“De Cabrera Infante dijeron que tenía un pene muy pequeño”

Política, no.

Dice José Kozer, que es poeta, que es cubano, que es judío, que tiene papás que escaparon de la Segunda Guerra, que se fue de Cuba a los 20 para irse a vivir a Estados Unidos, que fue el primer cubano-judío de su familia, que también fue el último, que fue el primer cubano-judío en irse de Cuba y que -a pesar de todo-, cuando habla de Cuba, dice “mi país”:

-En un ataque a unos cuantos exiliados de parte del gobierno, en la época dura, en los años setenta, hablaron muy mal y dijeron cosas muy feas de Reinaldo Arenas, de Severo Sarduy, de Cabrera Infante y de mí. En el caso de Reinaldo y de Severo, dijeron: “Ah, son unos maricones”. Tal fue la expresión que utilizaron. En el caso de Cabrera Infante dijeron que tenía un pene muy pequeño. Mira qué bajeza. Y en el caso mío, como no saben el tamaño de mi pene ni soy homosexual, dijeron: “Ah ese es un israelita”. A lo cual yo simplemente respondí: “Israelita es el que nace en Israel. Mi acta de nacimiento dice que nací en La Habana, Cuba. Por lo tanto, israelita no soy. Soy cubano”.

-Tú eres de donde eres- dice Kozer, y parece zanjar con una frase de cinco palabras el problema de ese concepto difícil -identidad- hasta que dice para volver a confundir:

-El mundo ha cambiado. Hoy en día tú eres una joven chilena cuya próxima realidad podría ser, especulo, que conozcas a un chino, te enamores de este chino, te cases con este chino, aprendas chino, él aprenda español, tengan dos chinitos y tu vida sea de ahora en adelante una vida chinasizada. Y esto le puede ocurrir a cualquiera. Yo me acuerdo que mi hija llega un día y me dice sabes que yo soy gay. Ése es un nuevo mundo. Un mundo diaspórico donde los esquemas se han roto por completo. Si yo le hubiera dicho a mi madre que yo era homosexual se suicidaba.

José Kozer llega a Nueva York el año 60. Uno después de la Revolución Cubana.

-Me fui por razones, quiero aclarar, no políticas sino de muchacho inquieto. Veía que Cuba se me hacía un espacio muy reducido y sin revolución o con, yo me hubiera ido. Aquello se me hacía estrecho. Muy insular para la época.

-Pero usted dijo, una vez, que sus razones eran políticas y apolíticas.

-Políticas porque siempre hay algo político en todo lo que hacemos. Entonces es claro que yo me voy de Cuba porque no estoy contento con lo que sucede a nivel político. Eso me inquieta. Pero mis razones son apolíticas porque yo privilegio lo poético por sobre lo político -lo separo- y es muy difícil para un cubano establecer esa separación. Son cincuenta años de politización. Somos un país politizado de cabo a rabo. Somos un exilio politizado de cabo a rabo. Yo tengo una situación de exiliado cubano dentro de la comunidad cubana muy compleja.

El exilio cubano

-¿Sí?

-Yo he ido a Cuba. Soy el primer cubano vivo que ha publicado en Cuba -en la editorial Letras Cubanas- y participo del concepto del diálogo porque creo que hablando se entiende la gente. No estoy de acuerdo con el punto de vista de la derecha cubana. Tampoco estoy del todo satisfecho con ciertas visiones del ala izquierdista de la política cubana. Mi tendencia es de centroizquierda pero siempre manteniendo una dialéctica y eso se paga muy caro en política.

-¿Cómo se paga?

-A diferencia de lo poético, la política quiere y exige decisiones tajantes, y yo no soy tajante en política. Yo creo que en política todo hay que negociarlo por el bien de una sociedad, entonces eso me ha creado una tremenda conflictividad, de modo que he sido persona non grata en mi país y personan non grata dentro de la comunidad de exiliados de mi país. Dentro del exilio cubano hay mucha basura pero hay cosas muy valiosas.

-¿Basura?

Hay gente que tiene una visión muy trancada de la realidad política cubana y creen que en Cuba hay que volver a lo que era la Cuba pre revolucionaria. Yo no quiero ni una tiranía autocrática en mi país ni quiero que mi país esté invadido por los Mcdonalds. Yo quiero un país más racional, donde haya fuerzas capitalistas y socialistas entreveradas. Y es muy difícil de conseguir porque es casi utópico. Siempre tendemos a los extremos. Estamos viviendo un momento histórico terrible que viene de un capitalismo de los Estados Unidos que casi destruye el sistema socioeconómico de ese país.

Seis años atrás, José Kozer escribió un texto -Good Morning Usa- en el que decía: Todo USA es una sola noticia, día y noche: Irak. Se diría que esto crea un estado de debate, de conciencia nacional, intensos. Para nada. Cuatro gatos debaten (siempre los mismos) y el pueblo se abstiene, pues el pueblo está día y noche ocupado (…) no hay que ser Sigmund Freud para saber que el tedio, la soledad, la vida que no tiene alicientes más allá del trabajo rutinario, y que no es en términos generales una vida interesante, lleva a plazo medio a la frustración. Y la frustración, bien sabemos, es la madre de las guerras, los desastres de la guerra, la criminalidad, el consumo desaforado y estúpido de la droga, la inestabilidad social que en algún momento se va de la mano y estalla arrasando

Wonderful

¿Llegó Estados Unidos a esa desesperación?

No creo que haya desesperación hoy día. Tal vez sólo a nivel económico. Lo que yo noto es que la gente está desorientada, sobre todo la gente joven no sabe qué hacer de su vida. Entonces vivimos un momento en que la tecnología favorece el aislamiento y cualquier joven, cualquier chico, cualquier persona puede pasarse 24 horas utilizando esta tecnología para sentirse que está comunicado con el mundo. Comunicado con qué, por Dios. Y la consecuencia de esa irrealidad es precisamente el tedio. Lo que pasa es que no se admite. No se admite. En Estados Unidos tú le preguntas a cualquiera como estás y la respuesta es wonderful. Todo es maravilloso, todo está bien, todo es magnifico

-Pero en todos lados es un poco así, ¿no?

Yo creo que los Estados Unidos es un país muy astuto y ha exportado no sólo su tecnología, sino que esta visión del mundo. El otro día estuve hablando con un poeta no muy bueno, pero un gran editor, un hombre que ahora se está muriendo y me dijo: “Mira, José. Estados Unidos es ahora una república pero no es una democracia”. Y esa frase me iluminó. ¿Cómo puedes tú hablar de una democracia cuando los representantes de la democracia te obligan tiránicamente a utilizar tu dinero según ellos quieren.

-¿Y qué le falta a Estados Unidos para llegar a la desesperación?

-Yo creo que no va a llegar a ningún nivel de desesperación porque Estados Unidos está compuesto por gente, curiosamente, sana. No es un país enfermo. Yo creo que Cuba es un país enfermo.

-¿Cuál es esa sanidad?

-Gente que es muy trabajadora, muy borrega -cuando les dicen que es el mejor país del mundo no lo cuestionan- pero muy trabajadora. El norteamericano es un poco inocente y bastante noble. En el momento en que hay que dar puede ser muy generoso y yo creo que eso lo salva de la desesperación. Pero Estados Unidos ha resuelto ciertos problemas terribles que ha tenido en su historia, en cierta medida -no me chupo el dedo- como por ejemplo el problema racial, el problema sexista, el problema del antisemitismo. Todo eso está muy controlado. Mis hijas , yo tengo una de 34 años y otra de 44 años, son una nueva generación donde no existe el menor racismo.

-Tienen un padre cubano-judío y escritor.

-Sí, pero va más allá del caso José Kozer.

-Pero un gringo de Texas de veintitantos años…

-Pues hay racismo, como hay en todas partes y hay locos como en todas partes, pero lo que había en Estados Unidos de enfermedad racial, hoy no existe.

-¿Y por qué Cuba un país enfermo?

-Porque Cuba se ha cerrado en una visión totalmente maniquea de la política y en una visión donde la posibilidad de la disidencia y la posibilidad del diálogo no existe. Y eso es una enfermedad. En los primeros veinte años la homofobia, la persecución de los homosexuales, la persecución de los intelectuales que no pensaban como ellos.

-¿Qué espera de cuando muera Fidel?

-Mira, no tengo la bolita de cristal, pero yo creo que no va a pasar nada de inmediato. Ellos han montado una situación para que haya continuidad. Franco también montó una situación para que hubiera continuidad y, viste: España cambió. Esperemos que en Cuba ocurra lo mismo. A mí, personalmente, no me va ni me viene. A mi edad regresar a Cuba ¿a qué?

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