POR NATALIE BASEDOW
Peter Wensierski es periodista de “Spiegel”, la mayor revista semanal de Europa, y autor del libro “Golpes en el nombre de Dios”, que relata los abusos a menores cometidos en hogares de niños en Alemania entre 1945 y 1970. Wensierski clama por la retirada de aquellos obispos responsables jerárquicos de sacerdotes abusadores de menores, cuenta lo que niños abusados durante décadas no se atrevieron a contar y exige una comisión independiente que aclare lo que describe como un verdadero tsunami de abusos cometidos por curas pedófilos en Alemania.
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En la prensa internacional, Alemania es actualmente el nido de abusadores católicos de menores. ¿Qué está pasando?
Aquí se bloqueó el tema durante 30 años, se guardó silencio a pesar de los acontecimientos de EE.UU. e Irlanda. El tema se destapó por la publicación de los casos de abuso del Canisius Kolleg, una escuela elitista católica. La presión de las víctimas se hizo tan fuerte que el director del establecimiento no tuvo más opción que salir a la opinión pública con el tema. Fueron las víctimas las que empujaron para que se rompiera el silencio y no la institución. Las víctimas son hijos de gente rica, sucedió en la capital de Alemania, y la atención pública aumentó porque cada día crecía el número de casos. En cosa de semanas aparecieron casos en colegios jesuitas en Hamburgo, Selva Negra y Bonn, se conocieron nuevas víctimas y victimarios lo que arrasó como un tsunami de abusos a la Iglesia Católica.

El número de víctimas aumenta, los victimarios se escapan, a Chile por ejemplo. ¿Qué sabe del jesuita Wolfgang Statt? ¿Cómo puede esconderse en Chile tan fácilmente?
Statt fue uno de los profesores acusados del Canisius Kolleg, y confesó sus abusos desde Chile. Incluso escribió una carta en que pedía perdón a sus víctimas. A las víctimas esa carta no les pareció para nada. La evaluaron como un intento barato para eludir su responsabilidad.

Con la acusación pública a Statt se inicia una avalancha de publicaciones de abusos en Alemania. Medios chilenos escriben que también hubo víctimas en Chile y España. ¿Qué sabe usted de esto?
Debo admitir que no sé mucho sobre víctimas chilenas de Statt y por la gran cantidad de otros casos lo he perdido a él un poco de vista. Pero escuché que hace dos meses hubo noticias en medios chilenos relativamente positivas o al menos no muy críticas sobre él. Es posible que Statt tenga amigos en medios locales. En cualquier caso, no dejaría que este hombre trabajara con niños.

Platón, Nietzsche y Bertone: para ellos pedofilia no es un delito. ¿De dónde sale ese fenómeno de no sentirse culpable por “amar” a niños?
Hoy los victimarios son muy hábiles en esconderse, eso es un hecho. La mayoría de ellos no reconoce ni admite su comportamiento y no lo evalúa como algo incorrecto. Ellos carecen de dimensiones correctas en asuntos de sexualidad. En general, quedaron trancados en su desarrollo sexual, por eso abusan de su poder para abusar de menores. Su poder como profesores, como sacerdotes. No tienen una vida sexual normal hacia personas de su rango de edad, por eso buscan niños a los cuales pueden dominar.

Por su trabajo investigativo ha hablado con varias víctimas. ¿Cómo se manifiesta la pedofilia de los curas?
No hay que pensar que pedofilia significa siempre violación o sexo anal. Los victimarios se acercan lentamente a las víctimas, de manera amistosa, con regalos o permitiendo hacerle cosas que en casa están prohibidas. Muchos “acercamientos” se manifiestan en la ducha, en lugares para el deporte. Me conmovió mucho lo que hombres treintañeros, abusados de pequeños, me contaron: Los curas los llevaban a casa en sus autos. El cura les metía la mano en el pantalón y les hacía cariño en el poto. La voz de estos hombres todavía tiembla cuando cuentan lo que les pasó, porque sienten que fue algo incorrecto pero al mismo tiempo no podían contárselo a nadie.

La mayoría de los casos son de los años 70 y 80. ¿Por qué quedaron callados tanto tiempo?
Los niños intuyen que están haciendo o que los están sometiendo a algo prohibido, que está en el área de lo vergonzoso. A veces ven también el otro lado, que pueden obtener ventajas como regalos, por ejemplo, y además tienen una relación muy compleja y contradictoria con el victimario. Además, muchas veces los niños sienten que no los toman serio. De hecho, en los años ‘70 y ‘80 nunca los tomaron verdaderamente en serio, los padres no los escuchaban. Los niños no dicen “mami, papi, me violaron”, dicen “ya no quiero ir donde el cura”, sin explicación. Y cuando el acontecimiento pasó, lo bloquean.

En la prensa alemana se mencionan generalmente casos prescritos. ¿Qué significa este silencio judicialmente? ¿Cuáles son las consecuencias para las víctimas?
Significa que los delitos prescriben fácilmente. En Alemania, después de tres años varias demandas civiles -como las indemnizaciones por daño personal- prescriben. Después de 10 años prescribe el delito; considerando, además, que el plazo de prescripción comienza a partir de los 18 años (de vida). Hablé con muchos chicos de hogares de niños y el bloqueo sicológico funciona sólo por cierto tiempo, los sucesos siempre regresan: cuando, por ejemplo, tienen sus propios hijos, cuando se enferman, o también cuando tienen relaciones difíciles con sus hijos o esposa. Entonces casi siempre es demasiado tarde para hacer una denuncia, los delitos están prescritos y es muy difícil encontrar alguien que quiera resolverlos. Eso es exactamente lo que está pasando en Alemania. Buena parte de la sociedad ha alentado para que las víctimas digan “OK, ahora es el momento para contar mi historia, ahora no tengo que avergonzarme más, no soy el único que ha pasado por esto”. Las víctimas no quieren sólo dinero, quieren dejar de sentirse culpables por lo sucedido, porque los autores del delito muchas veces convencen a los niños: “tú me sedujiste, soy un pobre cura y no sé qué hacer con mi sexualidad y tú eres un niño tan especial…”. Muchas veces, los niños se sienten culpables y quieren dejar de hacerlo ahora por medio de la aclaración de lo sucedido.

¿Se puede decir que la Iglesia Católica tiene armado un sistema de protección de victimarios con su mundo paralelo, apartado del estado de derecho?
A la Iglesia se le hizo muy difícil reconocer la gravedad de este gran problema y hasta a ella le sorprende esta avalancha de casos. El primer día, cuando se habilitó una hotline telefónica para la atención de las víctimas, se recibieron cerca de 2.700 llamados, que no pudieron ser atendidos en su totalidad. Los voceros de los obispados están con los nervios de punta porque esta ola de denuncias simplemente es muy grande. El problema es que la Iglesia, si bien reconoce que los abusos sexuales son un delito, no cuestiona su sistema de silencio y ocultamiento. Lo que falta es cuestionar cómo se pudo llegar a este capítulo tan oscuro, cómo se pudo permitir que un cura claramente pedófilo fuera trasladado de una comunidad a otra, cómo se pudo permitir que siguiera maltratando a menores, por qué callamos. Aquí faltan explicaciones y lo que se dice es “así se hacía en aquellos tiempos o no lo sabíamos”. Hasta ahora, los responsables, los jefes de recursos humanos, que siempre se preocuparon con esmero de ocultar aquello de la opinión pública, no reconocen su culpa. El sistema del silencio de la Iglesia, es decir, los victimarios tras los victimarios, le permitió que los sacerdotes siguieran como tales.

¿Qué significa para los valores de la Iglesia Católica esta activa sexualidad de los sacerdotes?
La confianza en la Iglesia Católica está por el suelo. Distintas encuestas muestran que el Papa, el Papa alemán, que hace 2 ó 3 años tenía prestigio para el 70% de los alemanes, ahora este porcentaje bajó a 30%. Aún no hay cifras concretas sobre renuncias, pero en todas partes donde se pregunta, muchas personas se salen de la Iglesia. Claramente, son más los casos de abusos que provienen de la Iglesia Católica. Pregunté en la Iglesia Evangélica (protestante), ellos me podían dar las cifras de la mitad de las principales iglesias de los estados federados y en los últimos años contabilizaban once casos de abusos, de los cuales sólo uno correspondía a pedofilia. Eso no guarda ninguna relación con los cientos de casos de la Iglesia Católica. La Iglesia se excusa diciendo que los abusos están mucho más presentes en las familias y la sociedad. Pero lo diferente es que la Iglesia es una institución con una moral superior que durante decenios, no, durante cientos de años les ha dicho a los hombres “ustedes tienen que comportarse de esta forma, estas son las reglas morales”. Y cuando uno nota que el sistema de la Iglesia fundamentalmente protegió a los abusadores y que por las víctimas fue poco lo que se hizo, entonces hay una enorme pérdida de credibilidad y volver a ganar esa confianza debiera ser muy difícil, pues incluso el Papa, por ejemplo, no se ha manifestado sobre los hechos; el Papa ha defraudado a las personas en Alemania.

    Ilustración: Ajab

A propósito del Papa, Richard Dawkins, el biólogo ateo inglés, exigió la detención del Papa; Ud. exige su dimisión.
No he exigido su renuncia, pero sí dije que, antes que el Papa, debiera renunciar uno que otro obispo. Pero ni siquiera un obispo ha renunciado. Pues existen responsables a nivel del obispado que por una vez debieran hacerse cargo del encubrimiento y ocultamiento. Muchos obispos fueron jefes de personal y participaron cuando se trató de trasladar a personas que eran sospechosas. Lo cierto es, y lo prueban documentos de Estados Unidos, que Ratzinger fue presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe entre los años 1982 y 2005. Es decir, nadie sabía mejor que él de los abusos en las iglesias a nivel mundial. Y él reaccionó muy tarde a los casos de abuso, hasta el día de hoy no ha visitado Irlanda. También en Holanda, Austria, Suiza y en Italia se hicieron públicos casos, es decir, en toda Europa occidental. Un incendio de grandes proporciones está por venir.

¿Son suficientes los santos sacramentos y el derecho penal nacional para una ola internacional de abusos como ésta, o tsunami, como Ud. dijo? ¿No debiera consultarse una comisión independiente?
Para los casos de abusos, en los países -como por ejemplo lo hicieron los irlandeses- debiera constituirse una comisión independiente, sin representantes de la Iglesia, que se preocupe de aclarar los casos. La experiencia de Estados Unidos e Irlanda muestra que la Iglesia no está en condiciones de aclararlos por sí misma. Aunque exista la mejor intención, siempre va a prevalecer el deseo de proteger el nombre y la imagen de la Iglesia. Para que eso no suceda, sería importante que los abogados de las víctimas tuvieran acceso a las iglesias. Que de las actas emerja la verdad, que el sacerdote fue trasladado por las sospechas de abuso. Estas actas deben entregarse y eso sólo se consigue con una comisión independiente con jueces y expertos competentes. La protección más importante contra los abusos en la sociedad es la mirada de lo que anduvo mal y esa mirada nos enseñará mucho a todos. Aprenderíamos mucho sobre los abusadores y sobre las víctimas. Sabríamos justamente como no deben hacerse las cosas, eso sería verdaderamente lo único positivo que ganaríamos de este oscuro capítulo del pasado de la Iglesia.

Si se encontrara casualmente con el Papa mañana y tuviera la ocasión de decirle algo, ¿qué sería?
Le preguntaría por qué él, como hijo de un policía, cuando en 1980 un cura que abusó de un niño en el obispado de Essen y fue trasladado a Munich, al obispado donde él era responsable, pudo volver a trabajar como sacerdote en la comunidad y poco después volver a abusar de niños. ¿Cómo fue eso posible bajo su supervisión? Investigué eso acuciosamente y es un punto muy débil para él, y es una pregunta que sigue abierta. Normalmente los periodistas no pueden entrevistar al Papa, pero creo que en este caso él está muy involucrado y que por eso es que también debiera haber hecho algo de autocrítica. Pues él mismo pertenece a una parte de la Iglesia que, formulado amistosamente, ha tomado todo esto a la ligera. Y dije como hijo de un policía, porque cuando uno escucha del caso del sacerdote de Essen podría preguntarse por qué no se llegó a hacer una denuncia, este es un caso para la policía y no para seguir ocultándolo en Munich. Y 1980 no es tampoco la Segunda Guerra Mundial, se podría haber ido perfectamente a la policía por abuso de menores.

¿Qué dice eso acerca del moderno Estado de derecho alemán?
Le puedo decir lo que eso significa: los niños y sus derechos es lo último que se desarrolla aquí en democracia. La aceptación de la declaración de los Derechos del Niño de la ONU y todo lo demás es un triste capítulo cuando se mira con detenimiento. Recién el año 2000 se prohibió en Alemania el castigo físico por parte de los padres. Desde entonces no se puede ser castigado. Los niños aún no son sujetos legales por sí mismos. Cuando se analizan los derechos de los niños, siempre eran los que carecían de ellos en la sociedad y lo siguieron siendo durante mucho tiempo. En el parlamento existen personas que luchan porque los derechos de los niños sean reforzados. Si los niños fueran personas legales propiamente tales y fueran tomados en serio, entonces disminuiría el abuso de menores. Es que los niños pertenecen a los eslabones más débiles de la sociedad también en nuestro moderno Estado de derecho.
Las muchas “pequeñas historias” son muy importantes. Conversé con un pedagogo que alguna vez encerró a un niño en un desván y en sus recuerdos eso no pasó, porque para él fueron 30 segundos en los que agarra al niño del brazo y lo deja todo un día de cuclillas. El educador lo había olvidado. El niño estuvo 24 horas en la oscuridad, y no lo va a olvidar en toda su vida. Existen, entonces, formas muy distintas de percepción y uno trata de ponerse en el lugar de otro y ver cómo son las pequeñas cosas en la educación y cuánto tiempo dura su efecto.

¿Cómo es buscar una verdad que una institución tan poderosa a nivel mundial como la Iglesia Católica busca ocultar? ¿Cómo es el trabajo conjunto con la institución?
Como periodista, es mi deber darle voz a aquellos que no la tienen. No hubo ninguna cooperación por parte de la Iglesia. Al contrario, sólo se minimizaron los hechos porque tenían pánico ante la eventualidad de tener que pagar compensaciones económicas. Allí donde la política, la Iglesia y las grandes empresas ocultan cosas, los medios de comunicación se erigen como el cuarto poder. Siempre y cuando puedan trabajar libremente y no sean corruptos.

Algunos obispos comparan los ataques que les llegan con el antisemitismo. ¿Se le acaban los argumentos a algunos personajes morales?
Sí. Esto es simplemente inadecuado. El obispo de Regensburg, Gerd Mueller, dijo: “Sabe usted que la última vez se le atacó a la Iglesia Católica, al celibato, de esta manera fue bajo Goebbels (ministro de propaganda nazi)”. Esto me muestra que la Iglesia tiene una relación perturbada con la crítica. La crítica se entiende de manera hostil. Eso me recuerda un poco a los sistemas stalinistas y comunistas, en donde quien en una reunión de partido tan sólo pensó en decir algo de manera distinta, de inmediato se convertía en sospechoso de ser agente del enemigo. Y una imagen tan cerrada del mundo la comparte también la Iglesia Católica, toda crítica es interpretada como un ataque en su conjunto. Ahora, acá estamos hablando de abusos. Por supuesto que se ataca a toda la Iglesia con las críticas, pero en principio se trata del sistema, los responsables, los representantes. Solamente con crítica vive y sobrevive una sociedad. Y sociedades que no aceptan ser criticadas son dictaduras, como también la vivieron en Chile. Cuando no se acepta la crítica y no se admite la libertad de prensa se paraliza la sociedad, se muere. Que la crítica duele, que hay que luchar por alcanzar la verdad, eso lo sabemos todos, pero finalmente es útil para todos los involucrados, incluidas instituciones como la Iglesia Católica.