Opinión
12 de Mayo de 2012
Columna: La idea argentina del respeto
Por Roberto Pérez para Mendoza Online. ¿SABRÁ DÍOS ACASO QUE CANEJO ENTENDEMOS LOS ARGENTINOS POR “RESPETO”?. Creo que ni él lo sabe. Vivimos pidiéndolo, exigiéndolo, reclamándoselo a los demás, pero garcándonos en él, como no podría ser de otra manera. -“Vamos a respetar escrupulosamente la voluntad del pueblo soberano”; dice el politiquero candidato o ya […]
Compartir
Por Roberto Pérez para Mendoza Online.
¿SABRÁ DÍOS ACASO QUE CANEJO ENTENDEMOS LOS ARGENTINOS POR “RESPETO”?. Creo que ni él lo sabe. Vivimos pidiéndolo, exigiéndolo, reclamándoselo a los demás, pero garcándonos en él, como no podría ser de otra manera.
-“Vamos a respetar escrupulosamente la voluntad del pueblo soberano”; dice el politiquero candidato o ya ejerciendo sus prebendas. Ese mismo gusano que en todos y cada uno de sus actos no deja de hacer sus necesidades fisiológicas en el pueblo soberano ni de limpiarse las partes con el respeto que merece su voluntad.
-“Respetamos un estilo de juego que le gusta a la gente, y una tradición futbolistica que nos honra”; dice el director técnico que apenas se las ve feas manda a sus once mercenarios en pantalones cortos a colgarse del arco para que no le llenen la canasta, y que solo se siente honrado cuando firma un contrato lleno de ceros con algún club en desgracia que tal vez no le pague, pero le permitirá charlatanear a gusto con la prensa y varear jugadores para vender a Europa, por cuya transferencia recibirá una buena tajada, claro está.
-“Respetamos totalmente la opinión de nuestra distinguida audiencia, ese público maravilloso para el cual trabajamos y que nos permite diariamente entrar a sus hogares, por lo cual le estamos eternamente agradecidos”; dice el conductor de cualquier programejo de televisión o radio, que por mucho respeto que declame no deja de pensar que para ganarse una plata grosa solo tiene que payasear un rato ante una sarta de giles que se comen cualquiera, y por eso no se priva de mandarles alta fruta.
-“Respeto mucho esta profesión, que me ha dado tanto, y a la gente que me sigue a todas partes”; declara, por ejemplo, una modelo con menos cerebro que un cenicero, tomándose la licencia de considerar “profesión” a eso de caminar por una pasarela revoleando el traste para que se babeen los hombres y la envidien las gordas celulíticas que van a verla.
-“Respetamos profundamente a este país, que nos ha recibido tan bien y donde vamos a esforzarnos mucho para dar lo mejor de nuestra gran organización, conocida en todo el mundo por su excelencia, rectitud y capacidad de crear riquezas”; afirma muy orondo el gerentazo de cualquier multinacional que, apenas se lo permitan, se llevarán hasta las raíces de los ombúes a su país de origen o a algún paraíso fiscal.
En fin; las muestras de como solemos entender los argentinos el respeto pueden ser infinitas. Y no solo lo podemos apreciar en la gente que tiene acceso a micrófonos y cámaras; cualquier hijo de vecino con un sello de goma en la mano te destrata con todo éxito apenas te topes con él.
Veamos un ejemplo: uno llega hasta la mesa de entradas del Ministerio de Fiferías, Elongaciones y Asuntos Diversos; allí es recibido por una empleada agreta que responde a nuestros “Buenos Días” torciendo la jeta como si estuviera masticando vidrio.
-“Quisiera iniciar el trámite para instalar un puesto para expender tramochufias confitadas…-”
-“Llene este formulario y pague el estampillado en caja 5…-“- se limita a decir la desgraciada, extendiéndonos un papelucho lleno de cuadraditos.
-“Disculpe usted, distinguida dama…podría aclararme qué significa esto de “Incluir el número de registración polivalente temporal”?- interroga uno, cuando encuentra la primera de todas las tonterías que no entenderá.
-“Diríjase a informes”- escupe la burrocrata.
Entonces apunta uno a la mencionada oficina de informes, blandiendo el papelote de marras, para encontrarse con un ejemplar tanto o más agrio que la anterior oficinera, a quien saluda de la mejor manera (sin ser respondido), y le traslada su duda.
-“Jefe…usted ya debería saber qué es el múmero de registración polivalente temporal, porque por resolución xyz/www.3456/1968 se hizo obligatorio para todos los comercios del rubro expendio de tramochufias, pichichurrios y afines. Si no lo tiene va a tener que tramitarlo ya, porque si no los inspectores le van a cerrar el boliche apenas lo abra, maestro…”- nos murmulla el coso. Nos chingamos encima, como corresponde, y huimos despavoridos hacia la ventanilla que tiene un cartelito que reza “Tramitación de números de registro concomitantes y polivalentes”. Allí nos topamos con otro engendro parecido, que igualmente nos responde el saludo con una mueca. –“Mire, señor…me dijeron que debo tramitar el número de registración polivalente temporal para mi negocio de expendio de tramochufias confitadas, o no voy a poder abrirlo, o me lo van a cerrar, o cualquier otro espanto así. ¿Qué debo hacer, buen hombre?”- pregunta uno, con la vena del cogote como un oleoducto.
-“A ver…¿piensa abrir el negocio y no empezó por tramitar ese número?. Usted es un inconsciente, mi amigo…”- le escupe el amargo estatal.
-“¿Y como lo podemos arreglar?”-
-“Eso se lo tendría que preguntar a los inspectores cuando lo vayan a visitar. Pero si quiere, empezamos ahora el trámitecito…”-
-“Ya mismo, por favor. ¿Qué hay que hacer?”- pregunta uno, al borde de la embolia.
-“Lléneme este formulario y pague el estampillado en caja 8”-
Raja uno a la caja 8 y pela billetera, no sin decir: -“Necesito pagar el sellado para tramitar el número de registración polivalente temporal para un negocio de…”-
-“Lo lamento, don. No va a poder ser. Eso se hace de 8,00 a 14,00, y son las 14,06”- le responde otro con un gesto tal que lo hace pensar a uno que si chupara un limón se vería más simpático.
-“¡Dele, hágame el favor, no sea así”- ruega uno.
-“Vea, señor…no pretenderá que con la miseria que me pagan trabaje de más. Vuelva mañana y hacemos lo que usted quiera”- le responden.
-“¡Mañana no puedo venir; tengo que viajar a Villa Pomo, donde está mi anciana madre enferma y no voy a estar en todo el día!”-
-“Lo siento por usted, pero no hay nada que hacer”-
Entonces uno, con ganas de patear a todos y aún patearse a sí mismo, se va, con la cola entre las patas, jurando vendettas surtidas.
Como este ejemplo podríamos dar muchos; abundan las caras de traste y las malas ondas en todo y para todo. Pero además abundan los dobles discursos como los que mencionamos antes, cuando se dice una cosa y se hace o se piensa otra que no es lo contrario, pero tampoco lo mismo. Está el emperramiento liso y llano, pero además cunde la hipocresía de los que aparentan estar sonriéndote pero en realidad te muestran los dientes.
En resumen, entre la falta de respeto directa y desnuda, más la simulación de las peores intenciones bajo el manto de una amabilidad de ocasión, nos comportamos como si fuéramos nosotros mismos nuestros peores enemigos. Así andamos, y por lo visto andaremos por mucho tiempo. A esta altura, ya voy creyendo que estas son características tan argentinas como el verseo crónico que también nos inflingimos entre nosotros. Es que para autoempiojarnos la vida somos ideales. Así que la próxima vez que escuchen a alguien declamando sobre el respeto, revientenlo bien a piñas; seguro que ese es de los primeros que embocan de mala manera (o con una sonrisa, da igual) a todos los que dicen respetar. ¿O acaso a ustedes mismos no les ha pasado?.
See you next week.
@robertomagno2




