“Vemos a los peruanos y a los bolivianos como unos cholos culiaos”

Óscar Godoy llegó a Plaza de Armas para saber cómo era pasar frío con los peruanos, o pasar calor, o que le contaran dónde puede uno dormir si acaba de llegar a Chile y no tiene dónde o dónde puede trabajar uno si no tiene en qué; para así armar una historia de la que se ha dicho poco, casi nada, en todos estos años en los que han llegado peruanos a Chile. La historia de un migrante que viene de Perú transformada en película -Ulises- que se presenta este sábado en el Sanfic. Sobre ese silencio, Óscar tiene una explicación:

-Hasta ahora la mayoría de la gente que hace cine -que está haciendo cine- es una generación beneficiaria de la democracia, de clase medias y media-altas que ha podido pagar la universidad para estudiar cine. Entonces sus inquietudes son propias de ese mundo. Con eso no quiero decir nada negativo. Pero yo, que me he criado afuera, llego y veo otro tipo de sociedad y me interesa hablar de eso.

Óscar nació en Valparaíso, creció en Venezuela, llegó a Chile el 94 con una idea en la cabeza y se topó con otra cosa:

-Yo pensaba que iba a llegar a ser como la movida madrileña: después de muchos años de dictadura, de una sociedad represiva, iba a haber una explosión cultural. Pero me encontré con un país totalmente enajenado, que lo único que quería era comprar, ir al mall y validarse a través de lo material, ¿no? Y lo entiendo porque Chile siempre ha sido un país muy pobre. Con pocos recursos.

-Pero los chilenos no se ven así a ellos mismos.

-Cuando llegué estaba todo este rollo de somos los jaguares y todo el asunto. Y yo pensaba a esta gente qué le pasa.

Por haber vivido en otros países, Óscar le interesó hacer una película que se tratara de un extranjero que se siente siempre extranjero, que nunca pertenece.

-Cuando estaba en Europa vivía mucho eso. Además que en un momento dado, Europa se veía a sí misma como una sociedad unicultural y, de repente, de un momento a otro, los tipos se vieron llenos de otras razas, otras culturas, otra gente. Aparte todas las obras que hablaban desde el cine y desde la literatura de eso lo hacían con un paternalismo súper grande. Y, cuando llego a Chile, veo ese mismo paternalismo de decir: “Ay, es que ella, la nana, en Perú era profesora universitaria pero está acá y trabajando”.

-¿Hay una diferencia entre el migrante peruano y otro migrante? ¿Una especificidad?

-Lo que trata de contar la película -no sé si lo logra- es una experiencia emocional. Una experiencia que es estar siempre a la espera. No hay descanso. No hay momentos de descanso. El personaje está en el sofá de la casa de unos amigos, en una cama que alquila por horas, siempre con la precariedad económica, nunca hay la posibilidad de un espacio propio, personal. Y, si lo logras, igual es difícil porque es ajeno, porque estás en otro lado, porque vives una vida trasplantada todo el rato. Hay gente que viaja para cambiar su mundo externo. Es el caso del peruano que es mano de obra barata en Perú o en Chile. y dice: “okey, acá en Perú quizás nunca tenga la posibilidad de tener una casa propia entonces me vengo a Chile, trabajo, la economía está mejor, trato de cambiar mi mundo externo”. Pero en todo lo otro sigo siendo igual. Hay otros que con el viaje tratan de cambiar internamente. A veces no hay necesidad más que de sólo querer viajar.

-¿Sí?

-Hay de todo. Si solamente se piensa que la persona va a viajar por tener plata, entramos en ese paternalismo de: “No, es que ellos van a buscar su peguita aquí, van a encontrar su platita” y eso puede ser muy real y muy cierto, pero ¿qué pasa con esa persona que lleva al menos ocho meses, un año, dos años sin ver a su familia ni a sus hijos? ¿Qué pasa cuando el tipo después de trabajar se acuesta en su cama y los sonidos le son distintos, los aromas le son distintos?. La necesidad de tener algo más está en todos los sitios, en todos los estratos sociales.

-El chileno no construye así al peruano…

-Puede ser un lugar común pero es bastante obvio y es que el chileno construye desde la superioridad. Nos vemos inferiores y con envidia a los argentinos, pero vemos con superioridad a los peruanos y, a los bolivianos, para qué decir. Vemos a los peruanos y a los bolivianos como unos cholos culiaos. Y uno, que ha podido estar afuera, ve que Chile se parece mucho más a Perú que a Estados Unidos. El referente de Chile es Estados Unidos, pero ni siquiera Estados Unidos, si no que Miami.

Óscar sigue:

-La mirada parte desde la condición de Chile. Chile es el país más parecido a la India: una sociedad de castas. La clase alta mira a los peruanos y dice: “Éstos son mano de obra barata, son ignorantes, son rascas, pero cocinan súper rico”.

-Como si se salvaran por la cocina..

-Claro. Y son mirados un poquito como un mal necesario: “Ya que no tenemos nanas mapuche tengamos nanas peruanas”. Y bueno, desde clases más bajas se da la condición de tipo chauvinista que mira a estos peruanos que vienen a quitarnos la pega, la poca que hay. Pero otros, desde la misma condición económica están con bastante solidaridad y hermandad. porque al final son dos personas que están tratando de sobrevivir en una sociedad que es súper agresiva, los dos pueden estar trabajando de dependientes en una multitienda ganando quince mil pesos de sueldo base, tratando de llegar al sueldo mínimo por comisión, estando legales ambos.


-Me dio la sensación, en la película, que al final daba lo mismo ser legal o no. Que esperabas todo el tiempo la residencia pero cuando te la daban parecía que todo seguía podrido.

-Sí. No sólo para los peruanos si no para cualquier otra persona que está afuera. A veces hay chilenos que se van, estudian, trabajan pero muchas cosas no cambian, a menos de que cambies tú internamente. El personaje puede obtener los papeles, tener una peguita más o menos pero nada. En Venezuela tenemos un dicho: tanto nadar para venir a ahogarse en la orilla. Tanto para esto.

The Clinic Newsletter
Comentarios