Chile come cobre

Por Erika Silva

Toneladas de tierra sobre 33 hombres nos hicieron renombrar la verdad por todos conocida: Chile come cobre. Sí, ese mismo cobre que un Presidente de gruesos lentes nacionalizara en los años 70. En Chile las escuelas, los hospitales, las carreteras, las becas universitarias, los subsidios habitacionales, todos, toditos de cobre son, de ese cobre verdoso en piedra, rojizo en barra. La tierra tiene en Chile hijos de cobre, padres y madres de cobre, aunque su árbol genealógico tiene bisabuelos de salitre.
Chuquicamata, que es nuestra mina a cielo abierto más grande, es algo así como una cesárea abierta que transforma la piedra en alimento de chileno, como una gran teta que da leche en ríos caudalosos a sus hambrientos hijos. No son 33, ni 333, ni 3.333 quienes le raspan el vientre a la madre, muchos más que esos son. Hombres de pulmones polvorientos de sílice, hiper bombeados, hiper saturados: los mineros a través de sus narices se convierten poco a poco también en cupríferos habitantes de la subterra.
Cómo ser chilena y no esperar que todos salgan luego, cómo ser chilena y no esperar que los faroles de sus frentes se apaguen al ser bañados por la luz del sol andino. Cómo no haber esperado que sus nombres no sean parte de un relato épico, como no haber preferido que la calamidad de reconocer de sopetón las inclemencias que se han sufrido por años para llenar los bolsillos de los patrones, fuera solo un excepción a la regla, una situación fortuita en un país que come panes y té de cobre.
“San Lorenzo, que salgan” piden los que creen y los que nunca han creído en los intermediarios entre la árida tierra y los celestiales reinos de un Dios que mira sin saber a quien rezar.
Chile espera, entre los flashes, las notas de prensa, los comunicados, entre las lágrimas y los abrazos de los que aparecen en las escenas de nuestras luminosas pantallas. Chile espera que los 33 saquen con ellos a todos los que tendrán que levantarse al otro día nuevamente a la mina, porque Chile seguirá comiendo cobre, porque Chile es de cobre.

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