THE CLINIC PRESS
Hoy la prensa italiana destaca a otro jerarca católico más, y como viene siendo costumbre, no precisamente por su santidad o su cordura. Se trata de Gerardo Pierro, arzobispo de Salerno, quien hace poco envió una invitación a un lote de religiosos y creyentes para que asistiera a un retiro que se realiza periódicamente en el seminario de Pontecagnano. Todo indicaba que se trataría de una actividad de rutina, sólo para iniciados: una jornada de reflexión y oración dedicada a Juan Pablo II. Pero la cosa se puso de pronto fellinesca. Había en medio del parque una escultura cubierta con una sábana. Los atónitos asistentes fueron congregados alrededor del nuevo monumento y ahí se les informó, mientras la obra de arte era descubierta, que el arzobispo se había preparado a sí mismo una linda sorpresa: una estatua de cuatro metros de altura, hecha en puro mármol de Carrara. Un homenaje a su propia persona.

En la base, el monumento lleva la siguiente inscripción: “A Monseñor Gerardo Pierro, primer arzobispo metropolitano de Salerno, Acerno- Campania, al cumplir 75 años de edad. Erigido con profunda gratitud por la arquidiócesis”.

El periódico Corriere del Mezzogiorno informa que varios obispos presentes quedaron impactados, por no decir horrorizados, por la iniciativa de su colega. Los asistentes afirman, por su parte, que nadie les había avisado que la actividad se venía tan locate.

No se conoce el detalle del discurso de inauguración realizado por el arzobispo Pierro. Pero se estima que, por motivos de cortesía, debe haberse agradecido sí mismo por la molestia.

En otro frente, el arzobispo Pierro está siendo juzgado por fraude al fisco italiano, tras haber desviado fondos de la Región de Campania por un monto de 2 millones de euros, que se le otorgaron para remodelar una colonia vacacional para niños pobres. El “arzobispo de piedra”, como se le conoce ahora, usó la plata para convertir el recinto benéfico en un hotel comercial de lujo, ahora bautizado como “Angellara Home”.