Foto Agencia Uno

Más de 40 mil personas protestando por la aprobación del proyecto de Hidroaysén y cantando “poro po pó” es mucha gente. Y desde lejos, toda esa gente pareciera ser más cuando se junta en la principal arteria de una ciudad capital un viernes en la noche, copando la avenida principal por ambos lados y por varias cuadras. Tras ella, la formación casi perfecta de carabineros de zapato y chaqueta.

Pasada las 19:00 horas, esas 40 mil personas comenzaron a caminar desde Plaza Italia con destino a La Moneda, dejando un par de rayados y algo de basura en el asfalto, pero nada grave. Desde el caballo del general Manuel Baquedano, pasando por el GAM, el cerro Santa Lucía y el paseo Ahumada, nada más que consignas y banderas al viento. Mucho bongó, mucho silbato y un pequeño halo de vicio en medio de muchos jóvenes de espíritu gritando por el supuesto 0,05 por ciento de una maravilla de la tierra.

Apenas unos más problemáticos lanzaron palos y piedras a un par de guanacos, en la esquina del BancoEstado. Pero los mismos manifestantes los reprobaron y les dieron la espalda. Del otro lado, expectantes a lo que viniera, la fuerza policial sin protecciones ni escudos. Eso sí, algunos con perros adiestrados a la distancia de una recogida de puño y con los guanacos y zorrillos a punto de cañón.

El ánimo no era el mejor. Un día antes del segundo 21 de mayo de Sebastián Piñera, una fecha que cada vez se asocia menos al feriado del Combate Naval de Iquique. Horas antes su ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, decidió levantar el velo que tres días antes le puso a las bombas lacrimógenas y se dio una voltereta desatando las críticas a través de las redes sociales. Al punto de que media hora antes de comenzar la marcha comenzó a dar explicaciones a través de su cuenta twitter.

Hasta pasadas las 21 horas, nada que hiciera presagiar un enfrentamiento entre civiles y policías. Los comerciantes pudieron vender de todo en las calles mientras los demás gritaban en contra de Endesa, Colbún, Daniel Fernández, Piñera, su ministro del Interior y una larga lista de personas no gratas para estos 40 mil a pie por la Alameda.

La vuelta del llanto

Cerca de las 22:00 horas, el panorama cambió para los que se quedaron frente a La Moneda. Un grupo llevó los destrozos a lo que se pilló delante, incluidos algunos Carabineros y la respuesta no tardó. Volvió el guanaco a dispersar lo que se moviera y algunos aprovecharon de perder la intención por lo que venían y romper los vidrios que se les cruzaran por delante. Fueron los menos, pero los necesarios para que la policía comenzara a recoger detenidos y lanzar las bombas lacrimógenas que hace 24 horas estuvieron prohibidas.

“Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, que va a caer Piñera, Hinzpeter y Lavín”, cantaron algunos; “si quieres represa, inunda La Dehesa” otros. Entre ellos, varios niños y viejos. Mientras eso pasaba en pleno centro de Santiago, en los pasillos de La Moneda la vocera de gobierno, Ena von Baer, dijo que las críticas a las lacrimógenas eran “divertidas”. Las usaron durante 20 años y nadie alegó, sentenció, mientras el jefe político de Piñera subía un informe de cinco páginas del Ministerio de Salud al sitio de su cartera.

“Vamos a recabar y pedir nuevos informes técnicos y médicos y una vez que los tengamos vamos a resolver, de cara a la ciudadanía, como corresponde en una democracia y en un Estado de derecho, si es que es posible emplearlos o no resulta posible emplearlos”, dijo el martes 17 de mayo. Ayer (hoy) viernes, terminó explicando vía twitter que “ante una advertencia, inmediatamente resolví suspender y luego estudiar”, que esa le parecía “la secuencia lógica”.

El documento, que se alojaba online mientras las bombas volvían a lanzarse sobre ecologistas y la cincuentena de desadaptados que tiraron piedras y hasta molotov contra Carabineros, se trata de una análisis bibliográfico y concluye reconociendo la existencia de efectos agudos irritativos como lagrimeo, broncoespasmo, irritación bucal, rinorrea (inflamación de mocos en la nariz), pero “sin embargo no se dispone evidencia científica consistente que concluya una posible asociación casual entre gas lacrimógeno (CS) y aborto u otras patologías severas” para los humanos.

Mientras tanto, en ciudades como Rengo, La Ligua y Paine la cosa ya se había acabado. Hubo marchas en 36 ciudades del país. En la Alameda, en cambio, la masa se dispersó y se comenzó a retirar nuevamente hasta Plaza Italia, donde algunos cientos llegaron a seguir gritando y reclamando por las mismas bombas persuasivas.

Muchos volvieron a toser y llorar sin haber hecho nada. En Valparaíso, dos mil manifestantes donde mañana habrá el doble de Carabineros (4.000) sólo resguardando y el Presidente Sebastián Piñera rindiendo cuentas y anunciando el segundo tiempo de su gobierno.