Sergio Alegría, el hombre detrás de la protesta que paralizó el Metro

Con el apoyo del sindicato interempresa responsable de otras acciones emblemáticas del último tiempo como la toma del reloj de Estación Central y del supermercado Tottus a fines de febrero, los trabajadores del call center Konecta Chile alcanzaron la visibilidad que buscaban para contar las irregularidades de la negociación con la empresa. Sin arrepentirse mucho por la acción de ayer y anunciando nuevas manifestaciones de no prosperar el diálogo, critican directamente la labor de la CUT y a “todos los dirigentes sindicales que se conforman con cajas de mercadería y bonos de mentira”. Prometen seguir enfrentándose al gobierno y los empresarios.

Sergio Alegría Millaqueo (49) es el hombre que todo Chile vio el lunes sacado a la fuerza por carabineros en una vía del Metro, sin despegarse ni un instante de su megáfono. Sin ser trabajador del call center Konecta Chile, fue el puntal de una manifestación que le sacó canas verdes a más de 50 mil usuarios mañaneros del tren urbano y que tiene al gobierno aún estudiando aplicar Ley de Seguridad Interior del Estado.

De profesión maestro mayor de cañería, Alegría es el presidente de Sintrac (Sindicato Interempresa Nacional de Trabajadores de Contratistas y Subcontratisas), una organización que desde sus inicios viene dándole dolores de cabeza a empresarios y gobiernos de turno y que tiene un buen contingente de sindicalizados en la empresa que dejó la escoba ayer a la altura de Rodrigo de Araya.

Ayer, al salir de la audiencia de formalización, despotrincó nuevamente con su megáfono en un discurso contra el Gobierno, la Dirección del Trabajo, la CUT y “todos los dirigentes sindicales que se conforman con cajas de mercadería y bonos de mentira”.

Una muestra de su postura, por la que ayer no pidió muchas disculpas a los usuarios afectados y donde aprovechó de recalcar que podrían venir más manifestaciones como la del lunes. “No hay huelga que gane sin paralizar la producción. Ese es uno de nuestros puntos fundamentales”, dice Alegría.

Sintrac-CND

Seis años al mando del Sintrac-CND (por el Consejo Nacional de Dirigentes) le dan respaldo a la gestión de Alegría. Aunque viene participando en varias revueltas sindicales desde hace mucho tiempo, las del último año han tomado una notoriedad mucho más mediática de lo pensado.

Partícipe desde los inicios de la institución que nació en Calama en diciembre del 2003, su organización alcanzó notoriedad en la histórica huelga de Minera Escondida del año 2005, luego en la Refinería Concón, el 2008 en GNL y el 2008 en la Radomiro Tomic, también de Codelco.

Este último año, estuvieron apoyando la huelga del call center Unisono -donde se encuentra una directora nacional de Sintrac, Paola Acosta- que a fines de enero desencadenó en la toma del reloj de Estación Central.

También lo hicieron a fines de febrero en varios supermercados Tottus de Santiago, incluyendo una protesta con tres trabajadores colgados del puente Rosas sobre la Autopista Central y ahora en Konecta Chile, la empresa transnacional española que cumple ocho días en huelga.

La sindical dice no compartir la política de la CUT porque dicen no sentirse representados y ven como perdida disputar esa instancia, a la que tildan de corporativista y “vendida”. Por eso ayer tampoco se desdijeron mucho de los usuarios afectados del Metro, los que según ellos tienen el “mal del Maliche”; una metáfora de una historia azteca que hace referencia a hablar en nombre del conquistador-opresor.

Con una relación bastante fluida con un sector del movimiento estudiantil, como la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (Aces) y una facción más radical de los universitarios, también comparten trabajo con otras organizaciones sociales como el Andha Chile Democrático, la tildada como más radical entre los grupos de deudores habitacionales.

Una relación que les permite presencia en más de 20 empresas, espacios de lucha sindical en los que ellos apuestan por dignididad antes que beneficios superficiales, lo que demostraron con creces en el conflicto de Konecta Chile donde volvieron a sacar los dientes.

Los otros detenidos

En Konecta hay varios otros trabajadores que están ligados a la Sindical Interempresa. En las manifestaciones, además de los trabajadores de los sindicatos 2 y 3 de esa empresa, hay varios más que apoyan la movización sin estar en esos sindicatos, sino que colaboran con la organización mayor que los agrupa: Sintrac-CND.

Claudia Pérez, la única mujer que compareció ayer en la audiencia del Centro de Justicia donde quedaron libres con la medida cautelar de no acercarse a la Línea 5 del Metro por los próximos 60 días, es delegada de Sintrac trabajando en Konecta.

Es mamá de dos hijos (de 9 y 11 años) y trabaja desde el 2008 en ese call center. Acá es supervisora, pero antes fue ejecutiva de prepago y pospago de Claro en Sinapsis, otro call center que se disolvió y le vendió su parte a la transnacional española hoy dueña de esa empresa.

Se define “indignada” frente a los abusos de las empresas y en este caso, de la Inspección del Trabajo, en quien aseguran ya no confían después de desdecirse de un comunicado que les daba adjudicada la negociación colectiva completa al sindicato después que la empresa no respondiera en el plazo legal.

Por eso, aún siendo supervisora, es bastante querida por sus compañeros de trabajo. La respetan mucho por su actividad sindical y por defenderlos. “Aprovecho mi fuero para hablar por los ejecutivos que no pueden reclamar por sus condiciones de trabajo”, dice.

El otro detenido de ayer es Miguel Jaramillo. Asistente de transportes en Konecta, es el encargado de coordinar los móviles del call center que funciona 24 horas al día. Lleva cinco años en la empresa, tres como dirigente de la empresa aunque comparte muy buena relación con los de Sintrac.

Ayer, apenas dos minutos después que bajara de la van que lo traía desde el Centro de Justicia, agarró el megáfono que tenían sus compañeros y comenzó a gritar hacia la empresa: “volví, volví”. Miguel dice que lo que piden no es nada del otro mundo y que prácticamente la empresa los provocó a hacer esto organizando “completadas” y hasta un asado para los que no están en huelga.

“Pedimos algo digno y tenemos todo a nuestro favor para ganar en tribunales porque la empresa no respondió cuando debía. Es una tontera y lo de estos días, sin siquiera una llamada de ellos después de lo del Metro, es una muestra de su poca intención de arreglar el conflicto”, dice.

El último detenido, dejado en libertad ayer en la tarde, es Fernán Quiñones. Venezolano, padre de tres hijas (12, 10 y 8 años) lleva cuatro años en Chile y tres y medio trabajando en Konecta. Dice que se vino a Chile porque era mejor en seguridad y trabajo, pero acá se encontró con otra cosa.

Gana 380 mil pesos brutos al mes en promedio y aunque dice que le alcanza para subsistir, llega apenas a fin de mes. Hace seis meses fue elegido delegado sindical, fue el único detenido por Carabineros que no subió al Metro y se salvó de la formalización.

Dos meses sin metro

Al salir del Centro de Justicia, los recién liberados celebran por no quedar en prisión preventiva, aunque lamentan la restricción a usar el Metro por 60 días formalizados por infracción a la Ley de Ferrocarriles.

Claudia usa el metro todos los días. Desde la estación Protectora de la Infancia en Puente Alto hasta Rodrigo de Araya y viceversa, todos los días. Ahora tendrá que volver a subirse a la línea 210 del Transantiago por los siguientes 59 días y tratar de emular los 40 minutos que demoraba en ir y volver.

Miguel lo mismo. Hasta ayer no sabía cómo ir de su casa en Pudahuel a su pega después de la prohibición. Sin embargo, es lo que hoy menos les preocupa. El gobierno aún sigue estudiando si les aplica la LSE y la ministra de Trabajo, Evelyn Mathei, dijo ayer que esa acción “le hace daño al movimiento sindical”.

Como él, son varios los trabajadores que piden que se respete el proceso de negociación colectiva y que la empresa se siente a negociar con ellos para volver a la pega, aunque aún no se hayan pronunciado ni con la pelotera del lunes. Mientras tanto, con la ayuda del Sintrac-CND pretenden seguir haciendo ruido hasta conseguir el objetivo. Quizás no parando nuevamente el Metro, pero sí buscando nuevamente la notoriedad para sacar a la luz sus demandas.

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