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Cultura

23 de julio de 2012

Un puente entre el medioevo y el siglo XXI

Desde «Spiritchaser” (1996) que el dúo australiano Dead Can Dance (Lisa Gerrard y Brendan Perry) no publicaba un álbum. Eso hasta hoy en que publican “Anastasis”, trabajo que, para felicidad de quienes los siguen con fidelidad y paciencia, en la web del grupo (www.deadcandance.com) ya está disponible bajo una completísima variedad de formatos: CD, doble […]

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Desde «Spiritchaser” (1996) que el dúo australiano Dead Can Dance (Lisa Gerrard y Brendan Perry) no publicaba un álbum. Eso hasta hoy en que publican “Anastasis”, trabajo que, para felicidad de quienes los siguen con fidelidad y paciencia, en la web del grupo (www.deadcandance.com) ya está disponible bajo una completísima variedad de formatos: CD, doble LP, USB (pendrive) o descarga directa, todo acompañado de una lujosa caja que contiene un cuidado libro con imágenes, letras y logos.

Suele hablarse de Dead Can Dance como un grupo dueño de un sonido por sobre todas las cosas ecléctico, en el que predomina la mezcla de variados géneros o subgéneros, músicas que remiten a diferentes épocas y lugares del mundo (esto se hace evidente en el choque de sonoridadesde temperación oriental v/s la occidental), un tipo de ‘world music’ en la que confluyen instrumentos tan antiguos como actuales (flautas o percusiones medievales junto con sintetizadores o pianos), canciones de formatos cortos, medianos, largos, de estructura tipo o más libre.

Todo esto resulta cierto; sin embargo -y aunque ellos no sean devotos de ese santo- su innegable inclinación por un sonido de canción gótica misteriosa y sentimental (a ratos la línea entre Dead Can Dance y Cocteau Twins es delgadísima), logra dar firma a la marcada estética que los distingue a pesar del paso de los años y las distancias físicas de sus integrantes (Gerrad volvió a Australia mientras que Perry se compró e instaló en Irlanda).

En “Anastasis” esto se corrobora. Ocho canciones, algunas de ritmo marcado (generalmente las que canta Perry con su voz seca y asordinada, como “Children Of the Sun” o “Amnesia”), y otras algo más etéreas (bajo la voz suspendida de Gerrard, como “Anabasis” o “Agape”), apoyadas en su mayoría por una masa orquestal poderosa, sonido de cuerdas (reales o artificiales) siempre dramático, bronces austeros pero oportunos, percusiones diversas en timbre y tamaño, laúdes y otras clases de guitarras e instrumentos de vientos; ocho canciones, pues, constituyen un disco sin otra sorpresa que la reafirmación de que la suma de diferencias de las que se han alimentado terminan por unificarse y cuajar en canciones siempre pulidas, canciones en las que lo gótico hace puente entre el medioevo y el siglo XXI.

ANASTASIS
Dead Can Dance
[PIAS], 2012
www.deadcandance.com

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