Por un ratito

POR CLAUDIO BERTONI

Ya llegó el verano o está llegando odio el verano o no lo odio me cae mal o me caía la verdad es que ahora me gusta lo que no me gusta es lo que trae estos tres meses desde diciembre son la verdadera peste empieza con la idiotez anual de la pascua y la horda de genios y sobre todo genias (it´s a man´s world), arrastrándose por pasillos de micros y arterias urbanas llenas de paquetes y transpirando pero no es de la pascua de lo que quiero hablar quiero hablar de las primeras construcciones de madera en la playa de Reñaca después viene la cancha de baby fútbol y de voleiból y las murallas para los niños andinistas alpinistas subidistas y monstruos de plástico de todos colores y de goma también para los niños y casuchas para vender leseras y arrendar sillas y quitasoles y el vidrio para el pisco sour de cuicos ahí detrás en la tardecita los ví el otro día saludarse en la vereda ¡qué espectáculo! separados del resto del orbe con sus sombreros ahora que saben que la radiación del astro rey mata y ellas con sus potos flacos y blancos y las sonrisitas increíbles satisfechas regordetas de doble pera coloradas y azulinas de tomadores de agua colonia güiski y como les decía pisco sour si vieran esta playa como la ven las gaviotas en otoño y en invierno cuando viene exclusivamente un viejito manicero con el que conversamos y ametrallamos a todos los demás entrometidos y humanos la luz que hay en la olas es fenomenal en las tardes no sé por dónde ni cómo pasa una luz lavanda inolvidable que lo hace a uno soportar estos tres meses de ocio bronceado y baboso sabiendo esperando que la luz volverá que la paz volverá que uno volverá y sobre todo volverán esas gaviotas que también vuelven multitudinariamente a Las Salinas pero nunca tan multitudinariamente a veces uno las puede contar unas 26 o 27 y son extremadamente grises pálidas no son como las otras definitivamente blancas y negras (como radiopatrullas) con su pico amarillo y con este punto rojo (sí, como la mariguana colombiana) en la punta de la nariz estas otras gaviotas que no sé cómo se llaman o son simplemente aves de mar son siempre menos y más pálidas y más silenciosas y de un gris que las vuelve puro espíritu de liviandad y cuando unos las ve desde la micro un día de otoño y bien abrigadito puede sentir por unos instantes su dicha y saber cómo habría sido tener corazón y al mismo tiempo volar y como si fuera poco el gris desciende y desciende y la dicha y la plenitud ascienden y ascienden como el humo de una fogata otoñal de hojas en el corazón taoísta de montañas perdidas incluso para China mucho pero mucho más profundo que China más profundo incluso que las pinturas de la dinastía Sung donde un chinito japonés o ermitaño es siempre un punto una manchita que se va y se lo traga la niebla y todo el resto es niebla y sueño y este ermitaño llega a su choza y se calienta las manos al fuego y hace brrr y se prepara un tecito (¡imagínense, chino!) más puro más cristalino más sano que los cerros por los que anduvo Han Shan buscando algo parecido al gris de las alas de los pajaritos que les cuento y créanme que no es llegar y terminar con estos pajaritos y con el gris de sus alas diciéndose cosas con el rosa de las playas con sus arenas y con sus individuales granos de arena con sus horas con su frío con su impecable planicie con su ir y venir de olas y con uno viéndolas incorporándoselas abrevando en ellas respirando en ellas y aceptando el mundo inaceptable a pito exclusivamente de ellas y su gris clarito que nos salvan de Sangre Biblias y Coranes. Por un ratito.
9 DIC 2009.

Comentarios