POR CLAUDIO PIZARRO
Lleva más de 10 años inventando noticias. Ahora aseguró ser el enlace chileno del espía peruano acusado de entregar información secreta. Fue su último golpe. Sus familiares lo describen como un mitómano, y los periodistas lo tratan de estafador. Esta es su historia.
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El sábado pasado la Radio Programas de Perú contactó en directo al supuesto enlace chileno de Víctor Ariza, el suboficial de la Fuerza Aérea Peruana acusado de entregar información secreta a Chile. La voz, al otro lado de la línea, se identificó como Juan Soto Vargas, médico de profesión y colaborador habitual de las Fuerzas Armadas chilenas.

-El comandante en jefe de la FACH nos ordenó que hicieramos este trabajo… Para mí no es nada nuevo, estoy acostumbrado -comentó el supuesto espía.

Soto Vargas dijo que había escapado a Argentina y que habría enviado tres mensajes a la página web del gobierno peruano exigiendo asilo. “Pedí que nos acojan como refugiados para ir allá y contar la verdad”, agregó.

La noticia prendió en Perú. Javier Velásquez, jefe de gobierno, dijo que las declaraciones de Soto Vargas apoyaban “la tesis peruana”. Sin embargo, horas más tarde, Francisco Vidal se encargó de echarle tierra al asunto.

-Soto Vargas es un reconocido mitómano…toda la información que apareció hoy día es absolutamente falsa -explicó el ministro de Defensa chileno.

Razones para desmentir a Soto Vargas habían por montones. Hace más de 10 años que se ha encargado de embaucar a la prensa con noticias falsas. Su lista de mentiras es abundante y su repertorio extraordinario. Los periodistas lo llaman “el estafador de noticias”.

VISITA AL PAPA

A Juan Anguita Soto ya no le da vergüenza. Cada vez que su primo aparece en los diarios o en la televisión se ríe a carcajadas. “No me queda otra”, dice. Pero su humor no es sinónimo de complacencia. A la hora de definir a su familiar no se ahorra comentarios.

-Es un tipo aprovechador, sinvergüenza, mentiroso, mitómano, las tiene todas -cuenta al teléfono desde Puerto Montt.

No ha sido fácil para la familia aceptar a un pastel como Soto Vargas. De chico, cuenta Anguita, su primo se las dio de espía. “Incluso hizo un curso de investigador privado por correspondencia”, asegura. Sus historias empezaron cuando vivía en Palena. “Estuvo en un seminario, lo echaron por mentiroso y después se fue a Santiago a estudiar, durante un buen tiempo no supimos nada de él”, señala Anguita.
Para sus familiares, hablar de Soto Vargas es como intentar descifrar un acertijo. Pero poseen ciertas claves. Luego de egresar del colegio, después del golpe militar, Soto Vargas regresó al sur y retomó el contacto con sus familiares.

-Me contó que fue informante de los militares y que había denunciado a un grupo de compañeros de la escuela que eran activistas y que después los fusilaron -cuenta Anguita. Renglón seguido, asegura, le confesó que trabajaba para el general Oscar Bonilla, entonces ministro del Interior.

Desde aquella fecha su familia especuló con su ingreso a la DINA. Organismos de Derechos Humanos aseguran que se habría encargado de infiltrar a distintas organizaciones en el exterior. Sus periplos al extranjero, por aquella época, eran frecuentes. Anguita señala que en uno de sus viajes a Chile le encontró un talonario completo de pasajes de la línea áerea Varig. Poco tiempo después, a fines de los setenta, se enteró por la prensa de las andanzas de su primo.

-Apareció en los diarios que lo habían echado de Estados Unidos después de engrupirlos que era espía secreto de Pinochet -cuenta.

Anguita está seguro que se trató de una artimaña para regresar gratis a Chile. En el año 1981 volvió a emigrar, esta vez a Alemania. Allá contó que era un ex agente de la CNI arrepentido que había escapado de la dictadura. La web Memoria Viva, sin embargo, asegura que durante aquel período continuó “espiando a los exiliados para entregar información a sus antiguos jefes”.

Fue precisamente durante esa estadía en Europa que el mito en torno a Soto Vargas se pone fantástico. Juan Anguita asegura que en una de sus visitas a Chile su primo le mostró una foto con el Papa Juan Pablo II quien, según él, le habría otorgado una audiencia privada.

-Imagínese el bla bla que tenía -cuenta impresionado.

PERSONA “NON GRATA”

A fines de los noventa, Soto Vargas regresó a Chile y tramitó una pensión de gracia como víctima de violaciones a los Derechos Humanos. Le otorgaron el beneficio el año 2007. Pero un año más tarde se la quitaron, luego que el Ministerio del Interior asegurara que “actuó atribuyéndose condiciones y cualidades que no poseía”.

Un año antes apareció en el diario La Paz pidiendo asilo político al gobierno boliviano. Aseguraba que tras pedir acceso soberano al mar para el país vecino, estuvo preso y fue torturado. La verdadera razón de su arresto, sin embargo, fue por lesiones graves en contra de su pareja, Eliet Barrientos Gajardo.

Tampoco Argentina estuvo ajena a sus embustes. El 16 de octubre de 2007 apareció en la ciudad de Bariloche, asegurando al intendente que venía en representación de organizaciones de Derechos Humanos de Chile. Presentó una supuesta acreditación de la presidenta Bachelet y del entonces vocero de gobierno Ricardo Lagos Weber. Luego del encuentro el intendente hizo la denuncia correspondiente a las autoridades chilenas por usurpación de funciones y falsificación de documentos.

Sus estadía en Argentina ha sido ingrata. En la provincia de Chubut fue declarado Persona Non Grata, luego de informar a la prensa chilena sobre el traslado de objetivos militares de la fuerza aérea argentina a la zona. A mediados del año pasado, tras la erupción del volcán Chaitén, Soto Vargas llamó a un diario argentino asegurando que era un chileno que se encontraba con los pulmones llenos de ceniza y que el gobierno chileno no le había entregado ayuda a los damnificados. Esta vez, eso sí, nadie le compró.

En todo el sur de Argentina conocen sus artimañas debido a que lleva años pechando en diversos albergues de la región junto a su numerosa familia. Sus andanzas son conocidas en Bahía Blanca, La Plata, Trelew, Comodoro Rivadavia, Neuquén, Mendoza y Río Negro. En Chile también ha utilizado el mismo método. Hace un par de años llegó a la parroquia de la población La Victoria con el cuento del DINA arrepentido. El sacerdote francés, Lauren Marie, también lo hospedó.

-Me dijo que era un ex agente de la DINA que pasaba por un mal momento con su familia pero al poco tiempo me di cuenta que su actitud no cambiaba- recuerda.

La actitud a la que se refiere el sacerdote es el pecado capital de Soto Vargas: la mitomanía. Durante su estadía en la parroquia el cura se enteró de la llamada que hizo su huésped a los noticieros, tras el accidente aéreo en el aeropuerto de Barajas, haciéndose pasar por el cónsul chileno en España. En la ocasión aseguró que había un chileno muerto. Su nombre: Juan Soto Vargas. Su intento por desaparecer del mapa fue en vano. A las pocas horas la Cancillería lo desmintió.