POR PABLO VERGARA Y VICENTE UNDURRAGA • FOTO: ALEJANDRO OLIVARES

Eugenio Tironi acaba de publicar “Radiografía de una derrota” (Uqbar Editores), donde analiza las razones por las que perdió Frei, de cuya campaña fue asesor hasta octubre de 2009. Acá ahonda en su análisis, se refiere a la polvareda que el libro ha generado y se defiende de las acusaciones, que, dice, carga hace años por ser lobbysta, de lo que afirma estar orgulloso. Consultado sobre qué le parece que el actual gobierno no nos conceda entrevistas, dice: “¿En serio? Pero si debieran estar felices de darlas para probar ser pluralistas. Es absurdo. Ustedes incluso debieran cobrarle al gobierno por entrevista”.
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¿Dónde estaba tu corazón durante la campaña?
Con Frei. Pero no con Frei como persona. Mi corazón está con la Concertación, con esa generación y con todas esas ilusiones que representa, con ese estoicismo de perdedora que tiene. Y con sus figuras: Bachelet, Lagos, Frei, Aylwin. Yo no fui convocado a esto por una suerte de culto a la personalidad de Frei. No habría entrado en esto si hubiese sido un conflicto con Ricardo Lagos. Con la única persona con la que conversé antes de involucrarme en la campaña fue con Lagos. Él me dio el pase.

¿Y la cabeza? En el libro dices que la de Frei candidato es una decisión errada pero racional.
Es una elección que tiene una racionalidad muy sólida, robusta.

Pero errada.
Sí. La Concertación fue incapaz de absorber el fenómeno Bachelet y generar un liderazgo o un producto que lo expandiera. Me siento co-responsable.

¿Ese diagnóstico ya lo tenías cuando estabas en el comando o fue posterior?
Nunca tuve una participación directa, fui invitado cuando Frei ya había sido designado candidato. Pensaba que la primaria era una muy buena oportunidad para darle legitimidad a la candidatura, para reparar un poco su pecado de origen, que era elitista, cupular. Siempre fui partidario de tomarse en serio la primaria, para transformarla en una suerte de acto de refundación de la Concertación, que además diera lugar a un congreso programático, a una cosa que refrescara. Pero ese no era el espíritu de los partidos, que la habían concebido prácticamente como un trámite.

¿Cuáles eran los sueños de la Concertación en la campaña?
Frei tenía que ser el puente para que una nueva generación tomara el gobierno del país para enfrentar un montón de temas que la generación anterior había administrado y no resuelto, porque se dedicó a otros, como restablecer la democracia.

¿Qué temas no resueltos?
Entre esos temas estaba la descentralización, los temas del cambio climático, qué sé yo, temas de una sociedad más humana, no basada en el mero crecimiento… Pero creo que vivimos ya en una sociedad saturada de discursos, de promesas, que cree mucho más en los gestos, en los símbolos, en las biografías. Y desde ese punto de vista…

¿La biografía de Piñera era mejor para la elección del 2010?
Es una biografía sin duda muy interesante, porque las interesantes son las que no son lineales, las que tienen rupturas, desgarros, reinvenciones; donde además, la persona es fruto de su propio esfuerzo. Las otras biografías, más bien predecibles, que no tienen grandes quiebres y que son fruto de circunstancias o de apellidos, son más pobres. Además, Piñera la construyó muy bien. A nosotros nos impresionaban en los Focus Group cómo la gente reproducía al pie de la letra la biografía que él había hecho de sí mismo, un self made man. Y Marco no hay duda que tiene una biografía apasionante, fascinante, que también ha trabajado muy bien, y de pronto las biografías son más importantes que los programas.

¿Había espacio para plantear esto en el comando?
No.

¿Por qué no?
Porque… Yo vengo de una Concertación bastante intelectualoide si se quiere llamarla así. Y la Concertación hoy es muy anti intelectual. Y el freísmo, como se ha verificado con algunas frases emitidas en los últimos días, tiene una cierta desconfianza hacia la reflexión intelectual, y tiene un punto hacia la acción, hacia el esfuerzo. Nunca hubo espacio para una reflexión de este tipo.

CRÍTICA O DESLEALTAD

¿Qué es lo peor que te han dicho por este libro?
-Cosas divertidas, como que con esto gano plata. Creo que tendría, modestamente, otras maneras bastante más eficientes para ganar plata. O que esto lo hago para obtener fama, para hacerme notar, cuando precisamente uno escribe un libro para hacerse notar con sus ideas. Sino, me dedico al onanismo intelectual. Esto lo tomo como anecdótico, pero me apena esa idea de la deslealtad, esta idea de que uno debiera inhibirse de tener cualquier juicio reflexivo, interpretación o análisis independiente.

Te acusan de estar contando secretos de camarín.
Respecto de una cosa que es un poquito más grande que un camarín, porque acá uno no es hincha, es actor. Si me hubieran dicho que tenía que entrar a trabajar a una campaña política con compromiso de silencio eterno, me habría exiliado. Es como la antítesis misma de lo que creo es la promesa a la Concertación. Por eso dije “me apena”, porque mientras la Concertación siga viendo esto como deslealtad, está condenada a no renovarse, porque eso es síntoma de una enfermedad muy grave, el secretismo, el espíritu de secta, de evitar cualquier debate.

Como actor, ¿qué error de fondo cometiste en la campaña?
Cuando al ver con cierta desazón los estudios que teníamos, que mostraban que en la guerra biográfica, de atributos, Frei era derrotado abrumadoramente por Piñera y Marco, concluimos que si entrábamos a esa cancha íbamos a salir derrotados indefectiblemente, por lo que decidimos construir una cancha distinta, que fue la programática, las propuestas, que elaboramos muy quirúrgicamente. Apostamos a eso, pero finalmente las elecciones presidenciales son sobre personas, sobre todo en primera vuelta. Y por ende el error fue que en vez de habernos hecho ese by pass y buscar ese placebo que fue la cuestión programática, debiéramos haber hecho un esfuerzo adicional por sacar a la luz los atributos del candidato.

¿Por qué se agarraban tanto con Océanos Azules si estaban en eso? Tú tuviste varias peleas con ellos.
Yo traté, intenté, ser un puente con OA, me parecía que era una hemorragia suicida ese conflicto. Hubo discrepancias. Una tuvo que ver con Marco, la postura en general de OA era no enfrentarlo porque eso enajenaba su apoyo para una segunda vuelta. Yo, que vengo de una cultura un poquito más cruda -y vengo también de una cultura empresarial en que los acuerdos se hacen cuando es posible llegar a acuerdo, y antes de que haya acuerdo hay competencia y cuando hay competencia hay enfrentamiento-, veía muy lejana la posibilidad de un acuerdo, porque no veía qué incentivo podía tener Marco en entenderse con Frei, y por ende estimaba que había que enfrentarlo. Finalmente, todos nos neutralizamos y no se hizo nada.

“MÁS RUBIOS”

Con Piñera, que se desmarca del pinochetismo y de la derecha ultraconservadora, ¿qué diferencias tiene hoy la Concertación?
Ese piñerismo fue un dolor permanente para la campaña de Frei porque no había cómo enfrentarlo, no funcionaba la idea de desenmascararlo porque ¿para mostrar qué? Si el hombre venía del mundo de la Concertación. ¿Presentarlo como empresario? Bueno, si cuál era el pecado, si veíamos en todos los estudios que serlo era más bien una manera de desmarcarse de los políticos tradicionales, de los operadores, y además era una señal de éxito, de triunfo. Y lo del conflicto de intereses era una cuestión que ya estaba internalizada, en cierto modo Piñera se había vacunado de eso en la elección del 2005. Entonces, hubo esfuerzos de radicalizar las propuestas programáticas para dejar a Piñera en una postura neoliberal. Pero era imposible, porque Piñera ofrecía bono marzo y decía que el Estado tenía que intervenir más… Ahora, hoy, francamente pienso que lo que va a reconstituir a la Concertación es Piñera, el piñerismo. Porque si bien con el piñerismo deben haber muchas concordancias, que creo que la Concertación no tiene por qué tener complejos en aceptarlas, hay una diferencia biográfica, de entornos culturales, de estilos que son muy radicales.

¿Qué diferencias radicales?
Es cuestión de ir a La Moneda para ver dónde está la diferencia.

¿Dónde?
Hay más rubios. Son más esbeltos y esbeltas, hay más Starbucks, es un grupo social, una elite que tuvo mucho éxito en el mundo académico empresarial, que de pronto, a través de Piñera, se plantea quizá el emprendimiento más grande de sus vidas, conquistar La Moneda. Ya habían conquistado posiciones en el mundo empresarial gigantescas luchando contra la elite empresarial tradicional, porque Piñera no viene de esa elite -siempre se le ha visto desde allí con cierta sospecha por ser demasiado astuto, por jugar demasiado en el límite-. Pero así Piñera consiguió no solamente una de las mayores fortunas de Chile sino La Moneda por vía democrática. (Los del gobierno) son en general economistas e ingenieros -no se encuentra mucho cientista social- educados en EEUU y no en Europa, cuya obsesión es introducir soluciones de mercado a los problemas públicos y por ende soluciones individuales, no comunitarias. Tienen desconfianza en la participación.

¿Por qué?
Porque la participación es demora y más bien confían en la técnica. Hay concepciones muy básicas distintas. Piñera hoy está en un proceso de introducir una revolución cultural de palabras mayores, que por lo demás lo ha hecho en Chilevisión, LAN. Esto de que Piñera es un mero inversionista no me lo compro: es un hombre que ha logrado con decisiones estratégicas dar vuelta compañías.

Esta es la nueva derecha que dice Hinzpeter.
Esta es la proyección de la elite empresarial que surge básicamente con la Concertación y que es exitosísima en tomarse compañías y darlas vueltas. Son los anti-Chicago Boys.

¿Cómo es eso?
Los Chicago sacaron competencia del Estado hacia el sector privado. Estos del gobierno están introduciendo competencia del sector privado al Estado. Son muy interesantes personajes, muy creativos.

¿Y cómo puede todo esto revitalizar a la Concertación?
Es que todo va a depender. Primero hay una pregunta sobre si esto tiene o no éxito. Yo admiro en Piñera la consistencia: no hace ninguna concesión, aunque grite la UDI, chille Allamand o diga lo que diga Arturo Fontaine. Pero está en duda si funciona porque este es un país en que con el gobierno tenemos la manía de asumir una disposición distinta a la que tenemos con las empresas: nos sentimos más accionistas del Estado que de las empresas. Y segundo, aún resultando, la gente podría querer en un momento quizá no quebrar con esto pero darle un rostro más humano, más participativo, más comunitario, y en cualquiera de los dos casos va a estar la Concertación.

¿Ves nuevos rostros en la Concertación? Porque si uno mira por debajo de la generación de Lagos Weber, no se ven caras reconocibles.
Por lo menos están Lagos Weber, Tohá, Rossi, Orrego, Undurraga, porque hasta hace un tiempo atrás no había nada. Bueno, está el propio Marco Enríquez, que lo metería dentro del lote.

¿Crees que va a volver a la Concertación? ¿Es necesario que vuelva?
A mí me gustaría que volviera. Lo mismo con Carlos Ominami, una persona muy inteligente, brillante y que se ve que lo tira el monte.

Marco te tiene una cierta bronca.
¿A mí? ¿Tú crees? Jaja.

¿Pero te parece que él debe volver?
Yo no sé si volver directamente a la Concertación o buscar algún tipo de entendimiento. Pero creo que el proyecto marquista está hoy en muy mal pie, porque así como Marco le arrebató el cambio a Piñera, Piñera le arrebató el marquismo a Marco. Y además ocurrió una cuestión más o menos importante, que fue el terremoto, que nos volvió a las cosas fundamentales. Y en ese sentido la cosa medio posmodernosa y más de glamour de Marco quedó un poquito fuera de cacho.

LOBBY

¿Viste la nota de La Tercera sobre las omisiones de tu libro?
Por supuesto que hay omisiones, escribir es seleccionar, elegir.

Pero eran importantes las que citaban. Halpern, Martita y las farmacias, por tu vinculación con Salcobrand. Cuando fue el caso farmacias, la candidatura de Marco te dejó al centro de la polémica.
Yo de siempre cargo con esa cruz.

¿Verde?
No, cargo con el tema de dedicarme al lobby, al tráfico de influencias, de ocupar el mundo político para ayudar a clientes, andar pactando reuniones con ministros, consiguiendo que se cambien los reglamentos. Cargo con eso hace 15 años. Se me achaca y se me achaca. Lo de Marco fue, digamos, una cosa más, que la dijo de una manera muy espectacular porque trató de sacar un provecho político, pero francamente podría tener una lista mucho más larga que la de las farmacias. O sea, mi “prontuario” desde ese punto de vista es mucho más largo y frondoso. Ahora, si me preguntas en serio, en toda esa cuestión me siento honrado.

¿En qué?
Tomé la decisión en 1994 de que no iba a hacer carrera de gobierno, que no iba a convertirme en político profesional, en operador; creía que el mundo de la empresa privada era un campo de experimentación, de creatividad la raja, que no estaba dispuesto a dejárselo únicamente a la derecha. Me metí en eso a concho y, puta, me ha ido relativamente bien, habemos muchas personas que trabajamos en torno a las cuestiones que he creado, lo pasamos bien y a mucho honor y orgullo. Trabajo con unas 60 personas entre Chile y Perú, ¿o sea que estas 60 personas se dedican a moverse por los pasillos de los ministerios? Es no entender nada. Además, es muy fácil llegar… bueno, ya está.

Dale.
No.

Los disparos vienen de la Concertación.
Claro.

De hecho, te fuiste de tu cargo en el PPD por eso.
Es que en el mundo de la Concertación hay una criminalización de las empresas y la premisa de que es un pecado ganar plata.

A Farcas nadie lo ha crucificado en el PPD por la Uniacc.
Paso.

Pero en determinadas coyunturas se da un conflicto real entre los intereses del Estado y los de determinada empresa.
Sí.

Por ejemplo, en el caso concreto que salió en la campaña, el de las farmacias, había…
Absolutamente nada, las famosas farmacias no tenían nada que ver con el gobierno, estaban en el Tribunal de Libre Competencia, no había ninguna legislación ni regulación ni nada por el estilo.

En el documental “Un mundo miserable” apareces diciendo que un mundo en que todos pudiéramos movernos por nuestros ideales no existe y que “tenemos que resignarnos a que somos seres miserables”. ¿Eso piensas?
Por supuesto. Tengo el problema que vengo de una cultura católica y esa cultura tiene una piedra básica que se llama el Pecado Original, que nos define un destino, y el destino es que tenemos que luchar contra lo miserables que somos. Es una lucha sin cuartel en la que nunca se triunfa. Y así me juzgo a mí mismo y por lo tanto nunca me arrogo la condición de santo ni juzgo a los demás desde esa condición. Somos personajes que luchamos contra nuestras propias miserias. Punto.

¿Entendiendo miserias como qué?
Mis pecados, el pecado original: que soy capaz de matar a mi hermano como lo hizo Caín; capaz de no respetar mis promesas como Adán respecto a Dios; de vender mi alma al diablo. Y eso ha sido la historia de la humanidad. Se ha hecho de esa historia un estigma cuando para mí es de las cosas que me hacen más humano.

¿Qué pasa con Hidroaysén?
Yo soy director de Enersis y por lo tanto eso me hace vincularme. Pero ojo, que tengo un “prontuario” desde ese punto de vista mucho más amplio, he pasado por Gasandes, por Valdivia.

Representas sus intereses…
Yo no represento intereses, hago un servicio profesional. No soy representante de nadie frente a nadie, soy como una agencia de publicidad, pero no voy a vender un producto en el que no crea.

UN VACÍO

Hace poco entrevistamos a Tomás Moulian y él se figuraba el futuro de la Concertación incorporando desde el PC hasta liberales extremos, entre los que te mencionaba.
Sí, la leí, me mencionaba como un polo. Moulian para mí es intocable, le tengo una gran admiración.

Pero sobre esa reflexión: ¿crees que la Concertación tiene que abrirse?
La Concertación tiene que reinventarse de raíz, rejuvenecerse. Esa frase que se dice que no voy a pedir el carné porque la renovación no pasa por los carnés la encuentro sin sentido. La renovación pasa por los carnés porque cuanto más viejos somos, más miedo le tenemos a la vida y más resignados estamos a la muerte, y eso nos hace más dubitativos, más temerosos, menos innovadores. Y así la Concertación se convierte cada vez más en un club de ancianos y los partidos también y la vida real de Chile hoy, el arte, los medios, la tele, las empresas, están dominadas por jóvenes y un gran mérito de Piñera es que ha metido jóvenes. Nosotros en la campaña de Frei dijimos que los jóvenes se la tomaran. Pero fracasamos.

¿Culpa de los partidos?
No, a los partidos no les achaco ni una gota de culpa, ellos apoyaron esa cuestión.

¿Qué pasó con Bowen?
Dos cosas: una, para decirlo así, que nos cagó Marco. Porque la lógica de Bowen era el símbolo de que Frei le pasaba el bastón a la nueva generación pero seguía siendo el actor protagónico y Bowen el secundario. Pero aparece Marco y dice “¿para qué buscan a Bowen como vicario de Frei? Yo soy joven”. Y con eso nos reventó, era la versión original y nosotros la de cuneta. Y, segundo, creo que fue una apuesta a medias, no se pusieron todas las fichas en la renovación.

¿No será que esta campaña del año pasado no había cómo ganarla? Ominami decía que la Concertación estaba muerta en la otra elección y que vivió gracias a Bachelet.
La Concertación había venido sobreviviendo a base de dos balones de oxígeno: Lagos y Bachelet. Confió más en el carisma de sus candidatos que en su capacidad de renovación corporativa. Y ahora tenía una tarea muy difícil porque no contaba con ese subsidio. Más bien, como muestro en el libro, la condición de ex presidente de Frei, en vez de ser un punto a favor, fue un punto en contra.

Pero aunque hubieran puesto a Superman, de repente no era el momento.
No. Si hubieras puesto a Bachelet, o a un Andrés Velasco, a lo mejor.

¿Crees que gana?
No sé. Las cosas están todas iladas. Acá hay un problema fundamental, que es que los partidos de la Concertación, a partir de Aylwin, se fueron degradando. La elite de la Concertación los abandonó. Fueron siendo tomados por los así llamados operadores. Fueron perdiendo toda capacidad de elaborar ideas. ¿Qué cosas relevantes han salido de los partidos en términos de idearios en los últimos 15 años? Nada. Era inevitable que se fueran envejeciendo, burocratizando y fueran incapaces de absorber el fenómeno Bachelet.

¿Estar fuera del poder les servirá para revitalizarse?
Creo que les va a ayudar y les ha ayudado. Estoy sorprendido de lo bien que lo hace la Concertación como oposición. Primero, porque había una oposición, un animal encerrado, porque al mundo de la Concertación en general no le gusta el sistema, el capitalismo, el lucro, los negocios. Y ha tenido que tragarse la cuestión. Y hoy le puede dar rienda suelta a la crítica.

Sin embargo, ronda la idea de que la oposición la lidera la UDI. ¿Tienes esa impresión?
La Concertación acaba de recibir un misil, luego vino un terremoto. Si la Concertación se toma dos años en recuperarse, es poco tiempo. Y que se dé el tiempo necesario, porque tiene que hacer una reingeniería mayor, que ha venido evitando y postergando desde mediados de los 90, y que es la de los partidos.

Por este momento en la Concertación, ¿vas a volver al área política?
No. Todo lo contrario. Yo escribí esto y chao. Yo soy de la Concertación, participé hasta en la generación de su nombre y tiendo a ser leal, pero no. Es más: me resisto a opinar respecto a lo que tenga que hacer la Concertación para adelante porque considero que hay que producir una situación de vacío, de silencio, porque solamente surge una nueva generación cuando hay un vacío.

¿Asesorarías a Piñera?
A Piñera presidente, no. A una institución de gobierno, qué sé yo, a una empresa pública que presta un servicio a la ciudadanía, sí.

¿Y por qué no a Piñera?
Porque eso ya sería un compromiso político. No me voy a meter a producir una comunicación que lo haga más popular, más creíble, más atractivo y al mismo tiempo minimice la fuerza o fragmente la fuerza de la oposición.