Foto: Alejandro Olivares

25° Celcius. La literatura dice que a esta temperatura corporal, el ser humano entra en un estado clínico conocido como hipotermia severa en tercer grado. Un punto de no retorno, a pasos del cero biológico, un concepto médico que determina el momento en que los órganos dejan de funcionar. A esa temperatura, el habla se dificulta y aparece la amnesia. Paradójicamente, los escalofríos ya no existen. La coordinación se entorpece, el cuerpo entra en sopor, la función respiratoria desaparece y los reflejos fotomotores, encargados de controlar la entrada de la luz al ojo, se pierden. A los 23° la reabsorción tubular desaparece. A los 20°, la médula detiene su trabajo; a los 19°, la absorción intestinal hace lo mismo. A los 18° nuestro sistema nervioso central alcanza el silencio eléctrico. A los 16° el corazón se detiene. Se muere de frío.

La estadística chilena sobre los muertos por esta causa es tristemente alta. El 17 de junio, en Twitter, el ministro de Desarrollo Social Joaquín Lavín publicó que en el año ya iban ocho víctimas. Escribió, también, que entre el 2010 y el 2011 hubo 202 fallecidos en total. La semana pasada, al término del invierno, la cifra subió de 8 a 22. Los cadáveres amanecieron en paraderos del TranSantiago, apoyados en las cortinas de los negocios, en alcantarillas y a orillas de un hospital. Hubo un caso donde los niños de una escuela en Cerro Navia observaron durante horas a la PDI periciando el cuerpo de El Pirata, un vagabundo que dormía en una plaza.

La mayoría de las autopsias realizadas por el Servicio Médico Legal no establecen como hipotermia la causa de muerte de estas personas. El frío, en estricto rigor, agravó mortalmente enfermedades anteriores, y aceleró el deterioro de los órganos hasta llevarlos al cero biológico. Algunos murieron por neumonías, paros respiratorios o de insuficiencia hepática.

Nos enteramos de estos casos por los matinales. La prensa escrita también publicó innumerables notas cada vez que la estadística fatal se abultaba. Más allá del crudo relato, sin embargo, no sabemos nada sobre estos muertos. Preguntas tan simples se han convertido en enigmas ¿Cómo se llamaban? ¿Qué hacían en la calle? ¿Cuáles son los espacios vacíos que dejaron? ¿Quiénes cargan con la pena? Algunas de las historias que a continuación leerá responden esas interrogantes. Otras, simplemente, se quedan sin respuestas.

EL MARADONA
Cuando su familia fue a reclamar el cuerpo al SML de Antofagasta, Cristián Luna Tapia (37) estaba irreconocible. Tenía el pelo corto y la barba rasurada. Signos claros, dice su cuñada Sindy Tirado, de que quería abandonar la calle. Una boleta del Registro Civil, que acreditaba que había sacado carné tres días antes de su muerte, confirmó la predicción. “Yo creo que quería buscar trabajo, porque quería venir a La Pampilla para el 18 de septiembre”, cuenta.

El 7 de junio, cuando aún el invierno no comenzaba, Luna Tapia se murió en plena Plaza Sotomayor, de Antofagasta. La causa, según la autopsia, fue una bronconeumonía aguda bilateral. Los amigos con los que compartía en la calle le comentaron a la familia que hace mucho tiempo que estaba enfermo, pero que ni en la posta ni en el hospital lo habían querido internar. Las frías noches nortinas agravaron su condición fatalmente.

El Maradona, como le decían, murió con su morral puesto. Adentro tenía calzoncillos limpios y mil quinientos pesos en monedas. En su mochila de campamento encontraron sus pertenencias: una frazada, pantalones, poleras, chalecos, una olla y un jarro. En el pecho llevaba un medallón de 10 centímetros de la Virgen del Carmen.

Cristián Luna era oriundo de Coquimbo. Pasaba algunas temporadas en la calle y otras donde su cuñada, en La Serena. Su familia lo recuerda como una persona buena para el trabajo, pero que cuando quedaba cesante se lanzaba a la calle a beber. Y allí se quedaba. En esa condición estaba desde hace un año, cuando perdió una pega en una faena minera y se instaló en el Norte.

Los cercanos cuentan que el Maradona llegó a la calle porque de chico que tuvo que recorrerla trabajando. No tuvo hijos ni esposa, y cuando su madre murió no le importó mucho seguir allí. “Estaba desprendido”, dice su cuñada, quien lo recuerda como un hippie y no como un mendigo. En su memoria, Luna aparece durmiendo en la playa, escuchando canciones de Sol y Lluvia, visitando La Pampilla en Fiestas Patrias con sus amigos de la calle, leyendo bajo la sombra de un árbol, o discutiendo de temas sociales.

-El Cristián quería vivir en la calle. A él le gustaba su vida. Siempre decía que no iba a cambiar, porque no tenía nada. Sobre el frío, decía que Antofagasta era helado y que la única manera de pasarlo era abrigándose con ron y aguardiente. Yo creo que él nunca creyó que se iba a morir de frío -concluye.

EL PIRATA
Cuando lo encontraron muerto, el Pirata tenía 35 años. Llevaba dos meses viviendo en una plaza ubicada detrás de la Escuela Neptuno, en Cerro Navia. Entre dos pequeños árboles, había construido una pequeña choza. Allí instaló un box spring de dos plazas que le habían regalado, y que compartía con otro indigente más.

Teresa, una vecina del lugar, se hizo muy amiga de ellos. Era la única que les daba comida cuando no tenían o les convidaba agua caliente.
Teresa cuenta que un día el Pirata le dijo: “me voy a morir como Dios quiera que me muera; si me muero en la calle, Dios querrá que me muera acá”. Así fue. Falleció en la madrugada del 21 de junio, cuando sólo había 4° de temperatura. La última en verlo con vida fue precisamente ella. La noche previa le dio una botella con leche chocolatada caliente, un paquete de souffles y tres panes con queso y chancho. Estaba segura sí, que no comerían nada. A esa hora, él y su amigo ya se habían bajado tres botellas de ron.

A la mañana siguiente, a Teresa no le costó mucho entender lo que ocurría afuera de su casa. Bajo un nailon que le había regalado para que se cubriera de la lluvia, estaba el Pirata. Salvo la policía, nadie acompañaba al muerto. Durante varias horas los alumnos de la Escuela Neptuno, que da con la plaza, vieron el cuerpo del indigente tendido sobre el pasto. A ellos tampoco les costó entender que el hombre había muerto de frío.

Al anochecer, cuando el SML levantó el cuerpo y los basureros ya habían recogido todas sus pertenencias, llegó el amigo del Pirata. Golpeó la puerta de Teresa y se puso a llorar. “Lo dejé solo por miedo, porque tengo causas pendientes”, le dijo a la vecina entre sollozos. Le contó, además, cómo pasó todo: “A las 4 de la madrugada. A esa hora lo desperté para tomarnos la última botella de ron, y no despertó”.

-Él decía que su amigo se había muerto por su culpa y le prendió varias velas en el lugar donde dormían. Venía mojado y tiritaba. Con una vecina le cambiamos ropa y Carabineros se lo llevó a un albergue. Estos caballeros eran borrachitos, pero no molestaban. Nadie se preocupó de ellos, como les pasa a todos los indigentes. Yo lo hice porque no estoy libre de llegar a la calle algún día. Ahora tengo pan, pero no sé si mañana lo tendré –concluye Teresa.

READI READI
Omar Readi Readi (60) murió de frío en una alcantarilla, al lado de un estero que desemboca en el lago Panguipulli. Murió, también, en soledad. Entre frazadas, ramas, tarros y ollas, su cuerpo fue encontrado por un amigo el pasado 17 de junio.

El anciano no tenía familiares directos. Cuando chico fue adoptado por Antonio Readi y Violeta Readi, dos primos que se casaron y nunca tuvieron hijos biológicos. Omar Readi ya se había emparejado cuando sus padres murieron. Los parientes lejanos no saben exactamente cómo es que un día simplemente apareció en la calle, bebiendo. El mito familiar dice que tuvo problemas con su señora y la dejó sola con su hijo en Malarhue.

El día de la muerte, Omar Readi llevaba mucho tiempo viviendo en la calle. Salvador Thomas Riadi, su primo, lo recuerda así: “El apellido verdadero es Riadi. Este niño era alcohólico. Él era una persona adoptada por unos tíos que fallecieron. Siempre anduvo deambulando. De alguna manera lo ayudábamos, dándole lo que pedía. Nosotros no lo cobijábamos, porque no lo puedo tener… la verdad, es que familiar, familiar no era. Tenía el apellido porque fue un niño recogido de la calle, adoptado”.

Riadi cuenta que lo veía esporádicamente. Una vez tuvo que sacarlo con Carabineros de una propiedad que tiene, porque hizo una fogata. En otra ocasión, se lo encontró cuando su primo le tocó el timbre para pedirle dinero.

-Él quería plata y yo siempre le daba de comer no más. Una vez le di plata y no le di más, porque tomaba. Lo que hacíamos era darle ropa y alimentación, pero no lo ingresaba a nuestra casa, porque yo tenía cuatro niños chicos y no podía tener al curaito al lado –cuenta.

No está claro quién retiró el cuerpo del SML de Panguipulli, ni quiénes asistieron al funeral. Su primo, al menos, no fue. “No lo supe a tiempo. Indudablemente que cuando fallece una persona, aunque sea desconocida, uno lo lamenta. Los gobiernos deben hacerse cargo de esta gente, internarla en alguna parte donde se puedan mejorar”, explica. Riadi.

Nombre: Gabriel Omar Gatica Jara
Fecha de fallecimiento: 16 de mayo de 2012
Lugar: calle Villagrán con Costanera,
Los Ángeles
Causa de muerte: Infarto agudo
al miocardio
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Nombre: Jaime Patricio Zúñiga Sánchez
Fecha de fallecimiento: 22 de mayo
de 2012
Lugar: Chillán
Causa de muerte: Infarto agudo
al miocardio
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Nombre: Mario Sigfrido Durán Riquelme
Fecha de fallecimiento: 30 de mayo
de 2012
Lugar: Chillán
Causa de muerte: Insuficiencia respiratoria
por bronconeumonía
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Nombre: Carlos Manuel Suárez Muñoz (58)
Fecha de fallecimiento: 5 de junio de 2012
Lugar: Plaza ubicada en calle
Ejército Libertador, Puente Alto
Causa de muerte: indeterminada
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Nombre: Luis Abegnego Jara Aguayo
Fecha de fallecimiento: 5 de junio de 2012
Lugar: Carahue
Causa de muerte: Indeterminada
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Nombre: Segundo Jesús Melivilu Melivilu (42)
Fecha de fallecimiento: 8 de junio de 2012
Lugar: Copiapó
Causa de muerte: Hipotermia
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Nombre: Johan Manuel Serey Escudero (35)
Fecha de fallecimiento: 19 de junio de 2012
Lugar: acceso Hospital de Quellón
Causa de muerte: Hipotermia
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Nombre: Leonardo Solís González (55)
Fecha de fallecimiento: 8 de julio de 2012
Lugar: Bajo un árbol en calle Tucapel Jiménez, Santiago
Causa de muerte: Intoxicación etílica aguda
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Nombre: Alejandra Calderón Bardales (41)
Fecha de fallecimiento: 13 de julio de 2012
Lugar: La Serena
Causa de muerte: Hipotermia