La investigación que lleva el fiscal Oriente Carlos Gajardo por el lavado de dinero que hubo detrás de la compra de las fragatas holandesas para la Armada, aun tiene muchos secretos sin revelar.

El viernes, por ejemplo, cuando el perseguidor penal formalizó a Guillermo Ibieta y a los dos ex marinos, el vicealmirante (r) Patricio Basili y al ex oficial Juan Tapia por delitos tributarios, de blanqueo de capitales y cohecho, les imputó haber creado un tinglado criminal para otorgarle apariencia de legalidad a las comisiones y coimear a un funcionario diplomático de la embajada coreana.

Ibieta, que habría lavado más de US$ 1 millón, según el fiscal, lo logró gracias a sus relaciones al interior de la Armada -una de ellas del propio Basili cuando era ejecutivo de Asmar- como también otras de carácter familiar a través de su sobrino Ignacio Martínez, que le permitían generar los contactos necesarios para hacer negocios y obtener información secreta.

Sin embargo, su red llego más allá. En un informe secreto que consta en la carpeta del fiscal Gajardo al que tuvo acceso The Clinic Online la pista conduce nada menos que al comandante en jefe de la institución, el almirante Edmundo González.

De acuerdo a las grabaciones telefónicas ordenadas por Gajardo, Ibieta tuvo un nexo inmejorable para llegar a González. En una conversación interceptada por la policía, Ibieta conversa con el funcionario de la embajada Coreana, John Pak Lee -a quien le pagaba 600 mil pesos mensuales por su ayuda- coordinando la posible venta de equipos para la Dirección del Territorio Marítimo (Directemar) dirigida en 2008 por González.

Ibieta indica que no habrá problemas para que González los “ilumine”, ya que tiene un nexo inmejorable para llegar a él. Sucede que Ibieta operaba con un socio en su empresa, el general (r) Víctor Lizárraga, cuya mujer es primera directa del ahora almirante.

Este diario consultó a la Armada, donde el secretario general Humberto Ramírez confirmó el vínculo familiar del comandante en jefe, al tiempo que indicó que como institución no podían hacer comentarios sobre la investigación de la fiscalía.

“Es importante dejar claro que las reuniones que han tenido ellos son de índole netamente familiar. En los últimos cinco años habrán sido una o dos veces al año para encuentros familiares. Pero lo que es categórico es que el almirante Edmundo González ni ahora ni antes en su puesto previo como jefe de la Directemar no tiene ninguna relación ni tampoco ha tenido conversaciones de carácter comercial o de otro tipo con Víctor Lizárraga”, afirmó Ramírez.