila y Arriagada están grabando un disco para A favor del loco, banda que formaron junto a Ignacio Bolsi.

Además, todo indica que en diciembre volverán a dar un show estelar, esta vez en un recinto con mayor capacidad, estirando las posibilidades de un proyecto que aún tiene mucho por decir.

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