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Nacional

2 de agosto de 2012

El ex espía cubano al que acusan de infiltrar a ex detenidos del caso bombas

Jesús Oviedo Mendieta, vendía pasaportes a sus connacionales que salían “limpios” desde Chile a países como Belice, el Salvador y Honduras para luego entrar a Estados Unidos. Fue condenado en 2008 a siete años de cárcel y en ese contexto convivió cuatro meses con los ahora absueltos del caso bombas Francisco Solar y Vinicio Aguilera. Fue la Agencia Nacional de Inteligencia que lo investigó en 2005 y entre los antecedentes que manejaba es que había pertenecido a los servicios de seguridad de la isla. El tipo se movía en todos los estratos sociales e hizo sudar a la PDI cuando intentaron establecer sus movimientos. Incluso tuvieron un impasse con los agentes de la Dirección de Inteligencia del Ejército.

Por

A mediados de 2005, un abogado de la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI), llegó hasta la Corte de Apelaciones de Santiago y subió hasta el tercer piso del Palacio de Tribunales y pidió audiencia con el ministro Raimunfo Díaz, cuya oficina estaba ubicada entre la Séptima y Octava Sala.

En la conversación, el profesional le pidió al magistrado una autorización para efectuar actividades intrusivas, seguimiento, filmaciones, intervención de correos y pinchado de teléfonos de un sujeto que había pertenecido al servicio de inteligencia cubano y que operaba en Chile, pero como un criminal común y silvestre dedicado a la falsificación de pasaportes y el tráfico de inmigrantes a distintos países. Su nombre, Jesús Oviedo Mendieta, el mismo que es acusado de infiltrar a los entonces acusados -hoy absueltos- del caso bombas, Francisco Solar y Vinicio Aguilera cuando estaban presos.

Por este hecho, el presidente del PPD y senador por la Araucanía Norte, Jaime Quintana, anunció que pedirá al ministro de Justicia, Teodoro Ribera, que entregue los antecedentes que posee sobre el hecho.

En todo caso Mendieta no es cualquier persona.

La operación

Cuando se le solicitó el seguimiento del espía cubano, el ministro a cargo Raimundo Díaz, uno de los jueces encargados de supervisar la ejecución de este tipo de operaciones le pidió a la ANI que le informara cada 15 días de los avances.

Así las cosas, el procedimiento quedó en manos de la Brigada Investigadora contra el Crimen Organizado (Brico) de la PDI.

Cuando los detectives comenzaron su labor, a poco andar se percataron de que no estaban frente a un criminal común. El tipo, comenta una fuente que participó del procedimiento, «culebreaba» por Santiago entre bares, hoteles de cinco estrellas, el bajo mundo y los inmigrantes, entre ellos los cubanos y colombianos dedicados al clonaje de tarjetas.

«Lo seguíamos por todo Santiago, lo fotografiábamos, le pinchamos los teléfonos, pero siempre se nos perdía y hablaba en clave y cambiaba de aparatos constantemente. Nos costó mucho establecer su ritmo de vida, aún cuando le hicimos harta vigilancia», relata uno de los policías que le seguía los pasos.

En julio de 2005, los detectives hicieron lo siempre: seguirlo. El tipo caminó por el centro, cruzó la Alameda y poco a poco llegó hasta el paseo Bulnes, entre Tarapacá y Alonso Ovalle. Los PDI le pisaban los talones a Mendieta, pero el cubano se las sabía por libro. Entró a una armería, mientras los detectives seguían fotografiándolo. De pronto dos hombres se les acercaron y en tono amenazante los inquirieron. Los PDI les respondieron de mala manera, hasta que se identificaron: eran agentes de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), cuya sede, ubicada precisamente al lado de la armería, no fue vista por los policías, pese a las grandes letras doradas que identifican el lugar.

En la jerga de inteligencia, habían sido «brujeados», es decir descubiertos, funados. Mendieta salió caminando y se les volvió a perder.

No es que los militares quisieran saber de una operación policial, pero el error de la PDI, derivó en que el entonces jefe de la Brico Guillermo Navarro, tuvo que concurrir hasta las oficinas de la DINE a explicar que nada tenía que ver con el Ejército. Ni tonta ni perezosa la inteligencia militar se quedó con un buen dato para investigar.

Tras el «percance», Mendieta siguió operando y tenía perfectamente claro que la policía quería echarle el guante. Decidió irse de Chile, pero cuando llegó al aeropuerto con pasaje, pasaporte y todo, los detectives de extranjería le indicaron que el documento presentaba algunas «adulteraciones», por lo que no pudo abandonar el territorio nacional. Era el 28 de agosto de 2005.

El sujeto, insólitamente, no fue detenido, sino que quedó citado el Ministerio Público Occidente, entonces dirigido por el actual fiscal nacional Sabas Chahuán que designó al perseguidor Emiliano Arias para llevar adelante una investigación desformalizada, mientras Mendieta seguía operando libre como perro por su casa por las calles de Santiago.

El problema se producía porque hasta ese año la ANI y el organismo de persecución no tenían un canal técnico de traspaso de información.

Se gestionó entonces una reunión urgente con Chahuán, el jefe de la Uldeco, Mauricio Fernández y un representante de la ANI, cuyo nombre este medio se reserva, porque corría el plazo para la expulsión de Mendieta.

A la fuente policial consultada por este diario siempre le quedó la duda: «siempre nos tincó que Mendieta hizo las adulteraciones de su pasaporte ex profeso, como una estrategia para salir «limpio» desde Chile, sólo como un inmigrante ilegal expulsado de vuelta a su país de origen. Era una operación perfecta, perfecta, limpia en todo sentido que nos dejaba con las manos vacías. El tipo era un maestro», recuerda el detective.

Pero Mendieta, asegura la fuente, incluso llegó a pedir un pasaporte nuevo en la embajada Cubana, recuerda la fuente, mientras el ministro del tribunal de alzada capitalino Raimundo Díaz archivaba los antecedentes.

Cambio de mano

La indagatoria pasó entonces a la Fiscalía Oriente que siguió trabajando con la PDI hasta que -recién- en diciembre de 2006- pudo detener a Mendieta, formalizarlo por falsificación de timbres de distintas reparticiones del Estado, entre ellas el Registro Civil, Extranjería, Cancillería, Interior, de cónsules chilenos y de embajadas extranjeras, de bancos, notarías e incluso de la PDI. En la céntrica oficina donde operaba, los ratis encontraron más de 297 sellos migratorios y visas falsas.

En la oportunidad fue detenido junto a dos personas más no el jefe de la organización, Huberto Rodríguez.

La indagatoria de la fiscalía acreditó que las residencias definitivas que le otorgaban a cubanos, eran para ser presentadas en consulados como El Salvador, Honduras, Belice, cuyo objetivo final era “blanquearse” e ir a Estados Unidos.

En abril de 2008, Mendieta fue sancionado con 7 años de cárcel por el Tercer Tribunal Oral de Santiago.

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