El Mati

Por Alvaro Díaz

Lo de ayer frente a México no fue más que una confirmación: Matías Fernández pasa por una profunda sequía creativa. Usamos este concepto y no el de bajón futbolístico porque entendemos que es un artista, y su trance es similar al que atraviesa un atormentado creador frente al lienzo vacío, las teclas inanimadas de un piano o la pantalla en blanco de su computador. No son la fiesta ni las luces ni voluptuosas modelos las responsables de esto, pues el Mati nunca ha sucumbido a las humanas tentaciones que desmoronan a sus pares. Lo suyo es profundo, tiene que ver con crecer, tomar conciencia de algo que era espontáneo, la pérdida de la inocencia, la exigencia por domesticar la improvisación. Por eso Europa nunca ha sido fácil para el habilidoso: la potenciación muscular, la calculada estrategia y el diálogo áspero con un técnico que apenas se sabe el nombre de sus dirigidos son tan enemigos del futbolista sensible como el frío humano y climático de las ciudades –que en España y Portugal es cosa suave- la soledad y enormes espacios de tiempo sin ocupación, encerrado en un departamento decorado por otro, junto a una joven mujer sin amigas y una consola de videojuegos.
Cómo recuperar al Mati. Cómo pedirle que juegue sin pensar, que fluya, que vuelva a llenar de alegría la cancha. Imagino a Bielsa, que lo conoce bien, sumido en ese tipo de cavilaciones. Aquí no funcionan las instrucciones, la táctica o la arenga brutal. Todo es más sutil y preciso, como sus impecables habilitaciones en Pedreros. Mati no está gordo ni lento, tampoco ha olvidado sus preceptos futbolísticos. Simplemente está pensando mucho. Si en el Azteca la pelota que le puso el Mago Valdivia en el minuto 34 del primer tiempo ni siquiera terminó como un disparo al arco sino en los pies del mexicano Francisco Rodríguez, que se cruzó oportunamente, fue porque pensó, catalogó y sopesó oportunidades. Dudó. “¿Le pego o me lo paso?”. Fracción de segundo suficiente para perder el balón y naufragar en la impotencia, inmediata inseguridad y transito intrascendente por el gramado. Un protagónico haciendo de secundario.
La cosa es complicada, pero si algo se puede hacer desde esta modesta tribuna es decirle al Mati que no es preocupe, que por lagunas pasamos todos, que no hay nada de que arrepentirse, que la vida tiene vueltas y que lo queremos mucho. Fe y confianza, amigo.

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