“Más que ser el animador, yo era el dueño de casa de Viña”


Antonio Vodanovic es un hombre libre. Dice que por fin está en el momento de su vida en que es plenamente feliz. Puede elegir cuándo trabajar y dónde, muy distinto a cuando era el animador del Festival de Viña. Casi 30 años en el escenario lo convirtieron en parte de la escenografía de la entonces Concha Acústica. Pero ahora no, es libre. Y en eso han ayudado, entre otras cosas, los imanes. Vodanovic cura con imanes y está a punto de terminar un compendio de historias, “para ser libro de consulta para los nuevo biomagnetistas”, dice.

La semana pasada Vodanovic animó por cinco días el Festival de  Talca. Y ahí recibió “un baño cultural”, como él dice. “No era un festival, es una fiesta”, corrige. Habían muestras de artesanías, exposiciones gastronómicas y rodeo. En la noche, un show en la ribera del Río Claro que atrajo a unas 50 mil personas. Un paseo para el hombre que estuvo 29 años en el escenario de Viña.

Y ahora que se viene el Festival, ¿cómo evaluarías a Rafael Araneda?
-No, yo no evalúo a la gente que hace lo mismo que yo, al Rafa yo le tengo mucho cariño, trabajo con él lo he aprendido a conocer en el último tiempo, creo que es un muy buen tipo, como persona me parece un tipo con principios y valores. Yo le tengo mucho afecto. Y el desafío de Viña es su desafío, tendrá que ir creciendo cada año. Todos lo hemos hecho así.

Por ejemplo, ¿cómo fue la primera vez que te subiste al escenario de Viña?
-Ah, me temblaba todo. Era muy cabro. Pero bueno, igual Viña siempre ha sido muy importante, fue el único año que partí con compañera y terminé solo. El primer día, lamentablemente, a mi compañera la pifiaron toda la noche y la organización decidió sacarla.

¿Fue muy difícil eso?
– Bueno, era valiente en ese tiempo, jaja. Mi intención era salir vivo más que ser un suceso. Creo que lo logré, estuve vivo 29 años.

¿Nunca te dio miedo que te comiera El Monstruo?

Yo siempre le tuve mucho respeto al Monstruo, pero si hubiera tenido miedo no me hubiera subido al escenario.

¿Cuándo viste al público más enojado?
– En varias oportunidades, en ese tiempo existía El Monstruo poh. El Festival de Viña en ese momento era el único evento en vivo donde la gente se podía manifestar, por lo tanto habían reacciones no necesariamente musicales, eran sociales y políticas.

¿Cómo cuál
– Política, la de un grupo que leyó una próclama para los actores detenidos, lo del Puma también fue complicado, me tuvo 15 minutos ahí dando vuelta en el escenario, fue un momento de mucha tensión, muy comentado. Y siempre, siempre habían detalles. Los artistas no son fáciles. Naturalmente los egos juegan un papel importante. Arriba del escenario hay pocos amigos.

¿Qué artista fue el más complicado de tener ahí arriba?
– Yo te diría que El Puma. Siendo amigo mio, me complicó harto cuando dijo la frase célebre “hay que escuchar la voz del pueblo”. Porque se interpretó de muchas formas. Yo trabajo para todo el mundo, para los de acá y los de allá, entonces mi motivación no eran políticas.

¿Y tú crees que El Puma dijo esa frase con un sentido político?
– El Puma es muy inteligente. Él me lo había dicho, que él iba a ganarse la gaviota de todas maneras. Y yo le dije “tengo prohibido entregarte la gaviota así que no me hueví”. Y bueno, se la llevó. Ahora, yo le habría entregado la gaviota antes porque vi que la situación se estaba volviendo incontrolable, pero yo no tenía autorización hasta que la alcaldesa decidió ella misma subir al escenario a entregarle la gaviota.

¿Oye y cuántas veces has presentado a Luis Miguel?
– Dos o tres veces. Pero sí lo traje muchas veces a mis programas de televisión.

¿Y cómo es él? ¿Tan divo como dicen?
– Para mí es una primera figura. Definitivamente si hay un cantante que canta bien y puede cantar cualquier ritmo, es Luis Miguel. Todo mi respeto y toda mi admiración como cantante. Ahora, en el plano personal, es una persona difícil de conocer, muy difícil, él siempre mantiene una distancia. Con cierto miedo de parte de él, miedo a ser herido, miedo a ser vulnerable. Esa es la palabra, vulnerable. Él no se muestra realmente como es.

Este verano han proliferado o se han mostrado más festivales, ¿No te dan ganas de animar alguno?
-Es que ya los animé todos. Después de viña hice el festival de La Serena -que ya murió-, hice el Festival de Iquique que está creciendo, y felicito a la alcaldesa de haber logrado la televización, hasta el año pasado hice el Festival de Antofagasta, y bueno, como el animador no cambia mucho, tengo que cambiar de público, este año me fui pal sur, jajaja.

¿Y no te dan ganas de volver a Viña?
– No, Viña definitivamente no. Para mi es un capítulo absolutamente cerrado, porque fue muy lindo cómo lo cerré. Creo que cuando me despedí, nunca había disfrutado más el esceneario de la Quinta Vergara que hace cinco años, en esa despedida.

¿Tu tienes algún consejo para los animadores? Porque hay gente que lo ha hecho abiertamente mal, como Montaner.
-Yo he conversado con dos de los animadores que me han seguido, con Felipe Camiroaga -que conversamos mucho- y también con Rafael Araneda. Y lo que yo podía aportarles como experiencia, se lo dije todo. Además les puse a disposición de ellos todo el material que tenía de Viña. Creo que eran tips más o menos importantes.

¿Más o menos qué tips?
– No, momentos de descompresión, de cómo solucionar algunos problemas, cómo resolver determinadas circunstancias… un montón de detalles, subir el tono de la voz, bajar el tono de la voz, mantener un ritmo, preocuparse de la pauta, estar muy a caballo de lo que va a hacer cada artista, etcétera. O sea, ser verdaderamente un anfitrión. Por que yo más que un animador en Viña era un anfitrión, el dueño de casa. En el fondo, todo pasaba por mi. Desde la pauta de los artistas, que ellos querían conversar conmigo, se ponían de acuerdo conmigo. Tenía que ser el mediador entre el canal de televisión y la municipalidad, porque tenía dos patrones en ese momento. Y a veces no coincidían. No era fácil.

Hace un tiempo hubo una iniciativa para ponerle tu nombre a una calle en Viña…
– Sí, sí, hubo una campaña, pero parece que fue descartada rápidamente, jajaja.

Jajaja, ¿te hubiese gustado?
– Bueno, para satisfacer el ego a cualquiera le gustaría, pero no es una necesidad que me permita respirar más.

Y a futuro, ¿qué planes tienes?
– Este año, ser feliz como soy en este momento, ese es mi plan. Estar en paz conmigo mismo. Créeme, este momento debe ser uno de los más felices en mi vida. Porque tengo plena libertad de hacer lo que quiero, yo elijo dónde voy, cuándo trabajo y si quiero viajar, viajo, y si quiero dedicarme a los imanes un tiempo, lo hago, si quiero estudiar, estudio.

A ver, explícame un poco eso de los imanes
– Es una terapia médica alternativa que se llama biomagnetismo, que es maravillosa. Es de muy bajo costo, no prescribe ningún medicamento, es inocua, y aparte de hacerte un scanner en una sesión, te empieza a sanar inmediatamente. Y puede sanar, o puede tratar, todo tipo de enfermedades. Físicas, emocionales, psicológicas, de todo.

¿Y a ti cómo te ha servido?
– Bueno, yo quedo cargado muchas veces con patógenos, o con emociones de los pacientes, y me tengo que poner los imanes. Se trata de restablecer el pH, el neutro, que es el pH 7. Y en los pares psicoemocionales trabajar las emociones.

Ah entonces tu tratas pacientes.
– Sí, pero también investigo. Acabo de hacer una recopilación de mis experiencias. No sé si lo voy a publicar pero sí sirve para ser un libro de consulta para los nuevos biomagnetistas.

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