Qué me devuelvan la plata ¡por favor!

Por José Luis Aravena

Pensé que era necesario el cambio. La propaganda me hablaba de lo agotado de 20 años de Gobiernos de la Concertación, machacaba con los errores, con los casos de corrupción; hablaba de los operadores políticos, parásitos enquistados en el andamiaje estatal que nada hacían más que vivir a costa del Estado, a costa mía y de todos nosotros.
Me compré el discurso. Enterito y sin chistar. Me tragué, sin siquiera cuestionármelo, cada palabra a favor de una renovación. Creí que el cambio era muy necesario.
Aposté a esa necesidad de variar, confiado en que habría gente con ganas de trabajar, de gente con capacidad.
Creí lo de los grupos Tantauco y del gabinete en las sombras que ya trabajaba para instalar el nuevo Gobierno, incluso antes de la primera ronda presidencial.
Viendo estos primeros días, no puedo estar más decepcionado. Intendentes con intereses comprometidos en la reconstrucción y en los daños de departamentos y casas; nombramientos de pinochetistas y de defensores de Paul Schafer; faltan demasiados cargos en las regiones que implementen los bullados programas de gobierno para superar la emergencia.
Y ni hablar del propio presidente que promedió vender Lan y Chilevisión antes que asumiera. Él debe predicar con el ejemplo. Él más que nadie. Si no, nadie tiene la autoridad moral para exigir nada.
¿Dónde están los mejores? Cri cri, cri cri. En La Moneda no están, eso es claro. Hay errores en algo tan doloroso como el número de víctimas por el terremoto.
Yo pagué, con mi voto, por un gobierno, por una nueva forma de gobernar. No pedía mucho porque era de ilusos pedir excelencia. Sí quería ganas, voluntad y capacidad, algo propio de quien por fin consigue algo que anhelaba por tanto tiempo, pero cada uno de los baluartes de lo que debía ser un buen gobierno, se han derrumbado o se han socavado escandalosamente en sólo un par de semanas.
Y esto no tiene nada que ver con el terremoto, si con definitivamente con una incapacidad para ser Gobierno.
Por eso, insisto, que alguien me devuelva la plata por favor.

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