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Nacional

7 de marzo de 2010

Juan Emilio Cheyre, ex Comandante en Jefe: “Había temor de entregarle el mando al Ejército”

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Por Jorge Rojas G. • foto: Cristóbal Olivares

Fue el primer Comandante en Jefe del Ejército en sacar a los militares a la calle después de la dictadura. Lo hizo sin que nadie se lo pidiera para una inundación en el 2002, la misma que catapultó a Michelle Bachelet -en ese momento Ministra de Defensa- como candidata presidencial después de aparecer arriba de una tanqueta pasando revista a las tropas. También fue el que más empeño le puso para que el Ejército se reencontrara con los civiles y se puso a disposición para cuando se los necesitara. En esta entrevista -la primera que da a The Clinic- analiza el rol que cumplirán las tropas para devolver la seguridad a Concepción y por qué el gobierno tardó tanto en llamarlos a terreno: “se demoraron 36 horas en salir y en ese tiempo pasa mucho”, dice.

En una crisis como ésta, a quién le corresponde dar información: ¿al gobierno o a los medios?
-Lo que corresponde es que quien vive una crisis utilice en su favor a los medios de comunicación. Por ejemplo, entre gastar minutos de TV en presentar imágenes de un hecho conocido, preferiría que al menos durante cinco minutos se discutan temas concretos, como saber en qué estado están las rutas, dónde se está repartiendo la comida o dónde se está abasteciendo de combustibles. Es decir, información relevante para quien la necesita.

¿Se han ocupado bien los medios de comunicación?

-Los medios podrían ser mucho mejor aprovechados por la autoridad, porque he visto mucha imagen y poco dato.

¿La cabeza de la crisis tiene que ser la Presidenta?

-Sólo en el ámbito que le corresponde. Ella como Presidenta lo encabeza, pero tienen que existir claros liderazgos en cosas específicas. Después de la Presidenta viene el Minsitro del Interior y luego los Jefes de Plaza. En las crisis tiene que haber un liderazgo, una sola cabeza que debe estar donde tiene que estar y no donde no debe. Parece una imbecilidad lo que le estoy diciendo, pero el líder no se entromete en lo que no corresponde, ni pierde tiempo en aspectos secundarios.

¿Cree que es mucho mejor que el manejo de las crisis debe estar a cargo del Ministerio de Defensa y no del de Interior?

No, debe seguir estando a cargo del ministerio del Interior, pero de un ministro del Interior que sea cabeza y siempre.

¿Hay que reformar la Onemi entonces?

Tiene que seguir existiendo pero mucho más interdisciplinaria. Lo que falta en general es que no existe el compartimiento ni la interrelación con las instituciones y eso tiene que estar. Acá siempre se trabaja con la gente de siempre, son como sandías caladas, y se les tiene desconfianza hasta a las ONG.
¿Se puede haber hecho algo más para estar preparados para este terremoto?
Faltó trabajar la crisis con anticipación. En el Ejército, cuando estaba yo, desarrollamos un sistema de juegos de simulación. Hicimos muchos con las municipalidades, bomberos y centros de salud, pero no sé si eso se continuó, aunque ya en ese tiempo nos costaba porque nos mandaban siempre a las “galletas”, los del banco de la reserva, y no a los titulares.

¿Los ejercicios fueron iniciativa de ustedes y no del gobierno?

Sí, es que tenemos una simulación de guerra que es lo más complicado que pasa y creímos que era bueno aprovechar lo que sabíamos para desarrollar simulacros de inundaciones y desastres naturales. Pero nunca se desarrolló con la intensidad que amerita un país como el nuestro.

Entonces no existe una coordinación con la autoridad para programar las reacciones a estas catastrofes.

Sí existe, pero es insuficiente. Sin embargo, acá se rompió algo que se evadió durante los últimos 20 años: poner a cargo de la situación a un jefe militar por cada región afectada, porque había un temor de entregarle el mando al Ejército.

Hay una cierta ambigüedad en la información que se ha dado. ¿El mando es incluso sobre los intendentes?

La Constitución establece el Estado de Emergencia y es clarísima en determinar que el jefe a cargo tiene el mando total y sobre todas las fuerzas de la Región, pero como hay tantos anticuerpos y tanto ha costado reconocerlo que esto nunca se había aplicado y eso que en 20 años hubo más de alguna vez en que era necesario. Las dualidades son peligrosas, las coordinaciones son muy buenas, pero la ley considera que “las zonas quedarán bajo la dependencia inmediata del Jefe de la Defensa Nacional que designe el Presidente de la República”. E inmediata, significa que no existe algo sobre él en la zona.

MILITARES EN LAS CALLES

¿Por qué no se llamaba antes a los militares?

Porque se da el recuerdo de un pasado poco feliz o desgraciado, como fue el ver a los militares con una presencia indebida en las calles. Y esa imagen, con control, asumiendo mando sobre el poder político, no quería repetirse. Eso tenía una lógica, pero quedó despejado hace mucho tiempo con la consolidación, en el 2006, de la transición y hoy ya nadie cree que los comandantes en jefe están tratando de suplantar a la autoridad política. La ciudadanía, además, mira a los militares como cercanos, amables y que no van a andar a las patadas, a los balazos, ni que son la represión vestida de uniforme.

¿Cree que los militares salieron a tiempo a la calle?

El problema está en que se demoraron 36 horas en salir y en ese tiempo pasa mucho. Cuando se produce el desbande, la gente se siente autorizada para seguir haciéndolo y ya tiene el mal ejemplo de que el orden público fue superado. Por lo tanto, meter a la gente a apagar el incendio es mucho más difícil que ponerla a prevenirlo. Me hubiese gustado más que se pusieran a las fuerzas a prevenir lo que se sabía que podía pasar.

¿Hubiese preferido que los militares salieran a disuadir más que reprimir?

Exactamente, además de proteger ciertos puntos críticos. Es que no sólo se trata de seguridad sino que también de apoyar. En el Ejército hay un brazo de seguridad que actúa con fuerza y uno amigable que aporta con los camiones aljibe, con maquinarias que sacan escombros, equipos de telecomunicaciones, etc. En el terremoto del Norte, sin que lo hubiese ordenado alguien, despaché 52 patrullas con radio a los 52 pueblos altiplánicos para tener a las cinco de la mañana a todos comunicados. ¿Quién tiene equipos de radio para hacer eso? ¿Quién sabe cómo caminar a esos lugares? El Ejército. No se trata de armarse una pega, ni de intrusear en un campo donde no corresponde, pero hoy se ha llegado a una normalidad para usar las capacidades de las FF.AA. en lo que corresponde: no son policías, no están para reemplazar a los carabineros, no son ministerio de Obras Públicas, pero hay veces en que el orden público y el país lo requieren. A eso yo lo llamé “Profesionalismo militar participativo”.

¿Cómo es eso?

Significa que no hay que meterse donde no corresponde, pero tampoco reducirse el espacio por trancas del pasado. Cuando me recibí como Comandante en Jefe, me llamó la atención que no nos ocuparan para ayudar a la ciudadanía. La gente se preguntaba por qué esta gente no sale y di la orden de que a la primera emergencia que hubiera el Ejército saldría a la calle, con o sin llamado. Por eso le mandé a la Ministra de Defensa de la época, que era Michelle Bachelet, un parte de resolución y cuando pasó la inundación de 2002, sacamos tanquetas y mowag y la ministra me llamó para preguntarme por qué estábamos en la calle y le conté del parte que le había enviado. Me pidió ir a visitar la fuerzas en conjunto, pero le dije que no, que el jefe a cargo era el comandante de la guarnición. Y ahí se tomó la foto de la Presidenta cuando apareció en la tanqueta. Con eso se botó la barrera de decir que estos medios estaban ociosos.

El tema es que acá parece que se los sacó demasiado tarde y no para ayudar en tareas “amigas”, sino que para controlar el orden público. ¿No le da miedo que el ejército retroceda en la relación con los civiles si un militar mata a una persona?

Acá hay mucho en juego y las Fuerzas Armadas tienen la tremenda tarea de demostrar que son capaces de hacerlo y bien. Diría que esta es la prueba de fuego del Ejército para demostrar profesionalismo y de estar a la altura de merecer la confianza de haber recibido una misión tan compleja del escalón político.

¿Pero no le da miedo lo que pase ahora con el Ejército?

Confío en la instrucción de la gente. Para la intervención de Haití la fórmula mágica era transmitir que estábamos allí para trabajar con ellos y para ellos, que si había que tomar las palas no estaban “los miranda” y los que trabajaban, sino que los dos en la misma situación. Cuando llegué allá, las balas zumbaban y dijimos que no íbamos a matar a nadie. Y el ejército chileno en Haití es reconocido por su cercanía con la gente. Dijimos que iba a haber bajas cero de parte nuestra y de los haitianos, y cumplimos. No veo por qué ahora no se puede cumplir eso, porque cuando les disparan, ellos no tienen por qué disparar de vuelta.

¿Usted cree que el Ejército está preparado para no devolver los balazos pensando en que están entrenados para una guerra?

Los militares tienen el criterio, la formación y la instrucción para hacer eso. Pero si algo pasa ponderémoslo en su justa dimensión. No tengo miedo a que el Ejército cometa violaciones a los derechos humanos, porque hace cinco años que en Haití tiene una conducta impecable en situaciones de alta complejidad.

¿No van a haber violaciones a los derechos humanos?

No soy pitoniso, pero toda la instrucción y el entrenamiento está dado para que eso no ocurra. El problema es la complejidad y que el incendio está desatado. Lo que sí me da preocupación es el grado de descomposición social y por eso acepté esta entrevista en The Clinic, porque es un medio que llega a mucha juventud y a un sector que a veces se lo ve muy anárquico. Y si hay un sector que tiene que comprender que a Chile le hace muy mal el pillaje y el vandalismo es a la juventud que aparentemente aparece como desordenada. Esto no es característico de una clase social o algún lugar, es tranversal, porque los que se robaron los supermercados el fin de semana no eran sólo los pobres, sino que habían hasta 4×4 que llevaban plasmas. He visto desmanes y muertes en muchas partes del mundo, y más que el terremoto mismo me he conmovido con el grado de descontrol al que han llegado personas como usted o como yo.

Una de las fotos quizás más fuerte de los militares en las calles es una donde un soldado apunta con su fusil a un hombre. ¿Qué le parece esa imagen?

La foto no es la más feliz representación de lo que queremos.

¿Siente que se está poniendo al Ejército en una situación complicada?

Por supuesto y es por eso que el Ejército va a tener éxito sólo si se dan cuatro circunstancias. Primero, que en su actuar demuestre esa doble condicion de aplicar seguridad sin brutalidad; que comprometa en la solución del problema a la sociedad porque esto no es un bando que reprime y uno que es reprimido; que se le dé la libertad de acción para poder actuar y no se le esté dosificando para que no se vean muchos; y cuarto, que tengan una gran cercanía humana, que ese respeto que se ganó en tiempos normales, ahora se lo gane en la más difícil tarea que ha tenido que enfrentar en tiempos de paz.

¿Hay que acostumbrarse a ver militares en las calles cada vez que haya una catástrofe?

Ojalá no nos acostumbremos ni militaricemos la vida nacional, pero que sepamos usar las cosas cuando son necesarias sin que el pasado lo impida.

¿Cree que el miedo de sacar a los militares tiene que ver con que la Concertación no quería terminar su gobierno con el Ejército en las calles?

El gobierno de la Presidenta Bachelet adoptó la medida que debía tomar de acuerdo a la Constitución y la situación existente, basado en la plena normalización de la relación civil-militar, el término de la tránsición y sin cálculos políticos.

¿El Ejército es el llamado a recuperar entonces la confianza de la gente?

La confianza de la gente y la seguridad, pero eso no sólo es tarea del Ejército. La idea es trabajar en conjunto, sin armar bandos. Esto no se trata de quién tiene más o menos necesidades, hay que bajar las armas y ponerse a trabajar. Con una bala no se logra la paz. Me impresiona además el desprecio por la vida ajena. Acá los derechos humanos los tenemos que cumplir todos y no es humano andar con una escopeta recortada ni con estoques. Me impresionó la foto del militar apuntando a la gente, pero ese hombre tiene la potestad para usarla y responde ante la ley por hacerlo, pero me impresionó mucho más ver a un tipo desenfundando una catana. El vandalismo es una cosa que va a durar mucho más que los efectos del terremoto, porque las casas y los caminos se van a reconstruir, pero la conducta de ciertos sectores de la sociedad van a seguir con estas malas prácticas. Eso no es de un pueblo como Chile.

EL SAQUEO

¿Le dieron vergüenza las imágenes del saqueo?

Me dieron vergüenza como chileno, porque ni en la intervención en Haití vi esas imágenes. Al revés, vi gente cantando, rezando, uniéndose con las manos y nadie justificando lo injustificable.
Igual esa gente se descontroló porque no hay comida disponible.
Es que no hay motivo para el descontrol.

¿Entonces por qué se provocó ese descontrol en Concepción?

Hay dos razones: porque hay un sentimiento en ciertas personas de delinquir abiertamente y porque encuentran una causa para echarle la culpa.

Lo entiendo en el caso del tipo que va saliendo con la secadora al hombro, pero también vi gente saliendo con pan y tallarines.

Pero la fórmula no es saquear, sino que esperar a que llegue el pan, los tallarines o el agua. Hay que organizarse, pedir, reclamar y exigir, pero no robar.

¿Es igual de condenable el robo de una secadora con el robo de comida?

Para mí el acto vandálico es condenable, tal como es igualmente condenable la falta de eficiencia en llegar con aquello que la gente necesita.

¿Falta mano dura con los vándalos?

No creo ni en la mano dura ni en la mano blanda. Creo en que esto se combate con tolerancia cero. Lo que sí falta es educación. Nosotros hemos tenido en Chile muchos terremotos y nunca había pasado esto. Acá hay una enfermedad y hay que asumirla como tal.

¿Sirven de algo los símbolos nacionalistas para superar estas circunstancias y desincentivar el vandalismo?

A mí me gusta el dato duro. El ánimo sirve también, pero si a ti te informan más que te animan la gente deja de presionar. Si le das la lista de muertos o sobrevivientes, las personas dejan de llamar o si le dices dónde están cargando combustible le solucionas un problema. Acá no hay espacios para frases de buena crianza, como esas que llaman a salir adelante con la fuerza de los chilenos, sino que lo que importa es solucionarle el problema al que no tiene agua o al que no sabe dónde está su papá. Por eso la desinformación, la información falsa, el no ser claros o eludir la verdad, son actitudes fatales.

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